miércoles, 22 de julio de 2015

Primer relato erótico-festivo

¡Buenas tardes a tod@s!

Como ya vengo avisando desde hace un tiempo por Facebook, he decidido publicar una serie de relatos de temática erótica para animar un poco el blog y poder mostrar a varios de los personajes secundarios de la serie (con mayor o menor protagonismo) desde un punto de vista distinto y más íntimo.

Principalmente tratará sobre escenas subidas de tono que poca importancia pueden tener para la trama principal de la historia (vamos, que su lectura es totalmente opcional y no os perderéis datos muy importantes), pero aún así sigue estando en estrecha relación con ésta e irán apareciendo más o menos al mismo tiempo que ella, por lo que el momento en el que aparezcan será clave a la hora de publicarlos.

Los personajes que aparezcan en este tipo de relatos dependerán un poco de mis ganas personales e inspiración en el momento, pero también influirá mucho vuestra opinión y sugerencias, como la que tengo apuntada ya de un personajillo que ha aparecido últimamente en la historia y que me ha dicho que no le importaría nada prestarse a ello... (Theran: ¡Yuhu! ¡Voy a protagonizar mi propio relato guarro!). Así que os animo a que dejéis vuestros comentarios y peticiones ;)

Eso si, aviso de que cada relato seguramente contenga escenas no recomendadas para todos los públicos y usar a veces vocabulario adulto y malsonante. El tipo de escena estará vinculada estrechamente al carácter de sus protagonistas y sus gustos personales, y no todas las que aparezcan son especialmente románticas, ñoñas y pastelosas (vamos, habrá escenas en las que el sexo sin ningún tipo de compromiso sea el protagonista). Como suelen advertir en las películas...quiero dejar muy claro que las opiniones mostradas en lo escrito pertenecen expresamente a sus protagonistas, así que no me echéis la bronca si algún personaje termina siendo un capullo integral con sus parejas xD

Y dicho esto...¡aquí os dejo el primer relatillo erótico-festivo! Espero que tenga buena acogida y que las seguidoras de Serpiente no me odien mucho...¡Mexe! ¡Este te lo dedico con todo mi cariño! *huye al oír el ruido de la motosierra*

RELATO: Extrañas compañías I


❧❃❧ La Serpiente y el Murciélago ❧❃❧
(EXTRAÑAS COMPAÑÍAS (Parte 1): RELATO ERÓTICO)


Serpiente no daba más de sí, últimamente el estrés se estaba cebando con él hasta el punto de hacerle maldecirse a sí mismo por tomar el control de las Sombras y no haberse quedado como el encargado del papeleo del jefe.
 A veces se preguntaba si no hubiese sido mejor seguir actuando por su cuenta. Antes al menos tenía tiempo para centrar sus esfuerzos en trabajos que merecían realmente la pena. Que Lobo y sus estúpidos esbirros se ocupasen de asuntos que para él no tenían importancia había sido una ventaja que desdeñó con demasiada ligereza.

Pero ya no había marcha atrás, y ahora hasta para limpiarse el trasero con la lengua de algún vampiro “descarriado” le pedían permiso. Estaba hasta las narices de tener que dar instrucciones para todo, de tener que controlar hasta el mínimo detalle por miedo a que algún estúpido metiese la pata y mandase todo a la basura.

Por si fuese poco parecía que todo el mundo se había aliado en su contra y no paraban de surgir problemas que dificultaban aún más sus propósitos.
 Desde la aparición del dichoso grupo paramilitar liderado por alguna clase de lunático que odia a los vampiros y demás criaturas sobrenaturales; hasta la misteriosa huida de Lobo, al que él y varios de los suyos habían retenido por la fuerza durante todos esos meses en un lugar altamente vigilado.

El primer grupo había protagonizado ya varios altercados en la ciudad de forma más o menos silenciosa para los humanos, pero no para ellos,  ya que las que las víctimas eran principalmente vampiros, y algunos de ellos miembros de las Sombras.

