sábado, 11 de mayo de 2013

Capítulo XXI: El Recital II

(SEGUNDA PARTE)



Me ponía enfermo verla allí arriba y no poder tocarla. Como una hermosa joya expuesta para que todo el mundo la contemplase y disfrutase de su belleza, tan sólo podía admirarla en silencio y compartir esa deliciosa visión con decenas de pares de ojos de desconocidos, cuyas miradas ensoñadoras y sonrisas apaciguadas mostraban que aquello que veían y escuchaban era de su agrado.


¿Por qué tenía que cantar como los puñeteros Dalar? Hacía que me entrasen más ganas de hacer cosas perversas con ella. Aumentaba mi sed, y eso sólo quería decir que aun no estaba preparado para estar a su lado.

Tenía que seguir manteniéndome alejado, pero trabajar en el mismo lugar  no ayudaba demasiado. Empezaba a preguntarme  si Serpiente no había previsto todo esto desde un principio y me había arrastrado directamente a una trampa. Pero fuese como fuese mi deber era hacer mi trabajo, y prefería ser yo el encargado de tenerles vigilados antes que cualquier otro agente de las Sombras.

Y para ello debía ganarme el favor de Lande y el resto de miembros de Shelüne.

No me sorprendió mucho al ver al rubio tocar junto a los músicos que la acompañaban (pues ese se apuntaba a un bombardeo), pero si lo hizo el comprobar al verlos tan cerca lo parecidos que eran, y no sólo por las orejas terminadas en punta. ¿Era Lande una especie de “ninfo” o algo parecido? Que yo supiese sólo existían mujeres en su raza.


Pero bueno, lo cierto es que siempre supe que el chico era para echarle de comer aparte, tampoco me extrañaría que fuese una excepción.

Al terminar el espectáculo, el público se quedó en silencio durante unos instantes, y Alidaen miró a Ángela, de pie junto al escenario, con gesto algo nervioso. Sin saber muy bien si eso era una buena o mala señal.

Pero en cuestión de segundos los aplausos y vítores comenzaron a llenar el recinto recordándome una vez más aquella época casi olvidaba por mi maltrecha memoria.

Desde mi rincón, aparté brevemente la vista de la sonriente ninfa para recorrer el interior del recinto con detenimiento. Aquel lugar parecía un fragmento de mi propio mundo, aunque lleno de mucho más colorido y luz, como si lo hubiesen trasladado desde la verdadera Édora para compartirlo con los habitantes de Bridgeport.


No era sólo un decorado, y lo supe porque era capaz de sentir la magia que irradiaba el lugar. ¿Un encantamiento quizás? ¿Ilusionismo?

De ser así…debería haber al menos un usuario de la magia lo bastante poderoso como para sumergir a tantas personas en el engaño. Y probablemente se trataba de la misma persona (o personas), que tenían el edificio protegido de vampiros, tal como me había advertido Serpiente.

Magos, ninfas, indios sospechosos y…Lande. No estaba mal para empezar, aquel lugar era una verdadera caja de sorpresas, y yo era la persona indicada para descubrirlas. Estaba deseando empezar.

-          ¡Enhorabuena Alice, has estado estupenda!

Las exclamaciones de sus compañeros detrás de los cortinajes color granate del escenario me hicieron volver a prestarles atención.


Me acerqué en silencio y vi como Violeta abrazaba a Alidaen y el tal Francessco se acercaba con un ramo de flores y una estúpida sonrisa en la cara.

-          S-son para ti…de parte de tod…

-          ¡Francessco las ha elegido! – interrumpió la pelirroja - ¿no son preciosas?

-          M-muchas gracias…no sé qué decir…

-          No hace falta que digas nada, sólo acéptalas.

La tímida mirada de Alidaen y el rubor de sus mejillas hizo que el celoso que había en mí volviese a agitarse en mi interior, pero no me costó ignorarle. Yo estaba por encima de toda aquella mierda. Incluso cuando ella se inclinó hacia él para besarle en la mejilla me limité a obviarlo.

Era demasiado tonto para aprovechar el momento y besarle como dios manda, el pobre no tenía nada que hacer contra mi encanto.


Y aunque fuese una locura pensaba acercarme a ella esa noche, aunque sólo fuese para volver a escucharla y pedirle perdón por mi comportamiento.

***

Había sido un éxito…la gente había disfrutado con mi espectáculo…¡y no me había caído ningún huevo! (menos mal, porque había unos cuantos en los puestos de comida y los de atrezzo son como piedras).

Las piernas me temblaban como un flan cuando bajé del escenario y me dirigí a la parte trasera, donde me esperaban el resto de compañeros para darme la enhorabuena.

Ángela y Violeta estaban pletóricas, y hasta Nadia, que no era demasiado efusiva, se acercó para darme un abrazo de felicitarme por lo bien que lo había hecho.


-          No está nada mal para ser tu primera actuación.

-          ¿Qué no está nada mal? ¡Los ha dejado boquiabiertos!

Violeta y sus exageraciones, como siempre.

-          La verdad es que nos has sorprendido a todos – añadió Ángela – sabía que podíamos confiar en ti.

-          Muchísimas gracias chicas.

