martes, 10 de junio de 2014

CAPÍTULO XXVII: Deseo Dormido (EXTRA)

(ADVERTENCIA: Esta parte del capítulo contiene escenas con alto contenido sexual y no revela información importante sobre la trama, lo que significa que es opcional leerla, podéis saltarla si no tenéis edad suficiente o no os gusta leer este tipo de situaciones)

No sé cuánto tiempo pasó, pero debí de quedarme dormida, pues al despertar todo parecía haberse quedado en silencio y al abrir los ojos vi que Fran y yo estábamos solos en el vagón del metro.
Él estaba dormido con la cabeza apoyada en el cristal, y yo me levanté para tratar de ver si nos habíamos pasado de parada, como aquella vez que Lande me acompañó a hacer recados y nos pasamos más de dos horas dando vueltas por el metro porque ninguno de los dos sabía hacer de guía.

Me apoyé en una de las barras centrales de metal y noté una leve sacudida, como si el conductor hubiese tenido que frenar de forma algo forzosa en una de las paradas.
El vehículo se detuvo de golpe y las puertas se separaron como si alguien hubiese pulsado el botón de apertura desde el exterior, pero aparte de una helada ráfaga de aire nadie más entró en aquel vagón, que de repente se había quedado casi a oscuras y parecía otro.

Uno mucho más siniestro y vacío. Un lugar que parecía formar parte de otro mundo.
Me obligué a apartar la vista de la puerta y giré la vista hacia Francessco para pedirle que saliésemos de allí en seguida.

Él seguía dormido como antes, pero a su lado había alguien más mirándome fijamente.
Era una mujer de pelo rojizo y ojos dorados que me resultaba bastante familiar, y nada más verla supe que se trataba de una vampiresa.

Su piel era pálida y tan delicada como la del resto de los suyos, y sus ojos brillaban sedientos de sangre mientras me miraba con una sonrisilla lasciva y se acercaba a Francessco de forma zalamera, rozándole la mejilla con la punta de sus dedos para despertarlo.
Intenté acercarme para poder ayudarlo, pero mis piernas no reaccionaban como debían por el miedo que me inundaba. Y a punto estuvieron de tirarme al suelo cuando volví a sentir una nueva sacudida más violenta que la anterior.

Pero alguien me lo impidió cogiéndome de la cintura por detrás y agarrándome con firmeza.
-          Tranquila…no le va a pasar nada malo.

-          ¿Thaerion…?

-          No me llames así – me ordenó con voz suave.

Me estremecí al sentirlo a mi espalda.

-          Entonces prefiero no llamarte de ninguna manera – respondí a la defensiva.

- No me importa, tan sólo quiero que gimas – susurró a mi oído.
Miré sorprendida el reflejo del cristal al escucharlo, pero sólo podía verme a mí misma de pie junto a la barra, sin nadie detrás. Por lo que supuse que estaría soñando de nuevo, o que serían imaginaciones mías.

De todas maneras no era la primera vez que soñaba cosas parecidas con Thaerion, así que al sentir su tacto sobre mi piel decidí dejar que aquel sueño me guiase y poder así estar con él, aunque sólo fuese oníricamente.
Cerré los ojos y apoyé mi pecho en la barra, notando como sus frías manos recorrían mis muslos desde las rodillas hasta la cara interior de éstos, y con mucho cuidado deslizaban mi ropa interior hacia abajo para dejarme expuesta a sus caricias.

A veces sentía su aliento helado en mi nuca, y el leve roce de sus labios y su lengua mientras yo abría las piernas, ofreciendo acceso a sus diestros dedos para sucumbir al placer que tanto tiempo me había sido negado y que tanto anhelaba a pesar de todo.
Entonces escuché un gruñido masculino, y fijé la vista en Francessco, que tenía enganchado al cuello a la vampiresa pelirroja, de la que instantáneamente me había olvidado al pensar en Thaerion y sus caricias.

Él parecía disfrutar mientras ella hacía lo propio bajo su pantalón, tocando y besando a mi supuesto novio sin ningún tipo de pudor delante de mí.
Debí de haberme sentido molesta, e incluso preocupada, pero la escena provocó que el interior de mis muslos se humedeciese y desease con más urgencia que las heladas manos que rozaban mis piernas llegasen a su destino de una vez.