Su modo de actuar, por el momento, consistía en localizar y destruir sin hacer muchas preguntas. Parecían bien entrenados y organizados, demasiado para tratarse de un grupo de humanos resentidos actuando por su cuenta. Y actualmente seguían siendo un gran misterio para él y los suyos.
 Aunque esperaba que no fuese así por mucho tiempo. Los humanos no se caracterizaban por ser especialmente sutiles, y terminarían cometiendo un error del que sin duda podría salir beneficiado.

Por otro lado estaba Halcón, uno de sus más prometedores agentes y a la vez el peor grano en el culo que había trabajado para él. Últimamente estaba demasiado descarriado como para servir de utilidad a la organización, pero esperaba poder sacar algo bueno de sus extrañas desapariciones y su temperamental comportamiento.

Por lo poco que había podido averiguar su sed estaba despertando y se volvía cada vez más incontrolable, tanto que había terminado por cometer aquellos actos que pretendía evitar inútilmente negando su propia naturaleza.

Le habría enseñado algún que otro truco si no se empeñase en reprimir su sed con tanto ahínco.
 La chica del pelo rosa no sería ni la primera ni la última en caer presa de sus “encantos”. Y si quería evitar que lo descubriesen no sería el primer rastro de sangre que debería intentar borrar por su cuenta.

Y todo por culpa de una mujer que ni siquiera merecía la pena como alimento. Aún no entendía por qué Ahasa estaba tan interesada en mantenerlos a salvo.

Pero no era algo que a él le tocase juzgar, tan sólo era otra pieza más del puzle, y debía cumplir su deber como uno de sus chiquillos.

Hacía tiempo que Halcón no acudía a las sesiones de autocontrol de Murciélago y el papel de ambos en las Sombras le resultaba cada vez más difuso.
 -          Estúpida niña…

Desde que la contrató no había hecho otra cosa que meterse en su vida y en su cabeza.

Pensar en ella sí que era una absoluta pérdida de tiempo, pero no le costaba tanto admitir que en parte lo hacía con gusto. Después de todo…tenía sus ventajas aprovecharse de sus muchas debilidades.

Serpiente sonrió para sí mismo y descolgó el auricular para comunicarse con su secretario.

-          Comadreja, localiza a Murciélago y que se presente de inmediato en mi despacho.

Sabía que después de esa orden su agente no tardaría en llegar. Puede que fuese inútil como espía, pero resultaba bastante obediente y entretenida a su manera.

Se levantó de su asiento y dio un breve paseo para calmar si incipiente ansiedad.
 Su copa estaba a rebosar sobre la mesita, intacta, hacía horas que la había dejado allí por si le entraba sed, pero hasta el momento no se había acordado de ella.

Caminó despacio y la acunó entre sus dedos, observando el líquido rojizo y espeso unos segundos antes de llevársela a los labios.

No le dio tiempo a saborearla, pues tal y como esperaba no pasaron ni cinco minutos cuando el tímido sonido de sus nudillos llamando a la puerta captó su atención.

-          Pasa.

Murciélago se presentó ante él tratando como siempre de ocultar su temor inútilmente. No era ni capaz de mirarle a los ojos, y aunque se divertía con ello no dejaba de resultarle bastante exasperante después de todo lo que había pasado entre ellos.
 -          ¿D-desea algo, señor?

-          De momento me conformo con que dejes de mirarte los pies y cierres la puerta - contestó mostrando abiertamente su irritación para contribuir a su creciente nerviosismo.

-          S-sí, señor.

-          ¿Has avanzado algo en tu investigación?

-          No, señor… – sus zapatos volvieron a ganar protagonismo al contestarle – lo siento, pero sigue sin venir a mis clases y así es imposible qué…

- ¿Tan imposible como lo es que me mires mientras te hablo? – le inquirió.
 -          Perdone, es que…

- Lo siento, perdón, lo lamento…si mostrases el mismo interés por hacer tu trabajo correctamente que por disculparte ante tu incompetencia serías sin duda uno de mis mejores agentes.
 Ella alzó la cabeza con gesto afligido, la niebla que envolvía su mirada no lograba ocultar sus sentimientos tanto como quisiera.

