Bridgeport, Apartamento de Avispa
Llevaba mirando más de cinco horas la misma tabla de SQL, y
varios días con sus noches sin dejar de revisar una por una y de forma
detallada todas las cuentas del fallecido magnate de los negocios Johan
Hamming.
Los mismos números, los mismos importes…supuestamente todo
estaba en orden.
Todos los pagos facturados con el valor correcto y
declarados con sus respectivas copias de las facturas, los ingresos de las dos
empresas de construcción, tres compañías hoteleras, cinco cadenas de
restaurantes y otras tantas empresas de menos envergadura detalladas con total
claridad.
Todo jodidamente transparente.
¿Pero por qué seguía dándole vueltas a esas cifras en
concreto? Ni siquiera suponían un gran
porcentaje de los beneficios totales de la corporación, eran cantidades
irrisorias comparadas con otras, ingresos salpicados en distintas cuentas.
Provenientes de varias empresas asociadas, una de impresión digital llamada
Valiant S.L, un estudio cinematográfico y fotográfico denominado Millenium
Records en el que el hermano menor de Hamming era uno de los socios fundadores,
una agencia de modelos cuya sede principal se encontraba en Bridgeport y otras
tantas empresas más relacionadas con el mundo del cine y la moda.
En la última década Hamming había mostrado bastante interés
en ese mundillo, suponía que tener un hermano actor (y de los más cotizados en
Bridgeport) tenía algo que ver, pero aun así había algo que le escamaba.
Y le jodía profundamente no saber el qué.
Entonces lo vio. Tan claro como si volviese años atrás.
A aquel piso destartalado en el centro de la ciudad. Con sus
hermanas, y con el cabronazo que arruinó sus vidas.
Lo había visto por casualidad al revisar la copia de una
factura enviada por email al correo personal de Johan en la empresa, en una de
ellas había un sello que reconoció al instante.
Era el sello del estudio de fotografía donde el ex de su
hermana mayor había trabajado durante un par de años antes de convertirse en un
maldito vampiro psicópata.
¿Casualidad?
Dejó a un lado todo lo que tenía y decidió centrar su
atención en esta nueva pista.
No era la primera vez que una de éstas la llevaba a algo más
gordo.
***
Riverview, 2 de Marzo
de 2011
-
Estás hecho
una mierda.
Avispa siempre había sido muy
directa y carecía de tacto, por lo que no me extrañó su falta de preocupación
al verme. Tampoco es que esperase una palmadita en el hombro después de lo
ocurrido, así que agradecí que no me compadeciese.
Me limité a encogerme de hombros
tratando de esbozar una de mis sonrisas autosuficientes, pero hacerlo dolía y
sólo me salió una especie de mueca dolorida.
-
Gracias.
Después de ver su llamada me puse
a salvo en un desguace cercano y le pedí que me recogiese, al menos allí no
pasaba casi nadie y podría lamerme las heridas hasta su llegada. Si me veían en
ese estado seguramente sospecharían, así que evité cualquier contacto indeseado
con desconocidos y traté de estar lo más presentable posible.
-
Anda
sube, quiero enseñarte algo. Y ponte el casco – dijo tendiéndome uno negro e integral como el suyo.
Avispa no había querido dar
muchos detalles por teléfono, pero al parecer había encontrado alguna pista que
quería investigar más a fondo en un almacén situado cerca de la autopista que
comunicaba Bridgeport con Starlight Shores.
Confiaba plenamente en sus dotes
como investigadora, así que supuse que lo que encontraríamos allí seguramente sería
algo jugoso, pero no imaginaba cuánto. Pues al final nos vimos envueltos en una
trama mucho más compleja de lo que pensábamos en un principio.
Pero prefiero no adelantar
acontecimientos y centrarme en cómo empezó todo.
Tener que ir de paquete en la
moto de Avispa me hizo acordarme todo el camino del desgraciado de las cicatrices
que me robó la mía, y pensar en todo lo que pasó en esa casa.
Había dejado el cadáver de una
mujer en su bañera, un piso volado por los aires y seguramente más de una
víctima a causa de la explosión que añadir a mi cada vez más amplia lista de
asesinatos. ¿Qué habría sido del ex celoso?
Estaba seguro de que tarde o
temprano alguien llamaría a mi puerta deseando hacerme unas cuantas preguntas
al respecto. Sobre todo teniendo en cuenta que ya me tenían fichado de antes
por la muerte de la camarera del Horny Shark.