Lande, Giglio y un sonrojado Francessco se acercaron al grupo, éste último con un hermoso ramo de rosas amarillas que me entregó torpemente al llegar. Su tímida sonrisa y el brillo de sus ojos hizo que el color de mis mejillas adoptase un tono parecido al suyo, que se notaba aun más por mi palidez.

Las tomé algo avergonzada, sobre todo por la penetrante mirada del grupo (que supuse que gracias a Violeta ya tendría una buena crónica de lo de ayer) y se lo agradecí con un simple y completamente casto beso en la mejilla.


Noté que más de uno resoplaba, pero no les hice mucho caso. Sólo había sido un beso, aquello no implicaba que tuviésemos una relación ni nada por el estilo, y mucho menos que tuviese que airearla delante de todo el mundo. No sé que esperaban que hiciese.

-          En fin chicos, será mejor que vayamos despachando a la gente ¡Es hora de cerrar! – exclamó Violeta sacando de mala manera al resto de miembros de la zona para dejarnos a solas – vosotros podéis quedaros aquí, para charlar de vuestras cosas.

Nos guiñó el ojo y se fue.

“Gracias Violeta, era justo lo que necesitaba en estos momentos…”, contesté mentalmente.

-          En fin…- fue lo único que se me ocurrió decir tras el incómodo silencio que quedó entre nosotros.

-          Esto…estás muy bien – soltó de golpe – quiero decir…que has estado muy bien, ahí arriba digo. Y abajo también…(madre mía, lo estoy arreglando) – murmuró algo apurado.


-          ¿Tú crees? No dejaba de temblar, espero que no se me haya notado mucho.

-          ¡Que va! Si parecía que llevases toda la vida actuando.

-          ¡Oh vamos! No hace falta que exageres como Violeta – contesté más animada.

-          No exagero, y estás preciosa…- dio un paso más hacía mí y traté de prepararme para lo que vendría luego, estaba claro que para él no había sido sólo un beso y quería demostrarme que tenía más repertorio – te queda muy bien ese vestido.

¿Pero quería yo saberlo?

Mi cuerpo reaccionó antes de que mi cerebro llegase a contestar a esa pregunta, o al menos yo fuese consciente de la respuesta.

Justo cuando sus labios estaban a punto de rozar los míos para besarme llevé el ramo a mi nariz obligándole a recular.

-          Mmmmm…que bien huelen.

Francessco dio dos pasos atrás tropezando con uno de los cables que había tirados por el suelo, y si no fuese porque se agarró a la cortina se habría pegado una buena hostia contra el suelo.

Tuve que dejar el ramo delante de mi cara y aguantarme como pude para evitar que me viese reír. Estaba muy mono cuando se ponía nervioso.


-          Lo siento - me disculpé esbozando una inocente sonrisita – no sabía que querías…

“¡Falsa! ¡Mentirosa!”, gritaba mi conciencia.

-          N-no pasa nada…no lo vi venir y…estoy un poco nervioso.

-          ¿Nervioso? ¿Por qué?

“¿Y tú lo preguntas?”

-          Bueno…es por lo de anoche. No sé si para ti fue una cosa puntual o realmente sientes algo por mí y deseas repetirlo. No sé cómo actuar…la verdad es que soy bastante nuevo en esto.

-          Yo tampoco es que sea una experta – confesé – pero…aun no sé si estoy preparada para dar un paso así. Me gustas, Francessco, y lo de ayer fue genial pero…

-          Dos peros en una misma explicación no deben de ser buenos – sonrió para hacerme ver que estaba bromeando – no te preocupes Alice, no voy a forzarte a nada.


-          Dejemos que las cosas vayan surgiendo poco a poco y ya veremos qué pasa.

-          Pero no quiero que esto estropee nuestra amistad.

-          No lo va a hacer, pase lo que pase seguirás siendo la mejor compañía para ver pelis gore.

-          Es todo un honor saber qué he sido la elegida para tal empresa – hice una graciosa reverencia (una de las cosas que aprendí estos meses) y volví a coger mi ramo – ahora si me disculpas…iré a mi habitación, tantos nervios acumulados y actuar para tantas personas me ha dejado agotada.

-          Descuida, y descansa - volvió a inclinarse hacia mí, pero esta vez para plasmar un suave beso en mi mejilla, al que yo respondí – ya nos veremos mañana.


-          Buenas noches.

***

La verdad es que no había ido tan mal…Francessco era un chico encantador, y muy comprensivo. Un partido perfecto si no fuese porque yo tendía a enamorarme de las personas más inadecuadas para mí. O la persona, a veces me costaba pensar que se trataban de la misma.

Thaerion…¿Dónde se había metido? Me había pasado toda la tarde buscándolo entre la gente, esperando encontrarlo en el recital, incuso estando sobre el escenario. Pero no había ni rastro de él, y la verdad es que me sentía algo decepcionada.

-          ¿Vas a volver a lo mismo, Alidaen? – me pregunté mientras dejaba las flores en un jarrón sobre la cómoda de mi cuarto – Deja de buscar fantasmas donde no los hay.

-          ¿Tienes por costumbre hablar sola? – preguntó una voz a mis espaldas - ¿O acaso lo haces esperando que aparezcan esos supuestos fantasmas de los que hablas?

