(Bridgeport - 22 Enero 2011)
Música: Through Glass (Stone Sour)
Las siguientes dos semanas pasaron bastante rápido y apenas tuve tiempo libre salvo para descansar las pocas horas que me hacían falta para mantener el ritmo. Los Vanar no necesitábamos tanto descanso como un humano, así que tenía más tiempo para poder dedicarme cuando no me entrenaba a investigar más cosas sobre el pasado de Alidaen.
Por desgracia mi manejo de los ordenadores era bastante limitado para este tipo de investigaciones (es lo que tiene pasar toda la vida en un mundo sin tecnología…o al menos como aquí se conoce) y tuve que pedir ayuda externa dentro del pequeño círculo de personas de relativa confianza que había conocido durante en mi estancia en las Sombras.
- ¿Cuánto crees que puedes tardar en averiguar algo sobre estas personas?
Avispa echó un vistazo a los documentos que le había entregado. Personalmente no nos conocíamos mucho, pero habíamos colaborado juntos en alguna ocasión y conocía bien sus virtudes. Una de ellas era su memoria eidética. Era capaz de memorizar documentos al dedillo con sólo echarles un vistazo y retener en la memoria imágenes y detalles que hasta a los más avispados pasaría por encima. La otra, y pocas personas tenían conocimiento de ello incluso entre Sombras, eran sus dotes como hacker.
Gracias a ella las Sombras podían tener prácticamente acceso a cualquier ordenador y base de datos existente. Por ese motivo pocos secretos en la ciudad y fuera de ella pasaban desapercibidos para nosotros, si nos daba por investigarlos claro.
Algunos de los miembros de la organización trabajaban sólo como espías e informadores, como era el caso de Avispa, mientras que otros se encargaban del trabajo sucio y ejecutar las órdenes del líder de las Sombras. Mantis, su compañera, era una de ellas. También había una célula especializada en organizar y planificar nuestro trabajo, donde Serpiente trabajaba antes de liderar la orden. No tenía ni idea de quien era el jefe de esa sección actualmente.
Yo en cambio, cuando trabajaba para Lobo, era una mezcla entre espía y ejecutor, pues gracias a mi entrenamiento como Cazador en mi mundo contaba con la ventaja de haberme especializado en el arte de matar y el sigilo a partes iguales.
Puede que no tuviese mucha idea sobre cómo usar la tecnología actual, pero poseía una amplia lista de maneras de enviar al otro mundo a más de un centenar de criaturas sobrenaturales, que por suerte, habían quedado almacenadas en mi memoria a pesar de no tener muchos datos sobre mi pasado. Y tenía la ventaja de poder averiguar información útil gracias a mi capacidad para no ser detectado.
- Depende – contestó ella al cabo de unos minutos – son muchos nombres, ¿quieres que me centre en alguien en especial?
En esa lista no estaba el nombre de Alidaen, ya que prefería dejarla al margen de las Sombras. Pero si el de Hamming, Lehmman y esa tal Cadie Fairchind. Aun así sabía que Avispa daría con ella tarde o temprano, y por ello me aseguré de que aquella información sólo quedase entre nosotros revelándole parte de mis intenciones.
- Todos están relacionados con la chica a la que andaban buscando hace meses en el Horny Sharck. Quiero averiguar qué tiene ella que ver con la muerte del empresario y quiénes enviaron a ese matón para asesinarla.
Según Lobo mi familia andaba detrás de aquello, pero no podía descartar tampoco que se tratase de alguien relacionado con su supuesta víctima. Además, últimamente cualquier cosa dicha por mi antiguo jefe carecía de veracidad.
- Vale – por su respuesta no parecía que le importase mucho.
- Céntrate en Hamming. Pero recuerda que nada de esto debe llegar a Serpiente, ni a cualquier otro miembro de los Sombras. Te pagaré lo que haga falta.
- No quiero dinero – la voz de Chloe sonaba siempre monótona y sin interés, pero cuando se centraba en la búsqueda de algo no cesaba hasta dar con ello.
