domingo, 15 de febrero de 2015

¡Carnaval, Carnaval!

SESIÓN DE FOTOS CARNAVAL 2015

¡Hola a tod@s!

Esta vez no vengo con capítulo, pero os traigo unas cuantas imágenes que he sacado con la excusa de los carnavales y me apetecía compartir con vosotr@s. 

Alidaen en estas imágenes puede que se vea algo distinta, es que probé la nueva versión que hice y que aún estoy pensando si incorporar o no a la serie finalmente, ya que no me convence del todo y echo de menos a la de siempre. Pero bue...

¡Aquí os dejo a Los Hijos de Édora versión pirata!











¿Los reconocéis? No salen todos, y no están todas las imágenes que quería sacar para la sesión, ya que hice a un Thaerion, Lande y Alidaen convertidos en sirena y tritones, pero resulta que cada vez que intentaba meterme en esa partida se me caía y al final me cansé de intentarlo. Una pena, porque estaban bastante monos :3

Y bueno, aquí un par más extra esta vez de las tres musas de Shelüne: Ángela, Alidaen y Violeta.

¡Espero que os gusten!

PD: Como ya avisé por Facebook, las imágenes del siguiente capítulo ya están sacadas y preparadas para editar, así que en breve vendré con un nuevo capítulo ;)

lunes, 5 de enero de 2015

¡Felices fiestas y todo lo demás!

¡Buenas a tod@s!

Creo que con un poco de retraso, pero al menos me da tiempo a felicitaros lo poquito que queda de éstas fiestas y la noche de Reyes y desearos una buena entrada de año.

Yo ando un poco bastante liada, estas fechas suponen para mí un aumento de trabajo (que siempre es bien recibido) pero que me deja poco tiempo para dedicarlo a las cositas que me gustan, y aquel que me queda libre lo estoy empleando sobre todo a jugar como loca al Dragon Age Inquisition y, por supuesto, a disfrutar de mi pequeñajo, al que por desgracia no puedo tener a mi lado todos los días por motivos personales (y espero que temporales).

El caso es que he encontrado un huequito para subir un nuevo capítulo como regalo de Reyes adelantado, espero que os guste y no os aburra mucho, ya que trata sobre todo de investigación y puede que se haga más pesado.

Sobre este capítulo diré que volveréis a ver a un personaje del que hacía mucho que no sabíamos nada, y que a partir de aquí se desvelarán muchos datos importantes sobre cierta cuestión que quedó en el aire desde la primera temporada, ya lo veréis ;)

En fin, un besazo a tod@s y como siempre...¡gracias por leer!

PD: Mantis tiene tatuajes nuevos, si. El caso es que cuando cree el personaje no había tantos tatus tan chulos como los de ahora, y al recrearla con las nuevas texturas y ver todos los que tengo no pude resistirme xD

PD2: Perdonar por haber dejado tantos comentarios pendientes, iré contestandolos a medida que pueda y me acuerde, que ando con la cabeza en mil sitios y a veces se me va la pinza.

CAPÍTULO XXIX: Verdades a medias I

(PRIMERA PARTE)


Bridgeport, 3 de Marzo de 2011

Los resultados que había obtenido tras dos días sin pegar ojo habían sido poco reveladores para Avispa, seguía sin tener pruebas sólidas que incriminasen directamente a Hamming y debían seguir investigando a partir de lo que ya tenían.
 La empresa asociada con el magnate de los negocios no había registrado en ningún momento actividad en aquel local, era uno de tantos y estaba casi derruido cuando lo adquirió, pero la factura que encontró en el correo personal de Hamming demostraba que había recibido en dos ocasiones una cantidad de dinero que procedía del estudio fotográfico donde trabajó el cabrón de su cuñado, Valen, motivo por el cual se había centrado en esta pista en un primer momento.

La factura registraba dos pagos de setecientos dólares cada uno por el alquiler de la antigua imprenta durante los meses de Octubre y Diciembre del año 2001.
 Por si sola no decía gran cosa, durante ese año no había pasado nada significativo para la investigación, pues la sangre encontrada situaba la escena del crimen tres años después. Pero a pesar de todo sentía que iba por el buen camino.

En primer lugar, sabía quiénes eran las víctimas a las que pertenecían los restos de sangre que encontraron en aquel cuartucho de mierda.

Todas mujeres, tres prostitutas, dos de ellas de nacionalidad rusa, Ivania y Katherina, y una muchacha sueca que tenía catorce años cuando su madre denunció su desaparición en el año 2004, se llamaba Fredrika. Nadie movió un dedo por ellas, no serían ni las primeras ni las últimas en irse en silencio.

Sólo de imaginar lo que tendrían que haber pasado ahí dentro hacía que se le revolviesen las entrañas y le entrasen ganas de matar lenta y dolorosamente a los responsables.
 Por desgracia, sus desapariciones no estaban relacionadas con el empresario y hacía años que sus casos habían sido olvidados. En su país las daban por muertas, y sus cadáveres, si es que existían, a esas alturas difícilmente podrían aparecer.