-          Vamos…hazlo…- le rogué.

- ¿Deseas…esto?
Tan solo un roce y ya me sentía a punto de estallar. Como siguiese por ese camino aquel sueño acabaría tan pronto como el resto. Pero no tenía forma de controlarme, dentro de éstos Thaerion conocía todos mis secretos.

Tuve que aferrarme con fuerza al metal para evitar que mis piernas volviesen a fallarme mientras él me liberaba del yugo de mi propia ropa con la mano libre.

- Si…si...
Siguió acariciándome. Primero de forma suave tanteando el exterior de mi sexo con sus dedos para aumentar mi deseo, y después introduciéndolos poco a poco a través de mi humedad, presionando en el centro de mi placer, masajeando cada vez más seguro los lugares donde nunca antes había estado otro hombre que no fuese él.
Y yo no podía dejar de gemir, de instarle a que siguiera y de ofrecerme a cambio de aquellas deliciosas caricias.

Creí que moriría ahí mismo si se alejaba de mí en ese momento, y dejé que mi cuerpo se liberase de su único apoyo para poder unirme más a él, estirándome hacia atrás para caer de espaldas sobre su pecho.
Su brazo libre me sostuvo con fuerza, y mientras sus dedos seguían haciendo maravillas entre mis piernas, su otra mano se introdujo en el interior del sujetador para liberar mi pecho y presionarlo firmemente.

Notaba su duro cuerpo contra el mío, y su rígida entrepierna pegada a la parte baja de mi espalda, pero salvo para frotarse contra mí no hacía más amago de obtener placer que aquel que yo le ofrecía a través de mis gemidos.
Y deseé que estuviese en mi interior. Pero por mucho que se lo rogase tan sólo conseguía que sus manos se volviesen más atrevidas y sus caricias aumentasen a un ritmo que me volvía loca.

-          Hoy no…- susurraba.

Y volvía a presionar y a introducir su dedo profundamente. A besar mi espalda, a morder ligeramente mi hombro y mi cuello desnudo. Hasta que no pude soportarlo más y estalle gritando su nombre como la última vez que estuvimos juntos.
-          ¡Thaerion!

Una risa burlona resonó a mi espalda, y al abrir los ojos vi que tanto Francessco como la mujer pelirroja me estaban mirando divertidos con la escenita que acababan de presenciar.
Del cuello de él emanaba sangre oscura, la misma que bañaba los labios de la vampiresa. Y frente a mí, en el reflejo del cristal, dos orbes rojizos brillaban divertidos.

-          Te equivocas de nuevo…- susurró el vampiro con tono cantarín.

- Dale...
“Te prometí que tendrías dulces sueños, ninfa…Espero no haberte decepcionado”

sábado, 7 de junio de 2014

Un nuevo capítulo y más relato.

¡Hola a tod@s!

Pues ya por fin he terminado de montar el capítulo y he decidido subirlo para no haceros esperar mucho más, esta vez vengo con doble ración de lectura, espero que no se os haga muy pesado xD

En primer lugar, veréis que la forma de relatar la trama principal la he cambiado un poco y la primera parte del capítulo está narrada desde el punto de vista de Avispa, aunque en tercera persona.

Lo he querido hacer así para poder explicar mejor la investigación que van a llevar a cabo a partir de ahora Thaerion y Chloe sin dejaros muy colgados con respecto a la parte que a ella le corresponde, pues es la principal encargada de buscar la información que necesitan. Y dado que la colaboración de ésta última será de vital importancia a partir de ahora, no he encontrado una forma mejor de explicarla que desde su punto de vista. Así que no os asustéis si veis que cobra bastante protagonismo últimamente.

Así aprovecho también para dar a conocer algo mejor a este personaje, que a mi personalmente me gusta mucho porque está basado en una de mis protagonistas favoritas, a la que le debe el apodo y gran parte de su historia y personalidad (Lisbeth Salander de Millenium). Realmente es como si hubiese trasladado al personaje a mi historia, pero cambiando algunos detalles para que no me echen luego la bronca, y desde luego sin que le llegue ni a la suela de los zapatos, para que nos vamos a engañar xD

El caso es que espero que os guste y no os ofendáis por la licencia que me he tomado, tan sólo lo he hecho porque me encanta y no pretendo sacar ningún beneficio material con ello (aclaro que es sólo un personaje del blog, en la novela no sale).