-          ¡Joder!

Del susto volqué el jarrón de un manotazo, tirando toda el agua sobre la mesa. Al darme la vuelta vi a Thaerion cruzado de brazos mirándome con una curiosa sonrisa.


¿Desde cuándo leía mis pensamientos? ¿Y por qué siempre se las apañaba para aparecer en el momento oportuno?

-          ¿Se puede saber qué haces tú aquí? – pregunté con voz acelerada.

-          He venido a felicitarte.

-          ¿Felicitarme? ¿Por qué?

-          Por tu terrible falta de destreza – suspiró al ver que me ponía como un tomate – por tu actuación mujer ¿Por qué va a ser?

-          ¿Y vienes a felicitarme a mi cuarto?

-          Exacto, vengo a felicitar a la artista a su camerino.

-          Este no es mi camerino, es el lugar donde duermo – contesté bruscamente – y tú no deberías estar aquí.


Tan cerca de mi cama.

-          ¿Acaso quieres que me vaya? – preguntó acercándose lentamente con esa sonrisa que me incitaba a cometer tantas locuras.

Trague saliva lentamente incapaz de contestar a su pregunta, y entonces él paró de golpe, poniéndose más serio. Noté que su acerada mirada se posaba en mi cuello unos segundos antes de volver a centrarse en mis ojos.

Mala señal.

-          ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Me has estado siguiendo?

-          Se puede decir que sí.

-          ¿Debería sentirme acosada?

-          Deberías sentirte de muchas formas, pero no acosada. Sólo buscaba el momento adecuado para hablar contigo a solas, y aclarar lo que pasó aquella noche…

-          Aquella noche no pasó nada – solté de golpe, sorprendiéndome a mí misma por la rotundidad de mis palabras.

¿Qué no pasó nada, Alidaen? ¿Pero en qué narices estaba pensando? ¿Tan molesta estaba por lo ocurrido que dejaba que mi orgullo hablase por mí misma?


Él pareció sorprenderse brevemente, o eso me pareció, porque en seguida volvió a su habitual calma. Y su falta de emoción sólo sirvió para enfadarme aún más.

-          Yo diría que aquella noche pasaron muchas cosas – contestó mirándome fijamente.

-          Pasó lo que pasa cuando mezclas alcohol con mucho tiempo de secano.

-          ¿Tiempo de secano?

-          Sin mojar – aclaré fingiendo una calma inexistente.

Gracias Violeta por tu maravilloso y extenso uso del vocabulario sexual, acababa de dejarlo a cuadros. Esta vez fue él quien tardó un par de segundos en reaccionar.

-          ¿Me estás diciendo que sólo fue cosa de un calentón?

Oh si, aquel golpe en su endiabladamente enorme ego me dio alas para seguir zurrándole donde más dolía, a pesar de que todo lo que decía era tan absurdo como falso. Pero qué narices…estaba tan cansada de hacerle creer que mi mundo giraba en torno a él, de lanzarme a sus brazos ciegamente para que él me pagase volviendo a desaparecer…

Se lo tenía bien merecido.


-          Es exactamente lo que estoy diciendo – me crucé de brazos para evitar que viese mis temblorosas manos y pareciese que adoptaba una pose chulesca, como aquella que tanto veía hacer a las mujeres seguras de sí mismas que aparecían en la televisión.

-          Lo siento, pero no te creo – respondió tajante – sé que estás dolida por lo que pasó, pero sé lo que vi en tu mirada aquella noche…lo que veo ahora mismo en tus ojos. Y sé que aquello no fue sólo sexo. Fuiste mía, Alidaen.

Sus palabras me atravesaban con la misma fuerza que su mirada, y era incapaz de mantenerme firme con ese par de ojos fríos y brillantes como la plata penetrándome como si pudiesen ver dentro de mí misma.

-          Y lo sigues siendo – susurró dando un paso más hasta llegar a mí.


-          ¿Tuya…? – el tono de mi voz sonó más agudo de lo que deseaba, por lo que tomé aire y volví  a arremeter con aquello que se me daba hacer tan bien, decir gilipolleces - ¿Pero de qué novela rosa has salido tú? Yo no pertenezco a nadie, y mucho menos a un hombre que se tira a todo lo que se mueve y hace tratos con vampiros.

Si estaba dolido no hizo amago alguno de hacérmelo saber, sólo guardó silencio sin dejar de mirarme y sin pestañear. Así que seguí hablando, dispuesta a apartarlo de mi vida del mismo modo que él aquella noche.

A patadas.

-          ¿Te crees que puedes aprovecharte de mí y largarte cuando a ti te apetezca? ¿Crees que voy a lanzarme a tus brazos cada vez que te dignas a aparecer?

-          Yo nunca me he aprovechado de ti…sabías perfectamente lo que hacías.

-          Estaba siendo controlada por tus amigos, y borracha ¿Recuerdas?


La sombra de la culpabilidad nubló por unos momentos su gesto, haciendo que su máscara cayese para mostrarme su verdadera cara. Su dolor.

Pero éste no era comparable al mío, por mucho que le dijese él no podría entender lo mucho que había sufrido esperándole tanto tiempo, y lo mucho que me dolía que me hubiese olvidado.

