sábado, 9 de julio de 2011

RELATO: MARCADO Y MALDITO (Tercera Parte)

Erailne se dirigió hacia la cocina con nerviosismo, allí estaba Naera la sirvienta, que enseguida dejó sus quehaceres para atender a su señora, a la que veía muy preocupada.
- ¿Mi señora que os ocurre?

- Nera, necesito que hagáis algo por mí.

- Por supuesto, ¿qué desea?

- Necesito que llevéis algo para comer a la invitada.

- Pero señora, el señor Rethan ha dado la orden de que nadie les interrumpa.

- Nera por favor, lo que necesito es que os acerquéis con una excusa para enteraros de lo que están hablando, estoy muy preocupada.

- Mi señora…

Naera temía desobedecer la orden de Rethan, pero era incapaz de negarle algo a su señora, a la que llevaba sirviendo fielmente desde hacía más de treinta años y quería como a una hermana.

Los ojos de Erailne se llenaron de lágrimas, realmente tenía un mal presentimiento sobre esa anciana y el extraño comportamiento de su esposo durante los últimos meses, y por mucho que le doliese, todo parecía girar en torno a su embarazo.
- Sabéis que os quiero mi señora y haría lo que fuese por vos – contestó finalmente la fiel sirvienta, tratando de calmarla - no os preocupéis, trataré de escuchar todo lo posible sin que me descubran.

Y tras decir esto cogió una porción de pastel de lima que acababa de hacer y se dirigió hacia el pasillo, dejando a la preocupada madre en la cocina.
Naera se acercó sigilosamente a la puerta y escuchó voces detrás de ésta, sus señores parecían hablar con una mujer.

- Su nacimiento traerá la oscuridad a Édora, los condenados volverán a alzarse cuando la marca del Maldito vea la luz. Deberéis abandonar vuestro mundo, y allí donde vaya será perseguido por las sombras…

Naera no entendía nada, pero supo enseguida que hablaban del hijo de sus señores, motivo por el cual Erailne estaba tan preocupada.

Durante varios minutos discutieron sobre sus posibilidades, hasta que finalmente la dura voz de Rethan cortó la conversación.

- La criatura debe morir – sentenció sin emoción alguna.
Sobrecogida y terriblemente asustada por lo que acababa de escuchar, Naera no pudo evitar dejar caer el plato que tenía en las manos, que estalló en varios pedazos contra el suelo alertando enseguida a los señores.

- ¿Quién anda ahí? – la voz de Kheran sonó tensa.
  
Temblorosa, se agachó para recoger los pedazos mientras Kheran abría la puerta.

- ¿Qué haces aquí?

- S-señor…sólo vine a t-traerle un trozo de pastel a la invitada – por mucho que lo intentase no lograba ocultar su nerviosismo.

- Mi padre dio la orden de no…

- Hacedle pasar hijo – ordenó su padre - y cerrad la puerta.

Kheran asintió cogiendo del brazo a la sirvienta, que aún seguía temblando con los restos de cerámica en sus manos.

Al entrar lo primero que vio fue el horrible rostro de aquella anciana mirándola fijamente, con una extraña sonrisa en los labios.
- ¿Qué hacéis aquí? Creí haber dejado muy claro que no quería que nadie se acercase al salón mientras estábamos reunidos.

- Lo se señor, sólo quería…

- Os ha enviado mi esposa a espiarnos, ¿verdad?

Era difícil conocer el estado de ánimo de su señor, pero estaba segura de que en aquel momento lo menos inteligente era hacerle enfadar.

- ¿Su esposa, señor?

- No os hagáis la estúpida. Escuchadme bien, no diréis nada de lo que aquí hayáis oído a mi esposa, si realmente la apreciáis ella nunca debe saberlo.

- P-pero señor…
Rethan continuó hablando, mientras Kheran y la anciana guardaban silencio.

- La criatura no nacerá con vida, será una terrible perdida demasiado común en nuestra familia, por desgracia.

- Pero es un bebe sano, él…

- Nacerá muerto, y vos asistiréis al parto para corroborarlo.
 
Naera le miró confusa, aquel que hablaba no podía ser su señor, él amaba a Erailne, nunca le haría algo así. Kheran miraba el suelo entristecido mientras su padre hablaba.
- No lo entendéis, la vida de vuestra señora depende de ello – por un momento su voz pareció quebrarse pero enseguida hizo una pausa y su gesto se endureció aún más, sus ojos color carmesí se clavaron en los de la asustadiza sirvienta – y la vuestra depende de lo silenciosa que seáis.