Por último decir que después del capítulo de la serie viene otra parte del relato Vuelta al Hogar, y allí como podréis comprobar se desvelan más misterios relacionados con el pasado de Thaerion en su mundo. Aclaro que este relato no va a llevar una línea temporal fija, y que habrá saltos de tiempo que quizás se puedan hacer algo liosos. Pero creo que al leerlo podréis haceros una pequeña idea de lo que pasó y por qué no pudo volver a ver a Alidaen después de su breve visita en la primera temporada (Capítulo II: Recordándote)

Y bueno, no me enrollo más, que hoy no veas lo habladora que estoy xD

¡Un saludo y como siempre, muchas gracias por leerme!

PD: Como ya comenté por Facebook, he dado un cambio radical al personaje de Avispa, que se me ha olvidado comentarlo por aquí y quizás os extrañe. Espero que os guste, a mi personalmente me gusta mucho más y pienso que tiene más personalidad y se ajusta mejor a ella ^^

CAPÍTULO XXVI: Secretos Oscuros

Bridgeport, Apartamento de Avispa
Llevaba mirando más de cinco horas la misma tabla de SQL, y varios días con sus noches sin dejar de revisar una por una y de forma detallada todas las cuentas del fallecido magnate de los negocios Johan Hamming.
Los mismos números, los mismos importes…supuestamente todo estaba en orden.

Todos los pagos facturados con el valor correcto y declarados con sus respectivas copias de las facturas, los ingresos de las dos empresas de construcción, tres compañías hoteleras, cinco cadenas de restaurantes y otras tantas empresas de menos envergadura detalladas con total claridad.

Todo jodidamente transparente.
¿Pero por qué seguía dándole vueltas a esas cifras en concreto?  Ni siquiera suponían un gran porcentaje de los beneficios totales de la corporación, eran cantidades irrisorias comparadas con otras, ingresos salpicados en distintas cuentas. Provenientes de varias empresas asociadas, una de impresión digital llamada Valiant S.L, un estudio cinematográfico y fotográfico denominado Millenium Records en el que el hermano menor de Hamming era uno de los socios fundadores, una agencia de modelos cuya sede principal se encontraba en Bridgeport y otras tantas empresas más relacionadas con el mundo del cine y la moda.
En la última década Hamming había mostrado bastante interés en ese mundillo, suponía que tener un hermano actor (y de los más cotizados en Bridgeport) tenía algo que ver, pero aun así había algo que le escamaba.

Y le jodía profundamente no saber el qué.

Entonces lo vio. Tan claro como si volviese años atrás. 
A aquel piso destartalado en el centro de la ciudad. Con sus hermanas, y con el cabronazo que arruinó sus vidas.

Lo había visto por casualidad al revisar la copia de una factura enviada por email al correo personal de Johan en la empresa, en una de ellas había un sello que reconoció al instante.

Era el sello del estudio de fotografía donde el ex de su hermana mayor había trabajado durante un par de años antes de convertirse en un maldito vampiro psicópata.

¿Casualidad?

Dejó a un lado todo lo que tenía y decidió centrar su atención en esta nueva pista.
No era la primera vez que una de éstas la llevaba a algo más gordo.

***

Riverview, 2 de Marzo de 2011

-          Estás hecho una mierda.
Avispa siempre había sido muy directa y carecía de tacto, por lo que no me extrañó su falta de preocupación al verme. Tampoco es que esperase una palmadita en el hombro después de lo ocurrido, así que agradecí que no me compadeciese.

Me limité a encogerme de hombros tratando de esbozar una de mis sonrisas autosuficientes, pero hacerlo dolía y sólo me salió una especie de mueca dolorida.

-          Gracias.
Después de ver su llamada me puse a salvo en un desguace cercano y le pedí que me recogiese, al menos allí no pasaba casi nadie y podría lamerme las heridas hasta su llegada. Si me veían en ese estado seguramente sospecharían, así que evité cualquier contacto indeseado con desconocidos y traté de estar lo más presentable posible.

-          Anda sube, quiero enseñarte algo. Y ponte el casco – dijo tendiéndome uno negro e integral como el suyo.
Avispa no había querido dar muchos detalles por teléfono, pero al parecer había encontrado alguna pista que quería investigar más a fondo en un almacén situado cerca de la autopista que comunicaba Bridgeport con Starlight Shores.

