sábado, 25 de julio de 2015

CAPÍTULO XXXIV: El Rito

❧❃❧ CAPÍTULO XXXIV: El Rito ❧❃❧

♫ The Witcher 3- The Fields of Ard Skellig ♫

El sonido de su voz hizo que despertase de golpe, confuso y somnoliento tras el sueño.

- ¡Thaerion!
-          Estás a salvo…- susurró aliviada.

La abracé con todas mis fuerzas, besando su pelo rubio al tiempo que mi cerebro intentaba encajar las nuevas piezas del puzle que al unirse daría lugar al tapiz de mi pasado.

El dibujo…ese rostro. Era ella, tenía que serlo. Mi dalariel.

- Te recuerdo.
 Volví a estrecharla contra mi pecho, temiendo perderla de nuevo, olvidar su recuerdo. Pero ella se separó lo suficiente para poder mirarme a los ojos. Parecía algo contrariada.

-          Tu rostro, eras tú. Alidaen – a medida que hablaba los fragmentos que recordaba cobraban cada vez más sentido. - Fui a buscarte cruzando aquel portal, pero me impidieron volver a verte y lo destruyeron para asegurarse de que no volviese.

-          Eso no importa ahora, mi amor.

Trató de silenciar mis palabras con sus besos, y aunque los necesitaba sentía que en parte no quería escuchar lo que decía, e insistí alejándome de sus labios con dificultad para seguir hablando.
 -          Te buscaba sin descanso, pero yo ya no formaba parte de este mundo – le confesé, haciendo un nuevo esfuerzo para hablar y no caer preso de aquellos ansiosos ojos verdes, pero debía hacerlo, temía que si dejaba de hablar ya no recordaría nada. - Me habían alejado de ti, y no existía otra forma de volver. Me odiaba a mí mismo por haber faltado a mi palabra.

-          No me importa. Ya estás aquí. Bésame – insistió con un tono de voz más impetuoso que apasionado.

-          Alidaen…- pronuncié su nombre algo confuso al tiempo que observaba como las pequeñas motitas doradas de su iris comenzaban a expandirse hasta convertir sus ojos en dos brillantes orbes color miel.
 -          Bésame… – repitió, terminando por romper la frágil fortaleza que me separaba de sus labios - ...y olvídame de nuevo.

El frío contacto de su boca fue tan doloroso como un puñal hundido en mis entrañas, y no el ardiente refugio que había esperado encontrar al volver a verla. Me sentía atrapado, a punto de caer en una oscuridad más profunda que la que ya envolvía mi memoria antes de llegar ahí.

Intenté apartarla para ponerme a salvo y retener los recuerdos que, al parecer, quería volver a arrebatarme.
 -          ¿Por qué? – pregunté dolido.

-          No es la hora – respondió con una sonrisa cruel. – Antes debes sellar el vínculo.

-          ¿El vínculo? ¿Cómo puedo…?

Alzó las manos a modo de respuesta, estaban manchadas de sangre.

Bajé la vista hacia mi abdomen y vi el origen de ésta, antes de escuchar el desgarrador grito que logró sacarme de golpe de esa pesadilla y darme cuenta de que realmente me estaba desangrando, y que no era Alidaen a quien había estado viendo realmente…sino, muy probablemente, a la persona responsable de mi pérdida de memoria.

❧❃❧

- ¡Imbécil, idiota! ¿Pero qué has hecho? – gritaba mientras presionaba la herida con mis manos, tratando inútilmente de parar la hemorragia.
 Quería golpearle repetidas veces contra la roca para ver si reaccionaba, ser yo misma quien le rematase por cometer semejante locura. Pero ni él era consciente de lo que hacía mientras yo corría con las pocas energías que me quedaban intentando llegar a tiempo para evitar aquel desenlace.

Ni siquiera estaba despierto, parecía estar soñando mientras murmuraba algo que no oí hasta que estuve lo suficientemente cerca.

Algo sobre un vínculo.
 -          ¡Abre los ojos, por favor! – grité desesperada. Percibiendo cómo poco a poco mis atenciones servían de algo y despertaba de su letargo.

-          ¿Alidaen…? – sus ojos parecían aliviados, pero al posarse en la herida que tapaba con mis manos el alivio tornó en cierta preocupación. – Mierda.

-          ¿Estás bi…? – yo misma me interrumpí ante la estupidez de mi pregunta. – Está claro que no… ¿puedes incorporarte? ¿Te desangrarás si te suelto? ¿Te duele…? ¿Vas a morir? ¡Por favor no te mueras! ¡Dime qué hago, joder, me estoy poniendo histérica!

- Ummhfff…menos mal que no te dio por dedicarte a la sanación…menuda forma de tratar a un herido – se quejó con la voz apagada pero con la misma chulería de siempre.
 Aquello hizo que me calmase un poco y al menos dejase de decir tonterías. Le miré con lágrimas en los ojos y le ayudé a incorporarse muy despacio al ver que hacía el amago de hacerlo él sólo. Gruñó unas cuantas maldiciones en turco (por lo menos), y se mordió el labio con fuerza otras cuantas veces. Pero finalmente logramos que se sentase.

-          No voy a morir, relájate - me dijo con una sonrisa algo forzada por el dolor – Al menos de momento.

- Ni de momento ni hostias – le contradije frunciendo el ceño. – Te prohíbo que mueras.
 -          Vale, vale. Cualquiera te contradice… – contestó con una leve risa seguido de un potente gruñido. – Pero tenemos que vendarla, ayúdame a quitarme esto.

Asentí y me dispuse a desvestirle agarrando la tela de la camiseta para tirar de ella hacia arriba con más torpeza que un burro con manoplas.

-          ¡Para, para, para! – me rogó, sin poder aguantar la tortura a la que estaba sometiendo (y que bajo mi humilde opinión tenía más que merecida por hacerme pasar semejante calvario). - ¿Por qué no usas mejor…? – posó la vista en la daga teñida de sangre que había en el altar y después negó para sí mismo. – Mejor lo hago yo.