- S-sí mi señor… - contestó casi sin voz.

- Podéis retiraros.
La sirvienta se inclinó y se dispuso a marcharse, cuando escuchó una voz de mujer en su cabeza.

“Debéis alertar a vuestra señora de lo que habéis escuchado”

La voz parecía provenir de una mujer joven, pero era incapaz de reconocerla, inconscientemente se giró hacia la anciana, que había desaparecido dejando un rastro de niebla y luz.

- No será la última vez que la veamos padre.
- Lo sé, será mejor andarse con cuidado – entonces se giró hacia Naera – y vos, ya sabéis lo que tenéis que hacer. Ahora dejadnos solos.

- S-sí, señor.

Naera no lo tenía nada claro. ¿Qué debía hacer? ¿A quién debía hacer caso? Si Rethan era capaz de matar a su propio hijo, no le cabía ninguna duda de que su vida corría peligro si decía una palabra, pero aquella voz en su cabeza…y su señora, ¿cómo podría ella ocultarle algo así? ¿Qué derecho tenía a engañarle de ese modo?

Y lo más importante de todo, ¿qué pretendía realmente aquella extraña anciana?

(Más tarde, en otro lugar)
 
- Madre, ya queda menos...

miércoles, 6 de julio de 2011

¡Añadida la BSO de Édora!

¡Muy buenas!
He estado trasteando por ahí y he encontrado una forma de añadir música al blog para así amenizar un poco la lectura, en la que iré añadiendo temas musicales que me peguen para la historia.
Si quereis activarla podeis encontrar la pestaña de Goear al final de la página, ya que si lo pongo arriba aunque se ve más rompe con la estética del blog porque ni siquiera se como centrarlo para que se vea mejor. El problema es que antes de empezar la lista de música te sale un anuncio de vodafone y ralla un poco, pero en cuanto acaba salen todas las canciones ^^U
Y bueno, he hecho algunos cambios y añadida una nueva entrada, espero que os guste.
Si teneis alguna sugerencia para mejorar el blog, crítica o petición ya sabeis que podeis comentar lo que sea ;)
¡Saludos!

RELATO: MARCADO Y MALDITO (Segunda Parte)

Pasaron los meses y el embarazo de Erailne era cada vez más evidente, cada día que pasaba se le veía más radiante y hermosa, a la vez que a Rethan parecía más inquieto. Aun así trataba de parecer sereno ante su esposa para no preocuparla.

Pero la llegada de una misteriosa anciana haría que aquella aparente paz desapareciera, para sumir a Erailne en una terrible sospecha.
La anciana, sin mediar palabra alguna, se acercó a Erailne y puso las manos sobre su vientre, mientras ella, sorprendida, la observaba.

Sus manos estaban heladas, y durante segundos no pudo reaccionar, hasta que la anciana habló por primera vez.

Tema Musical: OST Cracks - School Photograph

- Hace siglos lo advertí…llegará pronto, muy pronto…el Maldito… - farfulló con voz gutural.
- S-señora, ¿de qué está hablando? – tartamudeó confusa.

Erailne no entendía nada y no se fiaba de aquella desconocida. Su aspecto era el de una mendiga cualquiera, pero había un brillo extraño en sus ojos, de un color ámbar demasiado vivaz para una mujer de su edad.

¿Quién era aquella mujer y a qué se refería?

- Envuelto en un manto de oscuridad nacerá vuestro retoño, y mientras viva traerá la desgracia a vuestra familia.
- ¡¿C-Cómo se atreve a hablar así de mi pequeño?! – gritó la mujer alterada – no sé qué quiere pero por favor váyase de aquí o llamaré a mi esposo…

- Su esposo…- la anciana rió mostrado una desagradable dentadura podrida – su esposo lo sabe, él sabe que no debe…

- Basta – la tajante voz de Rethan sonó a sus espaldas.

La sonrisa de la anciana se borró de golpe, y sus ojos volvieron a brillar de interés al fijar la vista en la imponente figura del guerrero.
- Rethan, esposo mío, menos mal que habéis venido…esta señora…

- Era, entra en casa – ordenó con gesto serio.

- Pero mi señor…

- Vamos.
Erailne entró sin rechistar, dejando a Rethan y la misteriosa anciana fuera, pero aquellas palabras la habían dejado demasiado preocupada como para dejarlo estar.

- No debería estar aquí, y mucho menos hablar con mi esposa.