No había mucho más que hacer por ellas, salvo encontrar a los responsables de aquel macabro escenario y cargárselos a todos.

Pero sabía que por el momento debía centrarse en Hamming, y era lo que pensaba hacer. Aunque aún debía esperar el resto de los resultados.

Bridgeport, 4 de Marzo de 2011

Las respuestas del último análisis debían de estar a punto de llegar.
 Halcón había encontrado una nueva muestra de sangre en el local que ella misma le había indicado. Esta vez se encontraba a las afueras de Bridgeport, por lo que no tardó mucho en ir a investigarlo por su cuenta y llevarle lo que necesitaba.

En esta ocasión, supuestamente nada tenía que ver con Hamming, pero igualmente decidió seguir su pista.

Era un almacén alquilado con anterioridad por el estudio donde había trabajado aquel hijo de perra. Y también estaba abandonado como el anterior, por lo que supuso que podría estar relacionado.
 Habría ido ella misma, pero desde que empezó con esa investigación apenas había puesto un pie fuera de casa salvo para ir a trabajar. Y esto ya le restaba bastante tiempo para su gusto.

Aún tenía muchos cabos que atar, y ella prefería hacer las visitas de otro modo menos… personal.
Halcón era bueno para colarse en lugares chungos y buscar pistas, tenía un olfato especial para eso. Ella en cambio era buena colándose en ordenadores ajenos para obtener información, y prefería hacerlo sentada.
 Mantis de vez en cuando se pasaba por allí para visitarla y echar uno o dos polvos, pero sabía que cuando su chica se centraba en alguna investigación no tenía ánimos para hacer otra cosa.

En una ocasión hasta se había permitido el lujo de ir ella misma a visitar a Mantis a su casa, pero después de una sesión bastante movida en la cama, al final terminaron teniendo una de sus monumentales broncas.
 -          Nena, ¿En qué andas metida ahora?

-          En nada.

-          Siempre que dices eso al final siempre acabas hasta arriba de mierda.

-          Te equivocas, pocas veces me ensucio las manos.
 -          Pero eres única destapando alcantarillas a rebosar.

-          Es mi trabajo, el tuyo por ejemplo es acabar con esa mierda.

-          Lo sé, formamos un buen equipo – Mantis sonrió y le dio un suave beso en la espalda, haciendo que su piel se erizase ante el frío contacto de sus labios – Pero no me has dicho nada, y sé que andas metida en algo con Halcón…
Avispa la miró por el rabillo del ojo. No le hacía falta ser adivina para saber que había estado de nuevo hurgando donde no debía.

-          ¿Has vuelto a cogerme el móvil?

Mantis se mordió el labio.

-          Lo vi de casualidad, yo no quería…

Avispa salió de la cama como si acabasen de pegarle una patada y se puso la camiseta por encima con tanta mala hostia que la desgarró por debajo de la axila.
 -          ¿Dónde vas?

-          A mi casa.

-          ¿Estás enfadada?

-          ¿Tú qué crees?

La mirada gélida que le dedicó era suficiente para que la vampiresa entendiese que era mejor no continuar aquella discusión, pero aun así ésta insistió. No estaba en su naturaleza amedrentarse ante una humana, y las cosas acabaron con varios muebles volando por los aires y más insultos que en un partido de fútbol.
Finalmente acabaron desnudas de nuevo e intercambiando los insultos por gemidos, pero aun así Avispa salió de allí echando humo, odiaba que metiesen las narices en sus asuntos.

Prefería ser ella la que se colase en los de los demás, y actualmente tenía muchas vidas que investigar para mitigar su cabreo.

Bridgeport, 7 de Marzo de 2011

Después de revisar nuevamente las facturas, Avispa había encontrado lo que buscaba.
Tras volver a analizar la escena del crimen mentalmente, siguiendo paso a paso las pistas que tenían, logró recordar varias cantidades de dinero que Hamming empleó como gastos personales para pagar a un cirujano amigo suyo en los años 1999, 2000, 2004 y 2005 por distintas operaciones estéticas.

No era nada extraordinario que un millonario se gastase parte de su fortuna en hacerse algunos retoques, y podía no estar relacionado con los crímenes, pero aquella habitación recordaba demasiado a la sala de operaciones de algún médico pirado, y tras investigarlo a fondo, aquel tipo daba con el perfil.
 James Graham. Había obtenido el título de médico cirujano en el año 71, más tarde se había intentado especializar en ginecología y obstetricia, pero tras un año de estudios decidió cambiar su especialidad y dedicarse a la cirugía plástica, que ya empezaba a estar muy de moda por aquella época.