- ¡Ni en broma!
 Le di un manotazo para apartarlo de la dichosa daga, y yo misma la empuñé con algo de temor pero decidida a ser la única que la usase esa noche.

-          Está bien…- dijo con reticencia mientras se sujetaba la herida.

A pesar de estar perdiendo bastante sangre parecía muy calmado y despierto tras la confusión inicial. Así que yo intenté comportarme de la misma forma y demostrar que podía desgarrar un simple trozo de tela sin perder la calma.
 Él tragó saliva muy despacio y observó el metal de la punta de la daga con tanto temor mientras la manejaba que me sentí ofendida y le amenacé con ella.

-          ¿Qué pasa? – pregunté, terminando de cortar un trozo y acercándola a su cuello -Te recuerdo que el que ha estado a punto de matarse aquí con ella has sido tú.
 -          V-vale, vale… ¡pero aleja esa arma de destrucción masiva en tus manos de mi cuello!

Parecía realmente asustado ¿de verdad creía que podía llegar a hacerle daño intencionadamente?
 Bajé el arma y la lancé muy lejos, apartando la mirada para evitar enfadarme más todavía.

-          Ahora rasga la tela – me pidió adoptando un tono más amable y sereno.

Resoplé y acaté su orden, retirando la tela oscura de su cuerpo y viendo por primera vez el resultado de su estúpido arrebato cuando apartó su mano muy despacio para ver la herida.

Al hacerlo su sangre comenzó a salir a borbotones y volví a ponerme histérica.

-          ¡Te odio! ¡Imbécil! ¡Mira lo que has hecho!

Él taponó la herida con una mano y me acarició la mejilla con tanta ternura que se me volvieron a saltar las lágrimas.
 -          Lo haría de nuevo si al despertar tú volvieses a estar aquí para sanar mis heridas.

-          Pero soy una pésima enfermera…- repliqué llorosa.

-          La peor que existe – afirmó sonriente. - Y la única que quiero a mi lado.

Le miré a los ojos mientras él captaba mis lágrimas con su dedo. No podía dejar de llorar, no era capaz de articular palabra después de escuchar aquellas palabras viniendo de él.

Si le perdía...

- Ni se te ocurra volver a dejarme.
 -          No me voy a ir a ningún lado, Alidaen – dijo con seguridad. – No va a matarme un simple corte.

-          Prométemelo.

Rozó mis labios despacio, recorriéndolos con la yema de sus dedos y observando la forma en que se entreabrían para probar el sabor de la sal de mis lágrimas mezclado con el de su sangre.

- Te lo prometo – susurró inclinándose despacio hacia mí para besarme.
 Esperé ansiosa la llegada de sus labios, pero soltó un hondo suspiro y se apartó como si la herida le quemase.

-          Lo siento… ¿Te duele mucho? – yo y mis preguntas absurdas.

La próxima vez me dejaba de soltar tonterías y le besaba yo.

- No es la herida lo que más duele – contestó hablando con dificultad.
 -          ¿A qué te refieres?

-          No importa. Ayúdame a hacer tiras con la camisa y a vendarla – se retiró.

-          E-está bien.

Gracias a sus indicaciones terminé haciendo un buen trabajo, y al menos dejó de sangrar de esa forma. Cuando hube terminado tenía las manos llenas de su sangre. Temía que hubiese perdido demasiada y no pudiese ni incorporarse, ya que aunque intentaba parecer fuerte para no preocuparme notaba que estaba cada vez más débil.
 -          ¿Por qué lo has hecho? ¿A qué ha venido todo esto?

-          N-no lo sé…estaba soñando contigo.

-          ¿Conmigo?

Asintió.

-          Aunque no recuerdo bien lo que ocurría, nos besábamos y después…era como si algo me obligase a hacerlo - bajó la vista hacia la herida.

Frunció el ceño con gesto concentrado, pero el dolor le impedía pensar con claridad y terminó sacudiendo la cabeza.
♫ A Dream Within a Dream - Nox Arcana ♫

 Entonces recordé el día de nuestro reencuentro. Cuando probé su sangre por primera vez.

Él me había ofrecido ésta para sanar mis heridas. Y tuve una idea.

-          ¡Espera aquí!

Corrí hacia el lugar donde había lanzado la daga y volví con ella en las manos, haciéndome un corte en la mano mientras ignoraba sus protestas.

-          Bebe de mí, así te recuperarás.

Abrió mucho los ojos, observando la herida casi con vehemencia, pero la rechazó en cuanto acerqué mi mano lo suficiente para que pudiese olerla. Apartándose de ella con gran esfuerzo.
 -          No sabes lo que me estás pidiendo…no tienes ni idea – me reprochó.

-          Tú me diste tu sangre y sanaste mis heridas. Todas.

Me incorporé y levante mi camisa para enseñarle mi vientre.

-          Aquí ¿ves? – señalé un punto en concreto, el lugar donde hacía meses una fea cicatriz me atravesaba la parte baja de mi vientre. – Tenía una cicatriz enorme, pero tú me curaste.

Él apretó la mandíbula y apartó la mirada.

- Lo sé.
 Más que convencido parecía cada vez más afligido y reticente a hacerlo.

-          ¿Qué ocurre?

-          Yo no soy un vampiro.

- Ya lo sé, por eso sé que no me harás daño.
 -          No lo entiendes. Soy algo mucho peor, Alidaen - añadió mirándome apesadumbrado.

-          ¿Peor que un vampiro? Eso es difícil, te lo digo porque ya he conocido a unos cuantos y sé qué…

-          Mírame – me ordenó.

Agarró mi muñeca y sus ojos brillaron con intensidad al acercar la nariz a mi mano. Me quedé inmóvil observando su extraño cambio. Toda la humanidad que había en ellos fue sustituida por una fría calma mientras lamía muy despacio los alrededores de la herida.
 Gimió, de una forma tan erótica y siniestra que no sabría decir si lo hacía para asustarme o para hacer que le rogase que usase la lengua de esa forma más a menudo y en otros lugares. Gruñó y me mostró sus afilados dientes en respuesta a mi excitación.

