domingo, 9 de octubre de 2011

CAPÍTULO VIII.III

❧❃❧ VIII. LA SOMBRA ❧❃❧

❃ (TERCERA PARTE)  

Cincuenta y ocho, cincuenta y nueve…

Salté de la valla y caí sin apenas hacer ruido a pocos centímetros de donde se encontraba, tan centrado en su alimento y su propio placer que ni se percató de mi presencia.
Me coloqué a su espalda justo cuando él llevaba una mano a sus pantalones ansioso por poseer a su víctima, la cual había entrado en la fase de éxtasis y parecía disfrutar del “abrazo” del vampiro.

Ni me molesté en asegurar mi ataque, no podía soportar aquello por más tiempo.

Agarré su cuello con mi brazo y tiré de él con fuerza hacia mí, alzándolo mientras él intentaba por todos los medios seguir alimentándose de ella. Tan fuerte era su ansia que ni siquiera le importó su defensa en sus últimos segundos de vida.

Clavé mi daga en medio de aquel corazón putrefacto y ennegrecido y contemplé mientras lo hacia los ojos de aquella mujer, brillantes como esmeraldas, fijos en mi mano y mi arma, y en el rostro de aquel vampiro.
Y por un instante vi pasar cientos de imágenes a las que no encontré ningún sentido antes de que ella cayese inconsciente.

Una sonrisa procedente de unos labios desconocidos, la palidez de una mano aferrando la mía, una mujer de cabello plateado y junto a ella un hombre de mirada severa. ¿Quiénes eran? ¿De qué los conocía?

Negué con la cabeza y me obligué a desechar cualquier distracción, debía actuar con rapidez y acabar mi trabajo.

Normalmente dejaba que las víctimas se recuperasen solas, ya que no llegaban a perder mucha sangre hasta que actuaba, pero en esta ocasión el vampiro había absorbido demasiada sangre en muy poco tiempo, y en tan sólo unos segundos la había dejado al borde de la muerte.
A pesar de que me resultaba repugnante el sabor de la sangre, tras ver a su víctima no me extrañó que hubiese estado a punto de dejarla seca. Era una delicia en todos los sentidos y por un segundo sentí un ansía que pocas veces aparecía en mi interior y que pude contener a duras penas apartando la vista de su cuello sangrante.

Lancé el cuerpo del vampiro a un lado y me olvidé de éste por un momento, con una única idea en mente: salvar a aquella desconocida a toda costa.

La cogí en brazos y la llevé a un viejo embarcadero abandonado cercano al callejón para estar a salvo de miradas indiscretas, y cubrí la zona del asesinato con un “manto” (un encantamiento de ocultación que suele durar un par de horas).
Después me acerqué a ella llevando mi mano a mi segunda daga, clavándola esta vez en mi palma para abrir una herida.

El pulso de la joven era cada vez más débil y había dejado de ser consciente de lo que pasaba a su alrededor. Lleve mi mano a sus labios y le obligué a beber el líquido carmesí que brotaba de mi herida, consciente de que al beberla la vincularía a mí para siempre.

No me importaba en absoluto si era la única forma de mantenerla con vida.

Pero ella no reaccionaba y aquellos segundos en los que creí perderla se convirtieron en una tortura.

-          Vamos, bebe de una maldita vez – le ordené con la mirada fija en sus labios manchados con mi propia sangre – despierta…

Segundos después, y como si mi voz la hubiese despertado de un profundo sueño volvió a abrir los ojos, clavándolos fijamente en los míos y abriéndolos por la sorpresa.
Noté que hacía el amago de separar los labios para decir algo, pero no dejé que pronunciase una palabra y volví a presionar mi mano en su boca, haciendo que mi sangre se colase por su garganta sin dejarle si quiera un segundo para tomar aliento, mientras me perdía en la profundidad de aquellos ojos verdes.

Ella intentó resistirse tan sólo unos segundos antes de dejarse llevar por aquella unión que yo le había obligado a aceptar para poder salvarla, y que finalmente acogió con gusto llevando sus dedos a mi brazo para acariciarlo mientras bebía ávidamente de mí.

