miércoles, 23 de mayo de 2012

Primera parte del capítulo XVI

Aquí os traigo una nueva actualización de la serie, en esta parte no he usado poses propias asi que salvo por los cuelgues no ha costado tanto hacerlo.

Hay algunas imágenes que se ven algo oscuras ya que no se porque la planta baja del edificio que uso para Shelüne tiene una iluminación pésima, y aunque quite las ventanas y ponga un montón de luces y las encienda es como si no tuviese ninguna. Cosa rara.

A partir de esta parte veremos un poco cómo le va a nuestra protagonista tras descubrir muchos de los secretos de la Compañía y cómo poco a poco va encauzando su vida para darle algo de sentido y sentirse útil. También sabremos un poco más sobre los sentimientos que ciertas personas despiertan en ella y como prometí se descubrirá uno de los secretillos que tenía por ahí guardados y algunos supongo que ya imaginábais ^^

Y eso es todo, ¡espero que os guste! ¡Besazos!

CAPÍTULO XVI: Familia I

(PRIMERA PARTE)
Después de la conversación en mi cuarto, Ángela y yo hablamos largo y tendido sobre el verdadero propósito de la Compañía Shelüne, sobre el papel de sus miembros y algunos secretos que sólo algunas personas sabían.


De cara a la sociedad, Shelüne era una compañía donde varios artistas (algunos bastante reconocidos) ayudaban a los jóvenes a desarrollar esa faceta innata dándoles clases en distintos talleres artísticos. La mayoría de sus clases estaban subvencionadas y eran gratuitas, aunque también había jóvenes que pagaban por clases privadas.

Pero no todo el dinero llegaba por el Gobierno o los alumnos, de hecho si de éstos dependiese hacía mucho tiempo que habría sido cerrada. 

Gran parte del dinero procedía de sus mecenas, personas que colaboraban económicamente y ayudaban a patrocinar a sus miembros y dar publicidad a la Compañía en general. Cómo Bobarie o el señor Salvatore.


Pero esa era la cara que Shelüne mostraba a todo el mundo.

El lado oculto era muy distinto, y estaba lleno de historias tan desgarradoras como la de Ángela.

Historias sobre víctimas de criaturas sobrenaturales, principalmente vampiros, que ni siquiera sabían que éstos existían realmente a pesar de haber perdido demasiado en sus manos, o personas que sabían de su secreto y estaban siendo perseguidas por ello.

Pero Shelüne era una especie de refugio no sólo para víctimas de estas criaturas, sino también para seres que no formaban parte de este mundo y humanos con poderes especiales, como Nadia, Janne, o como yo. Aunque la mayoría de miembros no sabía lo que éramos realmente.

Las historias más duras procedían de las vidas de algunos niños que a veces venían a dar clases en talleres de pintura y música.


-          Casi todos éstos niños no tienen donde ir, son huérfanos que viven en centros de acogida y orfanatos – me explicó Ángela, mientras veíamos a través del cristal del aula de manualidades a un grupo no muy numeroso de niños con los ojos iluminados y los rostros llenos de manchas de pintura – un par de veces a la semana vienen a clases y desconectan un poco de aquel ambiente tan deprimente. 

-          Se les ve tan felices…

-          Lo son, a pesar de sus miserias.

-          Ojalá pudiera hacer algo para ayudarles.


Entonces tuve una idea, una especie de revelación que me hizo dar un sentido más allá de mi propia seguridad a mi estancia en Shelüne. No era mucho lo que podía hacer, pero al menos quería intentar ofrecerles algo.

Esa misma noche anduve dándole vueltas a todo lo que hablamos, y decidí llevar a cabo mi plan.

Al día siguiente volví a reunirme con Ángela para hablarle de ello.


-          Ángela.

-          ¿Si?

-          He estado pensando…y me gustaría trabajar aquí. No se me da nada especialmente bien, pero me gustaría hacer algo para ayudar a esos niños. Lo que sea.

-          ¿En qué estas pensando?