Comenzó a ejercer como cirujano plástico a los 30 años en el Holy Cow Memorial Hospital de Starlight Shores, en el año 76, donde estuvo trabajando hasta el 2005.
 Su fama se hizo bastante notoria, sobre todo cuando varios famosos decidieron ponerse en sus manos, entre ellos el empresario Johan Hamming, con quien se dice que formó una estrecha amistad hasta que el médico fue sacudido por una serie de extraños rumores que acabaron con su carrera.

Entre otras cosas que podían no ser ciertas, se decía que su trato con las clientas femeninas no era siempre demasiado profesional, y tras varias denuncias por acoso sexual, a los 59 años fue obligado a abandonar su puesto de trabajo.

Eso pasó en el 2005, un año después de la desaparición de Fredrika, Ivania y Katherina.
Y a pesar de no seguir ejerciendo su trabajo, nada le impidió cobrar una cuantiosa suma de dinero a manos de su buen amigo el empresario, aunque no de forma demasiado clara según había podido averiguar.
Le había costado dar con ella.

Tuvo que meterse en las cuentas del cirujano, por suerte este trabajo había sido más sencillo que colarse en el ordenador de la empresa donde Hamming había trabajado personalmente. El ordenador de Graham no tenía apenas defensas y el viejo cirujano no era precisamente un genio de la informática para poder tapar sus asuntillos.

Tenía tanta mierda metida en su ordenador sin ningún tipo de protección y limpieza que si querría podría poner a la policía en su puerta con sólo enviar parte del contenido de éste.

Entre otras cosas interesantes, había podido averiguar su afición por las jovencitas y por practicar algún que otra intervención ilegal a chicas sin recursos a cambio de favores sexuales.
 Pero no era exactamente lo que estaba buscando.

Lo que le interesaba estaba entre sus cuentas personales, varias de ellas camufladas con nombres falsos para que no las asociasen con su pasado.

Al parecer había tenido algunos problemas económicos desde el año que empezaron las denuncias hasta el 2008. Entre sus gastos personales y la cantidad de pasta invertida en tratar de limpiar su nombre y pagar indemnizaciones se había fundido casi la totalidad de sus ahorros de toda la vida, y estaba pasando muy mal momento económico cuando de repente, en Septiembre del año 2008, comenzó a cobrar varias cantidades más o menos periódicas de entre mil y dos mil dólares repartidas entre sus distintas cuentas.

En total, sumándolas todas, llevaba acumulados más de cien mil dólares en menos de tres años.
 Aquello de por sí resultaba bastante sospechoso, así que decidió investigarlo con más calma.

Se había pasado un día entero con la nariz metida entre números, fechas y nombres falsos, hasta que finalmente descubrió que parte de esos ingresos provenían de una de las empresas asociadas a Hamming, donde su hermano menor, el actor Matthew Hamming, era el líder.

Podría haber sido cosa del actor, pero las cifras de dinero recibido dejaron de ingresarse justo cuando Johan desapareció, por lo que era fácil suponer que pertenecían a este último y no al dueño de esa empresa. ¿Quizás para no ensuciar su nombre y desviar la atención en caso de ser pillado?
 Había que ser muy hijo de perra para tratar de colársela a su hermano.

¿Pero por qué habría querido Hamming volver a ponerse en manos de alguien que supuestamente ya estaba retirado pudiendo pagar a cualquier otro sin tener que dar tantas vueltas?

Quizás era hora de buscar las respuestas directamente en su fuente.

Bridgeport, 8 de Marzo de 2011

La sangre encontrada en el segundo local pertenecía a una mujer de 29 años llamada Sarah Murray.
 Sus padres denunciaron su desaparición en Septiembre del año 2005.

Se sacó la carrera de Empresariales en la Universidad Simplutense y trabajó durante más de cinco años para la empresa del conocido magnate Johan Hamming, concretamente como su secretaria personal hasta que éste la despidió un año antes de que la diesen por desaparecida.

Según algunos empleados, Sarah y Johan mantenían relaciones sexuales en el despacho y se veían a menudo fuera del horario de trabajo, pero Hamming nunca llegó a admitir su relación con su joven secretaria y trató de acallar éstos rumores cuando su nombre se debatió entre los posibles sospechosos de la desaparición de la joven.
 Finalmente, salvo algunas habladurías, este hecho no le salpicó, en gran medida porque hacía un año que la relación profesional entre ambos había terminado y no había ninguna prueba que lo relacionase con ella después de su despido. Y de cara al público seguía siendo el perfecto soltero de oro, siempre transparente y educado con todo el mundo.

Pero Sarah había dejado algo más que una familia destrozada por su desaparición, y quizás tuviese algo que contar sobre su supuesta relación con el empresario y posible muerte.
 Si estaba relacionada o no con él…encontrarían las respuestas.

Y ya tenía dos hilos que seguir en la misma investigación que le habían llevado hasta Hamming.

