viernes, 20 de marzo de 2015

PERSONAJE: Chloe Dubois (Avispa)

Música: Ben Howard - Oats in the water


“Voy a pillar a ese cerdo hijo de perra, y cuando lo haga deseará no haber nacido”

Rasgos Generales:

Nombre real: Chloe Dubois
Edad: 25 años
Raza: Humana
Origen: Bridgeport
Signo: Tauro
Color: Negro
Música: Punk
Comida favorita: Hamburguesa doble con queso y pepinillo.
Trabajo: Espía y hacker en “Las Sombras”
Aparece por primera vez en…Capítulo XIII (Primera Temporada)
Familia: Ángela (Hermana), Carol Dubois (Hermana), Aline Dubois (Madre)

Rasgos físicos:

Altura: 1, 55 m.
Peso: 45 Kg.
Ojos: Azules.
Cabello: Negro.
Detalles: Chloe es una chica bajita y extremadamente delgada, a simple vista podría confundirse con una adolescente poco desarrollada o incluso con un chico. Suele llevar el pelo muy corto rapado por  debajo y echado a un lado de la cara. Es muy difícil saber cómo se siente o en qué está pensado ya que su mirada y sus gestos suelen ser siempre neutros. Suele vestir con vaqueros gastados, cazadoras de cuero y camisetas de tirantes negras o de colores oscuros. Tiene piercings en las orejas, nariz, cejas, pezones, ombligo y la lengua y varios tatuajes, el más llamativo es un enorme dragón que ocupa su brazo izquierdo, hombro, espalda y parte del pecho.

Rasgos de personalidad:

Experta en ordenadores: Aunque dejó sus estudios en el instituto y nunca llegó a  formarse en ello, Chloe siempre ha tenido un talento especial para entender el manejo de los ordenadores. Su capacidad innata para retener y analizar la información, programar y su tremenda curiosidad han hecho que se convierta en una valiosa pieza de las Sombras y una gran investigadora y hacker.

Perfeccionista: Las cosas incompletas, mal hechas o mediocres no encajan en su forma de actuar y trabajar. Cuando algo no le interesa lo suficiente para esforzarse en hacerlo bien sencillamente no lo hace, pero si acepta un trabajo puedes estar seguro de que con casi total seguridad lo hará impecablemente.

Perspicaz: Chloe tiene memoria fotográfica, y es capaz de retener detalles en su cabeza de forma muy precisa, algo que la convierte en una valiosa investigadora.

Rebelde: Chloe no se rige por normas sociales ni de ningún tipo, tiene su propio código ético y prácticamente hace lo que le da la gana cuando le da la gana. Y tampoco le interesa lo que piensen los demás de ella, a quien no le guste su forma de actuar que se peine.

Sin sentido del humor: A veces puede ser bastante difícil tratar con ella, no sólo por su humor nulo o seriedad, sino porque es bastante inepta a la hora de entender el lenguaje no verbal y suele tomarse cosas como el sarcasmo o la ironía bastante al pie de la letra.

Cualidad especial: Memoria fotográfica.

Le gusta: La comida basura, el café, resolver problemas matemáticos complejos, fumar y el pvp en juegos online.

Odia: No le gusta nada cocinar ni limpiar, y en general las tareas domésticas. Odia a los hombres que odian a las mujeres (¿os suena?). Que le maten en pvp.

Defectos: Chloe tiene muy poca empatía y una nula capacidad para notar el malestar en los demás, por lo que se debe ser bastante claro con ella para que entienda las cosas, sin medias tintas ni indirectas. Puede resultar bastante borde y seca, pero no significa que no se preocupe por las demás personas, sino que le cuesta entenderlas. Su forma de ser tan cerrada y compleja la convierte en una persona bastante inadaptada socialmente, que prefiere estar sola o rodearse sólo de un círculo muy cerrado de confianza.

Virtudes: Chloe tiene un código moral muy estricto, que le hace tomar parte de forma muy activa e implicarse cuando ve por ejemplo un claro abuso de poder o una injusticia. Puede llegar a ser una gran aliada gracias a sus grandes dotes como investigadora, y conseguir información que pocas personas podrían llegar a lograr por métodos normales.

