domingo, 16 de octubre de 2011

Primera parte del siguiente capítulo arriba ^^

¡Buenas noches!

Después de unos días sin actualizar el blog cuelgo por fin el principio del capítulo IX, cortito y sin mucha cosa, pero tranquilos que pronto subiré el resto, ya lo tengo listo ^^

Este capítulo no es gran cosa, pero en él conoceréis a unos cuantos personajes nuevos que cobrarán bastante importancia en la historia, y veréis a algunos de los que ya salieron. Y bueno, aparte de eso es un pequeño puente a lo que está por venir.

Espero que os guste ^^

¡Besos!

CAPÍTULO IX.I

❧❃❧ IX. DESPERTAR ❧❃❧

❃ (PRIMERA PARTE)  

(Bridgeport – 2 de Noviembre de 2010)


 Pedirme que le olvidara era como pedir al fuego que dejase de quemar al tacto, era incapaz de hacerlo.
Por eso supongo que al despertar recordaba cada segundo de lo ocurrido la noche anterior, con tanta claridad que aún podía notar el roce de aquella piel fría y pálida rozar mi rostro como si quemase, o el sabor de su propia sangre, bullendo en mi interior y haciéndome sentir como si él siguiese junto a mí en todo momento.

¿Pero porque lo había hecho? ¿Por qué actuaba como si no me conociese?

Era él, tenía que serlo…
Abrí los ojos y volví a cerrarlos molesta por la claridad que entraba por la ventana, a la que tardé unos segundos en acostumbrarme.

Sentía el cuerpo completamente aletargado. ¿Cuánto tiempo llevaba durmiendo?

Estaba tan cansada que tardé bastante en darme cuenta de que no era mi cama donde estaba tumbada, y no lo hice hasta que un olor distinto al habitual inundó mis fosas nasales.

Olía raro…

Volví a abrir los ojos y me incorporé hasta sentarme en la cama, y lo primero que vi fue el calendario de una mujer posando casi desnuda para la cámara.
 ¿Dónde estaba?

Aquel parecía el cuarto de un hombre, y por lo que veía no era demasiado limpio. Cajas de pizza vacías, latas de refresco y vasos con el poso seco sobre la mesa del ordenador lo atestiguaban.

Como diría la esposa de mi maestro, una leonera.

Giré la vista hacia mi derecha y vi entonces una preciosa guitarra, brillante y limpia como si fuese nueva. También había revistas de música y varios posters firmados, unos altavoces y una estantería enorme llena de discos.

¿La habitación de un músico? Espera…
¡¿Podía ser su cuarto?!

Al caer en ello me desperecé de golpe y salí de la cama de un salto, pero seguía estando muy débil y logré llegar a duras penas a la única puerta que había, tambaleándome y sujetándome a los muebles para no caerme.

La habitación daba a un enorme pasillo lleno de puertas cerradas, algunas marcadas con nombres y otras con algún detalle que las diferenciaba del resto. El cuarto donde me encontraba tenía una señal de stop vieja en la entrada.

Miré hacia la pared y vi que había dos cartelitos luminosos indicando donde se encontraban los baños, como los que hay en centros comerciales. Uno para chicos y otro para chicas, en direcciones opuestas.
¿Vivía en un centro comercial?

Estaba bastante confusa, pero deseando volver a verlo, así que no me paré demasiado a pensar  en ello.

Sabía que mi aspecto no debía ser muy agradable después de lo ocurrido, por lo que decidí ir antes al baño para asearme.

Era bastante amplio y estaba muy limpio, y después de ir al wc fui hasta uno de los lavabos para lavarme la cara y quitarme el mal sabor de boca bebiendo un poco de agua. Entonces me di cuenta de que llevaba una ropa distinta a la que había usado para la fiesta, tenía un dulce olor a violetas y era bastante cómoda, pero me quedaba algo corta. No tenía ni idea de a quién podía pertenecer, pero tampoco pensé mucho en ello, había dudas más importantes que resolver en ese momento.

Me miré al espejo y aunque me daba algo de miedo por lo que pudiese ver, me sorprendió comprobar que a pesar de las ojeras no había rastro alguno de arañazos ni heridas. No quedaba ninguna marca de la agresión de ese loco, ni siquiera en el cuello donde se había ensañado a gusto.
No podía ser…recordaba perfectamente el dolor producido por aquellos dientes afilados clavándose en mi piel, recordaba la sensación de ser absorbida mientras me tocaba…mientras…

Aparté la vista del espejo rápidamente, incapaz de mirarme y a punto de estallar en lágrimas al volver a recordar aquella horrible sensación.