-          Bueno…no sé, quizás podría darles clases de algo, o dedicar algunas horas al día a cuidar de ellos y hacer talleres de juegos y cosas así. Tengo mucho tiempo libre y creo que tanto a los niños como a mí nos vendría bien entretenernos un poco.

-          Alice…cuidar de esos pequeños no es fácil. Y ya es bastante complicado que nos den permiso para traerlos dos veces a la semana.


-          ¡Un taller de cuentos! – exclamé sonriente - ¡me encanta leer y se miles de historias! Mi abuela solía…

-          Alice…

-          ¡Y también puedo enseñarles a hacer dulces! Seguro que les encanta y se lo pasan bomba.

-          Alice, en serio no creo que sea…

-          Ohh vamos Ángela. Quiero ayudar, déjame demostrarte que puedo hacerlo. Necesito sentirme útil o me volveré loca aquí encerrada.

-          Ya sabes que no es necesario que sigas encerrada si no quieres.

-          Eso díselo a Janne que no deja de perseguirme como una sombra…a veces me asusta que un hombre tan grande pueda ser tan silencioso.

Finalmente aceptó con una sonrisa comprensiva.


-          Está bien…hablaré con el director del CAE.

-          ¿CAE?

-          Centro de acogida Elminster.

-          ¿Elminster? ¿Cómo el mago de Reinos Olvidados?

-          ¿Eh?

-          Déjalo…¡Gracias Ángela! ¡Eres estupenda!

Negó con cariño.

-          Y tú estás loca, no aguantarás ni una semana a esos diablillos.


-          Estoy deseando conocerlos – admití con una sonrisa – por cierto, quisiera pedirte otro favor.

-          Miedo me das…

-          He pensado en dar una fiesta. No te preocupes por los gastos…tengo dinero ahorrado aun y tampoco hará falta gran cosa.

-          ¿Una fiesta?

Asentí.


-          Quiero que esos niños puedan celebrar un día especial, y aprovechar para conocerlos. He pensado que podríamos dedicar un día entero a los más pequeños. Hacer talleres divertidos, tocar música que pueda gustarles, y hacer una especie de obra de teatro o guiñol para ellos. No sólo para los niños huérfanos, podríamos dejar folletos en las escuelas e invitar a los padres a que traigan a sus hijos y dar algo de publicidad de paso. Incluso se podría cobrar algo por la entrada a las familias y usarlo después para financiar alguna clase para los más desfavorecidos. Shelüne ganaría fama positiva y quién sabe, igual hasta la cosa sale bien y podríais ofrecer más puestos de trabajo a todas esas personas de las que me hablaste.

Ángela se quedó mirándome con el ceño fruncido.


-          Me estás asustando…empiezas a hablar sin parar de hacer planes como Violeta.

-          ¿No crees que sea buena idea? – pregunté algo preocupada.

La verdad es que estaba tan emocionada que ni me había parado a pensar en todas las dificultades que podría acarrear un proyecto como ese. Realmente no tenía idea de cómo funcionaba el mundo empresarial, yo sólo quería ayudar.

-          Creo que…por intentarlo no perdemos nada – hizo una pausa pensando en su propia respuesta con algo de temor – daremos esa fiesta y veremos cómo reacciona la gente. Lo cierto es que podríamos ganar el favor de alguna persona importante trabajando en un proyecto así. No sabes la cantidad de famosos en Bridge que tienen hijos como conejos.


-          ¡Genial! – exclamé incorporándome con entusiasmo.

-          Pero tú te encargarás de organizar todo.

-          No te preocupes, puedes dejarlo en mis manos.

-          Eso incluye convencer a todo el que necesites para llevar a cabo tus planes.

-          Eh…

En eso no había pensado, pero no sería tan difícil… ¿no?

De este modo, me puse manos a la obra, y durante los días siguientes fui hablando con los miembros de la Compañía que conocía para convencerlos. Queríamos dar la fiesta ese mismo fin de semana así que tuve que movilizarme mucho para que la noticia llegase a los padres.