Bridgeport, 9 de Marzo de 2011

En poco más de una semana Avispa había recopilado suficiente información para meter a unos cuantos entre rejas. Entre ellos ese tan James Graham, que al parecer siguió ejerciendo ilegalmente como cirujano plástico y también como ginecólogo, adoptando nombres falsos que usaba a su antojo  y obligando a sus clientas a ofrecerles favores sexuales a cambio de sustanciales rebajas en el precio de sus intervenciones.

Tenía incluso las copias de algunos de sus mejores emails, dirigidos a las clientas que no podían pagarle. A ese cerdo se le daba bastante bien abusar de su posición para obtener lo que quería de ellas.
 Todo aquello le habría resultado muy útil a la policía, pero hacerles el trabajo difícil no estaba entre su labor como investigadora, así que prefirió entregarle los resultados a aquel que la había “contratado” y  a partir de ahí seguir el tenue olor a podrido que había dejado el empresario.

Seguramente Halcón haría un uso más adecuado de la información que le ofrecía y le quitaría las ganas a ese cerdo de volver a aprovecharse de más mujeres durante el resto de su miserable vida.

Bridgeport, 10 de Marzo de 2011

(Conversación telefónica entre Avispa y Halcón)

- ¿Has leído el informe que te pasé anoche?
 -          Si, terminé de leerlo esta mañana. Joder, no pensaba que lo pillaríamos tan pronto.
-          Aún no tenemos nada realmente sólido contra él – admitió ella.

- Lo sé, pero tenemos por dónde empezar…lo del cirujano me huele demasiado mal, no me extrañaría que lo que encontramos estuviese relacionado con la venta de órganos ilegal o algo parecido. Aunque no me cuadra lo de esos escenarios tan preparados.
 -          Recuerda que la sangre apareció en dos locales alquilados por el mismo estudio fotográfico.

-          Pero en fechas distintas a las que hay registradas en las facturas, puede que sólo fuese una desafortunada coincidencia, o que a ese cabrón le gustase filmarse a sí mismo. ¿Has averiguado más sobre este estudio?

- Estoy en ello – Avispa no quería contar lo que ya sabía de antemano, al menos de momento – por ahora creo que deberíamos centrarnos en el cirujano.
 -          Pienso encargarme en seguida de eso, tengo pensado hacerle una visita mañana.

-          ¿Necesitas que te acompañe?

-          De momento no, tengo suficiente material como para hacerle cantar todas las canciones que se sepa sobre Hamming.

-          Ese tío es un cerdo, ten cuidado.

-          Tranquila, se cómo tratar a los hombres como él. Por cierto… ¿me prestas tu moto?

Avispa soltó una breve carcajada.
 -          Ni lo sueñes. ¿Y la tuya?

-          En el taller.

-          Te la han robado ¿no?

-          Si.

-          Lo suponía.

 -     Supones demasiado bien. Tranquila, iré en tren y así de paso descanso un poco.
 -          Vale, pero llámame en cuanto tengas algo.

-          Hecho.

-          Nos vemos.

-          Cuídate.

Los dos colgaron al mismo tiempo, y por primera vez en días Avispa decidió tomarse un merecido descanso.
 Hasta puede que se pasase por casa de Mantis para hacer las paces y ya de paso relajarse un poco.

Compañía Shelüne, 10 de Marzo de 2011

No estaba de muy buen humor últimamente.

Me había recuperado de mis heridas, pero las visiones sobre el pasado de Zoe seguían asaltándome de vez en cuando, y aunque cada vez lo hacían con menos frecuencia me hacían revivir lo ocurrido en su casa y sentir como una mierda.
 Había decidido aplazar la conversación con Serpiente sobre su muerte hasta haber sacado algo más en claro sobre Hamming y su relación con Alidaen, pero poco a poco la cosa se iba complicando y no tenía demasiado claro hasta donde nos llevaría toda esa trama y cuánto tiempo tendría que ocultar lo que había hecho.

Por el momento, teníamos la sangre de cuatro mujeres desaparecidas y seguramente muertas que estaban relacionadas directa o indirectamente con Hamming. Pero nada de eso parecía tener que ver demasiado con Alidaen, ya que ésta empezó a trabajar para el empresario en el año 2006, después de sus desapariciones.
 Por otro lado, mi presencia en la Compañía Shelüne era cada vez más frecuente, ya que las Musas querían tener algo más controlados nuestros ensayos y proporcionarnos todos los medios que hasta ese momento no teníamos en el garaje de Gas. Así que al final me ofrecieron una de las habitaciones vacías reservadas para los empleados para que pudiese quedarme allí siempre que me hiciese falta.
 Esto hacía que los encuentros con Alidaen se volviesen inevitables, y mi miedo a recaer y hacerle daño como a Zoe se incrementase, haciéndome sentir como un niñato inseguro cada vez que me la encontraba por el pasillo y no era capaz de esquivarla a tiempo para que no me viese.

