(SEGUNDA PARTE)
Habían acudido más niños de los que esperábamos en un principio, pero fuimos previsores y hubo regalos y comida de sobra para todos.
Durante las primeras dos horas sólo hubo que lamentar un pequeño incidente con la ensaladilla rusa, que acabó esparcida por todas las paredes y muebles del comedor.
Fue toda una experiencia ver volar proyectiles de patata con mayonesa por encima de nuestras cabezas, y ver el gesto de Violeta cuando uno de ellos le golpeó en plena cara.
- ¡Que sepas que vas a limpiarlo todo tu solita cuando todo esto acabe!
- ¡No te preocupes! – grité haciendo una bola con la masa y preparándome para lanzársela al grupo contrario – ¡voy a dejarlo todo impecable!
Puede que tuviese que hartarme de frotar al día siguiente, ¡pero me lo estaba pasando bomba en mi primera guerra de comida! Y los niños parecían disfrutar como nunca, fue realmente divertido.
Por suerte no me comí ningún proyectil, ¡y eso que Lande iba a matar y tenía una gran puntería! Pero si de algo podía presumir era de tener buenos reflejos.
Lande también los esquivó, así que supongo que debe ser algo de familia…
Después de la merienda-cena y de limpiar como pudimos aquel desastre los llevamos al salón principal, donde habíamos apilado un montón de cajas de regalos y dulces para todos los niños.
Lande insistió en disfrazarse para la ocasión y hacer entrega de los regalos vestido de conejito junto a su hermano, al que costó bastante convencer (lógico). Pero él siempre se las apañaba para salirse con la suya, y durante un rato tuvieron a los niños entretenidos haciendo cola para tirarles de las orejas y llevarse su premio.
- Estás haciendo un buen trabajo con esos niños, se les ve muy contentos.
Me giré sorprendida hacia el origen de la voz. Llevaba días sin saber nada de Francessco, y por lo que me había contado Giglio no parecía tener muchas ganas de acudir a la fiesta. No quiso decirme porque.
Pero en cambio ahí estaba, y me alegré muchísimo de volver a verlo.
- Gracias – contesté con una sonrisa.
- Parece que tienes buena mano para los niños.
- Son más sencillos de contentar que un adulto.
- ¿Tú crees? – hizo una seña hacia un pequeño grupo de niños – esos no parecen del todo contentos…
- ¡Te dije que quería un camión de bomberos, conejo tonto! – vociferaba uno de los pequeños pegándole una patada en sus (por suerte) acolchadas partes.
- ¡Gas! – exclamé corriendo en ayuda del pobre.
Al cabo de unos segundos un grupo formado por siete niños saltaba y tiraba de las orejas al conejo rosa, mientras Lande se partía de risa contemplando la escena desde lo alto de una mesa. El pobre Gas siempre tenía las de perder teniendo un hermano tan ágil e inquieto.
En ese momento apareció Janne, y con toda la tranquilidad del mundo se metió entre el grupo de niños y cogió a Gas cargándolo a su hombro como un saco de patatas.
Los niños se quedaron embobados observando al indio cargar con casi cien kilos de carne de conejo encima, y dejarlo a salvo junto a su hermano.
- ¡Es la Masa! – gritó uno señalándole con el dedo.
- ¡No tonto! ¡La Masa es verde! – replicó otro chico.
- ¡Entonces es Conan!
- Guauuuu ¿podrá cargar también conmigo? – soltó el más atrevido del grupo al mismo tiempo que se enganchaba de uno de sus brazos.
Por unos segundos me quedé muda contemplando la escena, viendo como poco a poco Janne se iba convirtiendo en un árbol con niños colgados de él como adornos de navidad.
La escena era tan alucinante como tierna, y yo no dejaba de sorprenderme por la capacidad de Janne de mantenerse tranquilo y soportar tanto peso como si nada. Pero por mucho que me gustase observarle en todo su esplendor debía hacer algo para quitárselos de encima e imponer orden.
