domingo, 1 de marzo de 2015

Capítulo XXIX: Verdades a medias II

(Hidden Springs, 11 de Marzo de 2011)

Era la primera vez que cogía un tren para hacer un recorrido tan largo, y el viaje se me hizo especialmente tedioso.
En primer lugar, no estaba muy acostumbrado a estar tan cerca de tantos humanos juntos después de mi “recaída”, y aunque no suponían un gran aliciente para Kaele temía que mi sed volviese a despertar encerrado en aquel sitio.

Me pasé la mayor parte del tiempo sin despegar la nariz del cristal de mi asiento (por suerte me tocó ventanilla), y tratando de mentalizarme de lo poco que me ayudaría montar un espectáculo ahí dentro.
A mi lado viajaba una chica con voz chillona y problemas de vocalización que no dejaba de hablar por el móvil sobre sus cosas, tan carentes de interés que me hubiesen ayudado a dormir si no fuese porque más que contar su vida parecía que la estaba pregonando. Pero entre silencio y silencio conseguí echar alguna cabezada.

La noche anterior no había dormido nada, pues la pasé todo el rato pensando en Alidaen y lo que estaría haciendo con ese italiano, así que aproveché para recuperar fuerzas y ya de paso intentar que el viaje se me hiciese más corto.
Tras ocho horas encerrado, llegué a mi destino, y me sentí gratamente sorprendido al salir fuera de la estación y echar un vistazo al paisaje.

Era un lugar muy hermoso, se respiraba aire limpio y el tranquilo ambiente que lo rodeaba resultaba reconfortante después de tanto ruido y cháchara insustancial.
Sabía que no podía demorarme mucho tiempo, pero aun así me permití el lujo de tomarme un descanso y disfrutar del paisaje dando un paseo mientras oscurecía.

Hidden Springs tenía fama por ser el lugar donde los ricos y famosos solían pasar las vacaciones y relajarse, y poseía las comodidades propias de la clase alta de la sociedad. Pero lo que a mí me atraía no eran las lujosas tiendas, campos de golf o spas modernos. Lo que me llamaba la atención era el aura sobrenatural que rodeaba todo y que me atraía irremediablemente hacia sus bosques y colinas, y en especial hacia un pequeño lago situado a los pies de una catarata.
Estaba seguro de que ahí había algo más oculto a simple vista, y que de quedarme podría descubrir algún que otro secreto oculto bajo sus aguas. Pero no tenía tiempo que perder, y tras un par de horas después del anochecer, decidí dirigirme hacia el “pequeño” retiro del tal James Graham.

***

Parecía que el tipo se lo había montado bastante bien después de sus problemas con la justicia y su bache económico. Y aunque la suya no era de las casas más lujosas de la zona, se notaba que le gustaba la buena vida y el lujo.

Aunque tenía una extraña fascinación por los gnomos de jardín y, en mi opinión, un pésimo gusto decorativo.
Avispa me había proporcionado la contraseña de entrada de la valla de seguridad y la puerta principal, y esquivar a los perros no fue un gran problema, pues no solían notar mi presencia de noche, así que tardé menos de cinco minutos en llegar y estar a salvo dentro del edificio.

Los ronquidos del cirujano me recibieron al abrir la puerta, así como un fuerte olor a incienso. No había cámaras de seguridad ni detectores de movimiento dentro de la casa, pero aun así sentí la mirada de docenas de ojos clavados en mi figura.

-          Menudo templo tiene aquí montado…- susurré.
Música: Batman Begins OST - Nycteris

Había imágenes de santos, vírgenes y hombres crucificados por todas partes. Por lo poco que sabía sobre la religión de los humanos en ese mundo, aquella era la representación de uno de sus dioses. Específicamente del dios de la religión católica (o su hijo, no estaba seguro). Al parecer, había distintos tipos de religiones dependiendo de la cultura o zona en la que vivían los humanos. A veces, los dioses se repetían, y otras veces adquirían formas muy abstractas y, en ocasiones, hasta completamente absurdas.

En mi mundo pasaba algo parecido, sólo que los dioses eran siempre los mismos adoptando distintos nombres y apariencias. Y nadie dudaba de su existencia, pues los Alados  (Vanar y Dalar) éramos la prueba más clara de su presencia en Édora. Dejar de creer en ellos era como negar que existe el aire que respiramos, aunque no todo el mundo estaba de acuerdo con sus mandatos y se oponían a que sus vidas girasen en torno a sus caprichos.
Graham parecía un hombre muy creyente, pues allí donde iba me acompañaba siempre la mirada de alguno de sus santos.

Me preguntaba qué pensarían ellos de las extrañas prácticas de su siervo, y si estarían de acuerdo con sus actos. Pero de todas formas yo era el menos apropiado para juzgarlo, así que me limité a hacer mi trabajo y seguir adelante ignorando sus miradas. Si les diese por juzgar los míos seguramente acabaría ardiendo en su infierno. 

Menos mal que mi dios no era tan delicado en ese sentido, de hecho, por lo poco que conocía de él sabía que era bastante…duro, por decirlo de una forma suave. Pues parecía que provocar la muerte a otros era el mejor modo de tenerlo satisfecho.