Sólo que en este caso era yo el
culpable, y no estaba por la labor de escurrir el bulto si finalmente llegaba a
salpicarme.
Esa mujer había muerto por mi
culpa y debía rendir cuentas por ello. De hecho…sería mejor hablarlo cuanto
antes con Serpiente.
Era mi deber como miembro de las
Sombras el informar de cualquier suceso que pudiese poner a la organización en
el punto de mira, aunque eso pudiese suponer un duro castigo.
Y quién sabe, puede que al final
por no hacerle caso y no aprender a “comer” como es debido hasta le hubiese
dado el motivo perfecto para quitarme de en medio. Después de todo nunca me
había tenido mucho cariño.
En fin…era mejor no pensar en
ello antes de tiempo.
Cerré los ojos e inspiré con
fuerza, dejando que las ideas se escurriesen de mi mente tan rápido como el
viento que golpeaba mi casco.
La moto de Avispa estaba hecha
parar correr, y ella también por lo que parecía, así que en poco tiempo
deshicimos el camino que había recorrido hasta Riverview y llegamos al lugar donde
se encontraba el almacén del que me había hablado escuetamente por el móvil.
Starlight Shores, 2 de Marzo de 2011
-
¿Estás
segura de que es aquí?
El lugar parecía llevar
abandonado bastantes años, y tanto las ventanas como las puertas estaban
cerradas con maderos que habían clavados como si aquello fuese un refugio a lo
apocalipsis zombie.
Avispa me miró de reojo con un
gesto que no supe muy bien cómo interpretar, y tras sacar del interior de la
mochila que llevaba colgada al hombro una especie de palanqueta de metal, se
dispuso a arrancar los tablones de una de las ventanas, dejando hueco
suficiente para que ambos pudiésemos entrar. Ella con bastante más soltura dado
que era bastante bajita y delgada.
Una vez dentro empezó a hablar.
-
Este almacén
pertenecía a una empresa de impresión que quebró hace unos treinta años, lleva
abandonado desde entonces, pero fue usado durante bastante tiempo como tapadera
de negocios más turbios.
-
¿Negocios
más turbios?
-
Si.
Me quedé esperando que dijese
algo más, pero en vez de eso se puso a examinar el lugar con gesto concentrado
y no quise interrumpirle, por lo que hice lo mismo tratando de averiguar lo que
pasó ahí dentro yo mismo.
Algunas de las paredes del
interior del almacén estaban derruidas y la poca luz que se filtraba por los
huecos de las ventanas y las paredes dejaba a la vista un rastro de polvo que
flotaba en el ambiente, dándole un aspecto algo tétrico. Había pintadas por
todas partes, y olía a excrementos y orín rancio, seguramente porque habría
sido usado antes de ser cerrado como orinal para unos pocos.
Estaba vacío salvo por algunas
cajas y botellas desperdigadas por ahí. Si hubo maquinaria dentro
seguramente se la habrían llevado antes de cerrarlo.
-
¿Droga?
Bajo unos escombros encontré un
par de jeringuillas usadas y los restos de lo que parecía un preservativo, bastante
inútil, pero aun así hice un gesto a Avispa para que se acercara.
-
Déjalo.
No estamos buscando a un par de yonkis calientes.
-
Si me
dijeses qué buscamos podría ser de más utilidad.
-
No estoy
segura – contestó con tono cortante, señalando una trampilla semi oculta
por un montón de mierda acumulada en uno de los rincones del almacén – Mira ahí.
-
Genial…-
fruncí el ceño y le seguí sin hacer ruido.
Forzamos el
cerrojo de la trampilla con la palanqueta y bajamos por unas escaleras oxidadas
que chirriaron al alzar la parte superior de éstas para alargarla y poder bajar
más cómodamente.
Ella lo hizo primero
para comprobar su resistencia, y yo después tratando de no pisar allí donde el
suelo parecía menos estable, hasta llegar a un sótano de unos cincuenta metros
cuadrados.
-
Pásame la
mochila – me pidió una vez abajo.
A diferencia
de la planta de arriba el lugar mantenía su estructura original y apenas había
obstáculos por el camino ni escombros. Olía a cerrado y humedad, pero se notaba
que no había sido usado como retrete al menos. Aunque podía percibir el tenue
rastro de un aroma demasiado familiar como para olvidarlo.
Cuando mis
ojos se acostumbraron a la oscuridad logré discernir algunas formas de
mobiliario viejo. Pero Avispa no tenía mi visión, por lo que sacó una linterna
con la que empezó a apuntar a las paredes, el techo, el suelo y finalmente a lo
que parecía el decorado de una peli de terror.