Confiaba plenamente en sus dotes como investigadora, así que supuse que lo que encontraríamos allí seguramente sería algo jugoso, pero no imaginaba cuánto. Pues al final nos vimos envueltos en una trama mucho más compleja de lo que pensábamos en un principio.

Pero prefiero no adelantar acontecimientos y centrarme en cómo empezó todo.
Tener que ir de paquete en la moto de Avispa me hizo acordarme todo el camino del desgraciado de las cicatrices que me robó la mía, y pensar en todo lo que pasó en esa casa.

Había dejado el cadáver de una mujer en su bañera, un piso volado por los aires y seguramente más de una víctima a causa de la explosión que añadir a mi cada vez más amplia lista de asesinatos. ¿Qué habría sido del ex celoso?

Estaba seguro de que tarde o temprano alguien llamaría a mi puerta deseando hacerme unas cuantas preguntas al respecto. Sobre todo teniendo en cuenta que ya me tenían fichado de antes por la muerte de la camarera del Horny Shark.

Sólo que en este caso era yo el culpable, y no estaba por la labor de escurrir el bulto si finalmente llegaba a salpicarme.
Esa mujer había muerto por mi culpa y debía rendir cuentas por ello. De hecho…sería mejor hablarlo cuanto antes con Serpiente.

Era mi deber como miembro de las Sombras el informar de cualquier suceso que pudiese poner a la organización en el punto de mira, aunque eso pudiese suponer un duro castigo.

Y quién sabe, puede que al final por no hacerle caso y no aprender a “comer” como es debido hasta le hubiese dado el motivo perfecto para quitarme de en medio. Después de todo nunca me había tenido mucho cariño.

En fin…era mejor no pensar en ello antes de tiempo.
Cerré los ojos e inspiré con fuerza, dejando que las ideas se escurriesen de mi mente tan rápido como el viento que golpeaba mi casco.

La moto de Avispa estaba hecha parar correr, y ella también por lo que parecía, así que en poco tiempo deshicimos el camino que había recorrido hasta Riverview y llegamos al lugar donde se encontraba el almacén del que me había hablado escuetamente por el móvil.
Starlight Shores, 2 de Marzo de 2011
-          ¿Estás segura de que es aquí?

El lugar parecía llevar abandonado bastantes años, y tanto las ventanas como las puertas estaban cerradas con maderos que habían clavados como si aquello fuese un refugio a lo apocalipsis zombie.

Avispa me miró de reojo con un gesto que no supe muy bien cómo interpretar, y tras sacar del interior de la mochila que llevaba colgada al hombro una especie de palanqueta de metal, se dispuso a arrancar los tablones de una de las ventanas, dejando hueco suficiente para que ambos pudiésemos entrar. Ella con bastante más soltura dado que era bastante bajita y delgada.
Una vez dentro empezó a hablar.

-          Este almacén pertenecía a una empresa de impresión que quebró hace unos treinta años, lleva abandonado desde entonces, pero fue usado durante bastante tiempo como tapadera de negocios más turbios.

-          ¿Negocios más turbios?

-          Si.

Me quedé esperando que dijese algo más, pero en vez de eso se puso a examinar el lugar con gesto concentrado y no quise interrumpirle, por lo que hice lo mismo tratando de averiguar lo que pasó ahí dentro yo mismo.
Algunas de las paredes del interior del almacén estaban derruidas y la poca luz que se filtraba por los huecos de las ventanas y las paredes dejaba a la vista un rastro de polvo que flotaba en el ambiente, dándole un aspecto algo tétrico. Había pintadas por todas partes, y olía a excrementos y orín rancio, seguramente porque habría sido usado antes de ser cerrado como orinal para unos pocos.

Estaba vacío salvo por algunas cajas y botellas desperdigadas por ahí. Si hubo maquinaria dentro seguramente se la habrían llevado antes de cerrarlo.

-          ¿Droga?
Bajo unos escombros encontré un par de jeringuillas usadas y los restos de lo que parecía un preservativo, bastante inútil, pero aun así hice un gesto a Avispa para que se acercara.

-          Déjalo. No estamos buscando a un par de yonkis calientes.

-          Si me dijeses qué buscamos podría ser de más utilidad.