Lo primero que hice fue asegurarme de que no había nadie más en la casa aparte del cirujano, y después busqué su despacho para encender su ordenador e instalar el programa que Avispa me había proporcionado para espiar a sus contactos directamente desde su pc y tener los movimientos de Graham controlados.
De este modo, si alguno de ellos se ponía en contacto con él también lo haría con Avispa sin saberlo, y podríamos obtener la información de forma más rápida y eficaz. También podía hacer copias de seguridad de su ordenador, y tener acceso completo a sus datos.

Lo mejor de todo es que el programa estaba diseñado para que ningún antivirus de los que había actualmente en el mercado pudiese detectarlo.

Avispa había llamado “Sombra” al programa, un nombre poco original pero adecuado por su función.
Mientras se instalaba, eche un rápido vistazo al despacho de Graham.

Para empezar, era el único lugar de la casa donde no había imágenes de santos. Supongo que no querría sentirse tan observado allí dentro.
En uno de los cajones encontré una fotografía donde salía él con una mujer de su misma edad bastante atractiva, por esa época los dos debían rondar los cuarenta años. Junto a ellos posaba también una chica de unos quince, bastante parecida a la que supuse que sería su madre.

Por lo que sabía de él, había estado casado antes de divorciarse poco después de que se destaparan todos sus escándalos y había tenido una hija. Las dos vivían actualmente en Sunset Valley y no tenían apenas contacto con el cirujano.
Rebusqué por encima algo que pudiese ofrecerme información extra, pero no encontré nada de utilidad en ese cuarto y preferí no arriesgarme demasiado.

Había venido a hablar directamente con él, no a buscar más pruebas.

Tras la instalación, apagué el ordenador y dejé las cosas como estaban antes de subir al dormitorio principal donde Graham dormía apaciblemente.
La habitación era bastante amplia, decorada con muebles de madera maciza y tallada. Sobre la mesita de noche reposaba una biblia, unas gafas para leer y un bote de pastillas para dormir.

Había una gran estantería junto a la ventana plagada de libros sobre medicina, historia y religión. Sus tres pasiones aparte de las menores rusas.

Me fijé en él. Tenía 65 años pero aparentaba algunos menos. Tenía el cabello hirsuto pero abundante salvo por las entradas en la zona de las sienes, completamente blanco. Por sus rasgos se podía adivinar que en su juventud debió de ser un hombre atractivo, aunque se notaba que había recibido algunas “mejoras” estéticas que a cierta edad desentonaban bastante con sus rasgos. Sus labios eran más gruesos de lo normal, pero estaban algo caídos, y la piel de sus mejillas estaba demasiado estirada en comparación con las arruguitas que se formaban en su frente, ceño y barbilla, y hacía que pareciese que alguien le estaba estirando la cara desde atrás.
Un hilillo de baba se asomaba de la comisura de sus labios mientras roncaba ajeno a mi examen. A simple vista no parecía nada peligroso, pero sabía que tipos como él eran capaces de cometer todo tipo de actos horribles si tenían delante a la víctima adecuada.

Y él no era ningún santo por lo que habíamos podido averiguar.

Cubrí mi rostro y saqué mi arma antes de pegar una patada a los pies de la cama.

- Despierte.
Él abrió los ojos con dificultad y me miró confuso. Tardó unos segundos en adaptarse a la oscuridad del cuarto y ver que le estaba apuntando a la cara.

- ¿Q-Qué…?
-          Guarde silencio y escúcheme bien. No voy a repetirme dos veces. Si colabora y me dice lo que quiero saber seré breve y no le haré ningún daño.

-          ¿Quién…quién es usted?

-          Eso no le importa. Limítese a responder a mis preguntas – le ordené.

Graham hizo el amago de incorporarse para sentarse, pero el chasqueo del seguro fue suficiente para hacerle cambiar de idea.
-          Si lo que quiere es el dinero le diré donde lo guardo…pero por favor…

-          ¿Le he pedido que hable? – inquirí cortante.

Negó con la cabeza, y yo me dirigí hacia la mesita para encender una de las lámparas sin dejar de vigilarle. No me perdió de vista un instante.

-   Voy a enseñarle unas fotografías, y usted me dirá si le suenan de algo. Si me miente lo sabré, así que más le vale ser sincero.

Él asintió y yo saqué varias fotografías del interior de mi chaqueta, en ellas se veían los locales donde encontramos la sangre de las chicas.
-          ¿Le suenan de algo estos lugares? – dejé que los viese con calma.

-          N-no…

-          No me mienta – le advertí.

-          Parecen sacados de alguna película de terror, yo no he estado en un sitio así nunca.

-  Ahí dentro se torturaron a cuatro mujeres, y la sangre que encontramos no era de atrezzo, una de ellas pertenecía a una mujer que trabajaba para un amigo suyo.

- ¿Un amigo?
-          Johan Hamming ¿Lo recuerda?

Graham tragó saliva y apartó la mirada de las fotografías. Guardó silencio unos instantes y logró sobreponerse un poco a su miedo inicial para hablar con más calma, simulando cierta dignidad.