Yo me encargaría de los preparativos, y de organizar a todas las personas que quisieran participar en nuestra pequeña fiesta. Y Ángela empezó a mover los hilos necesarios para que el centro de acogida dejase que los niños pasasen una noche en la Compañía.

Al principio todo parecía una locura, demasiado precipitada para salir en condiciones, pero a medida que pasaban las horas nuestro proyecto iba cogiendo forma.


Me pasaba el día haciendo planes con todo el mundo, ensayando, organizando el evento y repartiendo propaganda a las personas que acudían a Shelüne. Hasta que finalmente llegó el día de la fiesta.

(Shelüne, 8 de Enero)

Violeta estaba encantada con todo aquello. Había pasado unos días en Hidden Springs con su familia y se enteró a última hora de qué iba la cosa.


-          ¡¿Puedo encargarme de la decoración?!

-          Claro, de hecho creo que eres la más indicada para ello – contesté feliz de que quisiese ayudar.

-          ¡Genial! ¡Janneeeee!

Janne arqueó una ceja, oliéndose que algo le pediría cuando le llamaba de ese modo. Fue una casualidad que pasase por ahí justo en ese momento, pero al pobre le tocó inflar globos y ayudarle a colgar las guirnaldas y las luces.


El día anterior había estado como loco repartiendo publicidad en la escuela, y Lande se había empeñado en acompañarlo luciendo un gorro con el que parecía Robin Hood y un caballo de madera.

Por desgracia no pudo convencer a Janne para que le acompañase en taparrabos.

Reí al verlo rodeado de tanto colorido y con esa cara de circunstancia mientras Lande jugaba a lanzarlos a su cabeza o explotarlos con el pie, disfrutando como un niño mientras los demás aportaban lo que podían.


-          ¡Ey Alice! Buena idea la de la fiesta, mira… ¡estoy ayudando a Janne a inflar globos!

-          Ayudarías más si no pinchases uno cada vez que lo inflas – su voz siempre sonaba muy paternal cuando hablaba con Lande.

-          Es que así es más divertido – dio un pisotón a otro que explotó con un gran estruendo - ¡Bum!


Me hubiese gustado unirme a ellos, pero tenía mucho que hacer aun y no tenía tiempo que perder. Quería que todo saliese bien, que esa noche fuese especial. Y no sólo por los niños, quería poder aportar algo a todas esas personas que durante esos meses me habían acogido como una más…poder demostrarles lo agradecida que estaba, y que estaba dispuesta a luchar como ellos por mantener a la Compañía en pie y proteger a esos pequeños.

Aunque no sabía muy bien como hacerlo, al fin y al cabo una fiesta no era gran cosa. Pero ya se me ocurriría un modo adecuado, y estaba segura de que aquel día todos olvidarían aunque sólo fuese por una noche sus miserias, sus pérdidas y a esos condenados vampiros.

Después de ver cómo iban las cosas en el comedor fui a la cocina, donde la señora Porter, Rebecca y Nadia preparaban un montón de comida para los invitados. Dulces de todo tipo que tenían una pinta deliciosa y llenaban la planta baja con una mezcla de aromas diferentes: canela, limón, vainilla, chocolate…


Rebecca, cuyo vientre había doblado su tamaño desde la última vez que la vi, no paraba de echar mano a algún que otro plato mientras la señora Porter la reñía. Nadia en cambio tenía toda la cara manchada de harina mientras observaba concentrada, y algo asqueada, la mezcla viscosa que tenía delante de sus narices.

-          ¿Y esto decís que se come? – preguntó sin apartar la vista de la masa.

-          Claro, y está delicioso – contestó Rebecca.

-          Pues tiene una pinta asquerosa.

-          Porque está crudo. Hay que ponerlo a cocer en el horno, como las galletas.

-          Ya verás cuando lo pruebes – le dije, olfateando una bandeja llena de galletas con forma de muñecos y animales.


Nadia me apuntó con el dedo haciéndose la indignada.

-          Que sepas que esta te la guardo…- me dijo, entrecerrando los ojos con el ceño fruncido.