Una vez más me dije a mí misma que se merecía mi rechazo, aunque éste no fuese más que un método de defensa para ocultar lo que verdaderamente quería y temía al mismo tiempo.

-          Lo siento, fui un necio. Y me comporté como un imbécil. Pero sólo quería protegerte – trató de explicarse utilizando un tono más humilde muy raro en él.


-          Si quisieras protegerme no me habrías dejado sola en aquel lugar en medio de la nada y rodeada por vampiros.

-          No pensaba permitir que te hiciesen daño, y no era de ellos de quien quería protegerte.

-          Oh si, cierto. Querías protegerme de ti mismo ¿no?

-          Exacto.

-          Entonces dime qué haces aquí si eres tan peligroso.

Él volvió a guardar silencio bajando la vista hacia sus puños.

-          No…no lo sé – pronunció lentamente.

Parecía estar controlándose a sí mismo, algo tenso y con la mandíbula apretada. Cuando volvió a mirarme el extraño brillo que vi en sus ojos hizo saltar una alarma en mi cerebro que sólo se encendía cuando corría peligro.


Mi instinto rara vez fallaba al avisarme y por primera vez sentía miedo estando a solas con él.

-          No sé qué demonios eres…pero sí que ya no eres el chico que conocí hace diez años. Y del que me enamoré.

-          Ya te dije desde un principio que nada tenía que ver con él – su voz sonaba forzada y tirante.

-          Y ahora más que nunca te creo.

-          Alidaen…- susurró intentando acercarse más a mí.

-          Alice – le corregí creando una barrera con mis manos, hasta que éstas rozaron su camisa y él reculó como si quemasen.


-          Tanto tú como yo sabemos que ese no es tu verdadero nombre.

-          Qué sabrás tú de mí. ¿O es que sólo recuerdas lo que te interesa?

-          Sé más de lo que piensas – noté un tono de advertencia en su voz.

-          Y yo – contesté tajante – así que más te vale que mantengas el pico cerrado si no quieres que te descubra a ti y a tus amiguitos.

-          No son mis amiguitos, y sabes que eso te perjudicaría sobre todo a ti. No voy a permitir que hables.

-          ¿Se puede saber qué has venido a hacer aquí?

-          Ya te lo he dicho, sólo quería disculparme.

-          Si claro, y supongo que es simple casualidad que seas el nuevo cantante del grupo y hayas llegado hasta Shelüne.


-          ¿Insinúas que estoy aquí por ti? – preguntó mostrándome una sonrisa irónica, al fin volvía ser él mismo – pues lo siento pero también fue una sorpresa para mí el verte dándote el lote con tu amigo en la puerta de la Compañía para la que supuestamente voy a trabajar. Pero me alegra ver que no pierdes el tiempo.

Perfecto, ya tardaba en sacar el tema. La verdad es que me hubiese molestado que no lo hiciese, pues era una clara muestra de que algo le había picado al verme con otro.

-          Perder el tiempo no entra dentro de mis planes ahora mismo. Y ya veo que en los tuyos tampoco, fuiste todo un caballero en acompañar a Violeta…- comencé a insinuar echando más leña al fuego – seguro que te quedaste con las ganas de tomar la última copa dentro de su cuarto. Que por cierto, está al lado de éste – dije señalándolo con el dedo – por si quieres pasarte cuando te vayas.

Me dirigí hasta la puerta para volver a dejar suficiente distancia entre nosotros y mostrarle sutilmente la salida, y desde allí le dediqué una sonrisa triunfante.


Thaerion entrecerró los ojos y cruzó la puerta sin desclavar la mirada de la mía, tan cerca que sólo tenía que alargar un poco el brazo para cogerlo de la camisa y estamparlo contra la puerta para besarle desenfrenadamente.

“¡Hazlo, joder!”, gritaba mi subconsciente. Pero mi jodido orgullo se negó a hacerle caso. Y mi instinto, que aun temía aquella parte de él que desconocía.

-          Pues quizás lo haga…- me amenazó mostrándome su radiante sonrisa de depredador.

Hijo de perra…hasta cuando se comportaba como un capullo resultaba encantador.

-          ¡Pues ya estás tardando! – grité.


Y cerré la puerta con un sonoro portazo.

***

Pues sí que estaba enfadada, menudo genio tenía la chica…

Me encantaba que me pusieran las cosas difíciles, pero había dicho cosas que temía que fuesen verdad, y tener que reprimir mi enfado y mi sed no eran compatibles. Así que decidí dejar de insistirle e irme para dejar que las aguas calmasen un poco.

Pero de camino al ascensor tuve un encontronazo que no había previsto para ese momento.

-          ¿Qué haces tú aquí arriba?

La potente voz de Janne me hizo parar en seco, y cuando me giré lo vi detrás de mí con los brazos cruzados delante del pecho.


-          He venido a ver a una amiga en común – contesté sonriente.

-          ¿Alice? – caminó hasta quedar justo enfrente mía - Espero que no le hayas puesto una mano encima.

-          Tranquilo Plumabrava – dije sin acobardarme ante su tono amenazante – sólo hemos hablado.

-          No sé qué tienes tú que hablar con ella.