- ¡Ya está bien enanos! ¡Coger los regalos y mover vuestros pequeños traseros al salón de actos! – exclamé, acompañando con unas palmadas mis ordenes.
- ¡No! – gritaron unos cuantos siguiendo con atención cada movimiento del indio como si fuese una especie de super héroe.
- ¡Queremos jugar con Conan!
Una pequeña niña de ojos grandes y azules se plantó delante de él con una tímida sonrisa.
- Señor Conan ¿podría casarme con usted? – su voz apenas se escuchaba entre el griterío de niños.
Janne paró en seco, mirando a la pequeña que no le llegaba ni a la cintura, y con un suave gesto llevó la manaza a su pelo para revolverlo.
- Una princesa como tú merece algo más que un bárbaro –contestó, con una voz amable y paternal.
Pobre niña ¿es que Janne no se cansaba nunca de dar calabazas a las mujeres? Que egoísta por su parte dejar sólo para sí mismo ese magnífico cuerpo, debería considerarse un delito, pero claro…no iba a pararme a discutir de algo así con él, y mucho menos por una niña que no llegaría ni a los cinco.
Ella fue a replicar algo pero otro chico le cortó. Éste parecía uno de los mayores del grupo, debía rondar once años.
- ¡No seas tonta! Conan no tiene tiempo para el amor y esas cosas de chicas, está demasiado ocupado luchando contra los malos.
- En realidad dedica bastante de su tiempo a ese tipo de cosas – interrumpió Francessco de repente - su lista de amantes a lo largo de su historia es casi tan larga como la de sus enemigos.
Su voz sonaba analítica e interesada en la conversación, solía usar ese tono cuando quería dejar claro su punto de vista en una discusión, lo cual resultaba bastante divertido teniendo en cuenta que intentaba razonar con unos niños de menos de doce años.
- ¿Qué son amantes? – preguntó la niña que había pedido matrimonio a Janne.
Janne aprovechó para escaquearse con Gas, al que por fin habían dejado en paz.
- Pues son los que se dan besos y abrazos para tener hijos – explicó otro.
- ¿Pero los hijos no los tienen las cigüeñas?
- No seas boba, los tienen los padres cuando tienen sexo – esta vez el que habló fue el hijo de Gas, que tenía casi doce años y al parecer estaba algo más puesto en esos temas.
- ¿Sexo? – hizo una mueca, extrañada por la palabra - ¿y eso que es?
En esa ocasión dirigió su pregunta hacia Francessco, que de los presentes parecía el que sabía más cosas por eso de llevar gafas y ser tan alto.
- Eeeerm…- Fran me lanzó una mirada suplicante.
- A mi no me mires – contesté divertida - tu eres el que ha sacado el tema.
Tenía ganas de ver como se desenvolvía con los niños y sentía curiosidad por saber como se las apañaría para salir del embrollo en el que se había metido. Pero me di cuenta enseguida de que ese tema era especialmente sensible para él, y su timidez ganó la batalla.
- Pues es…- me miró de reojo y su rostro se iluminó con una idea, cambiando enseguida de tema - ¡oye Alice! ¿no dijiste que había un mago de otro mundo haciendo magia en el salón?
- Ehh…
- ¡Un mago! – gritaron varios chicos corriendo hacia el pasillo.
Todos se olvidaron del tema enseguida, y Lande aprovechó para guiarles hasta el salón de actos, donde el resto de miembros esperaban para dar un espectáculo especial para los niños. Yo les seguí por el pasillo caminando junto a Fran.
- Eso ha sido muy cobarde – le recriminé entre risas.
- ¿Y qué querías que hiciese? – preguntó llevándose la mano a la nuca con timidez – no creo que sea la persona adecuada para dar una charla sobre sexo, y mucho menos a niños.
- Y yo que creía que eso de dar charlas informativas era tu especialidad.