Mi corazón palpitaba a toda velocidad a medida que mi sangre entraba en su organismo mezclándose con la suya, a la misma velocidad que su pulso, como si éste marcase el ritmo de mis propios latidos.
Dejé caer mi daga en el suelo y cerré los ojos disfrutando de aquella sensación tan intensa, intentando mantener el control de la situación en todo momento a pesar de lo mucho que me costaba hacerlo. Y pendiente de la respiración cada vez más acelerada de la joven.

-          Ya es suficiente - susurré apartando con esfuerzo mi mano de sus labios.

-          No…quiero más.

Bajé la mirada de sus ojos a sus labios entreabiertos y deseé con todas mis fuerzas poder unirme a ellos y saciar su sed con los míos.

No recordaba haber ansiado nunca algo con tanto anhelo.

Y aunque ella parecía sentir el mismo deseo me negué a hacerlo, pues sabía que aquello no estaba bien.
No era real, y yo la había forzado a ello.

Finalmente la dejé en el suelo, apoyándola con cuidado en la pared, mientras notaba su mirada fija en mi rostro.

Hasta ese momento no me di cuenta de que había dejado de llover.
-          Has tardado – susurró finalmente con voz cansada.

Saqué un pañuelo de mi bolsillo y comencé a limpiar la sangre de su rostro y cuello. Sus heridas se habían cerrado y tan sólo quedaba una tenue marca en su cuello que desaparecería al cabo de unas horas. Traté de centrarme en todo momento en ser rápido y tocarla lo menos posible para no caer de nuevo en aquel embrujo producido por el vínculo que acababa de crear entre los dos.
-          Lo siento – contesté sintiéndome culpable por haber dejado que aquello pasase.
-          Creía que ya no volverías – dijo mientras llevaba con gran esfuerzo una mano a mi rostro para acariciarlo.

Le miré confuso mientras hablaba.
-          Te he estado esperando tanto tiempo…

Una fuerte punzada sacudió mi cabeza y sin quererlo reaccioné apartando su mano de mi mejilla.

-          Estás muy débil, será mejor que descanses – contesté esquivando su mirada y levantándome para recoger mi daga.

-          ¿Que descanse? ¿Es lo único que tienes que decirme? – preguntó dolida.

Ignoré sus preguntas intentando desechar las imágenes que volvían a agolparse en mi cabeza, tratando de desvelar partes de un pasado que había olvidado y que por algún motivo no quería recordar en ese momento.
Me hacían daño, y escuchar a aquella mujer hablarme como si me conociese avivaba aún más ese dolor.
No la conocía de nada y sólo me sentía de ese modo por culpa del vínculo de sangre que había creado entre nosotros.

- Te conozco… - comenzó a decir, pero enseguida la corté girándome hacia ella y mirándola con frialdad.

- Te equivocas.

Me había visto en el bar y seguramente me habría reconocido. Pensé. Y yo debía acabar con todo eso si quería seguir manteniendo mi anonimato.

Volví a arrodillarme frente a ella y llevé mis manos a sus mejillas.

-          Mírame – le ordené obligándola a levantar la vista hacia mí.

Sus ojos humedecidos brillaban intensamente.
-          Escúchame bien – comencé a decir tratando de escudriñar dentro de su cabeza – vas a olvidar lo que ha pasado esta noche, y vas a olvidar que me has visto – intenté que mi voz sonase firme a pesar de lo mucho que me costaba hacerle aquello. Pero no tenía otra elección, y ella debería obedecerme ahora que tenía mi sangre dentro.

Abrió los ojos de par en par, sorprendida. Y negó con la cabeza.

-          No puedo, no quiero hacerlo – replicó.

Me sorprendió su negativa, ningún humano se había resistido antes. Aun así insistí hasta que finalmente pude penetrar en su cabeza.

-          Cuando despiertes creerás que todo ha sido una pesadilla, nada de esto ha pasado realmente.

-          ¿No es real? – preguntó confusa, o triste, no sabría decirlo.

Negué con la cabeza y la recosté con cuidado en el suelo.

-          No lo es, y ahora cierra los ojos… - susurré acercándome a su oído.