BIOGRAFÍA:

Pasado:
Chloe nació en Francia y junto a ella lo hizo también Carol Dubois, su hermana menor por minutos.
Antes de sus nacimientos, su madre tuvo otra hija, y antes de eso fue una reconocida actriz en su país que prácticamente dejó de trabajar al conocer al que se convertiría en su esposo y padre de sus hijas.

De su infancia, Chloe guarda con recelo gracias a su memoria todos los momentos vividos con su familia, especialmente aquellos que marcaron su carácter y la traumatizaron desde muy pequeña.

Tuvo que crecer viendo a su padre borracho aprovecharse de su madre continuamente y darle palizas, y tuvo que hacerse fuerte por ella y por su hermana pequeña, protegiéndola en todo momento de los breves momentos en los que su padre, harto de los ruegos de su esposa les prestaba atención a “sus pequeñas zorrillas”, como él las llamaba cariñosamente.

Por suerte y por desgracia, toda esa pesadilla acabó el día que su padre se pasó de la raya y acabó con la vida de su madre, siendo detenido inmediatamente y metido en la cárcel.

Tras la muerte de Aline, su hermana Ángela se hizo cargo de ellas llevándoselas a un piso de alquiler y trabajando noche y día a la vez que compaginaba sus estudios para poder mantenerlas.

Chloe y Carol fueron al instituto como cualquier chica de su edad, y mientras la pequeña se hacía popular y trataba de olvidar todo lo ocurrido con mayor o menor éxito, Chloe albergaba en su cabeza las escenas más duras de su pasado, especialmente del día en que su madre murió, pues ella fue la única que vio cómo la mataba.

Chloe llegó a odiar ese “don” que le hacía recordar todo con horrible exactitud, y se llegó a odiar a sí misma por no haber podido defender a su madre del cabrón que les arruinó las vidas. De modo que pasó su adolescencia sumida en una espiral de remordimiento y rabia que marcó su forma de ser hasta el presente.

Actualidad:
Chloe casi nunca habla de sí misma y mucho menos de su pasado, bastante tiene con recordarlo día tras día. Y su presente consiste en ayudar a matar a vampiros y disfrutar a su manera de los pocos momentos que tiene para sí misma.

La mayor parte de su tiempo libre lo emplea enfrascada en una investigación personal muy importante para ella, que no piensa abandonar hasta descubrir lo que quiere.

Desde la niñez siempre ha mostrado un carácter rebelde y agresivo hacia todo aquel que intente aprovecharse del más débil, y debido a sus experiencias decidió luchar activamente en contra de éstas personas, especialmente contra los vampiros, a los que no les tiene mucho aprecio por culpa del ex novio de su hermana Ángela.

Actualmente trabaja para las Sombras, y aunque es la única humana sin poderes sobrenaturales que pertenece a la Organización, se le considera de los miembros más valiosos gracias a sus dotes informáticas y sus capacidades como investigadora.

Mantiene una relación con Mantis, miembro también de las Sombras, con la que tiene cierta afinidad a pesar de ser vampiresa, pero hay algo que no permite, y es que ésta le imponga nada ni use sus poderes con ella, y ni mucho menos que se alimente de su sangre.
Aunque se conocen desde la adolescencia y han pasado muchas cosas juntas, Chloe no tiene intención de atarse ni da muestras de confiar completamente en su pareja. Sabe que Mantis haría cualquier cosa por ella, pero no ha llegado a perdonarle que se transformase en aquello que más odia.

Voz del personaje:

María Moscardó (Lisbeth Salander)


Si fuese real sería como…

Noomi Rapace (Actriz)
No podía ser menos, ya que la basé en este personaje. He elegido la versión de Lisbeth sueca pues es la que personalmente más me gusta (la actriz es mi debilidad), y es la primera que hizo que me enamorase del personaje y leyese las novelas.

Fuentes de inspiración:

Lisbeth Salander:
No es que sea una fuente de inspiración, es que es directamente una adaptación propia de Lisbeth al mundo de Hijos de Édora, por lo que dejo muy claro que este personaje no me pertenece a mí ni mucho menos, sino que pertenece al autor de las novelas donde es protagonista (Saga Millenium de Stieg Larsson). Yo lo que he hecho ha sido adaptarlo a mí historia y tomarlo como ejemplo porque me encanta, tan sólo soy una fan más del personaje y he considerado que podría ser curioso tenerla dentro de las Sombras ^^

Aunque la trama no es la misma, las claves de ésta están basadas en la historia de Lisbeth Salander en las novelas (hermana gemela, pasado tormentoso debido al maltrato de su padre hacia su madre, personalidad, memoria fotográfica, síndrome de Asperger, dotes de hacker, nombre en clave, etc.)