Acerqué el mechero al extremo de
dos velas casi consumidas que había en una vieja mesita de metal y dejé que la
luz iluminase poco a poco la sala para ver mejor.
La primera imagen que me vino a
la cabeza al verla con más claridad fue la de uno de esos asilos psiquiátricos
de principios de siglo que dan tanto yuyu y aparecen en las pelis de terror.
-
Joder… ¿qué
mierda es ésta? – murmuró con voz asqueada.
La decoración consistía en una
camilla de tubos de metal carcomida y oxidada con un colchón podrido por la
humedad. Estaba que se caía de vieja, pero aún mantenía el cuero de las
ataduras ancladas a la cabecera y los pies de la cama casi en perfecto estado,
al menos comparado con el resto de la estructura.
Seguramente porque habrían sido
cambiadas relativamente hacía pocos años y no eran las originales.
Había una mesita de metal en las
mismas condiciones pegada a la cama, y sobre ella lo que parecía instrumental
quirúrgico. Aunque teniendo en cuenta cómo estaba todo recordaba más al que se
usa en las salas de tortura.
-
No hay
sábanas y el colchón…- me acerqué para comprobarlo mejor mientras Avispa
apuntaba hacia éste con la luz de la linterna - aunque está podrido no tiene restos de sangre, debió de protegerse
en su momento con algún tipo de cobertor impermeable. Pero hay sangre seca pegada
a los tubos de metal de la cama y en algunos instrumentos.
Chloe se acercó y lo examinó todo
con más detenimiento usando sus propios medios. Los años habían hecho que el
óxido cubriese la mayoría de las manchas y era difícil discernirlas, pero por
desgracia yo ya estaba demasiado familiarizado con la sangre y no me hacía
falta usar un instrumental especial para reconocerla.
-
¿Es
humana?
-
Si.
Ella se quedó mirándome
pensativa, pero no dijo nada y raspó un poco del metal con un bastoncillo. Tomó
algunas muestras guardándolas en la mochila e hizo lo mismo con parte del
atrezzo.
Todo el mobiliario estaba en
malas condiciones, pero había instrumental que se pasaba de antiguo y que había
quedado obsoleto mucho antes de que ese almacén se abandonase. Por no hablar de
los objetos que no encajaban para nada con el lugar y eran más propios de un
plató cinematográfico de los años cincuenta.
Viendo todo eso podía hacer mis
propias suposiciones, pero decidí guardármelas por el momento.
-
¿Ahora es
cuando me cuentas por qué me has traído aquí?
-
Tenía una
corazonada.
-
¿Eso
significa que no sabías lo que encontraríamos aquí dentro?
-
Si.
-
Pero
dijiste que aquí se dedicaban a negocios más turbios.
-
¿Y me he
equivocado? – preguntó levantando unas tijeras oxidadas y manchadas de
sangre - ¿Esto no es lo suficientemente
turbio para ti?
-
Sí –
admití. - Está claro que aquí dentro
pasó algo cuanto menos…raro, ¿pero qué tiene qué ver con nuestra investigación?
-
Este
local fue adquirido por una de las empresas asociadas de Hamming después de que
quebrase la imprenta. Y ésta a su vez lo alquiló en un par de ocasiones a un
estudio de fotografía amateur que ya no existe.
-
Eso explicaría
lo de las cámaras y el foco viejo de la entrada. Pero a juzgar por el estado de
todo….no parece que hicieran mucha limpieza.
-
Quizás
les interesaba que pareciese abandonado.
-
Pero no
nos sirve de mucho sin pruebas que lo delaten a él directamente. Es sólo un
local, y Hamming podría no estar al tanto de lo que se cocía aquí dentro. Tenía
muchos socios.
-
Puede.
-
Lo que
está claro es que la policía no ha metido mano a este lugar – dije
observando las pruebas que poco a poco íbamos acumulando para meterlas en la
mochila.
-
Alguien
se encargó de cerrarlo antes.
-
¿Alguien
que puede estar relacionado con el empresario, no?
-
Eso es lo
que debemos averiguar.
Di una vuelta por la sala en
busca de alguna pista más que hubiese podido pasar desapercibida, y entre un
montón de periódicos viejos encontré lo que parecía la carátula fotocopiada de
una película de vhs, la humedad había hecho estragos con ella, pero aun así se
podían apreciar algunos datos que se distinguían entre las manchas oscuras que
supuestamente antes habían sido imágenes. Había un número, el quince, y un logo
emborronado que me resultaba bastante familiar pero no lograba reconocer.