- ¿Entonces?
- Tengo entendido que tu próximo trabajo será en esa compañía de artistas…Shelüne.
Estuve a punto de preguntarle cómo lo sabía, pero estaba claro el motivo. Avispa podía tener acceso a cualquier tipo de información, a pesar de que no fuese su competencia. Normalmente una Sombra no tenía conocimiento del trabajo de otra a no ser que colaborasen en las mismas misiones. Pero ella era un caso especial, y tratar de ocultarle algo era inútil.
Asentí.
- Te daré información a cambio de lo mismo. Y mi silencio tiene el mismo precio.
- Explícate.
- Quiero que la información que obtengas de la dueña de esa Compañía pase sólo por mis manos.
- Sabes que no puedo hacer eso. Serpiente me ha pedido un informe de todos los miembros sospechosos, no puedo dejar fuera a la dueña.
- Ella no es un sobrenatural – contestó convencida – no tiene por qué interesarse por una humana, al menos no de la misma forma que el resto.
- ¿Cómo sabes que no es sobrenatural? ¿Qué sabes de ese sitio?
Ella me miró con seriedad y los labios apretados en una fina línea, me tendió la carpeta.
- Prométeme que la dejarás fuera de la investigación o te encargas tú del fiambre.
- No he dicho que no vaya a hacerlo, pero si voy a arriesgar mi pellejo ocultando información vital a Serpiente necesito al menos un motivo de peso.
- Es mi hermana – respondió con sequedad, dejando la carpeta pendiendo entre nosotros.
Analicé rápidamente los datos que tenía de Chloe gracias a su novia y llegué a una conclusión: la dueña de Shelüne era la mayor de sus hermanas, aquella que según Mantis había desaparecido en la misma época que perdió a su gemela.
La seguridad de su hermana a cambio de la seguridad de Alidaen, era un buen trato.
- Está bien, tienes mi palabra.
***
(Bridgeport - 23 Enero 2011)
El domingo de esa misma semana decidí ponerme en contacto con el chico que conocí en la tienda de discos llamándolo al móvil.
- ¿Si?
- Hola… ¿Lande?
- El mismo – respondió - ¿Quién eres?
- Arian, nos conocimos en…
- ¿Arian? Arian…Arian…no me suena ¿Te debo dinero?
Estoy seguro que de haberle dicho que si se lo hubiese tragado, pero no era plan de quedarme con él tan pronto.
- No. Quizás me recuerdes como Valo.
- ¡Ostias Valo! ¡Me alegra escucharte! ¿Cómo sabes mi número?
Guardé silencio unos instantes.
- Soy adivino…
- ¡Ala! ¡No jodas! – exclamó sorprendido - ¿puedes adivinar el color de mis gallumbos?
- No – respondí cortante – tengo la tarjeta que me diste delante, y pone tu número.
- Pues menudo adivino, así cualquiera…
- No soy adivino, era sólo una… - me llevé la mano a la sien, no llevábamos ni dos minutos hablando y ya tenía dolor de cabeza - olvídalo anda. Te he llamado por lo de la prueba.
- ¿Qué prueba?
Nuevo silencio.
- Me dijiste que te llamase si quería hacer una prueba para la Compañía en la que trabajas, pero si ya no estás interesado puedes decírmelo. No hay ningún problema.
- ¡Ah! ¡La prueba! ¡Pues claro que me interesa! ¿Por qué no te pasas mañana por la tarde por nuestro local? Los lunes solemos ensayar en el garaje de mi hermano.
- ¿No hacéis los ensayos en Shelüne?
- Normalmente no, hay demasiada gente y poco espacio para todos los músicos.
Era bueno saberlo.
- Está bien, dame la dirección.
- Vale, apunta.
Después de darme unas cuantas indicaciones y despedirnos salí de casa y fui directo al trabajo. Serpiente no me había dejado descansar ni un día desde que había empezado mi entrenamiento, y en parte me alegraba de ello. Ya empezaba a notar mis progresos y la sed que antes me atormentaba constantemente parecía haberse convertido en un recuerdo lejano.