Seguía intentando resistirse, pero al cabo de unos segundos cayó presa del sueño y después de dejarla en el suelo la contemplé una última vez.
Era la mujer más hermosa que había visto en mi vida, tanto que no parecía de este mundo y dolía al apartar la vista de ella.

Había dejado de llover y aunque mi sangre la protegería del frío durante un tiempo no quería que nadie la viese en ese estado. Pero no podía dejar ningún rastro que pudiese implicarme, así que la situé en un lugar alejado del embarcadero tratando de exponerla lo mínimo posible.

Seguía siendo una presa demasiado valiosa para cualquier aprovechado que pasase por el lugar, pero ya no era mi problema (o al menos eso quería creer) y yo debía encargarme del cuerpo de Beau y del lugar del crimen antes de que lo descubriesen.

Por suerte mis sentidos seguían bastante agudizados y era capaz de escuchar si alguien se acercaba con bastante antelación y por el momento nadie había pasado por el lugar.

Me dirigí rápidamente al callejón donde seguía tirado el cuerpo de Beau y comencé a borrar todos los rastros de la agresión de esa noche, había llovido bastante y la mayoría habían desaparecido así que tampoco tuve demasiado trabajo.
Después agarré el cuerpo del vampiro y me lo eché sobre los hombros, volviendo a escalar con él el edificio.

Me aseguré de que nadie me viese usando parte de mi poder para pasar desapercibido, y después de esconderlo bajo un montón de basura y cubos viejos volví a encaramarme a la azotea para comprobar que ella seguía durmiendo y resguardada del frío.
 Debían de ser aproximadamente las cuatro de la mañana, y tenía que esperar a que amaneciese para deshacerme del cadáver. Así que decidí vigilarla hasta que alguien la encontrase y se la llevase de allí.
 “Después de eso dejará depreocuparme”, me repetí una vez más tratando de hacerme a la idea de ello.

Media hora más tarde  escuché el sonido de pasos acercándose y volví a esconder mi rastro con magia. Al cabo de unos minutos apareció la figura de un hombre de origen nativo dirigiéndose directo hacia el embarcadero y me sorprendió ver cómo alzaba la vista hacia el lugar exacto donde me encontraba.
Por un segundo temí que me descubriese pero enseguida apartó la vista para fijarla en el cuerpo de la chica.

Se acercó tranquilamente y le vi olfatear el terreno antes de cogerla en brazos sin esfuerzo alguno. Tampoco me extrañó, parecía hacer ejercicio a menudo.

Quizás fuese el modo protector en que la agarraba o la calma que inspiraba su mirada, pero el caso es que al verla en sus brazos supe que estaría a salvo con ese hombre, y esperaba no equivocarme.
- ¡Janne! – Gritó alguien a unos metros del lugar - ¿Pero dónde te has metido esta vez?

- Me pone nervioso cuando desaparece de ese modo – murmuró otra voz.

- Tú te pones nervioso con cualquier cosa.

Poco después aparecieron dos hombres más, a los que reconocí de haber estado en primera fila durante el concierto.
Uno de ellos era alto y delgado como un junco y el otro amplio como un tonel de cerveza, pero ambos compartían rasgos muy similares. Eran rubios de ojos claros y entre los dos parecían hacer un cerebro y medio, o casi.
- ¡Ostias! – exclamó el más ágil bajando los escalones de un salto - ¡Gas ven! ¡Mira lo que ha encontrado Mala Sombra esta vez! ¿Has cambiado los huesos roídos por las jovencitas eh? – preguntó en tono bromista.

El gesto del nativo ni se inmutó.

- Parece dormida – contestó con voz serena.

- Jeje, habrá pillado una buena borrachera.

- Cada vez empiezan antes… - se lamentó el hombre de la cresta acercándose a los escalones.

- Huele a sangre.

El rubio de las rastas se acercó y arrugó la nariz para olfatear como había hecho su compañero antes.
- Pues yo sólo huelo a la mierda del puerto…y a manzana… ¡ala! ¡Su pelo huele a manzana! ¿Qué champú usará?