-          Sea lo que sea no es cosa tuya.

-          Te equivocas, todo lo relacionado con ella es cosa mía.

¿Y eso qué coño significaba? ¿Qué iba a tenerlo todo el día detrás si quería volver a verla?

-          ¿Qué se supone que eres? ¿Su guardaespaldas?


-          Alguien que debe protegerla de criaturas como tú.

Así que era cierto, él sabía más de lo que aparentaba desde un principio.

-          Así que sabes lo que soy.

-          Se lo que son las criaturas con las que te relacionas, y que no eres exactamente como ellos.

-          ¿Y qué te hace pensar que no soy uno de ellos?

-          Porque estás aquí dentro.

Cosa que confirmaba que estaban protegidos contra vampiros.

-          ¿Y cómo es que sabiendo todo esto no te negaste desde un principio a qué formase parte de vuestro grupo y accediese a la Compañía?

-          De momento no me has dado suficientes motivos para negarte la entrada, y así puedo tenerte vigilado.


Muy seguro se le veía de sí mismo. No me tenía ningún miedo y eso en parte me molestaba, pues me hacía desconfiar aún más sobre lo que era realmente. Un simple humano no se muestra tan calmado ante una criatura que se alimenta de los vivos.

-          ¿No te preocupan tus compañeros? – pregunté esbozando una siniestra sonrisa - ¿no temes que me pase lo mismo que anoche?

-          Lo habrías hecho ya si quieras, no intentes hacerme creer lo que no eres. Si fueses un asesino te aseguro que no te dejaría campar a tus anchas cerca de mis amigos. He visto cómo te contienes.

-          Crees que sabes mucho sobre mí ¿no?

-          He tenido tiempo de sobra para observarte, y se lo suficiente como para darte una oportunidad. 


-          ¿Y qué pasa si algún día no me contengo?

-          Que te mataré.

A pesar de sus palabras no parecía alterado, hablaba con completa calma de un hecho que él veía incuestionable. Aunque yo tenía serias dudas sobre ello, había muchas cosas sobre mí que no sabía. No era tan débil como pensaba, pero hacérselo creer me daba ventaja sobre él si algún día llegásemos a enfrentarnos.

Y se equivocaba en un detalle bastante importante.

Si que era un asesino, pero no de inocentes.

-          Entonces creo que de momento ha quedado todo claro entre nosotros. Tú dices saber lo que soy, yo sé que no eres lo que aparentas y de momento tengo vía libre por aquí ¿no es así?

-          De momento, siempre y cuando mantengas tus colmillos y a tus amigos chupasangres lejos de este edificio. Y sobre todo de ella.


-          Te aseguro que no es mi deseo hacerle ningún daño.

-          Lo sé, pero a veces lo hacemos inconscientemente.

Tras decir esto último se despidió y pude seguir mi camino. Salí de la Compañía vigilando que nadie más me viese y llegué a mi casa a eso de las doce y media.

Shiva me esperaba en la puerta para recibir su ración de atención diaria y tras saludarla me metí directamente en la cama sin cenar.

La imagen de Alidaen sobre el escenario me acompañó hasta que el sueño me hizo perder la consciencia, y seguramente fue lo que hizo que volviesen a despertar nuevos recuerdos de mi época en Édora.


Relato: Vuelta al Hogar IV


(CUARTA PARTE)

Música: A Hero Comes Home (Beowulf OST)

Otra vez escuchaba su voz, pero esta vez no era ella quien cantaba, sino la mujer que vi anteriormente en sueños y tanto se le parecía.


“Just wait
How wide he may roam
Always a hero comes home

He goes where no one has gone
But always a hero comes home

He knows the places unknown
Always a hero comes home

He goes where no one has gone
But always a hero comes home”


Su misma voz…su mismo rostro…y otro mundo. Concretamente el burdel de mi supuesta madrastra.

Me veía a mí mismo contemplándola fijamente, absorto en el modo en que sus dedos acariciaban las cuerdas de la lira mientras tocaba y el movimiento de sus labios al cantar.


O bailando para seducir a los clientes del burdel.


Me vi siguiéndola en silencio por los interminables pasillos del antiguo caserón hasta llegar a la misma habitación donde la encontré por primera vez, y ella caminando seductoramente hasta la enorme cama rodeada de doseles.

-          ¿Cuál es tu nombre? – le pregunto desde la puerta donde vigilo cada uno de sus movimientos.

- Me llamo Lithiel...- contesta con voz melosa al mismo tiempo que comienza a contonearse para mí como si bailase - y vos sois el menor de los Laremion.


Me quedo en silencio y observo embelesado su atrayente cuerpo moverse al ritmo de una música que sólo existe en mi cabeza.

-          Os estaba esperando…- confiesa acercándose hasta mí - la Señora habla muy bien de vos.

Intenta besarme, pero yo me retiro con brusquedad y la miro frunciendo ligeramente el ceño. Desconfiado.

-          ¿Eres una dalariel?

Ella sonríe con picardía y asiente lentamente con la cabeza. Cogiéndome de las manos para conducirme lentamente hasta la cama.

-          Me han dicho que te gustan – susurra rodeándome los hombros con los brazos.

Yo vuelvo a apartarla y me alejo de la cama sin dejar de mirarla.