Tragué saliva intentando contenerme.

- No me das miedo - murmuré mordiéndome el labio. - Pero tú deberías empezar a temerme como sigas haciendo eso.
 Mi advertencia pareció divertirle, y en vez de dejarme soltó mi mano y me agarró del pelo para echar mi cabeza hacia atrás y obligarme a mirarle a los ojos.

- ¿Qué piensas hacer? – preguntó tensándolo lo suficiente para que resultase doloroso, sonriendo con una oscura satisfacción.
Parecía haber olvidado el dolor de su herida, y yo la poca cordura que me quedaba, pues lejos de acobardarme sentí la necesidad de atacar su dolorosa provocación con más daño.

- Pienso disfrutar de ti…- acerqué mi mano a su abdomen y presioné un poco en el lugar donde estaba su herida - …en vez de temerte.
 Él se inclinó ligeramente por el dolor y apretó la mandíbula con fuerza, gruñendo hacia dentro y volviendo a mirarme con una sonrisa asesina, soltando mi pelo con brusquedad e incorporándose para alejarse de mí lo suficiente para que no volviese a tocarlo.

Era demasiado excitante, y aunque sabía que no me tenía sometida a ningún influjo como un vampiro me sentía incapaz de reaccionar de otra manera.

Llevé mi dedo a la boca y comencé a lamerlo provocativamente mientras me acercaba a él. Su sangre era deliciosa, y me hacía sentir llena de vida.
 -          ¿De qué tienes miedo? – pregunté al ver que reculaba cada vez que yo intentaba tocarlo. Dando vueltas alrededor mío con sus ojos brillando en un azul intenso.

-          De lo que puedo hacerte si me dejas – contestó sinceramente.

-          ¿Y si te digo que puedes hacerme lo que quieras?

Aquellas palabras hicieron que terminase lanzándose hacía mí como un lobo sobre su presa. Atacándome por la espalda para intentar inmovilizarme contra la roca.

- ¿Acaso quieres morir? – susurró pegándose a mí oído.
 Aprisionó mis manos con la suya para evitar que pudiese moverlas y yo respondí a su pregunta frotando mi espalda y mi trasero contra su cuerpo. Notando su tensión sobre todo por debajo de su cintura.

-          ¿Quieres matarme?

-          Quiero hacerlo, sí – respondió sin dudarlo. - Aquí y ahora.

-          Pues hazlo – le invité.

Lógicamente sin tomarme muy en serio la literalidad de sus amenazas.
 Me agarró del cuello y me obligó a ladear mi cabeza para besarme desde atrás, hundiendo su lengua dentro de mi boca mientras conducía mis manos hasta su cremallera para que le liberase de la presión que ésta le producía en esos momentos.

- No sabes lo que me estás haciendo – gruñó pegado a mis labios mientras yo le acariciaba por encima de la ropa interior y él aflojaba la presa de mis manos. – Hace unos momentos querías salvarme y ahora quieres condenarnos a los dos.
 -          Sé muy bien lo que hago, y si un puñal no puede matarte tampoco creo que lo haga un poco de alivio físico.

Él terminó rindiéndose ante mi lógica y me bajó la camiseta con un violento impulso generado por su deseo contenido, rompiéndome uno de los tirantes y haciendo que el frío erizase la piel del pecho que tenía al aire.

Presionó mi pezón con la yema de sus dedos y tiró de él, volviendo a provocarme dolor intencionadamente mientras sonreía al ver que gemía como respuesta. 
 -          ¿Esto te resulta placentero…?

Me di la vuelta y esta vez fui yo quien le empujé contra la roca. A pesar del arrebato, seguía estando lo suficientemente débil como para poder manejarlo, y su gesto dolorido ante el brusco movimiento me produjo un intenso placer.

¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué disfrutaba de ese modo haciéndole sufrir? ¿Por qué el penetrante olor de su sangre, que aún bañaba su vientre, encendía mi cuerpo de esa manera?
 -          ¿Y a ti…? Recuerda que no eres el único que conoce las reglas del juego.

-          Veo que sabes más de lo que aparentas. ¿Acaso tuviste un buen maestro?

-          Lo mío es innato. Y pienso demostrártelo ahora mismo.

Sonrió lascivamente mientras dejaba que se incorporase lentamente.

- ¿Cómo…?
Quería hacerle gemir, mostrarle lo placentero que me resultaba verlo vulnerable ante mí, preso de mis deseos mientras me arrodillaba ante él cubriendo su helada piel con mis besos. Dispuesta a hacer lo que nunca había hecho antes a ningún hombre y sabía que les volvía locos gracias principalmente a las enseñanzas de Violeta y a años de lectura erótica.

Pero él pareció recobrar la suficiente razón como para advertirme e impedírmelo mientras se ponía en pie con dificultad.
 Alidaen…- su gesto se volvió algo inquieto al verme decidida a hacerlo. – No debemos…aquí no.

 -          No me vuelvas a decir lo que debo o no hacer – le advertí.

Él parpadeó confuso, y yo acerqué mi mano herida hasta su boca, sellando sus labios con mi sangre.

-          Bebe – le ordené.

Cerró los ojos con fuerza y abrió la boca sumisamente, lamiendo muy despacio la herida de mi mano. Concentrándose en todo momento para no perder el control mientras yo me deleitaba con el sabor de su cuerpo, experimentando con mis labios y mi lengua el morboso placer de su sexo.
 Era delicioso, no sabría explicar con exactitud lo que sentí al mezclar el sabor de su sangre con el más primitivo de los pecados del hombre. Quedé extasiada incluso sin llegar a aliviar mi propia necesidad, pues el sonido de sus gemidos llegaba a mis oídos como la más exótica de las melodías creadas por el hombre, su sabor me tenía completamente cautivada, su tacto cálido y rígido me llenaba por completo, su aroma y la perfección de su cuerpo inundaban mis sentidos y me hacían sentir dueña de sus emociones mientras centraba mis esfuerzos en complacerle.