- Seguramente se deba a que dejaste de alimentarte antes de perder la memoria – había comentado Serpiente en uno de nuestros entrenamientos – puede que tu estúpida conciencia ya anduviese haciendo de las suyas antes de lo que piensas.
- Es un consuelo saberlo.
- Eres un necio si crees que tu dieta humana va a ser siempre suficiente, pero allá tú si no quieres hacerme caso. Sigo diciendo que es mejor que aprendas a alimentarte por si un día realmente te hace falta.
- Y yo sigo pensando lo mismo, no voy alimentarme de la sangre de otro ser. Quiero aprender a mantener el control y vencer mi ansía.
Serpiente no estaba de acuerdo, pero de momento no me había obligado a nada. Aunque seguía disfrutando tocándome las pelotas, algo a lo que yo ya estaba más que acostumbrado.
Aquella noche al parecer tenía uno de esos días en los que me apetecía coger una estaca y metérsela por el culo.
- Saludos Halcón, me pillas en mitad de la cena.
Él nunca se alimentaba antes de nuestro entrenamiento, de hecho era de los pocos vampiros a los que nunca había visto beber sangre directamente, pero en aquella ocasión al parecer hizo una excepción para ver cómo reaccionaba.
Reparé en la herida del cuello de la chica y a pesar del olor a sangre que emanaba de ésta, no sentí nada salvo un leve hormigueo en el estómago.
Ni siquiera cuando ella se levantó y pasó por mi lado con el cuello aun goteando sangre sentí la necesidad de alimentarme.
Era una mujer muy hermosa. Tenía rasgos orientales, por lo que supuse que sería japonesa o de algún país del este. Realmente no estaba lo suficientemente familiarizado con este mundo para reconocer todas sus culturas, pero los suyos eran rasgos que me resultaban muy agradables y a veces me recordaban a mi propia gente.
La mujer me dedicó una sonrisa insinuante antes de salir por la puerta, a la que yo respondí con una inclinación de cabeza para no resultar descortés.
Serpiente me observó curioso y sonrió complacido cuando nos quedamos a solas en su despacho.
- ¿Piensas dejar que se desangre por el pasillo? – le pregunté.
Normalmente cerraban las heridas de los humanos después de beber su sangre, ya que una herida abierta o mal curada podría resultar bastante peligrosa, aparte de dejar una marca demasiado sospechosa.
- Puedes hacerlo si quieres, tengo entendido que tus fluidos actúan de forma muy parecida a nuestra sangre. Puedes lamer su herida y de paso probar un poco, no está nada mal, es…exótica, con un ligero toque a especias.
- Paso - contesté encogiéndome de hombros - La próxima vez puedes probar con alguna rubia, quizás hasta cuela.
- O quizás una ninfa, tengo entendido que la sangre feérica es tu favorita...
Le miré con la mandíbula apretada y sin contestar, no era la primera vez que me intentaba provocar con ese tipo de insinuaciones y había aprendido a lidiar con ellas.
- Lástima que existan tan pocas en este mundo…
- Que yo sepa solo una – contesté mostrándome tranquilo – pero no vas a tocarla. Así que ¿por qué no nos dejamos de tonterías y empezamos a entrenar?
- Tu entrenamiento ha empezado desde que entraste por esa puerta – contestó con una sonrisa – y continuará en cuanto llegue tu nueva compañera.
- ¿Mi compañera?
- Ya que te niegas a aceptar mis métodos…he decidido buscar a una persona más acorde con tu tipo de lucha – hizo un gesto con la mano para enfatizar su falta de interés en algo que él consideraba absurdo - alguien que al igual que tu ha preferido enfocar sus fuerzas en controlar su poder antes que en aprender a usarlo.
En ese momento alguien llamó a la puerta.
- Adelante…
Murciélago apareció a través de ésta.