-          ¿Quién te ha dicho eso?


Parezco sorprendido, incluso indignado. No me extraña demasiado pues se que para los Vanar es una vergüenza admitir algo así. Los dalariel son el enemigo y yo tengo delante de mis narices a una.

¿Qué hace allí?

Ella se echa a reír pero no contesta a mi pregunta, y yo salgo de la habitación a toda prisa. Deseando alejarme de esa mujer.

***

El escenario cambia y me veo a mí mismo dando vueltas en una habitación que no conozco pero me resulta muy familiar, probablemente mi cuarto. Parezco muy confuso, no hay nadie a mí alrededor y me permito quitarme la máscara.


No sé cuánto tiempo pasa, pero al cabo de un rato mi gesto cambia a uno más determinado, tomo mi caballo, un semental de color negro, y vuelvo al burdel a galope.

La puerta de la habitación vuelve a abrirse y ella me espera  sentada sobre la cama, parece algo sorprendida por la furia de mi gesto, pero sonríe al verme sortear la distancia que nos separa a grandes zancadas.

-          Sabía que vendrías.


Sus labios uniéndose a los míos son lo último que veo antes de despertar de golpe. A solas en mi cama y con el corazón palpitando a toda prisa.

(Siguiente capítulo)

martes, 16 de abril de 2013

¡Ahora si que si!

*Quita un poquito el polvo antes de escribir*

Madre mía...lo que tenía acumulado por aquí en todo este tiempo...

¡HOLAAA! ¡Qué ganas tenía de volver, leches! Sienta bien reaparecer después de tantos cambios, vivencias y demases...

Estos meses han sido un verdadero caos, no puedo deciros que no haya tenido tiempo de sobra para dedicar al blog porque no sería cierto, pero si que me han pasado tantas cosas y he tenido la cabeza tan liada que lo último que me apetecía era entrar al juego y tener que sufrir las interminables esperas que por desgracia provoca tener el juego tan cargado.

Como ya he dicho...han pasado muchas cosas desde mi última publicación, unas han sido muy positivas, otras no tanto pero necesarias y otras sigo digiriéndolas poquito a poco y con muchos ánimos gracias a mi gente y a las personas que aunque no están cerca, siempre están ahí para lo bueno y para lo malo. No puedo decir que vaya a volver al 100% y que pueda emplear el mismo tiempo que antes al blog, pero si que no pienso dejar esto a un lado, y que sigo adorando desarrollar este mundo y poder compartir con vosotros lo que escribo y sobre todo seguir leyendo y recibiendo vuestros emails, mensajes privados y comentarios.

Quiero daros las gracias a todos los que seguís ahí, los que volvéis y os pasáis después de mucho tiempo para volver a leerme y hacerme una visita. Y en esta ocasión quiero dar un abrazo muy especial a mi amiga Acïd Pörpra y aprovechar para subir con su permiso dos dibujos suyos que recibí hace poquito y me encantaron! Que puedo decir...ya sabéis lo mucho que me anima y me ilusiona ver a los personajes de la serie a través de vuestros ojos, ver como los plasmáis y les dais vida ¡Son perfectos!


En fin muchísimas gracias guapa, y muchas gracias a todos los artistas que me habéis enviados vuestros trabajos, que sepáis que tengo una carpeta llena con vuestros dibujos y que me suelo pasar por allí para recordaros!

Y no me enrollo más! Aqui os dejo un nuevo capítulo, cortito pero que espero poder continuar pronto, si deja de rallarme el juego xDDD

¡Un beso enorme y hasta la siguiente actu!

PD: La canción que aparece al final de este capítulo a algunos ya os sonará, la he escogido porque siempre me ha gustado mucho y creo que encaja bastante bien con la voz de Alidaen y la escena.

Capítulo XXI: El Recital I


(PRIMERA PARTE)
Música: I Think of you all the Time - The Duchess OST

Era ella la persona de la que hablaron en el bar. No había que ser un lumbreras para suponer que Alice era un nombre falso que seguramente había usado para esconder su pasado, por ese motivo no había podido encontrarla con el verdadero cuando la busqué en Bridgeport.

Pero ahora sabía donde se había escondido, y casualmente era el mismo lugar al que yo pensaba acceder. Y el mismo que Serpiente quería investigar para conocer a todos sus miembros, especialmente a los sobrenaturales….

“¡Mierda!”

Debía sacarla de allí. ¿Pero cómo? Estaba claro que no se fiaba de mí. Aunque puede que eso mismo jugase a mi favor, sobre todo teniendo en cuenta lo interesado que estaba Janne en protegerla.

Cuando llegué a casa seguía furioso por lo que acababa de pasar, pero más que por el dichoso beso lo estaba conmigo mismo por habérmelo tomado de esa forma.
 ¿Qué esperaba que hiciese? ¿Qué me esperase después de haberle tratado como lo hice en el Darkness? No sólo la había echado de mi lado sin darle explicaciones, sino que había puesto en peligro su vida al hacérselo en medio de un bar plagado de vampiros. Y encima estando ella borracha.

Sólo había sido una noche…pero maldita sea, era imposible quitármela de la cabeza.