-          No estoy segura – contestó con tono cortante, señalando una trampilla semi oculta por un montón de mierda acumulada en uno de los rincones del almacén – Mira ahí.

-          Genial…- fruncí el ceño y le seguí sin hacer ruido.

Forzamos el cerrojo de la trampilla con la palanqueta y bajamos por unas escaleras oxidadas que chirriaron al alzar la parte superior de éstas para alargarla y poder bajar más cómodamente. 
Ella lo hizo primero para comprobar su resistencia, y yo después tratando de no pisar allí donde el suelo parecía menos estable, hasta llegar a un sótano de unos cincuenta metros cuadrados.

-          Pásame la mochila – me pidió una vez abajo.

A diferencia de la planta de arriba el lugar mantenía su estructura original y apenas había obstáculos por el camino ni escombros. Olía a cerrado y humedad, pero se notaba que no había sido usado como retrete al menos. Aunque podía percibir el tenue rastro de un aroma demasiado familiar como para olvidarlo.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad logré discernir algunas formas de mobiliario viejo. Pero Avispa no tenía mi visión, por lo que sacó una linterna con la que empezó a apuntar a las paredes, el techo, el suelo y finalmente a lo que parecía el decorado de una peli de terror.
Acerqué el mechero al extremo de dos velas casi consumidas que había en una vieja mesita de metal y dejé que la luz iluminase poco a poco la sala para ver mejor.

La primera imagen que me vino a la cabeza al verla con más claridad fue la de uno de esos asilos psiquiátricos de principios de siglo que dan tanto yuyu y aparecen en las pelis de terror.

-          Joder… ¿qué mierda es ésta? – murmuró con voz asqueada.
La decoración consistía en una camilla de tubos de metal carcomida y oxidada con un colchón podrido por la humedad. Estaba que se caía de vieja, pero aún mantenía el cuero de las ataduras ancladas a la cabecera y los pies de la cama casi en perfecto estado, al menos comparado con el resto de la estructura.

Seguramente porque habrían sido cambiadas relativamente hacía pocos años y no eran las originales.
Había una mesita de metal en las mismas condiciones pegada a la cama, y sobre ella lo que parecía instrumental quirúrgico. Aunque teniendo en cuenta cómo estaba todo recordaba más al que se usa en las salas de tortura.

-          No hay sábanas y el colchón…- me acerqué para comprobarlo mejor mientras Avispa apuntaba hacia éste con la luz de la linterna - aunque está podrido no tiene restos de sangre, debió de protegerse en su momento con algún tipo de cobertor impermeable. Pero hay sangre seca pegada a los tubos de metal de la cama y en algunos instrumentos.

Chloe se acercó y lo examinó todo con más detenimiento usando sus propios medios. Los años habían hecho que el óxido cubriese la mayoría de las manchas y era difícil discernirlas, pero por desgracia yo ya estaba demasiado familiarizado con la sangre y no me hacía falta usar un instrumental especial para reconocerla.
-          ¿Es humana?

-          Si.

Ella se quedó mirándome pensativa, pero no dijo nada y raspó un poco del metal con un bastoncillo. Tomó algunas muestras guardándolas en la mochila e hizo lo mismo con parte del atrezzo.

Todo el mobiliario estaba en malas condiciones, pero había instrumental que se pasaba de antiguo y que había quedado obsoleto mucho antes de que ese almacén se abandonase. Por no hablar de los objetos que no encajaban para nada con el lugar y eran más propios de un plató cinematográfico de los años cincuenta.

Viendo todo eso podía hacer mis propias suposiciones, pero decidí guardármelas por el momento.
-          ¿Ahora es cuando me cuentas por qué me has traído aquí?

-          Tenía una corazonada.

-          ¿Eso significa que no sabías lo que encontraríamos aquí dentro?

-          Si.

-          Pero dijiste que aquí se dedicaban a negocios más turbios.

-          ¿Y me he equivocado? – preguntó levantando unas tijeras oxidadas y manchadas de sangre - ¿Esto no es lo suficientemente turbio para ti?
-          – admití. - Está claro que aquí dentro pasó algo cuanto menos…raro, ¿pero qué tiene qué ver con nuestra investigación?

-          Este local fue adquirido por una de las empresas asociadas de Hamming después de que quebrase la imprenta. Y ésta a su vez lo alquiló en un par de ocasiones a un estudio de fotografía amateur que ya no existe.