No tardó en sucumbir bajo mi hechizo.

Un profundo jadeo salió de su garganta al llegar al límite. Tomó mi mano entre las suyas para evitar que la apartase, hundiendo su lengua para abrir más la herida. No sentí dolor. Pero aquella diminuta hendidura en la piel no daba mucho más de sí, y terminó apartando mi mano con cierta frustración y la sed inundando su mirada.
 -          ¿Contenta…? – me inquirió hablando con dificultad.

Alcé la vista hacia la herida de su vientre mientras intentaba recuperar la cordura tras semejante impulso. Él apartó la tela negra de su camisa y vi que seguía estando ahí.

-          ¿Por qué no…?

- No es así como funciona – respondió limpiándose la boca.
 -          ¿No te ha gustado? – pregunté insegura.

Furioso  se agachó para agarrar mi cuello y pegar su cara a la mía.

- ¡Te he dicho que no soy un puto vampiro! – bramó - ¡Podría haberte matado! ¡Maldita sea!
 -          ¡Pero no lo has hecho!

-          Aún no, pero ahora mismo tan sólo puedo pensar en ello.

Hizo un rápido barrido con la mirada a mi cuerpo, deteniendo la vista en mi pecho y la curva de mi cuello especialmente. Tragando saliva con dificultad.

- Vas a volverme loco…
 Parecía completamente fuera de sí. Tuvo que dar varias vueltas alrededor del altar conteniendo la respiración antes de volver a tener fuerzas para mirarme a la cara.

- ¿Crees que me gusta la sangre? ¿que disfruto con esto? – preguntó con un tono cargado de reproche. - ¡El día que te clave los putos colmillos estarás muerta! ¿Entiendes?
 -          Pues a mí me pareció que disfrutabas – admití tratando de mantener mi dignidad intacta.

El rubor que subió por sus mejillas me demostró que al menos no le había sido indiferente. Por un segundo me pareció que hasta el momento no había sido realmente consciente de lo que había pasado entre sus piernas mientras él se alimentaba.

- No me refiero a eso – carraspeó - eso fue…joder- sacudió la cabeza intentando aclarar sus ideas. - ¿Por qué tienes que ponérmelo tan difícil? Yo…
 Al verse incapaz de explicarse con coherencia, me cogió de la muñeca para hacerme ver la palma de mi mano, limpia de sangre y heridas pero rodeada por pequeñas venitas de color negro azulado.

Le miré sin entender.

Hundió su dedo índice en el lugar donde había estado el corte. Y no sentí nada.

- ¿Qué has…?
-          Lo mismo que le hice a esa chica. Sólo que ella no tuvo tanta suerte y no pude parar. Y su sangre no tenía nada que ver con la tuya.

-          ¿A quién?

-          Vámonos de aquí de una vez – ordenó ignorando mi pregunta, soltándome con algo de brusquedad.

Volví a mirar mi palma y moví la mano, había perdido la sensibilidad de ésta. Me mordí el labio percatándome de lo estúpida que había sido al desoír sus advertencias. Y también avergonzada por lo que acababa de hacer y el modo en el que había reaccionado.
Tuve que hacer un gran esfuerzo para no echarme a llorar allí mismo y añadir más patetismo a la escena.

Cuando levanté la vista vi que se acercaba con gesto arrepentido.

-          Siéntate – me mandó, esta vez de forma más paternal. – Voy a vendarte eso.

-          No hace falta – dije dolida.

-          Por favor…

Le ofrecí mi mano para evitar una nueva discusión, pero a pesar de la delicadeza con la que me trataba esta vez fui yo la que me mostré fría con él. 
 Aunque no tardé mucho tiempo en romper mi silencio.

-          ¿Es así como acabarán todos nuestros arrebatos?

-          Que acabasen todos así sería una suerte para ambos.

-          Te deseo – le confesé.

Él terminó de anudar la tela que había llevado alrededor de su muñeca y me dedicó una amarga sonrisa.
 -          Y yo a ti, Alidaen. Tanto que duele…no sabes hasta qué punto. Pero si dejarme llevar significa hacerte esto… – acarició mi mano con una infinita ternura, pero seguía sin sentir nada - o algo mucho peor…prefiero morir antes que volver a ponerte un dedo encima.

- Terminarás matándome si no me tocas. No sé qué prefiero.
 Sonrió, y posó un suave beso en mi frente.

-          Se me ocurren muchas formas de aliviarte sin tener que hacerlo.

-          ¿Cómo…?

Rio ante mi ingenua pregunta.

-          Creando música para el disfrute de tus oídos… - susurró - provocándote con fantasías tan reales que sentirás mi cuerpo unido al tuyo sin ni siquiera rozarte, y sufrirás la dolorosa necesidad de aliviarte tú misma mientras disfruto de la dulce visión que me ofreces.

Comencé a sentir el calor del rubor subiendo por mis mejillas gracias a su erótica respuesta.
 -          Y ahora será mejor que nos vayamos.

-          Pero…

Yo quería llevar a cabo todo ello en ese mismo momento.

-          Encontraremos el modo de estar juntos, te lo prometo – me dijo recuperando su seguridad y adivinando mis pensamientos. – Y cuando llegue ese día te arrepentirás de haberme provocado de semejante manera.

Me lanzó una mirada lobuna y acercó sus labios a mi oído.
 -          Y por cierto, eso que hiciste…fue perfecto.

Sonreí tímidamente y me tendió la mano para que me levantase.

-          Alejémonos cuanto antes de este lugar, estoy seguro de que está embrujado.

-          Eso explicaría porque has estado a punto de matarte – contesté poniéndome en pie y agarrándole de la cintura para ayudarle a andar.

-          Quizás, aunque en mi sueño eras tú quien lo hacía.

- ¿Por qué? ¿También me dejabas con las ganas?
 Rio con dificultad y aceptó mi ayuda con reticencia.