También quiero dejar muy claro que en la novela principal este personaje no sale, y que sólo hace su aparición en el blog, al igual que hacen otros cameos personajes de otros autores como Zevran y Fenris del Dragon Age.

Antigua apariencia del personaje:
Avispa ha sido uno de los personajes que ha sufrido cambios físicos rotundos a lo largo de la serie, a partir del capítulo XXVI cambié el Sim que usaba para ella por uno que se ajusta mejor al personaje.

domingo, 1 de marzo de 2015

¡Y se desveló el secreto! (Nuevo capi)

¡Buenas noches chic@s!

Aquí os traigo un nuevo capi, y puedo decir que en él se descubrirá por fin uno de los misterios de la serie mejor guardados, aunque supongo que más de uno y una ya se imaginaba de qué trataba el asunto.

Pido disculpas por los fallos que tienen algunas imágenes, como que las sábanas de la cama estén hechas y que el arma de Thaerion no esté bien posicionada en algunas poses, pero tuve que crear algunas yo misma y no tenía ni tiempo ni ganas para aprender a hacer la pose ajustando el accesorio.

Por lo demás espero que el capi os guste y no se os haga muy pesado a los que no os gusta demasiado las partes de investigación. 

¡Un beso muy grande y espero poder traer el siguiente relativamente pronto!

Capítulo XXIX: Verdades a medias II

(Hidden Springs, 11 de Marzo de 2011)

Era la primera vez que cogía un tren para hacer un recorrido tan largo, y el viaje se me hizo especialmente tedioso.
En primer lugar, no estaba muy acostumbrado a estar tan cerca de tantos humanos juntos después de mi “recaída”, y aunque no suponían un gran aliciente para Kaele temía que mi sed volviese a despertar encerrado en aquel sitio.

Me pasé la mayor parte del tiempo sin despegar la nariz del cristal de mi asiento (por suerte me tocó ventanilla), y tratando de mentalizarme de lo poco que me ayudaría montar un espectáculo ahí dentro.
A mi lado viajaba una chica con voz chillona y problemas de vocalización que no dejaba de hablar por el móvil sobre sus cosas, tan carentes de interés que me hubiesen ayudado a dormir si no fuese porque más que contar su vida parecía que la estaba pregonando. Pero entre silencio y silencio conseguí echar alguna cabezada.

La noche anterior no había dormido nada, pues la pasé todo el rato pensando en Alidaen y lo que estaría haciendo con ese italiano, así que aproveché para recuperar fuerzas y ya de paso intentar que el viaje se me hiciese más corto.
Tras ocho horas encerrado, llegué a mi destino, y me sentí gratamente sorprendido al salir fuera de la estación y echar un vistazo al paisaje.

Era un lugar muy hermoso, se respiraba aire limpio y el tranquilo ambiente que lo rodeaba resultaba reconfortante después de tanto ruido y cháchara insustancial.
Sabía que no podía demorarme mucho tiempo, pero aun así me permití el lujo de tomarme un descanso y disfrutar del paisaje dando un paseo mientras oscurecía.

Hidden Springs tenía fama por ser el lugar donde los ricos y famosos solían pasar las vacaciones y relajarse, y poseía las comodidades propias de la clase alta de la sociedad. Pero lo que a mí me atraía no eran las lujosas tiendas, campos de golf o spas modernos. Lo que me llamaba la atención era el aura sobrenatural que rodeaba todo y que me atraía irremediablemente hacia sus bosques y colinas, y en especial hacia un pequeño lago situado a los pies de una catarata.
Estaba seguro de que ahí había algo más oculto a simple vista, y que de quedarme podría descubrir algún que otro secreto oculto bajo sus aguas. Pero no tenía tiempo que perder, y tras un par de horas después del anochecer, decidí dirigirme hacia el “pequeño” retiro del tal James Graham.