Pero no había ninguna prueba de ello, mi cuerpo estaba intacto y me sentía perfectamente. ¿Cómo podría estar despierta después de haber estado a punto de morir desangrada? ¿Quería decir eso que todo había ido un sueño?

No podía ser, me negaba a creerlo.

- Estoooo…

Me sobresalté al escuchar una voz a mi lado, y al alzar la vista vi que procedía de un chico bastante joven, de unos quince años como mucho.
- Perdona, no quería molestar p-pero… - parecía bastante cortado y miraba el suelo mientras se masajeaba el codo – e-este es el b-baño de chicos.

Siempre me pasaba lo mismo, no era capaz de diferenciar un símbolo de otro y solía acabar en el baño que no me correspondía.

- ¡Perdón! No sabía que este era…lo siento mucho – contesté nerviosa, dirigiéndome a la salida rápidamente.

El chico se quedó mirando hacia la puerta sin saber muy bien qué decir, al parecer él estaba más avergonzado que yo por la metedura de pata.

-¡N-no se preocupe! – le escuché gritar cuando ya me había ido.

Volví a encontrarme en el pasillo, descalza y con el pelo alborotado, pero estaba tan desorientada que mi aspecto era lo que menos me preocupaba en ese momento.
Quería verlo, comprobar que aquello no había sido un sueño. Hacía años que no experimentaba aquella necesidad, y era tan fuerte como lo había sido cuando él se fue dejándome sola con la promesa de volver algún día.

Mis pasos me llevaron automáticamente hacia unas escaleras que bajaban y subían, y desde allí me llegó el sonido de una melodía a violonchelo, que aunque era bonita parecía algo apagada, sin fuerza.

Me dejé guiar por el sonido con la mirada cabizbaja, recordando las palabras de aquel hombre que tanto me recordaba a él.

“No ha sido más que una pesadilla”

¿Una pesadilla...estando tú en ella? Imposible.

Bajé las escaleras y caminé sin fijarme donde me encontraba, dejándome llevar por la vaga esperanza de verlo a él allí tocando el chelo.

Pero ésta se esfumó por completo al llegar al origen de aquel sonido y encontrarme en medio de una amplia sala llena de desconocidos.
Miradas extrañas que se posaron sobre mí con gestos que pasaron de la confusión a la sorpresa y que sin saberlo rompieron en pedazos con la poca ilusión que me quedaba de volver a verlo.




(Comentario sobre este capítulo)

domingo, 9 de octubre de 2011

Fin del capítulo VIII ^^

Bueno pues aquí dejo la última parte del capítulo que después de dos semanas preparándolo espero que me haya quedado decente y os guste.

Para este capítulo he tenido que crear varias poses que espero subir algún día en dos packs, uno llamado "Darkness" y otro "Mía". Más adelante subiré las imágenes ^^

También estoy preparándo un nuevo apartado en el que iré añadiendo uno a uno los personajes de la historia con algo de información sobre ellos. Dependiendo de la importancia del personaje será más amplio o menos.
Si va todo bien mañana subiré la parte de Alidaen para empezar. Espero que os guste la idea y sirva para conocer un poco más a los personajes y saber detalles curiosos de cada uno.

¡¡En fin un saludo y gracias por leer!! ¡Besooooos!

CAPÍTULO VIII.III

❧❃❧ VIII. LA SOMBRA ❧❃❧

❃ (TERCERA PARTE)  

Cincuenta y ocho, cincuenta y nueve…

Salté de la valla y caí sin apenas hacer ruido a pocos centímetros de donde se encontraba, tan centrado en su alimento y su propio placer que ni se percató de mi presencia.
Me coloqué a su espalda justo cuando él llevaba una mano a sus pantalones ansioso por poseer a su víctima, la cual había entrado en la fase de éxtasis y parecía disfrutar del “abrazo” del vampiro.

Ni me molesté en asegurar mi ataque, no podía soportar aquello por más tiempo.

Agarré su cuello con mi brazo y tiré de él con fuerza hacia mí, alzándolo mientras él intentaba por todos los medios seguir alimentándose de ella. Tan fuerte era su ansia que ni siquiera le importó su defensa en sus últimos segundos de vida.

Clavé mi daga en medio de aquel corazón putrefacto y ennegrecido y contemplé mientras lo hacia los ojos de aquella mujer, brillantes como esmeraldas, fijos en mi mano y mi arma, y en el rostro de aquel vampiro.
Y por un instante vi pasar cientos de imágenes a las que no encontré ningún sentido antes de que ella cayese inconsciente.