-          Eso explicaría lo de las cámaras y el foco viejo de la entrada. Pero a juzgar por el estado de todo….no parece que hicieran mucha limpieza.

-          Quizás les interesaba que pareciese abandonado.

-          Pero no nos sirve de mucho sin pruebas que lo delaten a él directamente. Es sólo un local, y Hamming podría no estar al tanto de lo que se cocía aquí dentro. Tenía muchos socios.

-          Puede.

-          Lo que está claro es que la policía no ha metido mano a este lugar – dije observando las pruebas que poco a poco íbamos acumulando para meterlas en la mochila.
-          Alguien se encargó de cerrarlo antes.

-          ¿Alguien que puede estar relacionado con el empresario, no?

-          Eso es lo que debemos averiguar.

Di una vuelta por la sala en busca de alguna pista más que hubiese podido pasar desapercibida, y entre un montón de periódicos viejos encontré lo que parecía la carátula fotocopiada de una película de vhs, la humedad había hecho estragos con ella, pero aun así se podían apreciar algunos datos que se distinguían entre las manchas oscuras que supuestamente antes habían sido imágenes. Había un número, el quince, y un logo emborronado que me resultaba bastante familiar pero no lograba reconocer.

-          ¿Has visto esto alguna vez? – pregunté enseñándosela a Avispa.
Ella le echo un vistazo y negó con la cabeza, de haberlo hecho seguramente lo recordaría gracias a su memoria fotográfica, pero aun así decidimos guardarla junto el resto de cosas y un montón de periódicos.

-          Bien… ¿y por donde sugieres que empecemos a partir de aquí?

Avispa cerró su mochila y se encogió de hombros.

-          Tú haz lo que veas mientras analizo las muestras y me informo. En cuanto tenga algo volveré a llamarte. Quizás sea bueno que eches un vistazo a otro de los locales abandonados que alquiló el mismo estudio, te pasaré la dirección por email.
-          Está bien, iré en cuanto tenga un hueco libre.

-          Como veas – respondió quedándose en silencio unos segundos. – Por cierto, no lo hacéis mal.

-          ¿Mmm?

-          Os vi tocar – señaló. – La semana pasada, en ese local de pijos que se creen rockeros.

Me eché a reír ante su comentario.

-          Vaya gracias, me alegra que al menos no te pareciésemos excesivamente malos.

-          No es mi estilo, pero tenéis su gracia – volvió a encogerse de hombros y me dedicó algo similar a una sonrisa. – Y el del piano está muy bueno.

-          Pensé que sólo te iban las tías.
-          Me va lo que sea siempre y cuando esté vivo y ande a dos patas.

Iba a bromear sobre Mantis, pero no sabía muy bien si aquello era una muestra de confianza por su parte y me seguiría el juego o me soltaría una hostia. Así que me decanté por la prudencia.

-          Si te interesa se llama Janne, y habla casi tanto como tú. Haríais buena pareja.

Volvió a sonreír, esta vez de medio lado, pero negó con la cabeza.

-          Yo ya tengo pareja.
-          Lo sé, sólo estaba de coña. Mantis me cae bien.

-          Y tú a ella, pero eso no es gran cosa. A ella le cae bien todo el mundo.

-          ¿Insinúas que soy un borde?

-          Yo no insinúo – contestó secamente.

Carraspeé un poco y decidí pasar por alto el comentario, a veces era un poco difícil entenderla. En general a todas las mujeres, pero hacía tiempo que me había dado cuenta de que Avispa era un caso especial.

-          Será mejor que nos pongamos en marcha, nos espera bastante carretera por delante y Serpiente me colgará de los huevos si sigo desaparecido mucho tiempo.

Ella asintió y salimos del recinto sin hacer ruido, tratando de dejar todo tal y como estaba antes de pasar por nuestras manos.
El viaje pasó sin incidentes y bastante rápido, y aunque tuvimos que parar a descansar unas horas en un motel de carretera, ninguno de los dos habló sobre lo que habíamos visto en aquel local abandonado.