***

Parecía que el tipo se lo había montado bastante bien después de sus problemas con la justicia y su bache económico. Y aunque la suya no era de las casas más lujosas de la zona, se notaba que le gustaba la buena vida y el lujo.

Aunque tenía una extraña fascinación por los gnomos de jardín y, en mi opinión, un pésimo gusto decorativo.
Avispa me había proporcionado la contraseña de entrada de la valla de seguridad y la puerta principal, y esquivar a los perros no fue un gran problema, pues no solían notar mi presencia de noche, así que tardé menos de cinco minutos en llegar y estar a salvo dentro del edificio.

Los ronquidos del cirujano me recibieron al abrir la puerta, así como un fuerte olor a incienso. No había cámaras de seguridad ni detectores de movimiento dentro de la casa, pero aun así sentí la mirada de docenas de ojos clavados en mi figura.

-          Menudo templo tiene aquí montado…- susurré.
Música: Batman Begins OST - Nycteris

Había imágenes de santos, vírgenes y hombres crucificados por todas partes. Por lo poco que sabía sobre la religión de los humanos en ese mundo, aquella era la representación de uno de sus dioses. Específicamente del dios de la religión católica (o su hijo, no estaba seguro). Al parecer, había distintos tipos de religiones dependiendo de la cultura o zona en la que vivían los humanos. A veces, los dioses se repetían, y otras veces adquirían formas muy abstractas y, en ocasiones, hasta completamente absurdas.

En mi mundo pasaba algo parecido, sólo que los dioses eran siempre los mismos adoptando distintos nombres y apariencias. Y nadie dudaba de su existencia, pues los Alados  (Vanar y Dalar) éramos la prueba más clara de su presencia en Édora. Dejar de creer en ellos era como negar que existe el aire que respiramos, aunque no todo el mundo estaba de acuerdo con sus mandatos y se oponían a que sus vidas girasen en torno a sus caprichos.
Graham parecía un hombre muy creyente, pues allí donde iba me acompañaba siempre la mirada de alguno de sus santos.

Me preguntaba qué pensarían ellos de las extrañas prácticas de su siervo, y si estarían de acuerdo con sus actos. Pero de todas formas yo era el menos apropiado para juzgarlo, así que me limité a hacer mi trabajo y seguir adelante ignorando sus miradas. Si les diese por juzgar los míos seguramente acabaría ardiendo en su infierno. 

Menos mal que mi dios no era tan delicado en ese sentido, de hecho, por lo poco que conocía de él sabía que era bastante…duro, por decirlo de una forma suave. Pues parecía que provocar la muerte a otros era el mejor modo de tenerlo satisfecho.

Lo primero que hice fue asegurarme de que no había nadie más en la casa aparte del cirujano, y después busqué su despacho para encender su ordenador e instalar el programa que Avispa me había proporcionado para espiar a sus contactos directamente desde su pc y tener los movimientos de Graham controlados.
De este modo, si alguno de ellos se ponía en contacto con él también lo haría con Avispa sin saberlo, y podríamos obtener la información de forma más rápida y eficaz. También podía hacer copias de seguridad de su ordenador, y tener acceso completo a sus datos.

Lo mejor de todo es que el programa estaba diseñado para que ningún antivirus de los que había actualmente en el mercado pudiese detectarlo.

Avispa había llamado “Sombra” al programa, un nombre poco original pero adecuado por su función.
Mientras se instalaba, eche un rápido vistazo al despacho de Graham.

Para empezar, era el único lugar de la casa donde no había imágenes de santos. Supongo que no querría sentirse tan observado allí dentro.
En uno de los cajones encontré una fotografía donde salía él con una mujer de su misma edad bastante atractiva, por esa época los dos debían rondar los cuarenta años. Junto a ellos posaba también una chica de unos quince, bastante parecida a la que supuse que sería su madre.

Por lo que sabía de él, había estado casado antes de divorciarse poco después de que se destaparan todos sus escándalos y había tenido una hija. Las dos vivían actualmente en Sunset Valley y no tenían apenas contacto con el cirujano.
Rebusqué por encima algo que pudiese ofrecerme información extra, pero no encontré nada de utilidad en ese cuarto y preferí no arriesgarme demasiado.

Había venido a hablar directamente con él, no a buscar más pruebas.