- Si son sobre ordenadores, juegos de rol, películas y comics no tengo ningún problema. Pero prefiero dejar los temas sobre sexualidad a personas como Violeta, o mi primo incluso. Aunque pensándolo bien…mejor no. Giglio acabaría creándoles algún tipo de trauma.
Reí al escucharle.
- Hablas como si no supieses de donde vienen los niños.
- Lo sé, lo que pasa es que prefiero no pensar en esos temas – se sonrojó – al menos no en medio de un montón de pequeñajos dispuestos a lanzarse encima de mí si digo algo que no les gusta.
No estaba muy segura de si temía más hablar de sexo que a los niños, pero tampoco quise insistir, ya que no parecía demasiado cómodo hablando de ello. Y tampoco es que fuese un buen momento. Aunque me gustaba tener algo de lo que hablar con él para al menos romper el hielo después de lo que había pasado.
Aun seguía pensando en su reacción el día de Año Nuevo, pero no tenía la confianza suficiente para preguntarle al respecto. Suponía que estaba preocupado como Ángela y Violeta, pero como era tan tímido le daba miedo expresar su inquietud.
Tampoco había que darle muchas vueltas. Después de todo sólo había sido un abrazo, un gesto muy normal entre amigos.
- Entiendo – contesté dándome cuenta de que me había quedado en silencio demasiado rato y estábamos a punto de llegar.
Los niños tardarían unos minutos en ir colocándose en sus respectivos asientos y Lande y Ángela ya estaban con ellos, así que aun podía charlar un poco más con él.
Decidí disculparme como ya había hecho antes con el resto.
- Siento haberme ido así el otro día. Y haberte dicho que me sentía mal para…
- No importa – contestó algo cortante – estás bien, y eso es lo importante.
Entonces me miró fijamente, dándose cuenta de que había contestado demasiado rápido.
- Porque estás bien ¿verdad? – sus ojos parecían algo preocupados.
Asentí con una sonrisa. Cada vez me costaba menos fingir que me encontraba perfectamente, era algo que había aprendido hacer cuando trabajaba para Hamming. Y resultaba muy eficaz cuando no me apetecía en absoluto hablar de mis problemas.
- Entonces ya está todo hablado, no hay que darle más vueltas.
Me dedicó una débil sonrisa y posó la vista en el salón, sin pronunciar ni una palabra más. Le observé durante unos segundos, sin saber muy bien qué pensar.
Quizás había dado demasiada importancia a lo ocurrido.
- Gracias Francessco, ahora si me disculpas…tengo una panda de niños revoltosos que atender.
- Claro – contestó con un movimiento de cabeza - suerte. Estaré aquí viendo como te las apañas con ellos.
Sonreí y me acerqué a Ángela, que ya estaba terminando de dar instrucciones a los niños para sentarse en orden.
- ¿Puedo ayudarte?
- No te preocupes, ya están controlados. Tú encárgate de anunciar el espectáculo.
- Vale.
Subí al escenario bastante tranquila y animada.
Era la primera vez que hacía algo así, pero sólo tenía que coger un micrófono y hablar con un montón de niños mientras iba anunciando cada uno de los espectáculos que íbamos a ofrecerles. También había adultos, pero a la mayoría los conocía de estar en la Compañía y ya tenía algo de confianza para quedarme bloqueada por ellos. No sería tan difícil…
Aunque al principio, y al ver ese montón de cabecitas tan cerca y centradas en mí, me sentí algo indefensa. Recordando la primera y única vez que había hablado para tanta gente en el instituto.
Aquello no ayudó demasiado, no guardaba un buen recuerdo de mis años como alumna marginada. Pero me obligué a recordar que esos niños no eran como Faith y compañía, eran mucho más pequeños e inocentes, y sus vidas por desgracia habían pasado por cosas horribles que les había hecho ver el mundo desde otro punto de vista.