-          ¿Qué pasa ahora? ¿Es que acaso mi sinceridad te importuna?

-          Sé que piensa que soy un lastre, pero  le recuerdo que yo no vine aquí a pedirle trabajo – contestó haciendo acopio de valentía – es usted quién me lo ofreció libremente.
 -          ¿Y te molesta haberlo aceptado?

-          No.

-          ¿Entonces qué ocurre?

-          Sigo sin saber nada de mi maestro.

-          Y yo sin obtener beneficios tras haberte contratado. Información a cambio de información ¿recuerdas?

Murciélago se mordió el labio librando una lucha interna contra los reproches que morían en su garganta antes de ser pronunciados.

-          Si tan inútil le parezco no entiendo por qué sigue reteniéndome aquí – murmuró.
 Todos los días se hacía la misma pregunta, y todos los días se mentía a sí mismo con una respuesta cargada de indiferencia.

- Puede que me agraden las vistas – respondió encogiéndose de hombros con una sonrisa de medio lado.
 -          ¿Es eso lo que soy para usted? – preguntó señalando con indignación uno de los antiguos jarrones que reposaban sobre su escritorio - ¿Un objeto más para su colección?

-          Quizás, aunque menos vieja. Y no tan cara.

-          Es usted el ser más mezquino y cruel que he conocido en mi vida – replicó con voz temblorosa.

- ¿Eso es lo que soy para ti? – le robó su pregunta, acercándose a ella para dirigirla y retenerla contra el escritorio y su cuerpo - ¿un ser mezquino al que debes odiar?
 Serpiente disfrutaba mortificándola casi tanto como intimando con ella, sobre todo porque a menudo una cosa acompañaba a la otra, y observar su vana resistencia a caer presa de sus atenciones resultaba muy entretenido.

-          Ojalá le odiase – protestó intentando huir de él. – Pero a pesar de las molestias que se toma para que lo haga me resulta imposible.
 -          Entonces quizás deba emplearme más a fondo – susurró sujetándola de las caderas para incorporarla y colocarse entre sus piernas.

Aunque mejor lo dejaba para más tarde. Su sed hacía que el ansia por tomarla se volviese casi insoportable cada vez que la tenía tan cerca.

-          Sé que no disfruta haciendo daño a los demás tanto como quiere hacernos creer.

- ¿Ah no?
 Hizo el amago de levantarle la falda, pero ella apresó sus muñecas sin dejar de temblar bajo el peso de su deseo.

- No – respondió obstinada. – Creo que fingir le hace sentir seguridad, y que teme mostrar cualquier sentimiento que le haga parecer débil.
 -          Sigues empeñada en buscar una benevolencia que sólo existe en tus infantiles fantasías.
 -          ¿Entonces por qué me parece ahora tan vulnerable?

-          Porque tengo hambre – gruñó.

-          ¿Hambre de qué?

- De ti.
 Tras admitirlo arrancó su delicada prenda interior con furia y se introdujo dentro de ella con una poderosa embestida que hizo que se volcase el jarrón egipcio de su escritorio. El resto de la ropa sufrió un destino parecido quedando desperdigada por el suelo en cuestión de segundos.

- No deberíamos hacerlo aquí…- se quejó ella sin ganas de impedírselo realmente.
 -          Silencio.

Los tímidos gemidos de satisfacción que acompañaron sus acometidas le hicieron aumentar el ritmo hasta que la escuchó gritar y sacudirse presa de un intenso orgasmo. Tuvo que reprimir sus ganas de unirse a ella y dar rienda suelta al enorme placer que le provocaba su tierna ingenuidad.
 Pero no pensaba ser tan benevolente y dejar que se saliese con la suya tan pronto.

Debía demostrarle que tenía control sobre ella y no al revés, y poniéndose de rodillas ante ella la obligó a mantener las piernas abiertas para poder contemplarla en esa posición tan indecorosa y excitante.
 -          Por favor…no haga eso – le rogó, intentando ocultar el intenso rubor de su rostro detrás de sus manos al ver que no podía apartarlo.