Tenía la mirada clavada en el suelo, pero aun así no parecía tan intimidada como la vez anterior. A diferencia de las anteriores veces que la había visto, en esta ocasión vestía con unos pantalones de deporte y llevaba un calzado más cómodo que sus habituales botas de tacón alto.
Supuse por el color blanco que ella había elegido su vestuario, pero no parecía sentirse demasiado cómoda sin sus vestidos, que al parecer eran una seña de identidad bastante arraigada en ella.
Verla vestir de ese modo me hizo recordar a mi hermana Tanathya y lo mucho que odiaba tener que quitarse la armadura para enfundarse en un vestido y tratar de parecer una dama.
Al verme ahí plantado saludó con una educada inclinación de cabeza.
- Buenas noches.
Me giré automáticamente hacia Serpiente, olvidándome de saludar por la sorpresa. Me había imaginado que Serpiente la usaría para sus propósitos, pero desde luego no esperaba que la inmiscuyese en mis asuntos de ese modo.
Aunque tampoco era algo que me sorprendiese demasiado, al fin y al cabo si ella estaba allí era porque yo la guie hasta él. Sólo esperaba no terminar perjudicándola, recordaba demasiado bien cómo había reaccionado al oler su sangre.
- ¿Ella va a ser mi compañera?
- Así es ¿No te gusta la idea? – preguntó inocentemente - He pensado que como ambos sois antiguos discípulos de Lobo podréis complementaros mejor.
- En absoluto…- comencé a decir mirando de reojo a la chica, ella seguía con la vista clavada en el suelo, aunque de vez en cuando nos lanzaba alguna mirada furtiva – no puedes retenerla aquí y usarla para tus propósitos como si fuese tu esclava sólo por ser discípula de Lobo.
- En realidad es un motivo más que suficiente para hacerlo – contestó pasivamente – pero la señorita está aquí libremente, no debes preocuparte por ella salvo por ti. Te recuerdo que actualmente representas el mayor peligro que existe en esta orden.
- ¿Es eso cierto, Murciélago? – pregunté ignorando sus provocaciones - ¿estás aquí por voluntad propia?
Ella contestó con un ligero asentimiento.
- Si…
Reparé en el color sonrosado de sus mejillas, y supuse a qué se debía su rubor. Suspiré mentalmente mirando con mala cara a Serpiente.
- ¿También piensas usarla de cebo?
- No sé a qué te refieres – contestó haciéndose el sorprendido.
- Sabes que si pierdo en control estando ella cerca…
- Entonces será algo que deberéis solucionar entre los dos. La señorita Murciélago conoce las consecuencias de este trabajo, y ha aceptado amablemente mi oferta. Así que ahora si me disculpáis…- hizo un gesto señalando la puerta - tengo trabajo que hacer.
Los guardianes nos escoltaron hasta la puerta y yo eché a caminar a través del pasillo sin volverme a mirar a nadie.
Murciélago aligeró el paso para seguir el ritmo de mis pisadas.
- Soy consciente del peligro, y no me importa – dijo.
- Pues a mí sí – contesté girándome hacia ella visiblemente molesto. – No pienso cargar con tu muerte en mi conciencia si pierdo el control.
- Y yo no pienso ponértelo tan fácil como crees – respondió alzando el mentón – puedo ayudarte.
- ¿Ayudarme? ¿y para qué quieres tu ayudarme?
- Porque te lo debo, gracias a ti pude hablar con Serpiente.
- Vaya…y yo que pensaba haberte enviado una nota de disculpa.
- ¿Por qué?
- ¿Por ponerte en su camino? Pareces que no eres consciente del peligro que corres entre las Sombras. Si estabas oculta era por algo.
- Serpiente me ha ofrecido un trato.
- Eso es algo que se le da muy bien – contesté irónico – pero Serpiente no ofrece tratos a todo el mundo, algo debe tener en mente para que estés aquí.
- Quiere que te ayude a mantener el control.
- Esa parte me ha quedado clara, lo que no tengo tan claro es el porqué. Y tampoco entiendo qué haces tú haciendo pactos con él ¿no se supone que le odiabas?