-          Me temo que voy a tener que devolver muchos favores después de esto – contesté divertida.



-          Admítelo Nadia – dijo Rebecca - te lo estás pasando de maravilla, además nunca viene mal aprender a cocinar…seguro que Giglio lo agradece cuando…

-          Ni se te ocurra decirlo – le cortó rápidamente volviendo su atención a la masa – ¡vamos ni en broma!

-          Casarse y tener hijos no es tan malo ¿sabes?


El gesto de Nadia cambió unos segundos, fue demasiado rápido, pero por un instante me pareció ver en él algo que entristecía su mirada. Pero enseguida se recompuso y se apartó de la encimera, limpiándose las manos en un trapo.

-          Yo no sirvo para estas cosas – dijo dirigiéndose hacia la puerta – voy a ver si necesitan ayuda inflando globos.


Las tres la observamos partir algo extrañadas, y Rebecca nos miró arrepentida.

-          ¿He dicho algo malo?

-          No te preocupes por ella – dijo Porter – suele ponerse así cuando la palabra compromiso sale en una conversación.

-          Oh…lo siento. No quería…

El dulce ambiente que inundaba la cocina hacía unos minutos se vio ensombrecido por un incómodo silencio. Rebecca parecía muy sensible con todo el tema del embarazo y esas cosas, así que decidí romper un poco el hielo charlando despreocupadamente con ellas.


Así me enteré de que la señora Porter estaba casada, pero que al parecer no veía mucho a su marido porque era según sus palabras “más raro que un perro verde” y andaba siempre trasteando con la basura que encontraba.

Se llamaba Prius y al igual que ella también trabajaba en la Compañía, aunque no me dijo en qué exactamente.

-          ¿Lo conozco? – pregunté.

Ella se echó a reír y contestó negando con la cabeza.

-          No creo. Pero el día que lo veas sabrás quién es, tenlo por seguro.


Mientras hablamos estuve ayudándoles a cocinar y aprendí algunas recetas nuevas que no conocía. Además, tuve la oportunidad de aportar al menú una de mis tartas favoritas que aprendí a hacer gracias a mi abuela.

Aunque fue algo difícil conseguir los arándanos.

Incluso pude salir para hacer las compras de última hora. Janne insistió en acompañarme, y Lande se apuntó también mientras el resto de miembros terminaban de preparar el salón principal para la fiesta.

Nos subimos en la camioneta de Janne (no sabía que tuviese una) y nos llevó hasta el centro comercial más conocido de la ciudad, donde compramos patatas, refrescos, golosinas y unos cuantos regalos más para los niños, aparte de una larga lista de ingredientes que Rebecca nos había entregado antes de salir.


Me gasté todos mis ahorros (que no eran demasiados pero si suficientes) a pesar de las negativas de ambos a que yo aportase mi dinero.

-          Esta es mi idea, y quiero colaborar en todo lo posible a llevarla a cabo – dije decidida.

Janne había vuelto al piso de Herald después de lo que pasó y me había traído la mayoría de mis cosas, entre ellas mi tarjeta de crédito y de identificación falsas, que curiosamente seguían allí.

Por un momento me sentí tentada de pedirles que me llevasen al hospital para ver a Jake, mi antiguo jefe. Seguía preocupada por él y era una de las cosas que más me apetecía hacer tras mi encierro, pero decidí dejarlo para otro día. Nada de preocupaciones ese día.

-          ¿Podemos pasar por la tienda de comics? – preguntó Lande señalando el cartel de ésta.


-          No creo que sea una buena…- empezó a decir Janne, pero él ya se había metido en la tienda y había empezado a revolver entre los estantes.

Echó un vistazo a nuestro alrededor, parecía un animal vigilando sin cesar la presencia de cada desconocido que se acercaba más de la cuenta a nosotros.

-          Estás tenso - le dije, colocando la mano en su hombro con una sonrisa – relájate un poco, no va a pasar nada.


-          Lo siento – se disculpó, lo cierto es que siempre parecía así en lugares demasiado concurridos.