- Yo no debería estar aquí, no debería hablar con su esposa…su esposa no debería estar a punto de dar a luz a ese retoño… - una sonrisa aviesa se dibujó en el rostro de la anciana - demasiadas contradicciones mi señor, ¿no cree?

- No estoy de humor para juegos, anciana, ¿cómo lo ha sabido?
- Yo sé muchas cosas, cosas que quizás le interesen.

Rethan miró de reojo hacia el interior de la casa.

- Entremos, pero recuerde que la tengo vigilada, no haga nada raro ni se dirija a mi esposa.

La anciana asintió con la cabeza y acompañó a Rethan hasta la sala principal del caserón, donde el mayor de los hijos de la pareja, Kheran Laremion, descansaba junto a la chimenea con un libro entre sus manos.
Al ver a su padre con tan extraña compañía se levantó de golpe, enseguida supo que algo no iba demasiado bien.

- Padre, ¿quién es…?

- Os presento a mi primogénito, Kheran. Hijo mío, quedaos y escuchar lo que la anciana tiene que decir.

La anciana, al ver al joven volvió a mostrar aquella retorcida sonrisa.

Kheran era tan alto e imponente como su padre, ambos habían luchado durante siglos en las guerras que asolaban aquellas tierras y eran hombres acostumbrados al ejercicio físico y el combate. A diferencia de su padre, Kheran había heredado el color de pelo de su madre, de un brillante color plata, y también sus ojos verdes. A pesar de aparentar la juventud de un chico de no más de veinte años, estaba a punto de llegar a los doscientos años de vida.

- Es un placer mi señor, me alegra ver que los genes Laremion siguen siendo tan generosos con sus varones.
Durante segundos Kheran se quedó en silencio, mirando algo estupefacto a la mujer que parecía devorarle con la mirada.

- El placer es mío… - contestó carraspeando y poco convencido de ello.

Entonces la anciana se puso seria de golpe y volvió la vista hacia la chimenea encendida. Las brasas crepitaban de fondo, y la luz del fuego parecía rehuir a la presencia de la mujer, creando sombras de extrañas formas alrededor de su encogida figura.
Formas sinuosas y extrañamente femeninas, brazos que se alargaban para rozarlos… ¿o eran serpientes? El cuerpo de Kheran se tensó al instante cuando la voz de la mujer comenzó a resonar por toda la sala, Rethan en cambio no pareció inmutarse.

- Ese bebé…

sábado, 2 de julio de 2011

RELATO: MARCADO Y MALDITO (Primera Parte)

(Édora - 17 años antes)
 
 Erailne di Serra, primera esposa de Rethan Laremion y señora del condado de Onoara, acababa de darse cuenta de algo: estaba esperando un bebé. Su tercer hijo después de más de trescientos años de matrimonio dentro de una familia donde el nacimiento de un nuevo miembro era algo extraordinario y tan raro que pocos eran los Laremion con la suerte de vivir aquellos momentos.

Y es que la familia Laremion había sido bendecida y a la vez maldita con un don del que pocos gozaban en aquel mundo: la Inmortalidad.

Todos sus miembros habían nacido con sangre inmortal en sus venas, pero este don era tan raro que tan sólo aquellos elegidos para ellos eran capaces de engendrar hijos sanos y sobrevivir a su alumbramiento.

Erailne había sido una de las elegidas para unirse a un Laremion, y en aquella tierra junto a su esposo e hijos gozaba de la inmortalidad que él le había concedido para reinar a su lado.

Pero aunque una noticia así tendría que haber llenado de dicha a Rethan, cuando escuchó a su esposa no pudo ocultar su preocupación.
- ¿Ocurre algo mi señor? ¿Acaso no te alegra la noticia? – preguntó ella con gesto contrariado.

- No…no es eso Era – contestó acariciando su mejilla con cariño, tratando de sonreír para no preocuparla - es sólo que aún me cuesta creerlo…un nuevo Laremion.

Ella sabía que su voz no sonaba del todo sincera, pero a pesar de ello volvió a sonreír, nunca había sido tan feliz.

- No te preocupes por nada mi amor, sé que temes por mí, pero este hijo es un nuevo regalo de los dioses, todo saldrá bien.

- Te amo Erailne, sabes que no soportaría perderte.

- Y yo a ti Rethan, y esta es la prueba de ello - dijo tomando su mano para ponerla sobre su vientre.