Y esa noche yo estaba allí por ellos, para sacarles más de una sonrisa y hacerles olvidar sus miserias, no para recordar las mías.
Música: Moogle's Theme (Final Fantasy IX)
Todo fue bastante bien y los niños lo pasaron bomba. Habíamos preparado un espectáculo con guiñoles para los más pequeños, en el que Lande y yo cogimos unas cuantas marionetas y nos pusimos a improvisar y hacer el tonto bajo una mesa vieja, ocultos tras una tela de terciopelo morada y flecos dorados.
No podía dejar de reír al ver las caras que ponía Lande mientras golpeábamos con palos en forma de espada en las cabezas de nuestras marionetas. Y por lo que pude escuchar, los niños parecían pasarlo igual de bien viendo como dos espadachines de trapo luchaban por el amor de una princesa con cara de troll (las marionetas eran tan feas que daban miedo).
Después de eso hicimos una pequeña adaptación bastante extraña del cuento de Rapunzel. Protagonizado por Violeta, Giglio y Nadia.
En el que Rapunzel (Violeta) se quedaba calva cuando el príncipe (Giglio) intentaba trepar la torre con su pelo como cuerda. Finalmente él y la bruja (Nadia) terminaban juntos y ésta última se apiadaba de Rapunzel haciéndole crecer el pelo de nuevo, pero de una forma algo espectacular.
La visión de Violeta con una peluca rosa a lo afro no se me borrará de la cabeza.
Hasta yo tuve la oportunidad de hacer mis primeros pinitos en el teatro, y aunque sólo fuese encargándome de subir y bajar el telón y preparar los escenarios me lo pasé bastante bien.
Después Nadia se quedó sola en el escenario e hizo un espectáculo para contentar a los niños, que gracias a la idea de Francessco no dejaban de pedir a gritos la presencia de un mago.
No sé si lo que usó fueron sólo trucos comunes entre prestidigitadores, pero era increíble verla encima del escenario. Era capaz de crear ilusiones de la nada, y hasta a los adultos dejó impresionados con su misteriosa actuación.
Por último, y para no ser menos, Lande encandiló al público con una sorprendente demostración de su elasticidad y destreza, saltando, contorsionándose y haciendo piruetas para entretener a los niños.
Fue genial verlos en acción.
Finalmente llegó la hora de acabar y llevamos los niños a una de las aulas de baile, que era de las más amplias y diáfanas. Habíamos colocado en el suelo un montón de sacos de dormir y almohadas para que los niños pasasen la noche.
Pero a pesar de todas las horas que llevaban en pie y jugando, parecían no cansarse nunca. Era increíble la de energía que desprendían esos renacuajos. No paraban de gritar y lanzarse cosas los unos a los otros.
El resto de adultos, salvo Lande, habían decidido ocuparse de recoger un poco para adelantar el trabajo del día siguiente, mientras él y yo nos encargábamos de acostarlos. O más bien yo, porque Lande parecía un niño más jugando a pegar almohadazos a los niños (y recibirlos).
Me di cuenta de lo mucho que teníamos en común, sobre todo porque a veces nos comportábamos de forma demasiado infantil para nuestra edad, y disfrutábamos mucho de la compañía de los niños. Aunque en este caso yo tenía que hacer un poco como Gas y ser la hermana mayor de la familia.
Familia…
No podía dejar de sonreír al pensar en esa palabra y ver a esa cantidad de críos alrededor de Lande.
Por un segundo imaginé lo que sería formar la mía propia, una casa llena de niños con Thaerion a mi lado. E inconscientemente me llevé la mano al vientre, pensando con tristeza en que aquello nunca pasaría.
“Nada de pensamientos amargos, aun no ha acabado el día Alidaen”, me dije a mí misma.
Además ¿para qué quería hijos si ya tenía una enorme familia en aquel lugar? Siempre podía cuidar de los pequeños de los demás, que era bastante menos complicado y no tenía que parirlos.