-          Hace años que no sé nada de él, yo no tengo nada que ver con sus asuntos.

-          Pero supongo que sabrá que ha muerto.

-          Algo vi en las noticias, pero como ya le he dicho hace años que no teníamos ningún contacto.

-          Más o menos desde que le denunciaron por acosar a sus clientas ¿no?

El tipo me fulminó con la mirada.
-          Falacias, al final se demostró que lo que querían esas mujeres era sacarme el dinero.

- Y al parecer lo hicieron muy bien. Tengo entendido que pasó algunos momentos bastante duros económicamente.

-          ¿Ha venido a importunarme por eso? Todas esas cuentas ya están perfectamente saldadas con la justicia y no tengo por qué darle explicaciones.

- Al contrario, si tiene que hacerlo. Porque en caso contrario apretaré el gatillo y su mayor problema pasará a ser lo sucia que dejará la almohada con sus sesos desparramados por ella. Así que hable. ¿Tuvo algún contacto con Hamming después de sus problemas con la justicia?
-          No, ninguno. No podía arriesgarse a que su intachable reputación quedase en entredicho al relacionarse conmigo.

No me pasó desapercibido cierto sarcasmo en su tono de voz. Pero sabía que estaba mintiendo, aun así dejé que continuase con la farsa.

- ¿Y sabe si tuvo algo que ver con la desaparición de esas mujeres? Como uno de sus amigos más cercanos debía conocerlo muy bien.

-          Hamming tendría muchos defectos, pero no era ningún asesino.

- Una de esas mujeres era su secretaria, la señorita Murray, con la que supuestamente mantenía una relación íntima.
-          Esa golfa…- se detuvo, pero no a tiempo para evitar el insulto –…esa mujer intentó chantajearle tras su despido. No se llevaban bien, y él le dio un generoso finiquito y la apartó de su lado. Pero ella no estaba satisfecha y le hizo la vida imposible durante meses, estaba obsesionada con él.

-          Así que admite que tenía motivos de sobra para querer quitársela de en medio.

-          Nunca le puso una mano encima, si a eso se refiere.

-          No hace falta usar las manos para quitar a alguien de en medio, sobre todo si se es rico.

-          Hamming no era ningún monstruo, todas las sospechas sobre él fueron injustificadas y desechadas en la investigación.
-          Parece que está al día sobre sus asuntos –admití sonriente. -  A pesar de que por esa época ya no tenían ningún tipo de relación.

Graham se mordió el labio y vi de nuevo el miedo en sus ojos.

-          P-puede que mantuviésemos alguna que otra charla telefónica.

-          ¿Sólo charlas telefónicas?

-          S-si – asintió convencido - una o dos veces como mucho.

- Es extraño – reconocí – entonces supongo que una de esas dos charlas debió de ser bastante larga. No se hacen tratos como este en cinco minutos.
Saqué un fajo de papeles y se los lancé encima. Él los examinó extrañado y abrió los ojos de par en par al descubrir de qué se trataban. Pero aun así intentó hacerme creer que era la primera vez que los veía en su vida.

-          N-no…no sé qué es todo esto.

-          Yo se lo diré. Son cantidades de dinero que usted ha estado recibiendo periódicamente desde Septiembre del año dos mil ocho hasta el mismo mes que Hamming desapareció.

-          ¡Eso es falso! ¡Ni siquiera están a mi nombre!
-          Eso es cierto, al menos algo hizo bien – admití. - Adoptar esos nombres y apellidos falsos para que no le asociasen con su pasado y poder recibir todo ese dinero sin levantar sospechas fue una jugada inteligente.

-          ¡No sé de qué me está hablando!

Se me estaba agotando la paciencia, así que volví acerqué mi arma a su frente para que el frío metal de la boquilla le despejase la mente un poco.
-          ¿Niega que Edwind Andersen sea usted y haya estado ejerciendo ilegalmente como cirujano plástico?

-          N-no es…

Acerqué mi dedo al gatillo.
-          ¡Si! – admitió - ¡Puede que usase ese nombre!

-          ¿Y niega haber recibido todo ese dinero?

-          Yo…estaba pasando un mal momento económico…no pude negarme…

-          ¿Quién se lo ofreció?

Guardó silencio, temeroso.

- Mi paciencia tiene un límite y le advierto que lo está sobrepasando.
Música: Fury OST - Steven Price

-          Fue él…Hamming, m-me ofreció todo ese dinero a cambio de un favor…pero n-no es lo que piensa…yo no maté a nadie ¡lo juro! ¡No tuve nada que ver con esa chica!

-          Entonces dígame qué hizo.

Silencio de nuevo. Esta vez le golpeé con el arma y emitió un leve sollozo.

-          ¡Hable!

-          ¡Me pidió que la operase!

-          ¿A su secretaria?

-          S-si…pero no a Sarah - reconoció. – Fue a la otra…la nueva…

La sospecha hizo que el pulso me fallase.
Alidaen había empezado a trabajar para él un año después de la desaparición de Sarah.

-          Dime su nombre – le ordené.