-
¿Has
visto esto alguna vez? – pregunté enseñándosela a Avispa.
Ella le echo un vistazo y negó
con la cabeza, de haberlo hecho seguramente lo recordaría gracias a su memoria
fotográfica, pero aun así decidimos guardarla junto el resto de cosas y un
montón de periódicos.
-
Bien… ¿y
por donde sugieres que empecemos a partir de aquí?
Avispa cerró su mochila y se
encogió de hombros.
-
Tú haz lo
que veas mientras analizo las muestras y me informo. En cuanto tenga algo
volveré a llamarte. Quizás sea bueno que eches un vistazo a otro de los locales
abandonados que alquiló el mismo estudio, te pasaré la dirección por email.
-
Está
bien, iré en cuanto tenga un hueco libre.
-
Como veas
– respondió quedándose en silencio unos segundos. – Por cierto, no lo hacéis
mal.
-
¿Mmm?
-
Os vi
tocar – señaló. – La semana pasada,
en ese local de pijos que se creen rockeros.
Me eché a reír ante su
comentario.
-
Vaya
gracias, me alegra que al menos no te pareciésemos excesivamente malos.
-
No es mi
estilo, pero tenéis su gracia – volvió a encogerse de hombros y me dedicó
algo similar a una sonrisa. – Y el del
piano está muy bueno.
-
Pensé que
sólo te iban las tías.
-
Me va lo
que sea siempre y cuando esté vivo y ande a dos patas.
Iba a bromear sobre Mantis, pero
no sabía muy bien si aquello era una muestra de confianza por su parte y me
seguiría el juego o me soltaría una hostia. Así que me decanté por la
prudencia.
-
Si te
interesa se llama Janne, y habla casi tanto como tú. Haríais buena pareja.
Volvió a sonreír, esta vez de
medio lado, pero negó con la cabeza.
-
Yo ya
tengo pareja.
-
Lo sé,
sólo estaba de coña. Mantis me cae bien.
-
Y tú a
ella, pero eso no es gran cosa. A ella le cae bien todo el mundo.
-
¿Insinúas
que soy un borde?
-
Yo no
insinúo – contestó secamente.
Carraspeé un poco y decidí pasar
por alto el comentario, a veces era un poco difícil entenderla. En general a
todas las mujeres, pero hacía tiempo que me había dado cuenta de que Avispa era
un caso especial.
-
Será
mejor que nos pongamos en marcha, nos espera bastante carretera por delante y
Serpiente me colgará de los huevos si sigo desaparecido mucho tiempo.
Ella asintió y salimos del
recinto sin hacer ruido, tratando de dejar todo tal y como estaba antes de
pasar por nuestras manos.
El viaje pasó sin incidentes y
bastante rápido, y aunque tuvimos que parar a descansar unas horas en un motel
de carretera, ninguno de los dos habló sobre lo que habíamos visto en aquel
local abandonado.
Avispa se encerró en su cuarto, y
yo aproveché mi escasa necesidad de descanso para tratar de recordar algo sobre
el símbolo que encontramos y recuperarme un poco de mis heridas.
Quizás concentrándome en ello
podría olvidarme de lo ocurrido horas antes en Riverview, pero cuando cerraba
los ojos la mirada perdida y sin vida de aquella chica me perseguía haciéndome
recordar mi crimen.
¿Qué significado tenían aquellas
imágenes que vi estando inconsciente? ¿Y por qué las había visto tan claras?
¿Eran parte de su pasado? ¿Era su voz la que escuchaba dentro de mi cabeza
repitiéndome una y otra vez que aquel era su regalo…?
Estaba muerta, joder. Yo la había
matado y era imposible que hubiese podido comunicarse conmigo de ninguna forma.
Y debería empezar a hacerme a la idea de lo que era y en lo que me había
convertido con esa muerte inocente pesando sobre mi espalda.
Suspiré y me tumbé pesadamente
sobre la cama.
Si al menos hubiese podido
conservar la caja donde guardaba la foto de Thaerion...
Ni eso lo había hecho bien, aquel
tipo me había quitado lo poco en claro que había podido sacar de mi metedura de
pata.
¿Y quién coño era ese tío raro…?
Cerré los ojos pensativo,
intentando recordar su cara, y mientras lo hacía el sueño se apoderó finalmente
de mí y caí rendido en la cama.