- Bueno enanos, ahora hay que dormir – dije empezando a apagar las luces.
Aun entraba algo de luz por las ventanas, por lo que no nos quedamos del todo a oscuras.
- ¡No quiero dormir! – se quejó uno de los más pequeños, al que varios respaldaron gritando a la vez.
- ¡Yo tampoco!
- Pero bueno ¿vosotros es que no os cansáis nunca? – pregunté con los brazos en jarras.
- Ali ¿Por qué no nos lees un cuento? – la voz de la pequeña Becca volvió a elevarse entre la de sus compañeros.
Becca tenía unos cinco años, sus padres habían muerto hacía apenas unos meses y la habían encontrado junto a ellos casi desangrada, pensando que estaría muerta. Fue un milagro que sobreviviese, pero la pequeña se aferraba a la vida con una valentía increíble. No recordaba nada de lo que había ocurrido, pero las recurrentes pesadillas con criaturas de la noche y sus fallecidos padres aun la hacían despertarse entre gritos.
Su historia era la prueba más reciente de la crueldad a la que podían llegar los vampiros, y también de la fuerza de voluntad humana.
Era una niña algo tímida, pero su curiosidad siempre le hacía abordar a los mayores con preguntas que a veces nos dejaban a cuadros.
- ¿Un cuento?
- ¡Si! ¡Si! – gritaron todos a la vez, incluido Lande que siempre se apuntaba a todo.
- Claro, ¿porque no? - contesté sin borrar mi sonrisa - ¿sobre qué os gustaría que tratase?
- ¡Zobre princezas! – gritó una niña de cabellos rojizos y pecas en toda la cara, ceceando ligeramente por culpa del hueco que quedaban entre sus dientes mellados.
- ¡No seas cursi! – le recriminó Park, el chico que siempre andaba llevando la contraria a los demás y que casi deja sin carné de padre a Gas - ¡Yo quiero que salgan dragones!
Varios críos más dieron su opinión, aportando una idea que distaba bastante de la anterior: robots, caballeros, príncipes guapos, Pokemon…
- ¿Y a ti Becca? – pregunté dirigiéndome a la niña que había tenido la idea - ¿Qué te gustaría que saliese en el cuento?
Pensé que diría algo lindo como ponis, unicornios o barbies. Pero me equivoqué.
- Me gustan las brujas – murmuró con una tímida sonrisa.
- ¿Las brujas?
Ella asintió, y a los chicos no pareció desagradarle la idea, sobre todo después del espectáculo de Nadia.
- ¡Pero de las que comen niños! – pidió Park.
- ¡Si! ¡Con pokemon! – Timmy parecía empeñado en meter a un tal Charmander por ahí…
- ¡Una historia que de miedo Alice! – me rogó Duncan, el hijo de Gas.
Al que todos apoyaron haciendo palmas y asintiendo.
- ¡Y si están buenas mejor!
Esta vez fue Lande el que dio ideas, los demás se rieron por lo que había dicho.
- Las brujas no se comen tonto, son los niños – le corrigió el pequeño Rafael.
- Digo que tengan buenas…- empezó a decir, poniéndose las manos delante del pecho.
- ¡Lande!
- ¡¿Qué?! ¡Jo! Sólo estaba dando ideas…
Negué sonriendo y volví a hablar pidiendo la atención de todos.
- Vale, pero después del cuento debéis prometer que os dormiréis.
Todos asintieron y yo pedí a Gas, que pasaba por allí para darle un beso de buenas noches a su hijo, que me trajese una linterna para dar algo de dramatismo a la historia.
Los niños hicieron un círculo alrededor de la plataforma donde las maestras daban sus clases, y yo me situé delante de ellos para narrar el cuento. No estaban todos los que habían acudido a la fiesta ya que algunos de ellos tenían sus respectivas familias de acogida y no cabían, pero eran siete y entre todos ocupaban el suelo de casi toda el aula (teniendo en cuenta que cada uno ocuparía un lugar con su saco de dormir).