-          N-no…no lo recuerdo…era extraño - parecía tener que hacer un esfuerzo para recordar. – ¿Ala…Aline?

-          ¿Alidaen?

Me miró sorprendido, pero no se atrevió a negarlo.
-          No estoy seguro, pero a ella la recuerdo bien. Era una joven muy hermosa. Tenía las orejas de punta y la piel muy fresca y tersa, y su pelo dorado…era como acariciar el agua…- su tono ensoñador hizo que me entraran ganas de estrangularle, pero en seguida se recompuso, como si hubiese sido un acto involuntario.

Carraspeo y vio que le estaba mirando muy fijamente, lo que vio en mis ojos no debió de gustarse pues se puso a temblar descontroladamente.

Di varios pasos hacia atrás casi inconscientemente.
-          P-por favor… ¡yo no quería! ¡pero él dijo que si no lo hacía traería el mal a este mundo! ¡dijo que no era humana, que era un engendro de la naturaleza y yo debía impedir que se reprodujese!

Las palabras se sucedieron de forma atropellada, mientras me confesaba entre sollozos cómo la habían llevado a rastras hasta la sala de operaciones donde muy de vez en cuando seguía trabajando como cirujano y la sedaron para que se estuviese quieta. Cómo le había fijado las ataduras a sus muñecas y tobillos y cómo la había abierto para comprobar horrorizado que Haming tenía razón y era el engendro del que hablaba.
-          ¡Nunca había visto algo así! Sus órganos reproductores…no eran humanos…no sabía…no sabía lo que debía hacer…no tenía ovarios…y su útero tenía una forma diminuta, y e-estaba obstruido por extrañas ramificaciones. Era imposible que pudiese alojar una criatura en un interior tan pequeño. Le dije a Hamming que con esas características debería ser estéril, pero aun así me obligó a seccionar el útero para que no pudiesen fecundarla…

Siguió relatando datos más técnicos sobre la operación y el modo en que su cuerpo había reaccionado al proceso. Me confesó con lágrimas en los ojos que había estado a punto de morir porque era incapaz de tratarla como era debido, no poseía ni los conocimientos ni el instrumental adecuado para operarla, pero que Hamming le había amenazado con despedazarle si no lograba hacer que despertase. Decía que a pesar de todo él creía que velaba por su seguridad y la de todo el mundo, y que lo que estaba haciendo era lo correcto.
Tardó dos semanas en hacerla despertar, y cuando lo hizo estaba completamente traumatizada, pues al parecer una parte de su cerebro siguió consciente durante todo el proceso. Intentó huir de la clínica, pero Hamming no permitió que la soltase hasta que estuviese completamente recuperada.

Las palabras se convirtieron en puñales, y dolían como si me estuviesen atravesando las entrañas a mí mismo.

Cerré los ojos para obligarme a mantener la calma, hasta que finalmente dejé de escucharlas.
El sonido incesante de sus sollozos y su odiosa voz había sido sustituido por el de resuellos desesperados, y al abrir los ojos vi que tenía su arrugado cuello entre mis manos y sus ojos abiertos de par mirándome horrorizados.

-          ¡Silencio! – le ordené, separando con dificultad las manos para soltarle y empujarle contra el cabecero de la cama.

Tomó una amplia bocanada de aire y se llevó las manos a la garganta.
-          Le…le he contado…todo – hablaba con dificultad en un hilillo de voz.

-          He dicho que se calle…

-          Dijo…dijo que no me haría…daño…

Sus palabras golpeaban en mi cabeza.

“Era un engendro de la naturaleza…”

La había atado a una camilla y abierto en canal como a un puto sujeto de experimentos.
No podía quitarme de la cabeza aquella imagen de la cabeza.

Había estado a punto de matarla.

Ni siquiera me di cuenta de que había dejado de sujetar el arma y reposaba sobre la cama hasta que le vi abalanzarse sobre ella como el sediento al ver un oasis.

Me lancé sobre él para apartarlo del arma y le volví a agarrar del cuello, inclinándome hacia delante con los colmillos desplegados para desgarrarlo, al tiempo que apretaba mis manos para dejar de escuchar sus penosos quejidos.
Se debatió contra mi peso durante unos segundos, arañando mi cara y quitándome el esbozo que ocultaba mi rostro en un intento desesperado por defenderse, pero no tenía nada que hacer.

Iba a morir por lo que le había hecho.

domingo, 15 de febrero de 2015

¡Carnaval, Carnaval!

SESIÓN DE FOTOS CARNAVAL 2015

¡Hola a tod@s!

Esta vez no vengo con capítulo, pero os traigo unas cuantas imágenes que he sacado con la excusa de los carnavales y me apetecía compartir con vosotr@s. 

Alidaen en estas imágenes puede que se vea algo distinta, es que probé la nueva versión que hice y que aún estoy pensando si incorporar o no a la serie finalmente, ya que no me convence del todo y echo de menos a la de siempre. Pero bue...

¡Aquí os dejo a Los Hijos de Édora versión pirata!