Tras la instalación, apagué el ordenador y dejé las cosas como estaban antes de subir al dormitorio principal donde Graham dormía apaciblemente.
La habitación era bastante amplia, decorada con muebles de madera maciza y tallada. Sobre la mesita de noche reposaba una biblia, unas gafas para leer y un bote de pastillas para dormir.

Había una gran estantería junto a la ventana plagada de libros sobre medicina, historia y religión. Sus tres pasiones aparte de las menores rusas.

Me fijé en él. Tenía 65 años pero aparentaba algunos menos. Tenía el cabello hirsuto pero abundante salvo por las entradas en la zona de las sienes, completamente blanco. Por sus rasgos se podía adivinar que en su juventud debió de ser un hombre atractivo, aunque se notaba que había recibido algunas “mejoras” estéticas que a cierta edad desentonaban bastante con sus rasgos. Sus labios eran más gruesos de lo normal, pero estaban algo caídos, y la piel de sus mejillas estaba demasiado estirada en comparación con las arruguitas que se formaban en su frente, ceño y barbilla, y hacía que pareciese que alguien le estaba estirando la cara desde atrás.
Un hilillo de baba se asomaba de la comisura de sus labios mientras roncaba ajeno a mi examen. A simple vista no parecía nada peligroso, pero sabía que tipos como él eran capaces de cometer todo tipo de actos horribles si tenían delante a la víctima adecuada.

Y él no era ningún santo por lo que habíamos podido averiguar.

Cubrí mi rostro y saqué mi arma antes de pegar una patada a los pies de la cama.

- Despierte.
Él abrió los ojos con dificultad y me miró confuso. Tardó unos segundos en adaptarse a la oscuridad del cuarto y ver que le estaba apuntando a la cara.

- ¿Q-Qué…?
-          Guarde silencio y escúcheme bien. No voy a repetirme dos veces. Si colabora y me dice lo que quiero saber seré breve y no le haré ningún daño.

-          ¿Quién…quién es usted?

-          Eso no le importa. Limítese a responder a mis preguntas – le ordené.

Graham hizo el amago de incorporarse para sentarse, pero el chasqueo del seguro fue suficiente para hacerle cambiar de idea.
-          Si lo que quiere es el dinero le diré donde lo guardo…pero por favor…

-          ¿Le he pedido que hable? – inquirí cortante.

Negó con la cabeza, y yo me dirigí hacia la mesita para encender una de las lámparas sin dejar de vigilarle. No me perdió de vista un instante.

-   Voy a enseñarle unas fotografías, y usted me dirá si le suenan de algo. Si me miente lo sabré, así que más le vale ser sincero.

Él asintió y yo saqué varias fotografías del interior de mi chaqueta, en ellas se veían los locales donde encontramos la sangre de las chicas.
-          ¿Le suenan de algo estos lugares? – dejé que los viese con calma.

-          N-no…

-          No me mienta – le advertí.

-          Parecen sacados de alguna película de terror, yo no he estado en un sitio así nunca.

-  Ahí dentro se torturaron a cuatro mujeres, y la sangre que encontramos no era de atrezzo, una de ellas pertenecía a una mujer que trabajaba para un amigo suyo.

- ¿Un amigo?
-          Johan Hamming ¿Lo recuerda?

Graham tragó saliva y apartó la mirada de las fotografías. Guardó silencio unos instantes y logró sobreponerse un poco a su miedo inicial para hablar con más calma, simulando cierta dignidad.

-          Hace años que no sé nada de él, yo no tengo nada que ver con sus asuntos.

-          Pero supongo que sabrá que ha muerto.

-          Algo vi en las noticias, pero como ya le he dicho hace años que no teníamos ningún contacto.

-          Más o menos desde que le denunciaron por acosar a sus clientas ¿no?

El tipo me fulminó con la mirada.
-          Falacias, al final se demostró que lo que querían esas mujeres era sacarme el dinero.

- Y al parecer lo hicieron muy bien. Tengo entendido que pasó algunos momentos bastante duros económicamente.

-          ¿Ha venido a importunarme por eso? Todas esas cuentas ya están perfectamente saldadas con la justicia y no tengo por qué darle explicaciones.