Murciélago se mordió el labio antes de contestar.
- Si le ayudo en esto me dejará ver a Lobo….- confesó mirando el suelo.
Al ver su gesto entristecido intenté mostrarme algo más comprensivo.
- Pues espero que merezca la pena y no termines lamentando este trato.
- Sé cuidar de mí misma – contestó ligeramente ofendida.
- No dudo de tu capacidad, perdóname. No quería ofenderte.
Bajó la vista hacia el suelo antes de continuar hablando.
- Deberías empezar a preocuparte de ti mismo y no tanto por mí, al fin y al cabo tú ya has visto lo que soy capaz de hacer.
- Supongo que ha debido ser difícil para ti vivir con un poder así.
- A veces…- murmuró alzando la mirada – otras deseé poder desatarlo más a menudo.
Lobo me contó que Murciélago había tenido un pasado muy difícil y había quedado muy afectada por todo lo que le había ocurrido. Despreciaba y temía su poder, por eso siempre decía que debía controlarlo.
Supuse que si él se había encargado personalmente de su entrenamiento desde su niñez, ella tendría mucho que enseñarme para aprender a controlar el mío.
- Está bien, supongo que no será tan malo tenerte como maestra – contesté en un tono algo más amistoso – y eres más agradable a la vista que Serpiente.
Ella se sonrojó un poco.
- Soy tu compañera, no tu maestra.
- Está bien. ¿Y por donde quieres que empecemos, “compañera”?
Ambos entramos en una de las salas de entrenamiento, un lugar acondicionado para practicar la meditación y disciplinas físicas y mentales más centradas en la expansión de los sentidos y la mente, como el yoga o el método Pilates.
- Empezaremos con algunos ejercicios de relajación, no soy experta en combate así que poco puedo enseñarte al respecto. Pero Lobo me enseñó a mantener la mente en blanco en los momentos más difíciles y a mantener la calma. Intentaré enseñarte lo mejor que sé si tú me dejas, pero debes aprender a confiar en mí.
Miré hacia un lado, aprovechando para echar un vistazo a la cantidad de objetos raros que había en la sala.
Colchonetas, bancos de step, pesas minúsculas, una pelota gigante. ¿Para qué coño querían Las Sombras una pelota gigante?
- Eso va a ser difícil, pero haré lo que pueda – contesté arqueando la ceja.
- De momento empezaremos con lo más básico – se quitó las botas y se sentó en la posición de medio loto (o como se llamase), esperando que yo hiciese lo mismo – vamos a empezar con un sencillo trabajo de respiración…
- …
¿Os imagináis a un vampiro enseñando a respirar a un humano? No veía a Lobo haciendo esas cosas, pero no era nadie para contradecir sus métodos, así que guardé silencio e hice lo que me dijo.
Estuve cerca de dos horas centrándome en respirar, aprendiendo métodos para dejar la mente en blanco y repitiendo extraños salmos en un idioma desconocido relacionado al parecer con el yoga.
Después practicamos algo de Pilates y me entretuve un poco deleitándome en lo flexible y hermoso que podía llegar a ser el cuerpo femenino en ese tipo de ejercicios.
Hasta que Murciélago se dio cuenta de que mi mente no estaba todo lo centrada que debía (le estaba mirando el culo) y me castigó haciendo el imbécil con la dichosa pelota.
Hice el ridículo, para que vamos a negarlo. Al fin y al cabo era la primera vez que me centraba en ese tipo de disciplinas. Aunque no lo hice tan mal salvo por algunas caídas inesperadas al intentar imitar algunas posturas demasiado complicadas que curiosamente me recordaban un poco a uno de mis libros favoritos de este mundo: el Kama Simtra.
El caso es que no estuvo tan mal la sesión de entrenamiento con Murciélago, y en parte sirvió para relajarme un poco.
Y cuando llegué a casa por primera vez no tuve que preocuparme de nada al tumbarme en la cama, ya que caí rendido casi al instante.
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