A manzana y salvia del bosque, un aroma que me había acompañado durante años y no reconocí hasta ese momento. Que me recordaba a Édora.

- Deberíamos llevarla a la policía, puede que le hayan hecho algo malo y dejado aquí tirada después – contestó aquel que habían llamado “Gas” en tono preocupado.

- No – se negó rotundamente el moreno, aunque sin perder la calma un momento – sólo necesita descansar, la llevaremos a la compañía.

- ¡Buena idea! ¡Así cuando despierte le pregunto!

El delgado seguía dándole vueltas a lo suyo, parecía que nada le preocupase en esos momentos salvo saber el nombre del champú de la muchacha. Estaba claro cuál de los dos era el que aportaba menos sesera al dúo.
- No sé yo si será buena idea…puede que a Ángela no le haga mucha gracia…

El rubio seguía sin estar muy convencido pero finalmente optaron por llevarla con ellos y cuidarla hasta que despertase. Y yo me obligué a dejar de lado mi preocupación para centrarme en acabar mi trabajo.

Recuerdo que en ese momento sentí como si me arrancasen parte de mi propio ser, pero me resistí a volver a su lado.

Después de echar un último vistazo y ver como se alejaban con ella en brazos, volví a la azotea del edificio y minutos más tarde, cuando se encontraban a varios kilómetros de distancia me pareció escuchar un grito.

- ¡Fructis! – Exclamó alguien con voz aguda y triunfal - ¡Já!

 Lancé un hondo suspiro y miré al cielo, sin dejar de pensar en el rostro de aquella joven y esperando a que saliese el Sol para dar la bienvenida a un nuevo cadáver de vampiro.
Puede que al despertar no me recordase, pero estaba seguro de cuál sería mi primer pensamiento durante las mañanas que seguirían a aquella noche en la que decidí darle mi sangre a una desconocida para salvarla.


Segunda Parte del capítulo VIII arriba!

Al final he dividido el capítulo VIII en tres partes porque me quedó esta demasiado larga y con muchas imágenes, y para no dificultar la lectura a aquellos que tienen una conexión más lenta he preferido partirlo en dos para que puedan leerse por separado.

De todas formas la siguiente parte está completa y lista para subir, así que o mañana o pasado la añadiré para no haceros demasiado esperar y alargar mucho más este capítulo.

Esta parte no tiene demasiadas poses mías, tan sólo se ven un par que ya comentaré junto al resto, y si he tardado tanto en subirlos era porque estaba creándolas y cuestan lo suyo >_<

¡Espero que os guste! ¡ Buenas noches!

PD: ¡¡¡MÁS DE MIL VISITAS!!! ¡¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TOD@S!!! Gracias a todos los que seguís el blog y leeis mis historias, no sabeis lo mucho que me anima ver que cada día hay más gente que comenta o que se pasa por aquí. Y espero poder subir pronto un nuevo pack de poses (que tengo listo pero falta preparar) como regalito por vuestro interés ^^

CAPÍTULO VIII.II

❧❃❧ VIII. LA SOMBRA ❧❃❧

(SEGUNDA PARTE) 

 (Bridgeport, 31 de Octubre de 2010)

Acababa de cumplir mi segundo año en la ciudad de los puentes, y lo celebré completando un trabajo que llevaba casi un mes investigando, en el que tenía que encontrar al responsable de la muerte de una joven de dieciséis años llamada Sarah, hija de Abraham Russel, maestro de secundaria y miembro honorífico de la ciudad por sus aportaciones en el campo científico.
La policía se había metido de lleno en la investigación y tuve que hacer unas cuantas maniobras para poder despistarla de la atención que peligrosamente les estaba acercando hasta nuestra guarida, o más bien la de aquellos seres para los que trabajo y con los que comparto alguna que otra peculiaridad.

Vampiros.
Quizás algún día me extienda un poco más y hable sobre ellos y en qué consiste exactamente mi trabajo, pero de momento prefiero reservar esa parte para mí. Ya que aunque he tomado mis medidas de seguridad y nunca nadie se mete en mi ordenador, no se sabe quién puede llegar a leer esto.