***

¿Qué hacía él allí? De todos los músicos habidos y por haber en una ciudad plagada de aspirantes a artista… ¿tenía que ser él el nuevo cantante del grupo de mi hermano?

Y de todos los momentos en los que podía haber aparecido tuvo que hacerlo la única vez que me permití el lujo de estar con otra persona.

Era una locura…aquello no podía estar pasando. ¿Por qué se empeñaba en ponerme las cosas tan difíciles? ¿Cómo iba a olvidarlo sabiendo que tocaba junto a mis amigos? Sabiendo que íbamos a compartir escenario…

Me sentía frustrada, confusa y aunque me doliese admitirlo, más exultante que nunca.

“Ha vuelto…”

-          ¿Estás bien? ¿Te acompaño a tu cuarto?
 Me había olvidado de Violeta y Francessco.

-          N-no gracias, estoy bien.

Le di un beso en la mejilla a modo de despedida y les sonreí para que no se preocupasen. Violeta y él se quedaron en la entrada observándome mientras me alejaba por el pasillo a oscuras.

Corrí escaleras arriba hasta mi cuarto y al cerrar la puerta me eche sobre la cama, hundiendo la cabeza en la almohada para ahogar mi risa histérica.

-          Has vuelto…- susurré cuando me calmé un poco.

El beso de Francessco parecía tan lejano…supongo que no era como debía sentirme después de haber dado ese paso. Pero sólo podía pensar en una persona, a pesar de todo… quisiera o no, él siempre se las ingeniaba para volver de una forma o de otra.
 Y no podía olvidarlo.

***

(Bridgeport – 14 de Febrero de 2011)

Había llegado el día del recital.

La noche anterior estuve dando vueltas en la cama hasta las tantas y dormí hasta las dos de la tarde. Me desperté al escuchar los correteos y gritos de Violeta organizando a todo el mundo, que al parecer habían trasnochado como yo y no estaban lo que se dice muy espabilados.

No se cómo se las apañaba, pero siempre estaba espléndida por las mañanas y con las pilas cargadas por muy tarde que se acostase. Yo en su caso seguramente tendría una resaca de espanto y una cara que asustaría hasta el miedo.
 -          ¡Vamos dormilona! Hay que ensayar un par de horas antes del recital y aun queda mucho por hacer.

-          Violeta…me gustaría hablar antes de lo de anoche…

Había muchas preguntas que quería hacerle, y todas relacionadas con lo mismo.

Temía que ella y Thaerion…bueno, estuviesen juntos. Y aunque yo no era nadie para meterme en la vida de ambos, sentía la necesidad de preguntar por ello. Al fin y al cabo era mi amiga, y verla con él iba a ser bastante incómodo.

Aun recordaba los celos que sentía cuando Beth presumía abiertamente de su relación, y sin saber que era él. Temía que aquello volviese a pasar con Violeta, y sobre todo que hiciese que nuestra relación se estropease por los celos.

No, tenía que evitarlo a toda costa.

-          Si es por lo del chico de anoche tranquila, no pasó nada.

-          ¿Cómo sabes…?
 -          Estaba borracha, pero podría reconocer esa cara hasta con los ojos cerrados.

-          ¿Qué cara?

-          La tuya cuando le viste.

-          Yo…esto…

-          Mira cielo, no sé que pasó por aquella época pero está claro que hay una enorme tensión sexual no resuelta entre vosotros. Y yo no pienso meterme.

-          ¡¿P-pero qué dices?!

-          Alice cariño, relájate que no es tan malo y la verdad es que el chico lo merece...- sonrió y dio un par de palmadas más para espabilarme - Y me encantaría seguir hablando de esto ¡pero tenemos muchas cosas que hacer!, así que date una ducha, arréglate y reúnete con los demás músicos abajo. ¡Te quiero ver allí en diez minutos!
 Cualquiera le decía que nada cuando se ponía a dar órdenes.

¿Tanto se me notaba? Joder…de ser así… ¿y si Francessco sospechaba algo?

Francessco…

¿Se supone que estábamos saliendo? ¿Debía darle alguna explicación? ¿Intentaría volver a besarme? Dioses…esperaba que la ducha me sirviese para aclararme un poco.

Los ensayos no salieron nada mal y me ayudaron a despejarme un poco, tanto física como mentalmente. Estaba muy nerviosa, temía quedarme sin voz en medio de la canción o que me entrase un ataque de tos. O peor aun, ponerme a vomitar lo poco que había comido a causa de los nervios.

Durante ese rato nadie comentó nada sobre el grupo, y mucho menos sobre Thaerion, o Valo. ¿Es que a nadie le importaba que un vampiro andase rondando por nuestra Compañía? Si es que lo era claro.
 ¿Sería yo la única que conocía su relación con esas criaturas? No…Janne sabía algo más, él lo había visto antes y fue quién me lo dijo. ¿Cómo podía estar tan tranquilo teniéndolo en su mismo grupo? Aquí había algo que no me cuadraba, pero hasta que no acabase el recital sabía que sería imposible pillarlo a solas para preguntarle.

Janne solía cerrarse mucho en sus ensayos, y aunque su grupo no tocase era uno de los músicos que ambientarían durante los espectáculos. Además de que llevábamos sin hablar apenas desde que formaron la nueva banda. ¿Tendría que ver esto con la llegada de Valo?