-          Tranquilo, si veo que intentas morderme te empujaré contra un árbol y saldré corriendo.

-          Mientras no me rompas los dientes…

❧❃❧


Temía que aquello que nos había atraído al mismo lugar y poseído en aquel altar siguiese demasiado cerca, por lo que intenté caminar todo lo rápido que mi herida me permitía.

Por si fuese poco, tener que ir controlando mi sed cada vez que recordaba el sabor de su sangre, o me llegaba el olor de su cabello y su piel (y ya no hablemos de lo otro) dificultaba aún más la pesada marcha. Pero cada vez que intentaba soltarme y caminar sólo, ella me impedía moverme, aferrándome de forma maternal. Y no como la anterior fiera que casi me hace perder el control de mí mismo en medio del bosque.
 Dioses, iba a estar cachondo durante un mes entero como no lograse olvidar su lascivo comportamiento. Admitir que violarla contra un árbol como un salvaje era lo más sutil y romántico que se me pasaba por la cabeza decía bastante de mi enajenación mental. Y había estado a punto de hacerlo.

Aún me costaba permanecer sereno, pero imaginarla tendida sobre la hierba, pálida y consumida por mi descontrolado deseo era suficiente para disuadirme de volverme a acercarme a ella de una forma indebida.

Aquello no era sano. Pero un poco de conversación me haría olvidar pensamientos tan poco prácticos.
 -         ¿Se puede saber qué hacías tu sola por este bosque?

-          Es una larga historia.

-          ¿Es que acaso te pagan por meterte en líos? Porque a este paso deberías poder comprar Bridgeport entero.

- Oye, que si no llega a ser por mí aún estarías desangrándote. Yo al menos no me mutilo en sueños.
 -          Ya te dije que algo me había poseído.

-          Y yo estaba buscando a una amiga a la que secuestraron unos tipos muy raros.

-          ¿Eran los mismos que te siguieron por el bosque?

-          Esos sólo trabajaban para él. ¿Cómo sabes que me persiguieron?

-          Porque yo también te seguía – admití - y los vi en el camino.
 -          Ah… - fijó la mirada en el sendero que recorríamos con gesto serio, supuse que recordando lo que había estado a punto de pasar.

-          Hiciste un buen trabajo con ellos – le halagué. - Parece que sabes defenderte mejor de lo que pensaba.

- Gracias – contestó con una leve sonrisa.- Pero era eso o dejar que me hiciesen algo que no me apetecía en absoluto, tampoco tenía mucha opción.
 -          Se supone que yo debería protegerte, y en estas condiciones soy poco más que un estorbo. Si llegamos a encontrarnos con aquellos que te buscan quiero que huyas todo lo rápido que puedas mientras yo los entretengo.

- No, ya estoy cansada de huir. Llevo haciéndolo demasiado tiempo.
 Guardé silencio pensando en ello. Después de todo lo que sabía sobre su pasado no podía recriminarle que se negase a hacerlo.

-          Si es la única forma de sobrevivir no debes avergonzarte por ello.

- No es cuestión de orgullo propio. Lo que me avergüenza es que otros paguen por mi culpa y mueran – se detuvo para mirarme. – Dejarte sólo no es una opción. No vuelvas a pedirme que lo haga.
 -          Pero no podría perdonarme que te volviesen a hacer daño.

-          No soy tan débil cómo crees.

- Sé que no lo eres, eres más fuerte de lo que yo llegaré a ser nunca.
 Había visto su miedo y su dolor demasiadas veces. Incluso su pasado, antes de conocerla, había estado lleno de personas que querían dañarla.

Pero allí estaba, de pie conservando aún esa sonrisa inocente que me hacía amarla más que a cualquier criatura existente y admirarla a partes iguales.
 ¿Cómo podía alguien que había sufrido tanto y visto la maldad de tantas formas no estar resentido con el mundo y conservar ese fuego capaz de iluminar y cegar a los mismísimos dioses?

Era mi Luz.

La persona por la que había llegado a este mundo envuelto en oscuridad siguiendo su rastro como si fuese un navegante perdido y ella mi faro. La única que daba sentido a mi vida y por la que estaba dispuesto a enfrentarme incluso a mis propios demonios.

- Eres increíble…
 Hundí mi mano en su pelo y la atraje con suavidad hacia mi cuerpo para unirme a ella en un estrecho abrazo.

- Quisiera poder estar así siempre – murmuró acariciando mi pecho.
 Aspiré el olor de su pelo y la abrace con más fuerza, ignorando el lacerante dolor de mi abdomen y todo lo demás, robando unos segundos más del poco tiempo que teníamos.

Pero unos gruñidos cercanos me recordaron lo peligroso que era tomarse esa libertad en un lugar como aquel.

Ella hizo el amago de apartarse cuando vimos aparecer un lobo enorme de pelaje rojizo y erizado acercándose a nosotros, pero se lo impedí agarrándola protectoramente mientras sutilmente me colocaba delante de ella y aferraba la daga que tantos problemas me había traído esa noche y que había recuperado minutos antes.
 Era la única arma que tenía, el resto de mis pertenencias debían estar en el fondo de aquel lago.

-          No te muevas.

El animal no se detuvo al verla, y me enseñó los dientes de forma amenazante mientras se debatía entre lanzarse hacia mí o seguir acechándonos.
 -          Por favor, deja que intente calmarlo.

-          Ni en broma. Ese bicho no tiene pinta de ser muy comunicativo.

-          Fíjate en sus ojos – me sugirió, más calmada de lo que esperaba.

Al observarlos mejor pude notar que su mirada parecía más astuta de lo normal, y que al mirarla a ella dudaba de si atacar o no. En cambio yo no parecía gustarle, y con el mínimo movimiento gruñía a modo de advertencia.
 Aun así no consentí que se le acercase, y cuando volvió a aproximarse no dudé en utilizar mi arma.

En esta ocasión se lanzó hacia mi brazo, soltando una dentellada que sólo logró morder el aire. Pero a pesar de haberme movido con suficiente rapidez me sentía demasiado débil y el siguiente ataque hizo que cayese al suelo.