El caso es que después de mucho trabajo y demasiados quebraderos de cabeza, logré descubrir quién era el asesino de la muchacha.

Se llamaba Beau Merrick, y hacía unos cuantos años que había cambiado las hamburguesas del Mc Donald por la sangre de jóvenes inocentes.
La siguiente parte del trabajo era la que menos me gustaba y solía saltarme si las circunstancias lo requerían y tenía claro quién había cometido un crimen como era el caso.

Debía encontrarlo y seguirlo hasta conseguir suficientes pruebas para llevarlo a juicio ante el Consejo. Algo demasiado cansino para mi gusto que normalmente acarreaba más muertes innecesarias. Y yo no estaba dispuesto a permitir que asesinara a más mujeres, ni tampoco mi jefe.

Mis órdenes estaban muy claras: tenía que acabar con él.

Pero matar a un vampiro no es una tarea fácil, ni siquiera para aquellos que estamos especializados en ello y que conocemos a la perfección sus debilidades. Y un simple error puede acarrear terribles consecuencias. Así que tuve que ingeniármelas para llegar hasta él sin que se diese cuenta.

Esperé a Halloween para ello.
La luna llena se alzaba en el cielo augurando el inicio de una noche movidita hasta que una intensa capa de nubes la ocultó por completo, descargando litros de agua sobre la cantidad de figuras disfrazadas que rápidamente comenzaron a resguardarse dentro de los bares para seguir la fiesta.

La noche de los difuntos es una de las preferidas por los vampiros, no por lo que representa sino porque es la única en la que pueden actuar de forma más abierta sin que nadie sospeche de ellos, y sobre todo pasar desapercibidos entre los vivos.
Y él, al igual que unos cuantos chupasangres con demasiadas ganas de salir de la guarida, aprovecharon para mezclarse entre la gente y tomar algún que otro aperitivo fuera de su círculo de donantes habitual.

El sitio que habían elegido unos cuántos neófitos para aquella noche fue un garito cutre del puerto que al parecer últimamente había ganado bastante fama.

El Horny Shark, un nombre más apropiado para un club de carretera que para un bar pero bueno.
No tenía ningún compromiso para esa noche y sabía que Beau aprovecharía su salida para hacer de las suyas, así que decidí ir allí y probar suerte por si aparecía.

Introducirme en la fiesta de Halloween no fue difícil, después de una entrevista con la encargada del bar ésta decidió contratarme para dar un acústico esa noche.

Hacerme pasar por músico era una buena forma de parecer inofensivo, después de todo ¿quién va a sospechar de un hombre y su guitarra? 

El bar estaba abarrotado de gente esa noche, y la mayoría se reunieron alrededor del escenario para verme tocar. Era la primera vez que tocaba para tanto público y debo admitir que al principio me sentí bastante intimidado ante tantas miradas pendientes de mí, después de todo estaba acostumbrado a pasar desapercibido. Pero creo que no fue del todo mal y la gente reaccionó de forma positiva.

El problema es que el concierto duró más tiempo de lo que esperaba y no logré percibir la presencia de ningún vampiro cerca, salvo la de un par de neófitos adolescentes demasiado ocupados en intentar ligarse a una sirena pelirroja como para asesinar a nadie.

Pero ni rastro de Beau.

Pensé que me había equivocado o que había decidido ir a otro lugar a hincar el diente, por lo que dejé de preocuparme por esa noche y disfrutar del resto de la velada sin pensar en trabajo.

Y apunto estuve de tener que lamentarlo.
El problema es que ese condenado vampiro no era tan estúpido como había pensado en un principio y debió sospechar que alguien le observaba, porque activó uno de los poderes que más me joden de ellos y que suele afectar a todos los vivos de la zona y les hace indetectables por métodos naturales.

De hecho, pueden crear pequeñas ilusiones y ocultar la realidad que les rodea, de modo que en un primer momento no le vi ni a él ni a la víctima que había elegido para esa noche.