Demasiadas dudas, como siempre, no eran buenas para mi debut como aspirante a artista, o juglar, como me llamaban ellos.

 Shelüne abrió sus puertas a las cinco y media de la tarde, y desde la primera hora comenzaron los espectáculos, tanto para niños como para los adultos que les acompañaban o venían simplemente a pasar el rato.

La planta baja parecía otra, no entendía de donde sacaban tantas manos y tanto dinero para poder hacer un cambio como ese en tan poco tiempo, joder, si anoche todo estaba como siempre... Era increíble, al llegar y verla de ese modo me sentí desde un primer momento sumergida en otro mundo.

El moderno y sencillo mobiliario en tonos blancos y crema había desaparecido para dar paso a puestos, tenderetes, mesas, sillas y demás objetos de madera. Pero no la madera que puedes encontrar en una tienda de muebles de empeño no…sino madera vieja, aquella que aun conserva el olor a bosque y humedad, tallada a mano y sin tratar con productos químicos.

La vajilla estaba compuesta por cuencos y platos de barro cocido, al igual que las jarras y vasos. Aunque también había objetos de metal hechos a mano, muchos de ellos expuestos simplemente como decoración o puestos a la venta en pequeños tenderetes para poder recaudar más dinero.

Antes de entrar, los invitados que no venían disfrazados podían pasar por los vestuarios y alquilar trajes de época, con el fin de que nadie desentonase. Y todo el mundo parecía encantado de poder participar, sobre todo los niños, que se veían monísimos con sus pequeños vestidos y calzas de lana.

 Violeta y Ángela se encargaban de supervisar todo mientras el resto hacíamos lo que podíamos para entretener al público de una forma u otra.

Mi actuación era la última de la noche y supuestamente el colofón de la fiesta, así que todo debía salir a la perfección para que los invitados se quedasen hasta la hora prevista.

Lande tocaba la lira, Giglio el laud y Janne les acompañaba con una especie de flauta hecha de madera tallada y ligeramente curvada hacia arriba en su extremo inferior. No había visto nunca instrumento como ese, pero el sonido que salía a través de él era muy parecido al de una flauta dulce.

Había también un par de músicos más a los que no conocía demasiado, pero que había visto de pasada en algunos ensayos. Uno era un chico rubio de larga melena lisa y estatura media, con rasgos europeos, y el otro era un muchacho de piel negra y profundos ojos de color castaño. El primero tocaba la viola y el último un timbal adornado con cuentas y plumas de ave.
 Las chicas acompañábamos a los músicos con la percusión mientras Nadia nos deleitaba con exóticos bailes propios de una zíngara de algún país del Este de Europa. Las hermanas Arushi, Meena y Shayla, se unieron también con ritmos orientales llenos de colorido y sensualidad.

Hubo bailes de muchos tipos y épocas distintas, mezcladas para crear un ambiente que puede que no fuese nada fiel históricamente, pero resultaba fantástico y tenía muy buena acogida entre el público.
No me costó mucho integrarme entre ellos y participar en los juegos y espectáculos como apoyo, ni siquiera cuando sentía las miradas de los presentes clavadas en mí. Era como si hubiese nacido para aquello, como si perteneciese a ese fantástico mundo rodeado de artistas de otras épocas.

 Por unas horas me olvidé de la ciudad y todo aquello que la rodeaba, para trasladarme a otro período, otro lugar...Y deseaba poder quedarme allí… ser Lithiel,  juglar y Musa de Shelüne. Olvidarme por completo de mi pasado para ser parte de ese mundo cargado de fantasía y no volver a preocuparme más de mis problemas con la policía, con los vampiros y la madre que los parió a todos.

Pero estaba claro que aquello tendría un final y así fue como después de todo aquel despliegue de música, bailes, risa y diversión llegó la hora del recital. Y me subí por primera vez en un escenario rodeado de personas reunidas para verme actuar…

 ***

Llegué a Shelüne a eso de las diez, nadie me había avisado de la hora en la que empezaba y Serpiente me tuvo ocupado con sus estúpidos informes durante un par de horas.

¿Para qué cojones tenía que escribir tanto si aun ni había pisado el edificio?

Aproveché también para recabar algo más de información sobre Alidaen y su nueva identidad, aunque no me dio tiempo a encontrar mucha cosa con un nombre tan común y tampoco quería perder demasiado tiempo.

Pero se ve que hice mal mis cálculos, pues al llegar y ver los carteles exteriores con el horario inscrito casi me da algo.
 Creía que había llegado tarde, pero justo al posar el pie dentro del edificio (al que por cierto tenía acceso sin ningún problema) los primeros acordes de una lira llamaron mi atención.

Me dejé guiar por ella y al cabo de unos segundos la melodía dio paso a la suave y hermosa voz de una mujer, que me dejó prendado nada más escucharla y ver a quién pertenecía…


Lips, ripe as the berries in June
Red the rose, red the rose
Skin, pale as the ligth of the moon
Gently as she goes ...

Eyes, blue as the sea and the sky

Water flows, water flows
Heart, burning like fire in the night
Gently as she goes...