- ¡No! ¡Para!
 Alidaen se agachó delante de mí sin dejar de mirar al animal a los ojos.

Éste dudo y olfateó a ambos, pero la sangre que manaba de mi herida vendada no parecía gustarle y le ponía aún más furioso. Y me lo hizo saber enseñándome su imponente dentadura mientras se agazapaba de forma desafiante.
 -          Basta. Déjalos en paz.
 Esta vez, la voz que le ordenó que se detuviese procedía de los árboles, y surtió su efecto. Pues el lobo agachó la cabeza, y tras una última mirada asesina se dio la vuelta y se reunió con el resto de su manada, situada al margen a unos metros de nosotros.
 En medio de ellos había un hombre de piel oscura y larga cabellera negra. Al que Alidaen tardó menos que yo en reconocer.

- ¡JANNE!
Por primera vez me alegré de verle casi tanto como ella.

miércoles, 22 de julio de 2015

Primer relato erótico-festivo

¡Buenas tardes a tod@s!

Como ya vengo avisando desde hace un tiempo por Facebook, he decidido publicar una serie de relatos de temática erótica para animar un poco el blog y poder mostrar a varios de los personajes secundarios de la serie (con mayor o menor protagonismo) desde un punto de vista distinto y más íntimo.

Principalmente tratará sobre escenas subidas de tono que poca importancia pueden tener para la trama principal de la historia (vamos, que su lectura es totalmente opcional y no os perderéis datos muy importantes), pero aún así sigue estando en estrecha relación con ésta e irán apareciendo más o menos al mismo tiempo que ella, por lo que el momento en el que aparezcan será clave a la hora de publicarlos.

Los personajes que aparezcan en este tipo de relatos dependerán un poco de mis ganas personales e inspiración en el momento, pero también influirá mucho vuestra opinión y sugerencias, como la que tengo apuntada ya de un personajillo que ha aparecido últimamente en la historia y que me ha dicho que no le importaría nada prestarse a ello... (Theran: ¡Yuhu! ¡Voy a protagonizar mi propio relato guarro!). Así que os animo a que dejéis vuestros comentarios y peticiones ;)

Eso si, aviso de que cada relato seguramente contenga escenas no recomendadas para todos los públicos y usar a veces vocabulario adulto y malsonante. El tipo de escena estará vinculada estrechamente al carácter de sus protagonistas y sus gustos personales, y no todas las que aparezcan son especialmente románticas, ñoñas y pastelosas (vamos, habrá escenas en las que el sexo sin ningún tipo de compromiso sea el protagonista). Como suelen advertir en las películas...quiero dejar muy claro que las opiniones mostradas en lo escrito pertenecen expresamente a sus protagonistas, así que no me echéis la bronca si algún personaje termina siendo un capullo integral con sus parejas xD

Y dicho esto...¡aquí os dejo el primer relatillo erótico-festivo! Espero que tenga buena acogida y que las seguidoras de Serpiente no me odien mucho...¡Mexe! ¡Este te lo dedico con todo mi cariño! *huye al oír el ruido de la motosierra*

RELATO: Extrañas compañías I


❧❃❧ La Serpiente y el Murciélago ❧❃❧
(EXTRAÑAS COMPAÑÍAS (Parte 1): RELATO ERÓTICO)


Serpiente no daba más de sí, últimamente el estrés se estaba cebando con él hasta el punto de hacerle maldecirse a sí mismo por tomar el control de las Sombras y no haberse quedado como el encargado del papeleo del jefe.
 A veces se preguntaba si no hubiese sido mejor seguir actuando por su cuenta. Antes al menos tenía tiempo para centrar sus esfuerzos en trabajos que merecían realmente la pena. Que Lobo y sus estúpidos esbirros se ocupasen de asuntos que para él no tenían importancia había sido una ventaja que desdeñó con demasiada ligereza.

Pero ya no había marcha atrás, y ahora hasta para limpiarse el trasero con la lengua de algún vampiro “descarriado” le pedían permiso. Estaba hasta las narices de tener que dar instrucciones para todo, de tener que controlar hasta el mínimo detalle por miedo a que algún estúpido metiese la pata y mandase todo a la basura.

Por si fuese poco parecía que todo el mundo se había aliado en su contra y no paraban de surgir problemas que dificultaban aún más sus propósitos.
 Desde la aparición del dichoso grupo paramilitar liderado por alguna clase de lunático que odia a los vampiros y demás criaturas sobrenaturales; hasta la misteriosa huida de Lobo, al que él y varios de los suyos habían retenido por la fuerza durante todos esos meses en un lugar altamente vigilado.

El primer grupo había protagonizado ya varios altercados en la ciudad de forma más o menos silenciosa para los humanos, pero no para ellos,  ya que las que las víctimas eran principalmente vampiros, y algunos de ellos miembros de las Sombras.

Su modo de actuar, por el momento, consistía en localizar y destruir sin hacer muchas preguntas. Parecían bien entrenados y organizados, demasiado para tratarse de un grupo de humanos resentidos actuando por su cuenta. Y actualmente seguían siendo un gran misterio para él y los suyos.
 Aunque esperaba que no fuese así por mucho tiempo. Los humanos no se caracterizaban por ser especialmente sutiles, y terminarían cometiendo un error del que sin duda podría salir beneficiado.

Por otro lado estaba Halcón, uno de sus más prometedores agentes y a la vez el peor grano en el culo que había trabajado para él. Últimamente estaba demasiado descarriado como para servir de utilidad a la organización, pero esperaba poder sacar algo bueno de sus extrañas desapariciones y su temperamental comportamiento.

Por lo poco que había podido averiguar su sed estaba despertando y se volvía cada vez más incontrolable, tanto que había terminado por cometer aquellos actos que pretendía evitar inútilmente negando su propia naturaleza.