En cuanto apagué las luces unos cuantos se encogieron asustados, al parecer Lande había aprovechado para hacer de las suyas y andaba susurrándoles algo.
- ¡Y la elfa asesina apagó la luz antes de degollarlos como cerdos! – gritó de repente.
Le lancé una mirada asesina y se tapó la boca, mirándome con carita inocente.
Suspiré y esperé que terminasen de colocarse mientras pensaba qué contarles, y no tardé en recordar la historia de una película que me encantó cuando era niña llamada “Hocus Pocus”, en la que Sarah Jessica Parker vestida de bruja cantaba una preciosa canción para atraer a los niños.
Recordaba haber leído con mi abuela el poema de Poe en el que se habían basado para la canción de la película, y cómo la había cantado miles de veces siendo una niña. Y decidí agregarla a mi historia.
Hice algunos cambios sobre la trama original, añadiendo alguna criatura fantástica (incluido un bicho llamado Charmander), una princesa de seis años, y un dragón en el que montaba una de las hermanas brujas en vez de en escoba por estar demasiado gorda. Y como una de las brujas era bastante guapa no tuve que añadir muchos cambios para contentar a Lande, y la historia sirvió para atraer la atención de todos los niños. Y la de mi hermano.
De hecho incluso los adultos se habían agolpado fuera de la sala para escucharme narrar aquel siniestro cuento sobre brujas que atraían a niños inocentes para alimentarse de sus almas y ser jóvenes eternamente, y sobre zombies que salen de la tumba para ayudar a los protagonistas a derrotarlas.
Incluso me atreví a acompañar de una melodía la parte en la que la bruja Sarah usaba su voz para hechizar a los pequeños. Y el resultado me sorprendió hasta a mí…
(*)Come Little Children (Venid pequeños)
I'll Take Thee Away (Yo os llevaré lejos)
Into A Land Of Enchantment (Hacia una Tierra Encantada)
Come Little Children (Venid pequeños)
The Time's Come To Play (Ha llegado la hora de jugar)
Here In My Garden Of Shadows (Aquí, en mi Jardín de Sombras)
Follow Sweet Children (Seguidme dulces niños)
I'll Show Thee The Way (Yo os mostraré el camino)
Through All The Pain And The Sorrows (A través del dolor y el sufrimiento)
Weep Not Poor Children (No lloréis pobres niños)
For Life Is This Way (Esto será así por siempre)
Murdering Beauty And Passions (Asesinando la belleza y las pasiones)
Hush Now Dear Children (Guardad silencio queridos niños)
It Must Be This Way (Debe ser de esta manera)
To Weary Of Life And Deceptions (Para que acabe la vida y sus decepciones)
Rest Now My Children (Descansad ahora mis niños)
For Soon We'll Away (Pues pronto nos iremos lejos)
into The Calm And The Quiet (Hacia la calma y la quietud)
Come Little Children (Venid pequeños)
I'll Take Thee Away (Yo os llevaré lejos)
Into A Land Of Enchantment (Hacia una Tierra Encantada)
Come Little Children (Venid pequeños)
The Time's Come To Play (Ha llegado la hora de jugar)
Here In My Garden Of Shadows (Aquí, en mi Jardín de Sombras)(*)
No fui consciente de lo ocurrido hasta que mi voz se apagó en medio de la sala y el silencio sumió a la Compañía en una sobrenatural calma que me puso la piel de gallina. Los niños me miraban adormilados y con la boca entreabierta, y los adultos permanecían de pie al lado de la puerta mirándome fijamente y confusos.
Todos menos Janne…que observaba con una intensa mirada lo que ocurría a mi alrededor.