Por “suerte” ella se comportaba como si no me conociese, y salvo algún saludo esporádico no me dedicaba apenas la mirada al pasar por mi lado.
Aquello me estaba matando, saber que la tenía tan cerca y no podía tocarla me revolvía por dentro. Deseaba poder atraparla en los pasillos y apretarme contra su cuerpo, o hundir mi cabeza en su cuello para besarlo…quería entrar en su cuarto, a tan sólo dos habitaciones del mío, y meterme en su cama, escucharla suplicar, gemir y gritar mi nombre…Pero bastaba con recordar el cadáver de Zoe para borrar de mi cabeza cualquier ilusión sobre un posible acercamiento entre nosotros.
 La deseaba más de lo que había deseado nunca a cualquier otra mujer, pero una parte enfermiza de mí también deseaba probar su sangre.

Había creído que me volvería loco al estar a punto de quedarme en aquel ascensor con ella a solas. El olor de su sangre impregnaba cada centímetro del pequeño habitáculo en el que estábamos atrapados por culpa del corte de su mejilla. Demasiado reciente, demasiado tentador…pero tuvo que llegar aquel idiota italiano a joderme la noche. O más bien, y aunque me cueste admitirlo, a salvarme de cometer una estupidez.
 Nunca le estaré lo suficientemente agradecido, aunque en ese momento me entraron ganas de matarlo muy despacio.

Sólo de pensar que podía seguir con ella en su cuarto hacía que me pusiese enfermo. Tuve que salir de la Compañía y tomar aire muy despacio mientras contaba hasta cien para no volver allí y tirarlo por la ventana.
Fue en ese momento cuando Avispa me llamó al móvil, y decidí que a la mañana siguiente tomaría un tren para ir a Hidden Springs y hacerle una visita al tal James Graham...


sábado, 8 de noviembre de 2014

Después de un gran parón...

¡Buenas tardes a tod@s!

Siento mucho la nueva espera, sé que debería haber actualizado mucho antes, pero estoy aún en proceso de adaptación desde mi nuevo cambio de rumbo y me está costando algo más de la cuenta esta vez amoldarme a mi actual horario y vida, pero bueno, espero que todo vaya a mejor y pueda por fin dedicarle al blog todo el tiempo que me gustaría.

Aquí os traigo por fin el siguiente capítulo, que no es gran cosa ya que realmente era parte del anterior, pero se me hizo tan largo que tuve que dividirlo en tres. Siento no poder traeros mucho más, en el siguiente la trama ya va tomando otro rumbo y se va poniendo más interesante de cara al final de la temporada, pero este capítulo me ha servido para "despedir" por un tiempo a uno de los personajes de la historia que más salía últimamente, ya veréis quién y podréis hacer las suposiciones que queráis al respecto ;)

Aprovecho para mandaros un abrazo muy fuerte y deciros que no os tengo olvidados ni mucho menos, sigo recabando un montón de historias en mi cabeza y tratando de escribir siempre que puedo para avanzar en la trama, actualmente tengo escrito hasta el capítulo final de la segunda temporada, aunque aún no he podido acabarlo por una ligera falta de motivación y mi agobio personal que nada tiene que ver con la historia, pero que por desgracia repercute en ella.

Espero que todo vaya a mejor y pueda ponerme de nuevo las pilas, y como siempre espero que la historia os siga gustando y comentéis de vez en cuando qué os parece. Un abrazo muy fuerte y como siempre...¡gracias por leer!

CAPÍTULO XXVIII: Inseguridad y certeza

 Al despertar, vi que Fran me miraba con cara rara, y que nos habíamos quedado solos en el vagón del metro.
 Temía preguntarle si había hablado en sueños, o si una vampiresa se le había acercado para absorberle la sangre y hacerle otras cosas mientras dormía. Pero no parecía estar todo lo contento que debería de haber pasado realmente todo aquello, así que me incorporé frotándome los ojos y bostezando, tratando de quitarme la perturbadora imagen de Dale de mi cabeza.

“Maldito chupasangres engreído…”

 -          Creo que ya hemos llegado.

Él asintió y me siguió mirándome de forma pensativa.

¿Me habría puesto a gemir realmente en medio de ese vagón? La sola idea hizo que mis mejillas adoptasen el color de la grana y fuese incapaz de mirar a Francessco durante el trayecto de vuelta a la Compañía.

Pero al llegar, en la puerta de entrada, me detuvo y me rodeó la cintura mirándome fijamente.
 -          ¿De verdad quieres que me quede a tomar la última?

Pensé en ello, y asentí algo insegura.

Había sido un día lleno de emociones, y al parecer mi cuerpo deseaba poder desahogarse de alguna forma desde lo ocurrido con Dale en aquel callejón, pero aun así no estaba segura de que pasar la noche con Francessco fuese una buena idea.

“Se lo has prometido, Alidaen, y sólo será una cerveza”, me dije a mi misma.