¿Los reconocéis? No salen todos, y no están todas las imágenes que quería sacar para la sesión, ya que hice a un Thaerion, Lande y Alidaen convertidos en sirena y tritones, pero resulta que cada vez que intentaba meterme en esa partida se me caía y al final me cansé de intentarlo. Una pena, porque estaban bastante monos :3

Y bueno, aquí un par más extra esta vez de las tres musas de Shelüne: Ángela, Alidaen y Violeta.

¡Espero que os gusten!

PD: Como ya avisé por Facebook, las imágenes del siguiente capítulo ya están sacadas y preparadas para editar, así que en breve vendré con un nuevo capítulo ;)

lunes, 5 de enero de 2015

¡Felices fiestas y todo lo demás!

¡Buenas a tod@s!

Creo que con un poco de retraso, pero al menos me da tiempo a felicitaros lo poquito que queda de éstas fiestas y la noche de Reyes y desearos una buena entrada de año.

Yo ando un poco bastante liada, estas fechas suponen para mí un aumento de trabajo (que siempre es bien recibido) pero que me deja poco tiempo para dedicarlo a las cositas que me gustan, y aquel que me queda libre lo estoy empleando sobre todo a jugar como loca al Dragon Age Inquisition y, por supuesto, a disfrutar de mi pequeñajo, al que por desgracia no puedo tener a mi lado todos los días por motivos personales (y espero que temporales).

El caso es que he encontrado un huequito para subir un nuevo capítulo como regalo de Reyes adelantado, espero que os guste y no os aburra mucho, ya que trata sobre todo de investigación y puede que se haga más pesado.

Sobre este capítulo diré que volveréis a ver a un personaje del que hacía mucho que no sabíamos nada, y que a partir de aquí se desvelarán muchos datos importantes sobre cierta cuestión que quedó en el aire desde la primera temporada, ya lo veréis ;)

En fin, un besazo a tod@s y como siempre...¡gracias por leer!

PD: Mantis tiene tatuajes nuevos, si. El caso es que cuando cree el personaje no había tantos tatus tan chulos como los de ahora, y al recrearla con las nuevas texturas y ver todos los que tengo no pude resistirme xD

PD2: Perdonar por haber dejado tantos comentarios pendientes, iré contestandolos a medida que pueda y me acuerde, que ando con la cabeza en mil sitios y a veces se me va la pinza.

CAPÍTULO XXIX: Verdades a medias I

(PRIMERA PARTE)


Bridgeport, 3 de Marzo de 2011

Los resultados que había obtenido tras dos días sin pegar ojo habían sido poco reveladores para Avispa, seguía sin tener pruebas sólidas que incriminasen directamente a Hamming y debían seguir investigando a partir de lo que ya tenían.
 La empresa asociada con el magnate de los negocios no había registrado en ningún momento actividad en aquel local, era uno de tantos y estaba casi derruido cuando lo adquirió, pero la factura que encontró en el correo personal de Hamming demostraba que había recibido en dos ocasiones una cantidad de dinero que procedía del estudio fotográfico donde trabajó el cabrón de su cuñado, Valen, motivo por el cual se había centrado en esta pista en un primer momento.

La factura registraba dos pagos de setecientos dólares cada uno por el alquiler de la antigua imprenta durante los meses de Octubre y Diciembre del año 2001.
 Por si sola no decía gran cosa, durante ese año no había pasado nada significativo para la investigación, pues la sangre encontrada situaba la escena del crimen tres años después. Pero a pesar de todo sentía que iba por el buen camino.

En primer lugar, sabía quiénes eran las víctimas a las que pertenecían los restos de sangre que encontraron en aquel cuartucho de mierda.

Todas mujeres, tres prostitutas, dos de ellas de nacionalidad rusa, Ivania y Katherina, y una muchacha sueca que tenía catorce años cuando su madre denunció su desaparición en el año 2004, se llamaba Fredrika. Nadie movió un dedo por ellas, no serían ni las primeras ni las últimas en irse en silencio.

Sólo de imaginar lo que tendrían que haber pasado ahí dentro hacía que se le revolviesen las entrañas y le entrasen ganas de matar lenta y dolorosamente a los responsables.
 Por desgracia, sus desapariciones no estaban relacionadas con el empresario y hacía años que sus casos habían sido olvidados. En su país las daban por muertas, y sus cadáveres, si es que existían, a esas alturas difícilmente podrían aparecer.

No había mucho más que hacer por ellas, salvo encontrar a los responsables de aquel macabro escenario y cargárselos a todos.

Pero sabía que por el momento debía centrarse en Hamming, y era lo que pensaba hacer. Aunque aún debía esperar el resto de los resultados.

Bridgeport, 4 de Marzo de 2011

Las respuestas del último análisis debían de estar a punto de llegar.
 Halcón había encontrado una nueva muestra de sangre en el local que ella misma le había indicado. Esta vez se encontraba a las afueras de Bridgeport, por lo que no tardó mucho en ir a investigarlo por su cuenta y llevarle lo que necesitaba.

En esta ocasión, supuestamente nada tenía que ver con Hamming, pero igualmente decidió seguir su pista.