Seguí su mirada y pude ver cientos de pequeñas lucecitas de color dorado y azul saliendo de mi cuerpo. Parecían minúsculas luciérnagas moviéndose a través de la sala para rodear a los presentes mientras emitían extraños sonidos similares a cánticos femeninos, creando un bello espectáculo de luces y sombras alrededor de los niños, que intentaban tocarlas y atraparlas con las manos hasta hacerlas desaparecer.
El efecto no duró más que un par de minutos, y nada más acabar los niños quedaron dormidos con una gran sonrisa en el rostro. Incluido Lande, que al parecer también había intentado tocar esa especie de polvo extraño, o lo que fuese.
Parpadeé varias veces, incrédula. Y después de colocar a los pequeños en sus respectivos sacos de dormir me moví silenciosamente por la sala para encontrarme con Janne y Ángela, que estaban esperándome fuera.
- ¿Alguien entiende lo que ha ocurrido ahí dentro? – pregunté confusa.
Ángela negó.
- No tengo ni idea, esperaba que tú pudieses explicarlo.
Negué con la cabeza y lancé a Janne una mirada inquisitiva, esperando que él tuviese la respuesta.
- Es la primera vez que veo algo así. Puede que sea algún poder asociado a las náyades – contestó.
- ¿Náyades? – preguntó Ángela – espera…creo que me he perdido.
- Si bueno, dicen que tengo sangre de ninfa… ¿no te lo contó Janne? Creía que después de lo que habíamos hablado lo sabrías.
Janne se encogió de hombros.
- A mi nadie me preguntó.
- Vale bueno…ya habrá tiempo para explicaciones de ese tipo – Ángela frotó sus ojos algo cansada, pero sonrió haciéndonos saber que estaba tranquila - la verdad es que no es la primera cosa rara que veo así que no pienso ponerme a gritar histérica ni nada por el estilo. Hablaremos de ello mañana, ¿te parece bien, Alice?
- Claro, cuando quieras – contesté.
- Quizás Nadia sepa algo – se le ocurrió - ella es la experta en este tipo de cosas.
- Por cierto ¿Dónde están los demás? – pregunté dándome cuenta de que tanto Giglio, como Francessco, Violeta y Nadia habían desaparecido – estaban aquí hace unos minutos.
- Nadia se los llevó cuando empezaron a darse cuenta que esas luces y cánticos no eran ningún tipo de efecto especial – explicó Ángela – por suerte lo hizo antes de que los niños quedasen dormidos como por arte de magia.
- ¿Ellos no saben…?
- ¿Qué viven criaturas sobrenaturales en la compañía? – preguntó en voz baja.
Asentí.
- No, tan sólo lo sabemos Janne, tú, Nadia y yo…que tu conozcas. Y bueno…quizás Lande, aunque a veces dudo que se entere de algo realmente.
Angela lanzó una cariñosa mirada hacia la puerta de cristal, desde donde se podía ver a Lande durmiendo como un angelito sobre la moqueta.
- ¿Ni siquiera Violeta? Si ella es también una de las Musas de la Compañía.
- Violeta se niega a creer que exista algo que sobrepase su entendimiento, siempre encontrará un razonamiento “lógico” a las cosas raras que ocurren en Shelüne, y también fuera de estas cuatro paredes. Incluso si la lógica es más difícil que creer que la propia magia.
- Vaya, no pensé que fuese tan escéptica.
Era bueno conocer ese lado de ella, de hecho lo habría esperado más de Ángela, que parecía razonar siempre todo, que de Violeta.
- Créeme, Violeta ha visto y oído demasiadas cosas en Shelüne, y si nada de lo ocurrido le ha hecho creer en lo sobrenatural hasta ahora, dudo que lo haga en un futuro.
- En realidad es un mecanismo de defensa muy común entre los humanos – opinó Janne.
- Bueno, yo también soy humana. Aunque a veces no lo parezca.