-          Podríamos tomar algo mientras esperamos a Lande, ¡venga te invito a un helado!

Se encogió de hombros, y le hizo un gesto a Lande indicándole que estábamos en la heladería.

-          ¡Vale! ¡Ahora voy!

Yo pedí una copa enorme de turrón y chocolate y él un granizado. Pagué la cuenta en la barra y nos sentamos en una de las mesas más cercanas a la puerta para que Lande nos viese desde allí.


Guardamos silencio durante minutos, él no parecía muy animado a dar conversación y yo no sabía muy bien de qué hablar. Estar con él a solas después de lo que había ocurrido se me hacía raro. Entonces recordé la forma tan poco sutil de tirarle los trastos y bajé la mirada avergonzada.

-          Quisiera disculparme por lo del otro día, con todo lo que ha pasado no tuve oportunidad de hacerlo.

-          ¿Mm?

-          Ya sabes…por cómo me comporté contigo en el claro del bosque.

Apartó la mirada de su vaso por unos segundos para clavarla en mis ojos.


-          No te preocupes, fue cosa de la bebida.

Quería creer que era así, pero lo cierto es que no podía estar segura. Una parte de mi había deseado aquello, una parte desconocida y ansiosa por experimentar y vivir al límite, sin contenciones de ningún tipo.

-          Ya…

Pero salvo con Thaerion, sólo me había sentido así con Janne. ¿Quería decir eso que sentía algo por él?
Si fuese así, y a pesar de no servir para nada, me atrevería a pensar que había algún modo de olvidar…aunque sólo fuese lo suficiente para aceptar una relación distinta.


-          Si te digo que no fue sólo por la bebida… - comencé a decir sin estar muy segura de lo que hacía -  ¿cambiarían algo las cosas?

Janne guardó silencio unos segundos, pensando la respuesta, mientras yo jugaba a machacar el helado y derretirlo con la cuchara.

-          Perdóname, no debía haberlo pregun…

-          Me sentiría halagado. Pero aunque quisiese me temo que no podrían cambiar.

“Aunque quisiese” parecía una forma condescendiente de darme calabazas. Me metí una cuchara en la boca y saboreé un trozo de turrón mientras experimentaba una mezcla de alivio y desilusión al escucharle. Lo cual no dejaba de ser sorprendente.

-          Hace años que me negué ese placer, Alice.

-          No hace falta que me des explicaciones. No te gusto, tampoco es que vaya a montar un drama por ello.


-          No estoy ciego, y tampoco estoy hecho de piedra como crees – su voz cobró intensidad a medida que hablaba – pero estoy aquí para protegerte, y eso implica mantener mis deseos e impulsos lejos de ti.

-          ¿Eso quiere decir…?

-          Qué me apetecería encerrarte en los baños y hacértelo ahí mismo – aclaró sin tapujos - pero que no es posible.


-          Bueno…- carraspeé, alegrándome de haberme tragado el trozo de turrón antes de llegar a esa parte de la conversación – es…bueno saberlo.

-          Perdóname, no se me da bien hablar de estos temas. No debería haber sido tan directo.

-          No, no te preocupes…es sólo que me sorprende oírte decir esto. Pensaba que no sentías…

-          Que sepa controlarme no significa que no sienta. Pero he vivido siglos…Alice, y hace mucho que aprendí a relegar mis instintos más básicos a un segundo lugar.

-          Me gustaría saber controlar mis sentimientos, poder razonar como tú antes de dejarme guiar por estúpidos deseos.


-          Eres joven, y posees un espíritu inquieto que por lo que parece ha estado muchos años recluido. Necesitas experimentar. La curiosidad y el deseo por lo desconocido forma parte de tu instinto. No debes avergonzarte o sentirte mal por ello.

-          ¿Te refieres a lo que soy?

-          Así es. Aunque eres una náyade algo extraña.

-          ¿Ah si? ¿Y eso porque? – pregunté con curiosidad.