- No te muevas – le ordenó disfrutando con malicia de la dulce visión que tenía ante sus ojos. 
Sabía bien que antes de él nadie la había tocado, e imaginaba lo difícil que sería para una criatura tan casta el mostrarse de ese modo ante él, pero no tuvo ningún miramiento ante la creciente agitación provocada por su atrevimiento, e ignorando sus ruegos sumergió sus labios entre sus piernas y comenzó a saborearla con su boca y su lengua burlándose interiormente de sus penosas súplicas.
Cuando intentaba apartarse bastaba con introducir sus dedos y rozarla en un par de puntos clave durante unos segundos para quebrar sus fuerzas y hacer que le ofreciese un amplio abanico de suspiros y gemidos mal disimulados, hasta que no le quedó más remedio que dejarse llevar por la deliciosa tortura a la que pensaba someterla por contradecirle.
No cesó en su empeño ni cedió al impulso de saciar su sed de sangre hasta que notó su delicado cuerpo convulsionarse ante una nueva oleada de éxtasis aún más potente que la anterior y estalló jadeante sobre la mesa.
Fue entonces cuando decidió dejarse llevar y satisfacerse a sí mismo, y desplegando los colmillos presionó su boca contra la pálida piel de su muslo para succionar la sangre de la arteria femoral, al mismo tiempo que continuaba introduciendo sus dedos en su húmedo interior para mitigar el dolor inicial de alguna forma y compartir su placer.
Beber de ella era mucho más satisfactorio que estar con varias de sus esclavas a la vez y  alimentarse de ellas. De hecho, desde que la conocía no había sentido la necesidad de estar con otras y se conformaba con tomar lo justo para su sustento. Pero no pensaba decirlo en voz alta y mucho menos compartirlo con ella.
 Gruñó ante la afirmación de su propia debilidad sin separarse de su muslo y movió los dedos con violenta firmeza para estimular su punto g y someterla de nuevo a sus caricias, sin darle apenas cancha para respirar y tomar aliento. Y cuando hubo terminado se colocó sobre ella y volvió a tomarla sobre la mesa con un salvaje entusiasmo que no cesó hasta que pudo satisfacer el más primitivo de sus impulsos derramándose dentro de ella entre jadeos.
 Murciélago sonrió satisfecha al escucharle, posando sus labios sobre los de él con inocente dulzura, pero Serpiente se separó de ellos como si quemasen y se enfrentó a su confusa mirada con gesto severo.
 -          Si crees que el deseo de un hombre se convierte automáticamente en una debilidad o una muestra de afecto incondicional es que no sabes nada del mundo en el que vives. ¿Crees que te amo porque me gusta hacerte mía? ¿Que me haces sentir distinto a cualquier mujer con la que haya estado antes que tú o de la que me haya alimentado? ¿Qué tienes algún poder sobre mí…?

- Y-yo…
- ¿Es que tu maestro no te enseñó nunca a desconfiar de las personas? – continuó metiendo el dedo en la llaga - ¿No te advirtió que los seres como yo son incapaces de amar a nadie? ¿Cuándo aprenderás qué eres tan sólo una deliciosa presa a la que disfruto deshonrando una y otra vez?
 Y el dolor que reflejaban sus lágrimas se convirtió en la guinda del dulce pastel, del que pensaba seguir disfrutando hasta que ella decidiese abrir los ojos y hacer caso a sus consejos.

- ¿Y ahora qué? – preguntó ocultando una sonrisa acercando los labios a su frente - ¿Aún sigues pensando que soy bueno y mi alma tiene salvación?
Puede que algún día ella despertase de ese sueño al que llaman amor, suponía que para entonces ya se habría aburrido de ella y podría olvidar y apagar su deseo, ocupando su escaso tiempo libre con cosas más importantes.
De no ser así…tendría que tomar cartas en el asunto antes de que fuese demasiado tarde.

lunes, 29 de junio de 2015

Nuevo capítulo + Relato

¡Buenas noches!