Normalmente no dejo que ese tipo de ilusiones me afecten y suelo ir preparado contra ellas. De hecho, no todos los poderes de los vampiros me afectan como al resto de humanos, pues no soy mortal. Pero en este caso cometí el error de no estar suficientemente preparado, pensado que Beau no sospecharía nada. Cuando el concierto terminó todo seguía en calma y después de asegurarme de que Beau no se encontraba en el bar comencé a recoger mis cosas y prepararme para salir de allí.
Al cabo de unos minutos Salma, la camarera, vino a traerme mi parte de las ganancias de aquella noche y mientras hablábamos se acercó una de sus compañeras. Me la presentó, pero después de haber perdido la memoria no es que sea demasiado buena y ni recuerdo su nombre. Lo único que sé es que llevaba una peluca de color violeta y una fusta, y que le apetecía bastante ayudarme a llevar los trastos al almacén. O que yo le ayudase a ella, a saber.

El caso es que sin saber cómo…
…bueno un poco sí, acabé tirado en medio de un cuartucho lleno de cables y botellas vacías con ella encima, clavándome la esquina de una caja en la espalda y el mango de la fusta de las narices en la pierna.

No era demasiado cómodo, pero lo había hecho en sitios peores así que tampoco me quejé.

Sé que no es demasiado profesional por mi parte hacer este tipo de cosas en medio de una investigación, pero qué le voy a hacer…nunca me ha gustado negar un capricho a una dama.
Al menos no me gustaba hasta ese día cuando, minutos después de que la chica de la fusta volviese a su trabajo y terminase de vestirme, escuchase el grito de una mujer cerca del almacén.

-          Mierda…
Me vestí rápidamente, cogí las armas que llevaba escondidas en la funda de mi guitarra y tomé uno de los brebajes que solía llevar siempre conmigo y me ayudaban a adquirir temporalmente los poderes de un vampiro e incrementar los míos. Sabía que después de unas horas debería pagar con creces haber bebido ese asqueroso potingue, así que más me valía saber aprovechar sus beneficios mientras durasen.
Enseguida percibí más ruidos y no me costó demasiado actuar como un vampiro y pasar inadvertido mientras me acercaba.

Las voces procedían de un callejón oscuro que daba a la parte trasera del bar, cerrado por una valla bloqueada con una barra de acero.

- Será mejor que me sigas – dijo una voz masculina.

Ella se negó, y yo seguí atento a la conversación mientras me movía en silencio tratando de alcanzar la parte superior del edificio sin que me viesen.

El bar tenía dos plantas y unas ventanas con rejas perfectas para poder agarrarse, y en menos de un minuto llegué a lo alto del edificio y vi con resignación como Beau intentaba forzar a una joven rubia que no aparentaba más de veinte años.

Por suerte había llegado a tiempo.
Hablaba en un tono susurrante a su oído y no pude escuchar bien lo que decía, pero por el gesto de la joven no parecía ser nada bueno.

Al ver el rostro asustado de la muchacha sentí un nudo en la garganta que fue incrementándose a medida que veía su sufrimiento ante la situación, y cada minuto que pasaba se me hacía más difícil mantenerme inmóvil esperando el momento oportuno para atacar. Pero debía hacerlo ya que atacar a un vampiro mientras acecha a su víctima es la decisión más estúpida que se puede tomar, y todo cazador lo sabe.

Llevé la mano a la empuñadura de mi daga de plata y la aferré con fuerza cuando vi como acercaba sus manos al cuerpo de aquella desconocida para tocarlo y noté como mis músculos se tensaban de rabia sin saber bien el motivo.
¿Qué me pasaba?

No era la primera vez que veía a un vampiro actuar, y tampoco era la primera que me quedaba observando a la espera de encontrar el momento adecuado para acabar con él.

Sólo la estaba probando, jugando unos minutos antes de alimentarse, y yo debía esperar a que lo hiciese para poder clavar mi puñal.

Sabía cuáles eran los pasos, sabía que debía dejar que tomase su sangre y que ella sufriría aquel terrible momento tan sólo unos instantes antes de ser salvada.

Sabía bien lo que tenía qué hacer pero a medida que pasaban los segundos me costaba más mantener la frialdad ante esa escena que tantas veces se había repetido durante estos años.