-          Posees rasgos de personalidad comunes en ellas, al menos a simple vista. Pero encierras un modo de ver el mundo más común entre las dríades. Eres valiente y atrevida, rebelde a tu manera, aunque también eres servicial como las damas del agua. Intentas ser complaciente con los demás, pero cuando en algo no estas de acuerdo no dudas en dar tu opinión al respecto y luchar por lo que crees. Eres inquieta, no tan serena como las de tu especie. Y aunque sueles ser tímida con los desconocidos no temes expresar tus deseos abiertamente.

La verdad es que me sorprendía que Janne, tan callado como parecía siempre, se abriese a mí de esa forma y me conociese tan bien. Me gustaba hablar con él. Cada palabra suya estaba cargada de sabiduría y el tono paternal de su voz solía traerme recuerdos de Herald, al que seguía echando muchísimo de menos.

¿Sería ese el motivo por el que creía sentir algo más hacia él?


Herald había sido la única persona que durante mi adolescencia me aportó serenidad y la  cálida sensación de estar completamente segura a su lado. Y Janne, en la actualidad, me hacía sentir del mismo modo.

Aunque amase con locura a Thaerion, él nunca me había proporcionado esa paz.

Y no es porque no supiese hacerlo, de hecho…me había salvado la vida tantas veces que ya casi había perdido la cuenta. Pero entre nosotros siempre había algo que salía mal y terminaba por separarnos. Era como si el resto del mundo se pusiese en nuestra contra, tirando de nosotros en direcciones opuestas para separarnos.

Y maldita sea, siempre lo conseguían.

Estuve a punto de venirme abajo al pensar en ello, así que volví enseguida a retomar la conversación.


-          ¿Cómo sabes tanto sobre nosotras?

-          Bueno…como te dije conocí a algunas como tú hace tiempo.

-          ¿Has estado alguna vez con una ninfa?

Fue una idea tonta, pero no pude evitar la pregunta.

-          Alguna vez – contestó, dando un rápido sorbo al granizado derretido y mirando a otro lado.

-          ¿Quién ha estado con una ninfa?


Música: Final Fantasy VII - Yuffie's theme


Lande apareció de pronto, sentándose con una abierta sonrisa a nuestro lado.

-          N-nadie – contesté mirando de reojo a Janne, que había vuelto a su habitual gesto neutro.

-          Pues yo si lo sé – replicó - Una vez mi padre pilló tal cogorza que se inventó una historia flipante sobre mi verdadera madre. ¿Queréis que os la cuente?

-          ¿Tu verdadera…? –no me dio tiempo a asimilar aquello, pues no tardó en ponerse a contarla.

Nos habló de cómo su padre había conocido durante su juventud a una hermosa ninfa que decía, vivía en un lago oculto cerca de las montañas de Appaloosa. Al parecer, esa mujer lo sedujo y atrajo con una bella canción que hablaba sobre un joven árbol. Y a pesar de que su padre estaba casado y tenía un hijo muy pequeño (Gas), se enamoró perdidamente de ella.


Según él fue hechizado hasta caer en su embrujo y bueno…tuvieron relaciones durante un corto período, tras el cual ella desapareció para siempre. Hasta que años después, dejó como regalo en su puerta al que sería el fruto de aquella infidelidad.

-          Y así nací yo – finalizó sintiéndose en parte orgulloso de ello - Aunque bueno…también me contó que mi madre era piloto y se estrelló un día en una selva y la dieron por muerta. O que era una famosa amazona que fue atropellada por su caballo en una carrera. Pero eso no explica lo de mis orejas…- se quedó algo pensativo - y lo de ser hijo de una conejita de Playboy me enteré hace poco que era una broma de Gas. Vamos, que no tengo ni idea de porque son tan largas.


No abrí la boca hasta que terminó su historia. Estaba demasiado sorprendida, pues lo cierto es que me recordaba muchísimo a las historias que mi abuela solía contar sobre Cirene, mi supuesta madre.

La dama del lago y el árbol, el Sauce junto al río, la canción…

-          Lande…

-          ¿Si? – preguntó mordisqueando una cucharilla de plástico.