Me he pasado todo el día libre liada creando poses, sacando las imágenes que me faltaban y editandolas para montar el capítulo, pero no he querido irme a la cama sin publicarlo, así que aquí lo tenéis ^^

Este capítulo es algo lioso, ya que va narrando tanto la huida de Alidaen como la búsqueda de Thaerion en un margen de tiempo muy reducido entre ambos (casi a la vez), y además incluye en una de sus partes un fragmento del relato "Vuelta al Hogar", por lo que tendréis que pausarlo en su momento y terminarlo una vez lo hayáis leído tal y como os indicaré en el propio capítulo. Aunque si veis que os hacéis mucho lio siempre podéis dejar el relato para el final, como mejor os venga.

Y creo que de momento no tengo mucho más que decir, salvo que espero que os guste y os queden ganas de seguir leyendo, ya que queda muy poquito para dar por acabada la temporada ;)

¡Un besazo a tod@s y muchas gracias por leer y dejar vuestros comentarios!

CAPÍTULO XXXIII: Sé cuidarme sola

❧❃❧ CAPÍTULO XXXIII: Sé cuidarme sola ❧❃❧

Cuando volví a la superficie y me encontré a la orilla de otro lago distinto al que me había traído hasta allí, temí haber llegado demasiado tarde. 
Busqué como loco por el aquel bosque que en seguida reconocí como el mismo donde acabamos la noche que nos encontramos en el Darkness, recorriendo sin descanso cada pie de tierra en busca de cualquier rastro que pudiese guiarme hasta ella. Vigilando en todo momento la posible aparición de vampiros, lobos o cualquier criatura que quisiese apartarme de ella.

Pero era imposible encontrarla en un lugar tan amplio como aquel, y después de dos horas sin descanso comencé a impacientarme y a peinar la zona sin apenas fijarme en los detalles y olvidando pasar desapercibido.
Descuidado, impulsivo, incapaz de controlarme a mí mismo…así es como me comportaba desde que la conocía, y así es como al final choqué de bruces con el mismo tipo que llevaba acosándome desde que lo viese por primera vez en Riverview.

-          Déjame adivinar – dijo sonriente. – Vienes en busca de la rubia.

-          ¡¿Qué le has hecho?! – inquirí, dando por hecho que el peligro que supuestamente corría ella estaba relacionado con él de algún modo.

- ¿Yo? Nada, sólo la llevé a conocer a unos amigos.
-          Dime donde está – contesté acercándome a él con voz autoritaria.

-          Perdida por el bosque, descuartizada por algún animal salvaje, dándose un baño en el lago…a saber. Por lo poco que la conozco y por tu cara de preocupación creo que no es la primera vez que se mete en líos. ¿O me equivoco?

-          ¡¿Dónde está?! – gruñí, aferrando el cuello de su camisa furioso.

Él me miró pasivamente y amplió su sonrisa.

- ¿No te cansas de andar continuamente detrás de ella? Hueles un poco a acosador – olfateó el aire intentando provocarme y le solté con gesto asqueado. - O a perrito faldero, la verdad es que no lo distingo muy bien. Espera…
Se acercó un poco para olerme de cerca y terminó recibiendo un empellón por mi parte como respuesta.

Aquello hizo que su porte chulesco cambiase a uno más ofensivo, y como era de esperar acabamos liándonos a hostias en medio del bosque. Tal y como él quería desde un principio, a pesar de que lo último que me apetecía era perder un tiempo que consideraba demasiado valioso estando Alidaen a merced de los peligros del bosque.
Después de mi encuentro con las náyades me sentía completamente descansado y en forma, de algún modo el agua que había tragado durante mi extraño viaje a través de su lago me había devuelto las fuerzas, y mis movimientos eran más rápidos y certeros que nunca.

Quería acabar rápido con él, pero seguía siendo más viejo que yo y estaba muy bien entrenado, y aunque encajase algún que otro golpe yo seguía llevándome la peor parte.
-          Por fin demuestras que vales parte de la fama que te atribuyen.

-          Supongo que viniendo de ti eso es un cumplido.

-          Al menos no eres tan patético como pensaba.