- La verdad es que la entiendo – confesé – es difícil creer que todas estas cosas ocurren continuamente, que todas las historias que te contaban de niña para asustarte pueden cobrar forma en la realidad, que existen otros mundos y realmente ni siquiera formas parte de éste…
Ángela colocó ambas manos en mis hombros, y me dedicó una sonrisa amable.
- Seas lo que seas, y provengas de donde provengas, debes saber que aquí está tu hogar ahora. Y eso es lo que importa.
La miré a los ojos con gratitud y esbocé una débil sonrisa.
- Soy muy afortunada, no sé como puedo agradeceros todo esto. Pero no dejo de pensar en aquellas personas que no han tenido mi suerte, en la cantidad de seres horribles que hay ahí fuera aprovechándose de inocentes y…
- Para eso estamos aquí Alice, y ahora tú formas parte de ello. Confío en que harás todo lo que esté en tus manos para ayudarlas.
Asentí convencida y emocionada al poder sentirme útil por fin, y miré a Janne en busca de su aprobación. Él hizo un gesto con la cabeza, pues al parecer estaba de acuerdo con la idea.
- Gracias chicos – les di un abrazo a ambos, al cual Janne reaccionó un poco sorprendido.
Yo también me quedé un poco pasmada, cuando volví a notar lo cálida que era su piel incluso con la ropa puesta.
- Creo que…es hora de que vuelva con los niños – señalé con el pulgar el interior de la sala - y les eche un vistazo.
Durante la organización de la fiesta decidimos que yo me quedaría junto a Lande para vigilarlos mientras dormían. Pero como mi hermanito también estaba sopa, me tocaba a mí velar por ellos toda la noche.
- No te preocupes y descansa, recuerda que la Compañía es segura, y viendo lo visto dudo que se despierten hasta mañana – dijo Ángela.
- Aun así de momento no tengo mucho sueño, quizás lea un poco mientras.
- Como quieras, buenas noches Alice.
- Que descanses – murmuró Janne.
- Buenas noches.
Después de despedirme de ellos volví al aula, cerré la puerta y me senté sobre uno de los sacos de dormir que había más cercanos a la puerta.
Los chicos dormían profundamente, y por el sonido de sus respiraciones y las sonrisas en el rostro parecían hacerlo plácidamente. Todos menos la pequeña Becca, que abrazaba temblorosamente una muñeca de peluche vieja. Cogí una manta y la envolví con ella apartando con cuidado un mechón de pelo castaño de su cara. Al tocarla una débil sonrisa iluminó su rostro.
- Mami…- murmuró mirándome pero sin llegar a verme realmente, y volviendo a caer profundamente dormida al instante.
Decidí instalar mi saco de dormir cerca de ella, y la abracé notando una extraña sensación en mi interior. Algo que me decía que me gustaba aquello, y que debía protegerla de lo que fuese.
¿Instinto maternal a estas alturas?
No tardé en quedarme dormida también, hasta que al cabo de unas horas desperté al escuchar un débil sonido en la puerta, como de alguien intentando abrirla (o cerrarla). Tardé en reaccionar hasta que me di cuenta de que el saco de dormir de Becca estaba vacío.
- ¿Becca? – abrí los ojos de golpe y la busqué por toda el aula. Su peluche estaba tirado al otro lado de la puerta.
La había dejado abierta. Aun podía escuchar sus pasitos en el pasillo, a pesar de estar descalza mi oído era bastante fino y la Compañía estaba en completo silencio, por lo que no fue difícil distinguir sus pasos.
Me levanté rápidamente intentando no alertar a los demás niños y la seguí. Estaba en el pasillo esperándome cuando salí del aula.
- ¿Becca? ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?
- No puedo dormir - murmuró con una vocecita asustada – está ahí fuera.
- ¿Qué? ¿Quién?
- Me está llamando... - susurró.
Y echó a correr hacia la salida.
(*) Poema de Edgard Allan Poe (Traducido al castellano por una servidora xD)