Le habría enseñado algún que otro truco si no se empeñase en reprimir su sed con tanto ahínco.
 La chica del pelo rosa no sería ni la primera ni la última en caer presa de sus “encantos”. Y si quería evitar que lo descubriesen no sería el primer rastro de sangre que debería intentar borrar por su cuenta.

Y todo por culpa de una mujer que ni siquiera merecía la pena como alimento. Aún no entendía por qué Ahasa estaba tan interesada en mantenerlos a salvo.

Pero no era algo que a él le tocase juzgar, tan sólo era otra pieza más del puzle, y debía cumplir su deber como uno de sus chiquillos.

Hacía tiempo que Halcón no acudía a las sesiones de autocontrol de Murciélago y el papel de ambos en las Sombras le resultaba cada vez más difuso.
 -          Estúpida niña…

Desde que la contrató no había hecho otra cosa que meterse en su vida y en su cabeza.

Pensar en ella sí que era una absoluta pérdida de tiempo, pero no le costaba tanto admitir que en parte lo hacía con gusto. Después de todo…tenía sus ventajas aprovecharse de sus muchas debilidades.

Serpiente sonrió para sí mismo y descolgó el auricular para comunicarse con su secretario.

-          Comadreja, localiza a Murciélago y que se presente de inmediato en mi despacho.

Sabía que después de esa orden su agente no tardaría en llegar. Puede que fuese inútil como espía, pero resultaba bastante obediente y entretenida a su manera.

Se levantó de su asiento y dio un breve paseo para calmar si incipiente ansiedad.
 Su copa estaba a rebosar sobre la mesita, intacta, hacía horas que la había dejado allí por si le entraba sed, pero hasta el momento no se había acordado de ella.

Caminó despacio y la acunó entre sus dedos, observando el líquido rojizo y espeso unos segundos antes de llevársela a los labios.

No le dio tiempo a saborearla, pues tal y como esperaba no pasaron ni cinco minutos cuando el tímido sonido de sus nudillos llamando a la puerta captó su atención.

-          Pasa.

Murciélago se presentó ante él tratando como siempre de ocultar su temor inútilmente. No era ni capaz de mirarle a los ojos, y aunque se divertía con ello no dejaba de resultarle bastante exasperante después de todo lo que había pasado entre ellos.
 -          ¿D-desea algo, señor?

-          De momento me conformo con que dejes de mirarte los pies y cierres la puerta - contestó mostrando abiertamente su irritación para contribuir a su creciente nerviosismo.

-          S-sí, señor.

-          ¿Has avanzado algo en tu investigación?

-          No, señor… – sus zapatos volvieron a ganar protagonismo al contestarle – lo siento, pero sigue sin venir a mis clases y así es imposible qué…

- ¿Tan imposible como lo es que me mires mientras te hablo? – le inquirió.
 -          Perdone, es que…

- Lo siento, perdón, lo lamento…si mostrases el mismo interés por hacer tu trabajo correctamente que por disculparte ante tu incompetencia serías sin duda uno de mis mejores agentes.
 Ella alzó la cabeza con gesto afligido, la niebla que envolvía su mirada no lograba ocultar sus sentimientos tanto como quisiera.

-          ¿Qué pasa ahora? ¿Es que acaso mi sinceridad te importuna?

-          Sé que piensa que soy un lastre, pero  le recuerdo que yo no vine aquí a pedirle trabajo – contestó haciendo acopio de valentía – es usted quién me lo ofreció libremente.
 -          ¿Y te molesta haberlo aceptado?

-          No.

-          ¿Entonces qué ocurre?

-          Sigo sin saber nada de mi maestro.

-          Y yo sin obtener beneficios tras haberte contratado. Información a cambio de información ¿recuerdas?

Murciélago se mordió el labio librando una lucha interna contra los reproches que morían en su garganta antes de ser pronunciados.

-          Si tan inútil le parezco no entiendo por qué sigue reteniéndome aquí – murmuró.
 Todos los días se hacía la misma pregunta, y todos los días se mentía a sí mismo con una respuesta cargada de indiferencia.

- Puede que me agraden las vistas – respondió encogiéndose de hombros con una sonrisa de medio lado.
 -          ¿Es eso lo que soy para usted? – preguntó señalando con indignación uno de los antiguos jarrones que reposaban sobre su escritorio - ¿Un objeto más para su colección?

-          Quizás, aunque menos vieja. Y no tan cara.

-          Es usted el ser más mezquino y cruel que he conocido en mi vida – replicó con voz temblorosa.

- ¿Eso es lo que soy para ti? – le robó su pregunta, acercándose a ella para dirigirla y retenerla contra el escritorio y su cuerpo - ¿un ser mezquino al que debes odiar?
 Serpiente disfrutaba mortificándola casi tanto como intimando con ella, sobre todo porque a menudo una cosa acompañaba a la otra, y observar su vana resistencia a caer presa de sus atenciones resultaba muy entretenido.

-          Ojalá le odiase – protestó intentando huir de él. – Pero a pesar de las molestias que se toma para que lo haga me resulta imposible.
 -          Entonces quizás deba emplearme más a fondo – susurró sujetándola de las caderas para incorporarla y colocarse entre sus piernas.

Aunque mejor lo dejaba para más tarde. Su sed hacía que el ansia por tomarla se volviese casi insoportable cada vez que la tenía tan cerca.

-          Sé que no disfruta haciendo daño a los demás tanto como quiere hacernos creer.

- ¿Ah no?
 Hizo el amago de levantarle la falda, pero ella apresó sus muñecas sin dejar de temblar bajo el peso de su deseo.

- No – respondió obstinada. – Creo que fingir le hace sentir seguridad, y que teme mostrar cualquier sentimiento que le haga parecer débil.
 -          Sigues empeñada en buscar una benevolencia que sólo existe en tus infantiles fantasías.
 -          ¿Entonces por qué me parece ahora tan vulnerable?

-          Porque tengo hambre – gruñó.

-          ¿Hambre de qué?