- Al contrario, si tiene que hacerlo. Porque en caso contrario apretaré el gatillo y su mayor problema pasará a ser lo sucia que dejará la almohada con sus sesos desparramados por ella. Así que hable. ¿Tuvo algún contacto con Hamming después de sus problemas con la justicia?
-          No, ninguno. No podía arriesgarse a que su intachable reputación quedase en entredicho al relacionarse conmigo.

No me pasó desapercibido cierto sarcasmo en su tono de voz. Pero sabía que estaba mintiendo, aun así dejé que continuase con la farsa.

- ¿Y sabe si tuvo algo que ver con la desaparición de esas mujeres? Como uno de sus amigos más cercanos debía conocerlo muy bien.

-          Hamming tendría muchos defectos, pero no era ningún asesino.

- Una de esas mujeres era su secretaria, la señorita Murray, con la que supuestamente mantenía una relación íntima.
-          Esa golfa…- se detuvo, pero no a tiempo para evitar el insulto –…esa mujer intentó chantajearle tras su despido. No se llevaban bien, y él le dio un generoso finiquito y la apartó de su lado. Pero ella no estaba satisfecha y le hizo la vida imposible durante meses, estaba obsesionada con él.

-          Así que admite que tenía motivos de sobra para querer quitársela de en medio.

-          Nunca le puso una mano encima, si a eso se refiere.

-          No hace falta usar las manos para quitar a alguien de en medio, sobre todo si se es rico.

-          Hamming no era ningún monstruo, todas las sospechas sobre él fueron injustificadas y desechadas en la investigación.
-          Parece que está al día sobre sus asuntos –admití sonriente. -  A pesar de que por esa época ya no tenían ningún tipo de relación.

Graham se mordió el labio y vi de nuevo el miedo en sus ojos.

-          P-puede que mantuviésemos alguna que otra charla telefónica.

-          ¿Sólo charlas telefónicas?

-          S-si – asintió convencido - una o dos veces como mucho.

- Es extraño – reconocí – entonces supongo que una de esas dos charlas debió de ser bastante larga. No se hacen tratos como este en cinco minutos.
Saqué un fajo de papeles y se los lancé encima. Él los examinó extrañado y abrió los ojos de par en par al descubrir de qué se trataban. Pero aun así intentó hacerme creer que era la primera vez que los veía en su vida.

-          N-no…no sé qué es todo esto.

-          Yo se lo diré. Son cantidades de dinero que usted ha estado recibiendo periódicamente desde Septiembre del año dos mil ocho hasta el mismo mes que Hamming desapareció.

-          ¡Eso es falso! ¡Ni siquiera están a mi nombre!
-          Eso es cierto, al menos algo hizo bien – admití. - Adoptar esos nombres y apellidos falsos para que no le asociasen con su pasado y poder recibir todo ese dinero sin levantar sospechas fue una jugada inteligente.

-          ¡No sé de qué me está hablando!

Se me estaba agotando la paciencia, así que volví acerqué mi arma a su frente para que el frío metal de la boquilla le despejase la mente un poco.
-          ¿Niega que Edwind Andersen sea usted y haya estado ejerciendo ilegalmente como cirujano plástico?

-          N-no es…

Acerqué mi dedo al gatillo.
-          ¡Si! – admitió - ¡Puede que usase ese nombre!

-          ¿Y niega haber recibido todo ese dinero?

-          Yo…estaba pasando un mal momento económico…no pude negarme…

-          ¿Quién se lo ofreció?

Guardó silencio, temeroso.

- Mi paciencia tiene un límite y le advierto que lo está sobrepasando.
Música: Fury OST - Steven Price

-          Fue él…Hamming, m-me ofreció todo ese dinero a cambio de un favor…pero n-no es lo que piensa…yo no maté a nadie ¡lo juro! ¡No tuve nada que ver con esa chica!

-          Entonces dígame qué hizo.

Silencio de nuevo. Esta vez le golpeé con el arma y emitió un leve sollozo.

-          ¡Hable!

-          ¡Me pidió que la operase!

-          ¿A su secretaria?

-          S-si…pero no a Sarah - reconoció. – Fue a la otra…la nueva…

La sospecha hizo que el pulso me fallase.
Alidaen había empezado a trabajar para él un año después de la desaparición de Sarah.

-          Dime su nombre – le ordené.

-          N-no…no lo recuerdo…era extraño - parecía tener que hacer un esfuerzo para recordar. – ¿Ala…Aline?