Una sonrisa procedente de unos labios desconocidos, la palidez de una mano aferrando la mía, una mujer de cabello plateado y junto a ella un hombre de mirada severa. ¿Quiénes eran? ¿De qué los conocía?

Negué con la cabeza y me obligué a desechar cualquier distracción, debía actuar con rapidez y acabar mi trabajo.

Normalmente dejaba que las víctimas se recuperasen solas, ya que no llegaban a perder mucha sangre hasta que actuaba, pero en esta ocasión el vampiro había absorbido demasiada sangre en muy poco tiempo, y en tan sólo unos segundos la había dejado al borde de la muerte.
A pesar de que me resultaba repugnante el sabor de la sangre, tras ver a su víctima no me extrañó que hubiese estado a punto de dejarla seca. Era una delicia en todos los sentidos y por un segundo sentí un ansía que pocas veces aparecía en mi interior y que pude contener a duras penas apartando la vista de su cuello sangrante.

Lancé el cuerpo del vampiro a un lado y me olvidé de éste por un momento, con una única idea en mente: salvar a aquella desconocida a toda costa.

La cogí en brazos y la llevé a un viejo embarcadero abandonado cercano al callejón para estar a salvo de miradas indiscretas, y cubrí la zona del asesinato con un “manto” (un encantamiento de ocultación que suele durar un par de horas).
Después me acerqué a ella llevando mi mano a mi segunda daga, clavándola esta vez en mi palma para abrir una herida.

El pulso de la joven era cada vez más débil y había dejado de ser consciente de lo que pasaba a su alrededor. Lleve mi mano a sus labios y le obligué a beber el líquido carmesí que brotaba de mi herida, consciente de que al beberla la vincularía a mí para siempre.

No me importaba en absoluto si era la única forma de mantenerla con vida.

Pero ella no reaccionaba y aquellos segundos en los que creí perderla se convirtieron en una tortura.

-          Vamos, bebe de una maldita vez – le ordené con la mirada fija en sus labios manchados con mi propia sangre – despierta…

Segundos después, y como si mi voz la hubiese despertado de un profundo sueño volvió a abrir los ojos, clavándolos fijamente en los míos y abriéndolos por la sorpresa.
Noté que hacía el amago de separar los labios para decir algo, pero no dejé que pronunciase una palabra y volví a presionar mi mano en su boca, haciendo que mi sangre se colase por su garganta sin dejarle si quiera un segundo para tomar aliento, mientras me perdía en la profundidad de aquellos ojos verdes.

Ella intentó resistirse tan sólo unos segundos antes de dejarse llevar por aquella unión que yo le había obligado a aceptar para poder salvarla, y que finalmente acogió con gusto llevando sus dedos a mi brazo para acariciarlo mientras bebía ávidamente de mí.

Mi corazón palpitaba a toda velocidad a medida que mi sangre entraba en su organismo mezclándose con la suya, a la misma velocidad que su pulso, como si éste marcase el ritmo de mis propios latidos.
Dejé caer mi daga en el suelo y cerré los ojos disfrutando de aquella sensación tan intensa, intentando mantener el control de la situación en todo momento a pesar de lo mucho que me costaba hacerlo. Y pendiente de la respiración cada vez más acelerada de la joven.

-          Ya es suficiente - susurré apartando con esfuerzo mi mano de sus labios.

-          No…quiero más.

Bajé la mirada de sus ojos a sus labios entreabiertos y deseé con todas mis fuerzas poder unirme a ellos y saciar su sed con los míos.

No recordaba haber ansiado nunca algo con tanto anhelo.

Y aunque ella parecía sentir el mismo deseo me negué a hacerlo, pues sabía que aquello no estaba bien.
No era real, y yo la había forzado a ello.

Finalmente la dejé en el suelo, apoyándola con cuidado en la pared, mientras notaba su mirada fija en mi rostro.

Hasta ese momento no me di cuenta de que había dejado de llover.
-          Has tardado – susurró finalmente con voz cansada.

Saqué un pañuelo de mi bolsillo y comencé a limpiar la sangre de su rostro y cuello. Sus heridas se habían cerrado y tan sólo quedaba una tenue marca en su cuello que desaparecería al cabo de unas horas. Traté de centrarme en todo momento en ser rápido y tocarla lo menos posible para no caer de nuevo en aquel embrujo producido por el vínculo que acababa de crear entre los dos.
-          Lo siento – contesté sintiéndome culpable por haber dejado que aquello pasase.
-          Creía que ya no volverías – dijo mientras llevaba con gran esfuerzo una mano a mi rostro para acariciarlo.