-          Voy a por las cervezas – comentó más animado- tú espérame arriba.
 Asentí, y mientras él se dirigía hacia las escaleras que llevaban a la zona de abajo donde estaba la cocina, yo entré en el edificio para ir a la primera planta. Me quedé unos segundos mirando embobada las escaleras ascendentes, como si el hecho de mirarlas fijamente hiciese que ascendiese por ellas sin esfuerzo.

Suspiré y decidí ir por el ascensor, al menos así sólo tendría que pulsar un botón para llegar a mi cuarto. Pero al hacerlo mi mano chocó contra otra y presionamos al mismo tiempo.
 Manos frías.

Di un respingo y la aparté de golpe, mirando de reojo a la persona que había tenido mi misma idea.
 Al verme se puso aún más pálido de lo que era, y por una vez le vi nervioso en mi presencia. Tanto que casi tira la caja llena de libros que sostenía con la mano libre.

-          Hola…- saludé con un hilillo de voz, volviendo la vista hacia la puerta del ascensor.

-          Hola – respondió seco.

Me mordí el labio, recordando vívidamente el sueño en el que creía que él me tocaba hasta hacerme enloquecer.
 Recordando aún mejor la noche que pasamos juntos en el Darkness. Y no ayudó nada a que me sintiese más tranquila con él tan cerca, aunque al menos tenía las manos ocupadas en esta ocasión.

Esperamos en silencio mientras el dichoso ascensor se tomaba su tiempo en aparecer, y miré hacia las escaleras pensando que podría evitar aquella tensión huyendo cobardemente. Pero aquello habría hecho que me ganase de algún modo, y no estaba dispuesta a mostrar más debilidad de la necesaria aquel día.
 Si no quería subirse en el ascensor conmigo que fuese él quien tomase otro camino.

Alcé el mentón orgullosa de mi misma y entré con decisión cuando la puerta aún no se había abierto del todo, él hizo lo mismo, y al final conseguimos chocar de nuevo y tratar de pasar haciendo estúpidas maniobras para rozarnos lo menos posible y no caernos hasta el interior de ese trasto que ya odiaba con toda mi alma.
 -          Lo siento - se disculpó apartándose tímidamente y cediéndome el paso como debería haber hecho desde un principio. Aunque él fuese quién iba más cargado.

Por suerte me recompuse rápido y entré lo más dignamente que pude, notando cómo me seguía con esa intensa mirada.

-          Gracias.
 Sujetó la puerta para que no se cerrase con la caja sobre su cabeza y entró después de mí, y yo pulsé el botón de la primera planta para que no hiciese tantos esfuerzos innecesarios. Pero cuando comenzó a cerrarse, un pie la detuvo a tiempo y Francessco se coló cargando con una botella de vino y dos copas en las manos.

-          Lo siento, no quedaba cerveza, seguro que Lande se las ha acabado todas – me mostró la botella y no pude evitar mirar de reojo hacia Thaerion, que tenía delante de la cara la caja de cartón y no hizo sonido alguno.
 -          No…no te preocupes – contesté algo incómoda.

-          Vaya, tu eres el nuevo cantante ¿no?

La puerta se abrió al llegar y esta vez el primero en salir fue Thaerion sin decir ni una palabra.
 -          Qué tío más borde – murmuró Francessco sintiéndose, obviamente, bastante ignorado.

Lo vimos entrar en una de las habitaciones que hasta ese momento habían estado vacías, y cerró la puerta de golpe.

Estaba a sólo un par de habitaciones de la mía…

A duras penas seguí a Francessco hasta mi cuarto, si no hubiese sido por él seguramente habría acabado en cualquier otro por equivocación. O no.
 Me dejó pasar y cerró la puerta sin hacer ruido, dirigiéndose al escritorio para dejar sobre él la bebida.

-          Ups…se me ha olvidado el abrebotellas.

-          No te preocupes…

La verdad es que poco vino me apetecía en esos momentos.

-          Iré a por él, no tardo – se le veía un poco nervioso.

Y me dejó en el cuarto a solas.
 A unos pocos metros de Thaerion…

Abrí la puerta y asomé la cabeza por el pasillo, pero justo en ese momento escuché el ruido de su puerta al abrirse y volví a cerrar de golpe.
 Sus pasos acercándose resonaban con fuerza en mis oídos… ¿o eran los latidos de mi pecho? Él era muy silencioso al caminar…quizás… ¿quería que lo escuchase?

“Viene aquí”, pensé poniéndome más nerviosa. “Por favor…ven”, le rogué mentalmente.
 Por un segundo me pareció hasta escuchar su respiración detrás de mi puerta, silencio…y de nuevo pasos, pero esta vez alejándose cada vez más deprisa.

Dejé caer mi peso sobre la puerta y tomé una larga bocanada del aire que había estado conteniendo.

“Se ha ido”

 ¿Y qué podía esperar?