Era un almacén alquilado con anterioridad por el estudio donde había trabajado aquel hijo de perra. Y también estaba abandonado como el anterior, por lo que supuso que podría estar relacionado.
 Habría ido ella misma, pero desde que empezó con esa investigación apenas había puesto un pie fuera de casa salvo para ir a trabajar. Y esto ya le restaba bastante tiempo para su gusto.

Aún tenía muchos cabos que atar, y ella prefería hacer las visitas de otro modo menos… personal.
Halcón era bueno para colarse en lugares chungos y buscar pistas, tenía un olfato especial para eso. Ella en cambio era buena colándose en ordenadores ajenos para obtener información, y prefería hacerlo sentada.
 Mantis de vez en cuando se pasaba por allí para visitarla y echar uno o dos polvos, pero sabía que cuando su chica se centraba en alguna investigación no tenía ánimos para hacer otra cosa.

En una ocasión hasta se había permitido el lujo de ir ella misma a visitar a Mantis a su casa, pero después de una sesión bastante movida en la cama, al final terminaron teniendo una de sus monumentales broncas.
 -          Nena, ¿En qué andas metida ahora?

-          En nada.

-          Siempre que dices eso al final siempre acabas hasta arriba de mierda.

-          Te equivocas, pocas veces me ensucio las manos.
 -          Pero eres única destapando alcantarillas a rebosar.

-          Es mi trabajo, el tuyo por ejemplo es acabar con esa mierda.

-          Lo sé, formamos un buen equipo – Mantis sonrió y le dio un suave beso en la espalda, haciendo que su piel se erizase ante el frío contacto de sus labios – Pero no me has dicho nada, y sé que andas metida en algo con Halcón…
Avispa la miró por el rabillo del ojo. No le hacía falta ser adivina para saber que había estado de nuevo hurgando donde no debía.

-          ¿Has vuelto a cogerme el móvil?

Mantis se mordió el labio.

-          Lo vi de casualidad, yo no quería…

Avispa salió de la cama como si acabasen de pegarle una patada y se puso la camiseta por encima con tanta mala hostia que la desgarró por debajo de la axila.
 -          ¿Dónde vas?

-          A mi casa.

-          ¿Estás enfadada?

-          ¿Tú qué crees?

La mirada gélida que le dedicó era suficiente para que la vampiresa entendiese que era mejor no continuar aquella discusión, pero aun así ésta insistió. No estaba en su naturaleza amedrentarse ante una humana, y las cosas acabaron con varios muebles volando por los aires y más insultos que en un partido de fútbol.
Finalmente acabaron desnudas de nuevo e intercambiando los insultos por gemidos, pero aun así Avispa salió de allí echando humo, odiaba que metiesen las narices en sus asuntos.

Prefería ser ella la que se colase en los de los demás, y actualmente tenía muchas vidas que investigar para mitigar su cabreo.

Bridgeport, 7 de Marzo de 2011

Después de revisar nuevamente las facturas, Avispa había encontrado lo que buscaba.
Tras volver a analizar la escena del crimen mentalmente, siguiendo paso a paso las pistas que tenían, logró recordar varias cantidades de dinero que Hamming empleó como gastos personales para pagar a un cirujano amigo suyo en los años 1999, 2000, 2004 y 2005 por distintas operaciones estéticas.

No era nada extraordinario que un millonario se gastase parte de su fortuna en hacerse algunos retoques, y podía no estar relacionado con los crímenes, pero aquella habitación recordaba demasiado a la sala de operaciones de algún médico pirado, y tras investigarlo a fondo, aquel tipo daba con el perfil.
 James Graham. Había obtenido el título de médico cirujano en el año 71, más tarde se había intentado especializar en ginecología y obstetricia, pero tras un año de estudios decidió cambiar su especialidad y dedicarse a la cirugía plástica, que ya empezaba a estar muy de moda por aquella época.

Comenzó a ejercer como cirujano plástico a los 30 años en el Holy Cow Memorial Hospital de Starlight Shores, en el año 76, donde estuvo trabajando hasta el 2005.
 Su fama se hizo bastante notoria, sobre todo cuando varios famosos decidieron ponerse en sus manos, entre ellos el empresario Johan Hamming, con quien se dice que formó una estrecha amistad hasta que el médico fue sacudido por una serie de extraños rumores que acabaron con su carrera.

Entre otras cosas que podían no ser ciertas, se decía que su trato con las clientas femeninas no era siempre demasiado profesional, y tras varias denuncias por acoso sexual, a los 59 años fue obligado a abandonar su puesto de trabajo.

Eso pasó en el 2005, un año después de la desaparición de Fredrika, Ivania y Katherina.
Y a pesar de no seguir ejerciendo su trabajo, nada le impidió cobrar una cuantiosa suma de dinero a manos de su buen amigo el empresario, aunque no de forma demasiado clara según había podido averiguar.
Le había costado dar con ella.

Tuvo que meterse en las cuentas del cirujano, por suerte este trabajo había sido más sencillo que colarse en el ordenador de la empresa donde Hamming había trabajado personalmente. El ordenador de Graham no tenía apenas defensas y el viejo cirujano no era precisamente un genio de la informática para poder tapar sus asuntillos.