-          ¿Te dijo tu padre cómo se llamaba la mujer del lago?


Janne me miró de reojo, suponiendo donde quería llegar por la cara que puso al mirarnos alternativamente a Lande y a mí.

-          Erm…- él ladeó la cabeza pensativo – no sé, no lo recuerdo bien. Sonaba a algo así como...”Cauce Morado” o “Fauce…”

-          ¿Sauce Dorado…?

-          ¡Eso! – me señaló con el dedo y volvió a quedarse pensativo – o eso creo, al menos me resulta familiar.

-          Dioses…


Miré a Janne con los ojos abiertos de par en par. Si aquello era cierto y Sauce Dorado era la verdadera madre de Lande eso quería decir…

¡Que ambos éramos hijos de la misma náyade!

Janne me dedicó una cálida sonrisa al darse cuenta de lo que estaba pensando. Era tan sencillo hablar con él sin la necesidad de pronunciar una palabra, y me sentía tan feliz…

Lande era mi hermano, la sangre feérica que corría por mis venas era también la suya…y por primera vez en mi vida conocía a una persona a la que podría considerar de mi propia familia.

-          ¡Oh, Lande! ¡Eso es magnífico! – me lancé sobre él y le abracé con todas mis fuerzas.


Él se quedó con la boca abierta sin entender nada, pero no tardó en reaccionar a mi abrazo de forma cariñosa.

-          Tsk…si llego a saber que la historia sobre la ninfa tiene este efecto en las mujeres la habría contado antes – bromeó mirando a Janne de reojo.

Puede que parezca una locura, y no estaba del todo segura de que fuese mi hermano realmente. Pero al tenerlo en mis brazos noté algo en mi interior que me decía que no me equivocaba.

-          Alice…yo también te tengo mucho cariño pero tengo novia ¿eh?…no vaya a pensar la gente cosas raras…

-          No seas tonto – me aparté de él para mirarle de nuevo, y aproveché para secarme las lagrimillas de los ojos – te abrazo porque acabo de descubrir porque tu y yo nos parecemos tanto.

Él se quedó mirándome con curiosidad unos instantes.

-          ¡Ala! Pues es verdad, no me había fijado…¡pero hasta tienes las orejas de punta como yo!


-          Lande…llevas metiéndote con ellas desde que me conociste...no mientas.

-          ¿Ah si? No me acordaba.

Negué sonriendo.

-          ¿Y porque lloras? Parecerse a mi no tiene que ser tan malo, si soy bastante guapo y tu no estás nada mal. De hecho si no tuviese novia…

-          Lande…- le interrumpí adivinando el rumbo que iba a tomar la conversación - creo que eres mi hermano.

- Si claro, y yo me chupo el dedo - contestó saboreando un poco de helado precisamente de la misma forma. 


-          Lande…creo que mi madre también se llamaba Sauce Dorado, y es una ninfa.

-          ¡Anda! ¿Cómo la mujer de la que hablaba mi padre?

Le miré con cara de circunstancia, esperando que uniese las piezas por sí mismo. A veces con algo de esfuerzo lo conseguía. En esta ocasión tardó unos minutos en los que seguí en silencio para no interrumpirle.

-          Entonces si nuestras madres son ninfas que viven en el bosque y ambos tenemos orejas puntiagudas eso quiere decir… ¡QUE SOMOS ELFOS!


Lancé un hondo suspiró…

-          Me parece que esto va a llevar algo más de tiempo. Y debemos volver…- sugirió Janne de forma comprensiva.

Asentí sonriente y tomé del brazo a Lande para tirar de él mientras seguía intentando buscar algo de sentido a lo que acabábamos de hablar.

No dejaba de pensar en el nuevo rumbo que estaba tomando mi vida ese año, y en el regalo que había recibido aquel sábado de principios de Enero.

Puede que Lande fuese algo cortito y tardase en darse cuenta de la verdad, pero al fin podía decir que tenía un hermano…

Y una verdadera familia entre artistas y seres sobrenaturales que nunca me juzgarían por ser distinta.

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