¿Pero porqué?
La vi correr tratando de escapar inútilmente por la valla que había sellado él mismo, y recuerdo a la perfección los sesenta segundos siguientes a eso, pasando delante de mis narices como una película a cámara lenta.
Sesenta segundos que me obligué a contar mentalmente antes de lanzarme a por él, y en los que contemplé lleno de rabia como se alimentaba de ella, mientras notaba como mi mano vibraba ansiosa por acabar con la vida de ese maldito vampiro.




(Comentario sobre este capítulo)

lunes, 3 de octubre de 2011

Primera parte del capítulo VIII subida

Esta parte es bastante cortita y es solo una introducción al capítulo que será bastante largo y con unas cuantas poses propias, así que tardaré más en hacer las imágenes para postearlo (aunque ya está escrito). Como adelanto diré que se trata de otra versión del capítulo "Noche de Brujas", en la que veremos lo que pasó por parte del otro protagonista. Espero que os guste y que las poses salgan medianamente decentes para representar con ellas las escenas que ya tengo escritas ^^

¡Un abrazo y gracias por leer!

CAPÍTULO VIII.I

❧❃❧ VIII. LA SOMBRA ❧❃❧

❃ (PRIMERA PARTE) 

Lobo, así es como llaman al jefe de las Sombras, mi maestro. Aunque el nombre por el que la gente normal le conoce es Marcus Larssen.
¿Qué puedo decir de mi jefe? Bueno…es un hombre reservado, más que yo incluso, y en estos dos años poco he averiguado sobre él, ni siquiera por métodos poco convencionales he logrado conseguir demasiada información.

Según los informes es un hombre con un pasado intachable, dueño de una empresa especializada en seguridad. Sin familia, al menos en este estado. Sin antecedentes penales. Ni siquiera una maldita multa de tráfico en su expediente.

Según mi experiencia la cosa cambia.
Y sé lo suficiente como para saber mantenerme en silencio y estar cerca de él como una figura silenciosa que nunca se entromete en sus asuntos.
A su lado he aprendido la mayoría de las cosas que sé sobre este mundo, a moverme entre carreteras y asfalto, entre luces de neón y el estridente sonido de la civilización. He aprendido a manejar armas de fuego y a adaptarme a la moderna tecnología de ésta época, tan distinta a la de Édora.
He aprendido formas de matar y técnicas de combate de ambos mundos, y he tenido muchos años para perfeccionarlas y adaptarlas hasta hacerlas formar parte de mi ser.

Me han convertido en una máquina de ejecución rápida y silenciosa, alguien que ha cambiado el ¿Cómo? por el ¿Cuánto?. Y que ya ni se molesta en pensar si es bueno o malo lo que hace.

Sé lo que soy, sé lo que siento cuándo acabo con la vida de alguien, lo que es dejarse llevar por la culpabilidad y los remordimientos. Y sé que en mi vida éstos ya no tienen cabida si quiero seguir vivo un día más, si quiero mantener mi mano firme cuando hago mi trabajo.
Pero no os equivoquéis, a pesar de mi más que cuestionable moral, tengo una ética de trabajo muy estricta y Lobo y cualquiera que me conozca mínimamente sabe que hay cosas que nunca haré por ningún precio. Y quizás por eso nunca acepto trabajos que no provengan de alguien de mi confianza.

No mato nunca por placer, ni disfruto haciéndolo. No mato a ciegas, sé perfectamente quién es mi víctima y porque se ha convertido en mi objetivo, y a pesar de lo que parezca no soy un simple matón a sueldo.
Me gusta mi trabajo porque en parte sé que estoy librando a la humanidad de seres que se han buscado con creces este destino y porque a pesar de lo que implica ayudo a limpiar la mierda que corrompe cada día este mundo.

Y me gusta porque si no llega a ser por mi trabajo nunca la hubiese encontrado.

Porque de no haber estado allí ese día y acabar con la vida de aquel maldito, ahora ella estaría muerta y yo no habría conocido al único ser de este mundo capaz de iluminar un camino plagado de sombras.
 
Y de dar vida a un corazón que había dejado de latir.
…Hasta su llegada.




(Comentario sobre este capítulo)