Le miré confuso mientras hablaba.
-          Te he estado esperando tanto tiempo…

Una fuerte punzada sacudió mi cabeza y sin quererlo reaccioné apartando su mano de mi mejilla.

-          Estás muy débil, será mejor que descanses – contesté esquivando su mirada y levantándome para recoger mi daga.

-          ¿Que descanse? ¿Es lo único que tienes que decirme? – preguntó dolida.

Ignoré sus preguntas intentando desechar las imágenes que volvían a agolparse en mi cabeza, tratando de desvelar partes de un pasado que había olvidado y que por algún motivo no quería recordar en ese momento.
Me hacían daño, y escuchar a aquella mujer hablarme como si me conociese avivaba aún más ese dolor.
No la conocía de nada y sólo me sentía de ese modo por culpa del vínculo de sangre que había creado entre nosotros.

- Te conozco… - comenzó a decir, pero enseguida la corté girándome hacia ella y mirándola con frialdad.

- Te equivocas.

Me había visto en el bar y seguramente me habría reconocido. Pensé. Y yo debía acabar con todo eso si quería seguir manteniendo mi anonimato.

Volví a arrodillarme frente a ella y llevé mis manos a sus mejillas.

-          Mírame – le ordené obligándola a levantar la vista hacia mí.

Sus ojos humedecidos brillaban intensamente.
-          Escúchame bien – comencé a decir tratando de escudriñar dentro de su cabeza – vas a olvidar lo que ha pasado esta noche, y vas a olvidar que me has visto – intenté que mi voz sonase firme a pesar de lo mucho que me costaba hacerle aquello. Pero no tenía otra elección, y ella debería obedecerme ahora que tenía mi sangre dentro.

Abrió los ojos de par en par, sorprendida. Y negó con la cabeza.

-          No puedo, no quiero hacerlo – replicó.

Me sorprendió su negativa, ningún humano se había resistido antes. Aun así insistí hasta que finalmente pude penetrar en su cabeza.

-          Cuando despiertes creerás que todo ha sido una pesadilla, nada de esto ha pasado realmente.

-          ¿No es real? – preguntó confusa, o triste, no sabría decirlo.

Negué con la cabeza y la recosté con cuidado en el suelo.

-          No lo es, y ahora cierra los ojos… - susurré acercándome a su oído.

Seguía intentando resistirse, pero al cabo de unos segundos cayó presa del sueño y después de dejarla en el suelo la contemplé una última vez.
Era la mujer más hermosa que había visto en mi vida, tanto que no parecía de este mundo y dolía al apartar la vista de ella.

Había dejado de llover y aunque mi sangre la protegería del frío durante un tiempo no quería que nadie la viese en ese estado. Pero no podía dejar ningún rastro que pudiese implicarme, así que la situé en un lugar alejado del embarcadero tratando de exponerla lo mínimo posible.

Seguía siendo una presa demasiado valiosa para cualquier aprovechado que pasase por el lugar, pero ya no era mi problema (o al menos eso quería creer) y yo debía encargarme del cuerpo de Beau y del lugar del crimen antes de que lo descubriesen.

Por suerte mis sentidos seguían bastante agudizados y era capaz de escuchar si alguien se acercaba con bastante antelación y por el momento nadie había pasado por el lugar.

Me dirigí rápidamente al callejón donde seguía tirado el cuerpo de Beau y comencé a borrar todos los rastros de la agresión de esa noche, había llovido bastante y la mayoría habían desaparecido así que tampoco tuve demasiado trabajo.
Después agarré el cuerpo del vampiro y me lo eché sobre los hombros, volviendo a escalar con él el edificio.

Me aseguré de que nadie me viese usando parte de mi poder para pasar desapercibido, y después de esconderlo bajo un montón de basura y cubos viejos volví a encaramarme a la azotea para comprobar que ella seguía durmiendo y resguardada del frío.
 Debían de ser aproximadamente las cuatro de la mañana, y tenía que esperar a que amaneciese para deshacerme del cadáver. Así que decidí vigilarla hasta que alguien la encontrase y se la llevase de allí.
 “Después de eso dejará depreocuparme”, me repetí una vez más tratando de hacerme a la idea de ello.

Media hora más tarde  escuché el sonido de pasos acercándose y volví a esconder mi rastro con magia. Al cabo de unos minutos apareció la figura de un hombre de origen nativo dirigiéndose directo hacia el embarcadero y me sorprendió ver cómo alzaba la vista hacia el lugar exacto donde me encontraba.
Por un segundo temí que me descubriese pero enseguida apartó la vista para fijarla en el cuerpo de la chica.

Se acercó tranquilamente y le vi olfatear el terreno antes de cogerla en brazos sin esfuerzo alguno. Tampoco me extrañó, parecía hacer ejercicio a menudo.