Tenía tanta mierda metida en su ordenador sin ningún tipo de protección y limpieza que si querría podría poner a la policía en su puerta con sólo enviar parte del contenido de éste.

Entre otras cosas interesantes, había podido averiguar su afición por las jovencitas y por practicar algún que otra intervención ilegal a chicas sin recursos a cambio de favores sexuales.
 Pero no era exactamente lo que estaba buscando.

Lo que le interesaba estaba entre sus cuentas personales, varias de ellas camufladas con nombres falsos para que no las asociasen con su pasado.

Al parecer había tenido algunos problemas económicos desde el año que empezaron las denuncias hasta el 2008. Entre sus gastos personales y la cantidad de pasta invertida en tratar de limpiar su nombre y pagar indemnizaciones se había fundido casi la totalidad de sus ahorros de toda la vida, y estaba pasando muy mal momento económico cuando de repente, en Septiembre del año 2008, comenzó a cobrar varias cantidades más o menos periódicas de entre mil y dos mil dólares repartidas entre sus distintas cuentas.

En total, sumándolas todas, llevaba acumulados más de cien mil dólares en menos de tres años.
 Aquello de por sí resultaba bastante sospechoso, así que decidió investigarlo con más calma.

Se había pasado un día entero con la nariz metida entre números, fechas y nombres falsos, hasta que finalmente descubrió que parte de esos ingresos provenían de una de las empresas asociadas a Hamming, donde su hermano menor, el actor Matthew Hamming, era el líder.

Podría haber sido cosa del actor, pero las cifras de dinero recibido dejaron de ingresarse justo cuando Johan desapareció, por lo que era fácil suponer que pertenecían a este último y no al dueño de esa empresa. ¿Quizás para no ensuciar su nombre y desviar la atención en caso de ser pillado?
 Había que ser muy hijo de perra para tratar de colársela a su hermano.

¿Pero por qué habría querido Hamming volver a ponerse en manos de alguien que supuestamente ya estaba retirado pudiendo pagar a cualquier otro sin tener que dar tantas vueltas?

Quizás era hora de buscar las respuestas directamente en su fuente.

Bridgeport, 8 de Marzo de 2011

La sangre encontrada en el segundo local pertenecía a una mujer de 29 años llamada Sarah Murray.
 Sus padres denunciaron su desaparición en Septiembre del año 2005.

Se sacó la carrera de Empresariales en la Universidad Simplutense y trabajó durante más de cinco años para la empresa del conocido magnate Johan Hamming, concretamente como su secretaria personal hasta que éste la despidió un año antes de que la diesen por desaparecida.

Según algunos empleados, Sarah y Johan mantenían relaciones sexuales en el despacho y se veían a menudo fuera del horario de trabajo, pero Hamming nunca llegó a admitir su relación con su joven secretaria y trató de acallar éstos rumores cuando su nombre se debatió entre los posibles sospechosos de la desaparición de la joven.
 Finalmente, salvo algunas habladurías, este hecho no le salpicó, en gran medida porque hacía un año que la relación profesional entre ambos había terminado y no había ninguna prueba que lo relacionase con ella después de su despido. Y de cara al público seguía siendo el perfecto soltero de oro, siempre transparente y educado con todo el mundo.

Pero Sarah había dejado algo más que una familia destrozada por su desaparición, y quizás tuviese algo que contar sobre su supuesta relación con el empresario y posible muerte.
 Si estaba relacionada o no con él…encontrarían las respuestas.

Y ya tenía dos hilos que seguir en la misma investigación que le habían llevado hasta Hamming.

Bridgeport, 9 de Marzo de 2011

En poco más de una semana Avispa había recopilado suficiente información para meter a unos cuantos entre rejas. Entre ellos ese tan James Graham, que al parecer siguió ejerciendo ilegalmente como cirujano plástico y también como ginecólogo, adoptando nombres falsos que usaba a su antojo  y obligando a sus clientas a ofrecerles favores sexuales a cambio de sustanciales rebajas en el precio de sus intervenciones.

Tenía incluso las copias de algunos de sus mejores emails, dirigidos a las clientas que no podían pagarle. A ese cerdo se le daba bastante bien abusar de su posición para obtener lo que quería de ellas.
 Todo aquello le habría resultado muy útil a la policía, pero hacerles el trabajo difícil no estaba entre su labor como investigadora, así que prefirió entregarle los resultados a aquel que la había “contratado” y  a partir de ahí seguir el tenue olor a podrido que había dejado el empresario.

Seguramente Halcón haría un uso más adecuado de la información que le ofrecía y le quitaría las ganas a ese cerdo de volver a aprovecharse de más mujeres durante el resto de su miserable vida.

Bridgeport, 10 de Marzo de 2011

(Conversación telefónica entre Avispa y Halcón)

- ¿Has leído el informe que te pasé anoche?
 -          Si, terminé de leerlo esta mañana. Joder, no pensaba que lo pillaríamos tan pronto.
-          Aún no tenemos nada realmente sólido contra él – admitió ella.