Avispa se encerró en su cuarto, y yo aproveché mi escasa necesidad de descanso para tratar de recordar algo sobre el símbolo que encontramos y recuperarme un poco de mis heridas.
Quizás concentrándome en ello podría olvidarme de lo ocurrido horas antes en Riverview, pero cuando cerraba los ojos la mirada perdida y sin vida de aquella chica me perseguía haciéndome recordar mi crimen.

¿Qué significado tenían aquellas imágenes que vi estando inconsciente? ¿Y por qué las había visto tan claras? ¿Eran parte de su pasado? ¿Era su voz la que escuchaba dentro de mi cabeza repitiéndome una y otra vez que aquel era su regalo…?

Estaba muerta, joder. Yo la había matado y era imposible que hubiese podido comunicarse conmigo de ninguna forma. Y debería empezar a hacerme a la idea de lo que era y en lo que me había convertido con esa muerte inocente pesando sobre mi espalda.
Suspiré y me tumbé pesadamente sobre la cama.

Si al menos hubiese podido conservar la caja donde guardaba la foto de Thaerion...

Ni eso lo había hecho bien, aquel tipo me había quitado lo poco en claro que había podido sacar de mi metedura de pata.

¿Y quién coño era ese tío raro…?
Cerré los ojos pensativo, intentando recordar su cara, y mientras lo hacía el sueño se apoderó finalmente de mí y caí rendido en la cama.

RELATO: Vuelta al Hogar V


Me encontraba en un lugar extraño, casi a oscuras. La única luz que había procedía de una especie de portal situado sobre una plataforma elevada en el centro de una gran caverna, cuyo fondo no podía llegar a apreciarse por ser demasiado amplia.
La puerta  estaba rodeada por un aura de color azul brillante, y emitía un fuerte destello que cegaba la vista al ser mirada fijamente. Era imposible saber hacia donde llevaba, pero los sonidos que desprendía al acercarse se asemejaban a coros y voces funestas que desde luego no invitaban a pasar.

Resultaba muy difícil discernir lo que decían, pues todas hablaban a la misma vez clamando por ser escuchadas, pero no parecían muy contentas.

Justo debajo de la plataforma había tres figuras, una de ellas separada de las otras dos y envuelta en sombras al pie de las escaleras de piedra.
-          ¡¿Se puede saber qué demonios haces aquí?!

La voz de mi sueño retumbaba contra las lejanas paredes de la enorme sala abovedada.

Pertenecía a un hombre maduro de pelo plateado y mirada firme. Tenía los ojos claros, de un color verde demasiado familiar.
Kheran…su nombre llegó a mi cerebro como si acabasen de susurrármelo.

El muchacho que había ante él se parecía a mí,  aunque algo más joven. Parecía que acababa de entrar en la edad adulta, y aun guardaba algunos rasgos propios de la adolescencia, como ese carácter terco y mirada rebelde tan característicos.

-          ¡¿Te das cuenta de que si descubren que has cruzado el Portal pueden condenarte?! 
-          ¡Me da igual! ¡Quiero volver a verla!

-          ¡¿Tantas ganas de morir tienes?!

-          ¡No me importa!

Kheran desenvainó su bastarda con un movimiento rápido y colocó la hoja bajo la barbilla del chico sin dejar de mirarle a los ojos. Su gesto era duro y su pulso firme mientras rozaba con el filo su cuello.

-          Eres un necio…

El chico no se movió, y alzó la mirada para enfrentarse a la suya con obstinación.
-          Si lo que quieres es que te maten quizás debería ahorrarnos tantas molestias – dijo. - Al menos morirías dignamente y no en el cadalso como un vulgar traidor.

-          Adelante, hermano…- le provocó el chico - seguro que padre te da las gracias.

La mano derecha del mayor se cerró con fuerza en torno a su arma y atacó al más joven con la parte roma de la espada en el hombro, haciéndole que se doblase hacia el lado izquierdo. Después le golpeó con el puño con tanta fuerza que el joven cayó al suelo sobre sus nalgas.

-          Tú lo has querido…

Kheran volvió a alzar su arma, pero esta vez caminando hasta el portal, que seguía brillando y desprendiendo aquel misterioso sonido.
-          ¿Qué piensas…? – gritó el más joven sin llegar a terminar la pregunta.

Al adivinar sus intenciones, se levantó de un salto y trató de alcanzar a su hermano antes de que éste descargase el peso de su espada sobre una especie de ojo luminoso situado en la parte central del portal.