- De ti.
 Tras admitirlo arrancó su delicada prenda interior con furia y se introdujo dentro de ella con una poderosa embestida que hizo que se volcase el jarrón egipcio de su escritorio. El resto de la ropa sufrió un destino parecido quedando desperdigada por el suelo en cuestión de segundos.

- No deberíamos hacerlo aquí…- se quejó ella sin ganas de impedírselo realmente.
 -          Silencio.

Los tímidos gemidos de satisfacción que acompañaron sus acometidas le hicieron aumentar el ritmo hasta que la escuchó gritar y sacudirse presa de un intenso orgasmo. Tuvo que reprimir sus ganas de unirse a ella y dar rienda suelta al enorme placer que le provocaba su tierna ingenuidad.
 Pero no pensaba ser tan benevolente y dejar que se saliese con la suya tan pronto.

Debía demostrarle que tenía control sobre ella y no al revés, y poniéndose de rodillas ante ella la obligó a mantener las piernas abiertas para poder contemplarla en esa posición tan indecorosa y excitante.
 -          Por favor…no haga eso – le rogó, intentando ocultar el intenso rubor de su rostro detrás de sus manos al ver que no podía apartarlo.

- No te muevas – le ordenó disfrutando con malicia de la dulce visión que tenía ante sus ojos. 
Sabía bien que antes de él nadie la había tocado, e imaginaba lo difícil que sería para una criatura tan casta el mostrarse de ese modo ante él, pero no tuvo ningún miramiento ante la creciente agitación provocada por su atrevimiento, e ignorando sus ruegos sumergió sus labios entre sus piernas y comenzó a saborearla con su boca y su lengua burlándose interiormente de sus penosas súplicas.
Cuando intentaba apartarse bastaba con introducir sus dedos y rozarla en un par de puntos clave durante unos segundos para quebrar sus fuerzas y hacer que le ofreciese un amplio abanico de suspiros y gemidos mal disimulados, hasta que no le quedó más remedio que dejarse llevar por la deliciosa tortura a la que pensaba someterla por contradecirle.
No cesó en su empeño ni cedió al impulso de saciar su sed de sangre hasta que notó su delicado cuerpo convulsionarse ante una nueva oleada de éxtasis aún más potente que la anterior y estalló jadeante sobre la mesa.
Fue entonces cuando decidió dejarse llevar y satisfacerse a sí mismo, y desplegando los colmillos presionó su boca contra la pálida piel de su muslo para succionar la sangre de la arteria femoral, al mismo tiempo que continuaba introduciendo sus dedos en su húmedo interior para mitigar el dolor inicial de alguna forma y compartir su placer.
Beber de ella era mucho más satisfactorio que estar con varias de sus esclavas a la vez y  alimentarse de ellas. De hecho, desde que la conocía no había sentido la necesidad de estar con otras y se conformaba con tomar lo justo para su sustento. Pero no pensaba decirlo en voz alta y mucho menos compartirlo con ella.
 Gruñó ante la afirmación de su propia debilidad sin separarse de su muslo y movió los dedos con violenta firmeza para estimular su punto g y someterla de nuevo a sus caricias, sin darle apenas cancha para respirar y tomar aliento. Y cuando hubo terminado se colocó sobre ella y volvió a tomarla sobre la mesa con un salvaje entusiasmo que no cesó hasta que pudo satisfacer el más primitivo de sus impulsos derramándose dentro de ella entre jadeos.
 Murciélago sonrió satisfecha al escucharle, posando sus labios sobre los de él con inocente dulzura, pero Serpiente se separó de ellos como si quemasen y se enfrentó a su confusa mirada con gesto severo.
 -          Si crees que el deseo de un hombre se convierte automáticamente en una debilidad o una muestra de afecto incondicional es que no sabes nada del mundo en el que vives. ¿Crees que te amo porque me gusta hacerte mía? ¿Que me haces sentir distinto a cualquier mujer con la que haya estado antes que tú o de la que me haya alimentado? ¿Qué tienes algún poder sobre mí…?

- Y-yo…
- ¿Es que tu maestro no te enseñó nunca a desconfiar de las personas? – continuó metiendo el dedo en la llaga - ¿No te advirtió que los seres como yo son incapaces de amar a nadie? ¿Cuándo aprenderás qué eres tan sólo una deliciosa presa a la que disfruto deshonrando una y otra vez?
 Y el dolor que reflejaban sus lágrimas se convirtió en la guinda del dulce pastel, del que pensaba seguir disfrutando hasta que ella decidiese abrir los ojos y hacer caso a sus consejos.

- ¿Y ahora qué? – preguntó ocultando una sonrisa acercando los labios a su frente - ¿Aún sigues pensando que soy bueno y mi alma tiene salvación?
Puede que algún día ella despertase de ese sueño al que llaman amor, suponía que para entonces ya se habría aburrido de ella y podría olvidar y apagar su deseo, ocupando su escaso tiempo libre con cosas más importantes.
De no ser así…tendría que tomar cartas en el asunto antes de que fuese demasiado tarde.

lunes, 29 de junio de 2015

Nuevo capítulo + Relato

¡Buenas noches!

Me he pasado todo el día libre liada creando poses, sacando las imágenes que me faltaban y editandolas para montar el capítulo, pero no he querido irme a la cama sin publicarlo, así que aquí lo tenéis ^^

Este capítulo es algo lioso, ya que va narrando tanto la huida de Alidaen como la búsqueda de Thaerion en un margen de tiempo muy reducido entre ambos (casi a la vez), y además incluye en una de sus partes un fragmento del relato "Vuelta al Hogar", por lo que tendréis que pausarlo en su momento y terminarlo una vez lo hayáis leído tal y como os indicaré en el propio capítulo. Aunque si veis que os hacéis mucho lio siempre podéis dejar el relato para el final, como mejor os venga.

Y creo que de momento no tengo mucho más que decir, salvo que espero que os guste y os queden ganas de seguir leyendo, ya que queda muy poquito para dar por acabada la temporada ;)

¡Un besazo a tod@s y muchas gracias por leer y dejar vuestros comentarios!