Francessco no tardó en llegar con el abrebotellas, y yo comencé a beber de la copa que me ofrecía tratando de animarme con las historias que me contaba tan sonriente como siempre.

El alcohol ayudaba bastante a que el mal trago pasase, y poco a poco comencé de nuevo a reírme de sus chistes y disfrutar de su compañía como antes.
 Lo ocurrido con Salma, Dale, y el metro pasó a un segundo plano, y hasta fui capaz de olvidarme de que Thaerion había estado a sólo un par de habitaciones de distancia de la mía por unos minutos.

Me esforcé por centrarme en Francessco. Lo habíamos pasado muy bien juntos y ya me sentía bastante culpable por haberle hecho esa encerrona y dejarle solo mientras yo me iba con el vampiro, como para encima añadir a Thaerion.

Además, no era la primera vez que nos encontrábamos ahí dentro, y debía acostumbrarme a verlo en los pasillos.

La botella se fue vaciando demasiado deprisa, y las copas se rellenaron a la misma velocidad, y cuando quisimos darnos cuenta ya no quedaba más alcohol que el que corría por nuestras venas.

-          Vaya…se acabó – las mejillas de Francessco estaban encendidas por el calor y sus ojos verdes tenían un brillo especial aquella noche.
Estaba sentado en la silla de mi escritorio mirando hacia los pies de la cama, donde yo reposaba sobre el baúl que a veces usaba de asiento cuando tenía visitas.

-          Es evidente – sonreí divertida.

Dejó la botella y las copas sobre la mesa y se incorporó para sentarse a mi lado.

-          Admito que estoy un poco borracho…

No pude evitar echarme a reír.
-          Eso también es evidente.

Él rio conmigo y llevó una mano a mi mejilla. Tenía lágrimas por la risa y las limpió con suavidad.

-          ¿Y son evidentes también las ganas que tengo de besarte?

Me quedé en silencio, sin saber qué contestar a eso. Y él lo tomó como una invitación, pues acercó sus labios a los míos para besarlos de forma hambrienta.
En ese momento mi mente era un remolino de pensamientos difusos, y mi cuerpo un volcán que había estado a punto de entrar en erupción demasiadas veces en ese día y necesitaba algún tipo de alivio.

Dejó escapar un gruñido ronco cuando permití que su lengua se enredase con la mía, y con algo de torpeza me tumbó sobre la cama, donde se dejó caer sobre mí apoyando su peso en las rodillas sin dejar de besarme.
 “¿Qué estoy haciendo?”, me pregunté varias veces. Pero la mayoría de ellas las olvidaba cuando notaba el calor que emanaba de nuestros cuerpos y lo dulce que sabía el vino en sus labios.

Estuvimos así un tiempo, hasta que él se separó lo justo para mirarme fijamente.
-          Alice…te…- se interrumpió - …quiero…- murmuró sonrojado – y deseo…deseo pasar la noche contigo…si tú quieres…- dijo tímido.

Le miré algo confusa, sin entender de primeras a qué se refería exactamente, y con sus palabras martilleando en mi cabeza.
 “Te quiero…”

Thaerion nunca me había dicho que me quería, no con esas palabras y de forma tan clara. En cambio me había dicho otras muchas cosas. Y yo las recordaba todas.

Al igual que recordaba el deseo que embargaba mi cuerpo cada vez que él estaba cerca.

“Eres mía…”

“Te llevo grabada en mi piel”

“Nunca permitiré que te olvides de esto”
Eran distintos…demasiado distintos…y yo sólo quería pertenecer a una persona. Por mucho que me esforzase en olvidarle sabía que entregarme a otro sin desearlo realmente era un error.

- Lo…lo siento. Pero no puedo.
Esta vez fue Fran quien me miró confuso, y fui incapaz de contemplar por mucho tiempo la decepción que se dibujó en su rostro.

-          Lo…entiendo…- dijo con dificultad – aún es pronto…quizás no estés preparada. Perdóname, pero es la primera vez que…y he bebido…demasiado.

-          Calla, por favor.

Cerró la boca de golpe y yo sentí muchísimo haberle cortado de esa manera, pero no podía soportar más tiempo escuchar sus disculpas, me hacían sentir aun peor por comportarme de ese modo.
-          Soy yo la que debo disculparme, Fran…no he sido todo lo sincera que debería contigo.

Me incorporé para dejar algo más de espacio entre nosotros, pero él hizo lo mismo y trató de animarme a que le mirase sujetando mi barbilla con suavidad.

- ¿Qué ocurre, Alice?
 - Es que…he intentado hacer lo posible para que esto funcione…y me encanta estar contigo, de verdad, pero…estoy enamorada de otro chico – admití sin titubeos -  y aunque ya no hay nada entre él y yo soy incapaz de abrirme a otra relación ahora mismo.
-          No estoy preparada…y no quiero aprovecharme de ti, eres demasiado bueno para que te engañe dándote largas.