-          ¿Alidaen?

Me miró sorprendido, pero no se atrevió a negarlo.
-          No estoy seguro, pero a ella la recuerdo bien. Era una joven muy hermosa. Tenía las orejas de punta y la piel muy fresca y tersa, y su pelo dorado…era como acariciar el agua…- su tono ensoñador hizo que me entraran ganas de estrangularle, pero en seguida se recompuso, como si hubiese sido un acto involuntario.

Carraspeo y vio que le estaba mirando muy fijamente, lo que vio en mis ojos no debió de gustarse pues se puso a temblar descontroladamente.

Di varios pasos hacia atrás casi inconscientemente.
-          P-por favor… ¡yo no quería! ¡pero él dijo que si no lo hacía traería el mal a este mundo! ¡dijo que no era humana, que era un engendro de la naturaleza y yo debía impedir que se reprodujese!

Las palabras se sucedieron de forma atropellada, mientras me confesaba entre sollozos cómo la habían llevado a rastras hasta la sala de operaciones donde muy de vez en cuando seguía trabajando como cirujano y la sedaron para que se estuviese quieta. Cómo le había fijado las ataduras a sus muñecas y tobillos y cómo la había abierto para comprobar horrorizado que Haming tenía razón y era el engendro del que hablaba.
-          ¡Nunca había visto algo así! Sus órganos reproductores…no eran humanos…no sabía…no sabía lo que debía hacer…no tenía ovarios…y su útero tenía una forma diminuta, y e-estaba obstruido por extrañas ramificaciones. Era imposible que pudiese alojar una criatura en un interior tan pequeño. Le dije a Hamming que con esas características debería ser estéril, pero aun así me obligó a seccionar el útero para que no pudiesen fecundarla…

Siguió relatando datos más técnicos sobre la operación y el modo en que su cuerpo había reaccionado al proceso. Me confesó con lágrimas en los ojos que había estado a punto de morir porque era incapaz de tratarla como era debido, no poseía ni los conocimientos ni el instrumental adecuado para operarla, pero que Hamming le había amenazado con despedazarle si no lograba hacer que despertase. Decía que a pesar de todo él creía que velaba por su seguridad y la de todo el mundo, y que lo que estaba haciendo era lo correcto.
Tardó dos semanas en hacerla despertar, y cuando lo hizo estaba completamente traumatizada, pues al parecer una parte de su cerebro siguió consciente durante todo el proceso. Intentó huir de la clínica, pero Hamming no permitió que la soltase hasta que estuviese completamente recuperada.

Las palabras se convirtieron en puñales, y dolían como si me estuviesen atravesando las entrañas a mí mismo.

Cerré los ojos para obligarme a mantener la calma, hasta que finalmente dejé de escucharlas.
El sonido incesante de sus sollozos y su odiosa voz había sido sustituido por el de resuellos desesperados, y al abrir los ojos vi que tenía su arrugado cuello entre mis manos y sus ojos abiertos de par mirándome horrorizados.

-          ¡Silencio! – le ordené, separando con dificultad las manos para soltarle y empujarle contra el cabecero de la cama.

Tomó una amplia bocanada de aire y se llevó las manos a la garganta.
-          Le…le he contado…todo – hablaba con dificultad en un hilillo de voz.

-          He dicho que se calle…

-          Dijo…dijo que no me haría…daño…

Sus palabras golpeaban en mi cabeza.

“Era un engendro de la naturaleza…”

La había atado a una camilla y abierto en canal como a un puto sujeto de experimentos.
No podía quitarme de la cabeza aquella imagen de la cabeza.

Había estado a punto de matarla.

Ni siquiera me di cuenta de que había dejado de sujetar el arma y reposaba sobre la cama hasta que le vi abalanzarse sobre ella como el sediento al ver un oasis.

Me lancé sobre él para apartarlo del arma y le volví a agarrar del cuello, inclinándome hacia delante con los colmillos desplegados para desgarrarlo, al tiempo que apretaba mis manos para dejar de escuchar sus penosos quejidos.
Se debatió contra mi peso durante unos segundos, arañando mi cara y quitándome el esbozo que ocultaba mi rostro en un intento desesperado por defenderse, pero no tenía nada que hacer.

Iba a morir por lo que le había hecho.