Quizás fuese el modo protector en que la agarraba o la calma que inspiraba su mirada, pero el caso es que al verla en sus brazos supe que estaría a salvo con ese hombre, y esperaba no equivocarme.
- ¡Janne! – Gritó alguien a unos metros del lugar - ¿Pero dónde te has metido esta vez?

- Me pone nervioso cuando desaparece de ese modo – murmuró otra voz.

- Tú te pones nervioso con cualquier cosa.

Poco después aparecieron dos hombres más, a los que reconocí de haber estado en primera fila durante el concierto.
Uno de ellos era alto y delgado como un junco y el otro amplio como un tonel de cerveza, pero ambos compartían rasgos muy similares. Eran rubios de ojos claros y entre los dos parecían hacer un cerebro y medio, o casi.
- ¡Ostias! – exclamó el más ágil bajando los escalones de un salto - ¡Gas ven! ¡Mira lo que ha encontrado Mala Sombra esta vez! ¿Has cambiado los huesos roídos por las jovencitas eh? – preguntó en tono bromista.

El gesto del nativo ni se inmutó.

- Parece dormida – contestó con voz serena.

- Jeje, habrá pillado una buena borrachera.

- Cada vez empiezan antes… - se lamentó el hombre de la cresta acercándose a los escalones.

- Huele a sangre.

El rubio de las rastas se acercó y arrugó la nariz para olfatear como había hecho su compañero antes.
- Pues yo sólo huelo a la mierda del puerto…y a manzana… ¡ala! ¡Su pelo huele a manzana! ¿Qué champú usará?

A manzana y salvia del bosque, un aroma que me había acompañado durante años y no reconocí hasta ese momento. Que me recordaba a Édora.

- Deberíamos llevarla a la policía, puede que le hayan hecho algo malo y dejado aquí tirada después – contestó aquel que habían llamado “Gas” en tono preocupado.

- No – se negó rotundamente el moreno, aunque sin perder la calma un momento – sólo necesita descansar, la llevaremos a la compañía.

- ¡Buena idea! ¡Así cuando despierte le pregunto!

El delgado seguía dándole vueltas a lo suyo, parecía que nada le preocupase en esos momentos salvo saber el nombre del champú de la muchacha. Estaba claro cuál de los dos era el que aportaba menos sesera al dúo.
- No sé yo si será buena idea…puede que a Ángela no le haga mucha gracia…

El rubio seguía sin estar muy convencido pero finalmente optaron por llevarla con ellos y cuidarla hasta que despertase. Y yo me obligué a dejar de lado mi preocupación para centrarme en acabar mi trabajo.

Recuerdo que en ese momento sentí como si me arrancasen parte de mi propio ser, pero me resistí a volver a su lado.

Después de echar un último vistazo y ver como se alejaban con ella en brazos, volví a la azotea del edificio y minutos más tarde, cuando se encontraban a varios kilómetros de distancia me pareció escuchar un grito.

- ¡Fructis! – Exclamó alguien con voz aguda y triunfal - ¡Já!

 Lancé un hondo suspiro y miré al cielo, sin dejar de pensar en el rostro de aquella joven y esperando a que saliese el Sol para dar la bienvenida a un nuevo cadáver de vampiro.
Puede que al despertar no me recordase, pero estaba seguro de cuál sería mi primer pensamiento durante las mañanas que seguirían a aquella noche en la que decidí darle mi sangre a una desconocida para salvarla.


Segunda Parte del capítulo VIII arriba!

Al final he dividido el capítulo VIII en tres partes porque me quedó esta demasiado larga y con muchas imágenes, y para no dificultar la lectura a aquellos que tienen una conexión más lenta he preferido partirlo en dos para que puedan leerse por separado.

De todas formas la siguiente parte está completa y lista para subir, así que o mañana o pasado la añadiré para no haceros demasiado esperar y alargar mucho más este capítulo.

Esta parte no tiene demasiadas poses mías, tan sólo se ven un par que ya comentaré junto al resto, y si he tardado tanto en subirlos era porque estaba creándolas y cuestan lo suyo >_<

¡Espero que os guste! ¡ Buenas noches!

PD: ¡¡¡MÁS DE MIL VISITAS!!! ¡¡¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TOD@S!!! Gracias a todos los que seguís el blog y leeis mis historias, no sabeis lo mucho que me anima ver que cada día hay más gente que comenta o que se pasa por aquí. Y espero poder subir pronto un nuevo pack de poses (que tengo listo pero falta preparar) como regalito por vuestro interés ^^