Al terminar, un incómodo silencio se adueñó del cuarto durante unos minutos. Francessco apartó la mano de cara y bajó la vista hacia sus los puños cerrados mientras yo esperaba inmóvil a que dijese o hiciese algo. Y entonces habló.

-          ¿Es por ese cantante, no?

¿Cómo…?
-          Valo, se parece mucho al tipo que aparecía en esa foto.

-          ¿Qué foto?

-          A finales de año, cuando te ayudé a buscar información sobre esas Sombras…- trató de hacer memoria – le llamaban “Halcón”, y era sospechoso de aquel asesinato. Cuando le viste te quedaste muy sorprendida, y al verle aparecer en la compañía con Violeta casi te desmayas. Es el mismo ¿verdad?

Hasta ese momento no había caído en ello, pero era cierto que Francessco lo había visto antes.
-          N-no…

-          No me mientas en esto también – me rogó cogiéndome del brazo - sé que sientes algo por él, tiemblas cada vez que le ves. Y no es miedo lo que veo en tus ojos – bajó la mirada dolido – a mí nunca me has mirado de esa forma. Si no es él tiene que ser Janne, pero con él no tiemblas del mismo modo.
Volví a negar.

-          Está bien, no me lo digas si no quieres – contestó algo malhumorado. - De todas formas me ha quedado claro que no me deseas.

-          Lo siento, Fran…yo…

-          Ya…- suspiró. – Yo también lo siento.
Se inclinó y me dio un suave beso en los labios.

-          Quizás me llegue algún día el momento – dijo abriendo la puerta - Buenas noches, Alice.

-          Francessco...

Al quedarme sola, no tarde en darme cuenta de que admitir que necesitaba a Thaerion a pesar de todo era realmente el alivio que más falta me hacía.
Aunque lo había hecho a costa de dañar al hombre más tierno y bueno que había conocido nunca.

***

Francessco caminaba despacio, midiendo cada paso de camino a casa para evitar tambalearse y que supiesen que iba borracho.
 “Con la suerte que tengo me roban el reloj y la cartera y ya tendré la noche completa”

Esos pensamientos no eran muy alentadores, pero pensar en ella tampoco le ayudaba.

No era la primera vez que le daban calabazas, pero si la primera que lo hacían cuando había conseguido valor suficiente para intentarlo.

“Moriré virgen, como el primo de mi abuelo”, claro que él murió más joven, no había cumplido ni los diecisiete, y él se acercaba a los treinta. Giglio tenía razón.
Pero aunque su orgullo masculino se imponía a veces, sabía que lo que más le había dolido era que ella no le correspondiese y estuviese enamorada de otro. Se había hecho demasiadas ilusiones esta vez, y pensaba que las cosas iban perfectamente.

Era perfecta para él, divertida, amable, tímida y atrevida al mismo tiempo, cálida, ingeniosa…y preciosa. Como una mezcla entre elfa qualinesti, mediana y algún personaje de Disney como Bella.

- Estás muy borracho…- murmuró dándole una patada a una lata que se puso en su camino. 
Habría esperado lo que hiciese falta por ella, hasta el matrimonio si ella era de las que creían en esas cosas como su madre, pero estaba claro que el problema era él. No le gustaba, a ella le iban los tipos malos como ese estúpido cantante de pelo largo y cicatrices, ese que encima estaba fichado en los archivos secretos de la policía y del que no figuraba ni su nombre…chicos que sólo podían hacerle daño y nunca la valorarían lo suficiente.

Vamos, la historia de siempre.

-          Nah… - negó dando una nueva patada a la lata.
No podía ser el mismo, de miembro de secta chunga a cantante de rock había un buen trecho, no muy grande teniendo en cuenta lo que dicen algunos curas, pero amplio igualmente.

-          Buenas noches.

Francessco estaba a punto de golpear por tercera vez la lata cuando vio que alguien se había cruzado en su camino y el de la lata.

- Lo siento, no tengo hora – dijo temiendo que le robasen. Pero al levantar la vista se quedó con la boca abierta.
Frente a él había una mujer de pelo rojo estilo bob y enormes ojos color miel, esbelta y pálida como la luna que pendía sobre sus cabezas. Sus gruesos labios estaban curvados en una sensual sonrisa y le miraba fijamente.

Era muy guapa, demasiado para querer algo de un tipo como él (gratis al menos), y desprendía un aura misteriosa que hacía que se le erizase el vello de la nuca. 
Pero había algo en ella aparte de su evidente atractivo físico que le atraía como la miel a las abejas.

-          Bu-buenas…noches – consiguió decir.

Antes de atragantarse cuando, sin pudor alguno, ella se acercó para besarle.
-          Tranquilo…no dejaré que pases la noche sólo – susurró acariciando sus labios seductoramente.

“Bueno…quizás, después de todo….no tuviese tan mala suerte como creía”