-          ¡No! ¡No lo hagas!
El Vanar de pelo plateado, haciendo caso omiso, clavó la espada en medio de aquella esfera, provocando que ésta se abriese de golpe y brillase cegadoramente hasta explotar.

En ese momento, las voces que procedían del portal se convirtieron en lamentos y gritos de dolor, como si miles de almas estuviesen siendo sacudidas por esos poderosos haces de luz blanquecina y cian y tratasen de huir de forma desesperada desperdigándose hacia el exterior. 
La escena resultaba tan bella como estremecedora, y no podía hacer nada salvo admirarlo como un espectador más, viendo como poco a poco eran absorbidas por la oscuridad de la cueva o tragadas por el propio portal.

Durante unos instantes el único sonido que podía escucharse eran las voces ya lejanas de aquellas almas liberadas. Hasta que todo volvió a quedarse en silencio como si nunca hubiesen existido.
El muchacho observaba con incredulidad el lugar donde hacía unos instantes había estado situada la entrada a aquel destino que al parecer quería cruzar, y que ahora no era más que una enorme sombra en medio de la penumbra.

Sus ojos grises brillaban con furia en un tono pálido mientras trataba de asimilar lo que había pasado.

Kheran se volvió hacia el chico y envainó la espada mirándolo con severidad.
-          Lo siento hermano, pero me has obligado a hacerlo.

-          Maldito…maldito seas…

-          No volverás a verla, ya es hora de que la olvides.

-          ¡Nunca! – respondió furioso.

-          Ya lo veremos.
Después de decir esto se alejó en silencio, dejando al muchacho a solas con el otro Vanar. Cuando hubo desaparecido, éste se acercó y pude ver con claridad de quién se trataba a pesar de la tenue luz que quedaba entre ellos.

El cabrón que se llevó mi moto, pero con un atuendo más propio de Shelüne.

-          ¿Merece la pena morir por el enemigo, muchacho?
-          No es mi enemigo…- consiguió decir el joven, parecía a punto de estallar de rabia.

-          Lo es, ya has visto lo que hacemos con los de su raza aquí.

-          No pienso matar a ningún Dalar.

-          ¿Entonces dejarás que te maten?

-          Allí las cosas eran diferentes…

“Allí… ¿Dónde?”, me hubiese gustado poder preguntar en voz alta.

-          Pero estás aquí ahora.

-          No por mucho tiempo…encontraré la forma de volver a abrirlo – contestó convencido.
El Vanar suspiró.

-          Debe ser buena esa cría dalariel si das tanto por culo a tu familia para estar con ella…puede que sea una pieza de caza interesante.

La sonrisa sádica de aquel Vanar puso al joven en alerta de inmediato.

-          ¡No vas a tocarla!

-          Entonces deja de hacer el imbécil y abre los ojos. ¿O es que quieres que tu padre me dé más trabajo?
Su voz sonaba monótona, como si el hecho de matar por petición de otro supusiese una molestia innecesaria.

-          Si le pones una mano encima…te mato - sonaba amenazante, pero podía notar el temor en sus ojos.

Mis ojos. Estaba seguro de ser aquel chico.

-          Vas a tener que madurar unos cuantos siglos si pretendes llevar a cabo dicha amenaza con una mínima probabilidad de éxito.

No borró su sonrisa ni un instante, divertido ante su obstinación, tan propia en los adolescentes, pero no parecía querer dejar lugar a duda sobre lo que podría hacer con él si se atrevía a ponerle un dedo encima. Aquellos gestos...eran exactos a los del tipo que me estaba buscando.
¿Me habría estado siguiendo desde Shelüne? ¿Le habría pagado mi familia para que me encontrase? Lobo me dijo antes de desaparecer que me estaban buscando… ¿Es así como pude llegar a este mundo? ¿A través de un portal?

Aquello era demasiado confuso…y había partes que no me quedaban claras y que por algún motivo mi cabeza se negaba a asimilar cada vez que intentaba razonarlas, hasta que todo se quedó a oscuras cuando el Vanar se dio la vuelta para seguir los pasos de mi hermano.
Mi hermano…

Quería seguir soñando, recordar más cosas sobre él y el resto de mi familia, sobre ese extraño portal y el lugar donde quería que me llevara…pero un muro invisible volvía a alzarse entre mí y mis recuerdos.