- Lo sé, pero tenemos por dónde empezar…lo del cirujano me huele demasiado mal, no me extrañaría que lo que encontramos estuviese relacionado con la venta de órganos ilegal o algo parecido. Aunque no me cuadra lo de esos escenarios tan preparados.
 -          Recuerda que la sangre apareció en dos locales alquilados por el mismo estudio fotográfico.

-          Pero en fechas distintas a las que hay registradas en las facturas, puede que sólo fuese una desafortunada coincidencia, o que a ese cabrón le gustase filmarse a sí mismo. ¿Has averiguado más sobre este estudio?

- Estoy en ello – Avispa no quería contar lo que ya sabía de antemano, al menos de momento – por ahora creo que deberíamos centrarnos en el cirujano.
 -          Pienso encargarme en seguida de eso, tengo pensado hacerle una visita mañana.

-          ¿Necesitas que te acompañe?

-          De momento no, tengo suficiente material como para hacerle cantar todas las canciones que se sepa sobre Hamming.

-          Ese tío es un cerdo, ten cuidado.

-          Tranquila, se cómo tratar a los hombres como él. Por cierto… ¿me prestas tu moto?

Avispa soltó una breve carcajada.
 -          Ni lo sueñes. ¿Y la tuya?

-          En el taller.

-          Te la han robado ¿no?

-          Si.

-          Lo suponía.

 -     Supones demasiado bien. Tranquila, iré en tren y así de paso descanso un poco.
 -          Vale, pero llámame en cuanto tengas algo.

-          Hecho.

-          Nos vemos.

-          Cuídate.

Los dos colgaron al mismo tiempo, y por primera vez en días Avispa decidió tomarse un merecido descanso.
 Hasta puede que se pasase por casa de Mantis para hacer las paces y ya de paso relajarse un poco.

Compañía Shelüne, 10 de Marzo de 2011

No estaba de muy buen humor últimamente.

Me había recuperado de mis heridas, pero las visiones sobre el pasado de Zoe seguían asaltándome de vez en cuando, y aunque cada vez lo hacían con menos frecuencia me hacían revivir lo ocurrido en su casa y sentir como una mierda.
 Había decidido aplazar la conversación con Serpiente sobre su muerte hasta haber sacado algo más en claro sobre Hamming y su relación con Alidaen, pero poco a poco la cosa se iba complicando y no tenía demasiado claro hasta donde nos llevaría toda esa trama y cuánto tiempo tendría que ocultar lo que había hecho.

Por el momento, teníamos la sangre de cuatro mujeres desaparecidas y seguramente muertas que estaban relacionadas directa o indirectamente con Hamming. Pero nada de eso parecía tener que ver demasiado con Alidaen, ya que ésta empezó a trabajar para el empresario en el año 2006, después de sus desapariciones.
 Por otro lado, mi presencia en la Compañía Shelüne era cada vez más frecuente, ya que las Musas querían tener algo más controlados nuestros ensayos y proporcionarnos todos los medios que hasta ese momento no teníamos en el garaje de Gas. Así que al final me ofrecieron una de las habitaciones vacías reservadas para los empleados para que pudiese quedarme allí siempre que me hiciese falta.
 Esto hacía que los encuentros con Alidaen se volviesen inevitables, y mi miedo a recaer y hacerle daño como a Zoe se incrementase, haciéndome sentir como un niñato inseguro cada vez que me la encontraba por el pasillo y no era capaz de esquivarla a tiempo para que no me viese.

Por “suerte” ella se comportaba como si no me conociese, y salvo algún saludo esporádico no me dedicaba apenas la mirada al pasar por mi lado.
Aquello me estaba matando, saber que la tenía tan cerca y no podía tocarla me revolvía por dentro. Deseaba poder atraparla en los pasillos y apretarme contra su cuerpo, o hundir mi cabeza en su cuello para besarlo…quería entrar en su cuarto, a tan sólo dos habitaciones del mío, y meterme en su cama, escucharla suplicar, gemir y gritar mi nombre…Pero bastaba con recordar el cadáver de Zoe para borrar de mi cabeza cualquier ilusión sobre un posible acercamiento entre nosotros.
 La deseaba más de lo que había deseado nunca a cualquier otra mujer, pero una parte enfermiza de mí también deseaba probar su sangre.

Había creído que me volvería loco al estar a punto de quedarme en aquel ascensor con ella a solas. El olor de su sangre impregnaba cada centímetro del pequeño habitáculo en el que estábamos atrapados por culpa del corte de su mejilla. Demasiado reciente, demasiado tentador…pero tuvo que llegar aquel idiota italiano a joderme la noche. O más bien, y aunque me cueste admitirlo, a salvarme de cometer una estupidez.
 Nunca le estaré lo suficientemente agradecido, aunque en ese momento me entraron ganas de matarlo muy despacio.

Sólo de pensar que podía seguir con ella en su cuarto hacía que me pusiese enfermo. Tuve que salir de la Compañía y tomar aire muy despacio mientras contaba hasta cien para no volver allí y tirarlo por la ventana.
Fue en ese momento cuando Avispa me llamó al móvil, y decidí que a la mañana siguiente tomaría un tren para ir a Hidden Springs y hacerle una visita al tal James Graham...