Nada más rozarlo aquella imagen que había visto hacía tantos años volvió a su mente. Un joven de piel cenicienta y ojos iluminados en plata le miraba fijamente, su rostro estaba salpicado en sangre y de la comisura de sus labios el líquido rojizo fluía hasta caer al suelo, donde el cadáver de una mujer yacía recostado sobre el suelo. Sobre el pecho del joven podía ver con claridad una extraña marca.
Voz misteriosa: Recuerda Rethan, el día que vuestra esposa dé a luz a vuestro tercer retoño vuestra familia caerá en desgracia, pues este revivirá la traición de Arathor y la maldición que pesa sobre su nombre. Sobre su pecho su condena, marcado por la traición del Maldito. Os arrebatará todo lo que amais, todo por lo que habéis luchado.

¿Cómo había podido pasar? Había sido cuidadoso y puesto todos los medios posibles para evita aquel embarazo. ¿Qué posibilidades había de que pudiese engendrar un tercer hijo? Era casi imposible.

- Es el destino esposo mío – la voz de Erailne y su cálida sonrisa le devolvió a la realidad, ajena por completo a sus pertubadores pensamientos.
El destino...

PRÓLOGO II

❧❃❧ THAERION ❧❃❧

Mi padre había decidido que era el momento de enviarme a la frontera de Édora, el lugar donde nací y nuestra familia vivió durante siglos. Un mundo completamente distinto del que yo nunca me sentí parte a pesar de los inútiles esfuerzos de mi familia por inculcarme sus valores y costumbres.

Hice un último esfuerzo para convencerlo, sabía que no tenía ninguna posibilidad pero deseaba con todas mis fuerzas quedarme en Riverview.

- Padre, os lo ruego, no me enviéis allí. Haré lo que me pidáis pero dejar que me quede. Os demostraré que puedo cambiar.
- Has tenido diecisiete años para convencerme de ello, ya es demasiado tarde.

- No lo entiendo, ni siquiera os habéis molestado en decirme qué he hecho mal. Toda la vida me habéis ignorado y yo nunca os he desobedecido ¿Es por estas ridículas ropas? – pregunté tirando de la tela que cubría la armadura de mallas - Las usaré siempre, no me importa.

- Estas ropas no son simple apariencia, son nuestra seña de identidad, es lo que somos: Laremion. Nosotros no pertenecemos a este mundo, nos obligaron a abandonar nuestro hogar para vivir en esta tierra corrupta y nunca seremos como ellos.

- Pero ¿porque? ¿Tan malo es adaptarse a este nuevo hogar? ¿Vivir como uno más? No lo entiendo padre, ya nunca volveremos a vivir en Édora.
- ¿Te estás escuchando? Has olvidado todo lo que te hemos enseñado, te has convertido en un mundano más.

- Puede que así sea, no me importa. Yo no crecí en aquel lugar, apenas lo conozco salvo por las historias que madre me contaba y sus cuadros, Kheran y Tanathya sólo hablaban de guerras y luchas por el territorio. ¿Acaso eso es mejor? Riverview es un pueblo tranquilo y seguro, es un buen lugar para vivir.

- ¿Estás seguro? – por un instante la mirada de mi padre ardió de rabia antes de volver a su natural gelidez - ¿Tan atado estás a esta gente que también has olvidado lo que le hicieron a vuestra madre?

El recuerdo de aquella noche volvió a golpearme con crueldad.
Sentí un nudo en la garganta que me dejó sin habla durante minutos.

¿Cómo poder olvidarlo?

- Nada de esto habría pasado si tú no te hubieses escapado para ver a esa cría.
Mi mente vagaba mientras escuchaba de fondo la voz de mi padre acusándome de su muerte. Estaba harto de escuchar aquello una y otra vez, pero una parte de mí mismo sabía que era cierto y no dejaba de sentirse culpable.

- Debía haber sido yo – contesté sin darme cuenta de que pensaba en voz alta.

Él no contestó y su silencio resultó ser más doloroso que sus acusaciones.

- Por una vez estamos de acuerdo en algo – dije dándome la vuelta para marcharme.
Había sido un idiota al pensar que podría hacerle cambiar de idea.

- El día que demuestres que eres digno de llevar nuestro apellido podrás volver a casa, Thaerion.

- Por mucho que lo intente nunca lo seré para ti.
Aquella fue la última vez que hablé con mi padre. Volví a Édora, me aleje de Riverview tratando de dejar atrás la culpa por la muerte de mi madre, pero ésta me acompañó durante años, al igual que el recuerdo de aquellos atardeceres junto a la joven del cabello dorado.

Esperaba volver a verla algún día.