Aquel comentario hirió mi orgullo, pero tuvo su merecido al recibir un buen puñetazo que le hizo crujir la mandíbula.
-          Puede que sea más joven, pero algo me dice que tiendes a menospreciar a tus rivales, y en mi caso eso es una ventaja.

Se lamió la sangre que empezó a manar de la comisura de sus labios y me miró con su habitual sonrisa irónica.
-          En realidad disfruto otorgándote cierta ventaja. No me gusta acabar una pelea sin sangrar un poco antes.

Estuvo a punto de volver a lanzarse a por mí, pero justo cuando me preparaba para esquivar su ataque escuchamos un grito de mujer a pocos kilómetros de donde nos encontrábamos, y ambos giramos la vista hacia el bosque.

-          Parece que al final ha sido tu amiga la que nos ha encontrado.

- ¡Alidaen!
Traté de correr en la dirección de donde vino el grito, pero él aprovechó la distracción para lanzarse contra mí y hacerme un placaje contra el suelo.

-          Lo siento – dijo colocando su rodilla sobre mi pecho para inmovilizarme - pero aún no he acabado contigo.

Me resistí a quedarme sumiso bajo su peso, y forcejeé con él hasta conseguir clavarle el codo en el costado y hacerle una presa con las piernas. Acunando su cabeza entre las manos y golpeándola contra una roca del suelo.
Él se quedó confuso unos instantes, y yo aproveché el momento para zafarme y salir corriendo hacia el bosque.

Debía dar con ella antes de que volviesen a encontrarla.

❧❃❧

~♫~ Música: Cumbres Borrascosas OST - I gamble to win ~♫~

Estaba sola, agotada, deprimida…y si no fuese porque cuando me abrazó aquel chico en el subterráneo aprovechó para armarme con una daga, también estaría completamente desarmada en medio de un bosque siniestro y enorme.

Recordaba demasiado bien mi última visita, y salvo la parte en la que Janne aparecía sin camiseta y me protegía, no eran recuerdos demasiado alentadores.
Vampiros, lobos…y ahora encima me perseguía una panda de tipos raros con cicatrices que supuestamente obedecían a un vampiro aún más raro al que le gustaba jugar con pociones asquerosas.

Esperaba que al menos Violeta hubiese llegado a salvo a la Compañía.

Deseaba con todas mis fuerzas que ella hubiese corrido mejor suerte que Jake, al que hacía unas cuantas horas había visto sonreír y bromear, ajeno a su terrible final.

¿Por qué? ¿Por qué tenían que morir de ese modo tantas personas inocentes?

Era injusto, y odiaba tener que admitir que en parte era la responsable de todas esas muertes.
Tenía que dejar de esconderme y permitir que otros luchasen y pagasen en mi lugar. Debía aprender a enfrentarme yo misma a mis enemigos…a ser fuerte.

-          ¡Maldita sea! – grité, lanzándome ofuscada hacia un árbol para pagar con él la ira y el miedo que llevaba reprimiendo – ¡Venid a por mí si os atrevéis!

Tomarla con el pobre árbol no sirvió de mucho, salvo para agotarme y cabrearme aún más. Y ya de paso para recordarme que el silencio es fundamental para llevar a cabo una huida satisfactoria.
No tardaron en dar conmigo.

-          Parece que la pequeña palomita ha confundido a ese pobre árbol con uno de nosotros – comentó uno de los tres hombres que aparecieron tras ser alertados por mis gritos.

Los tres me miraban con gesto divertido mientras se acercaban despreocupadamente. A uno de ellos le reconocí porque fue el que me llevó a rastras y me ató a la camilla después de tomar la poción.
-          ¡Ni os atreváis a dar un paso más! ¡Estoy armada!

Y vaya si se acercaron, riéndose mientras yo trataba de extraer sin éxito la dichosa daga, que había tenido que quedarse clavada en el tronco justo cuando la necesitaba de verdad.

-          Pues no parece que el árbol tenga muchas ganas de devolverte el arma.

Los otros dos volvieron a reírle la gracia mientras hacían gestos obscenos para intentar ponerme más nerviosa. Pero si de algo podía presumir era de reflejos. Y no tardé en encontrar el modo de cerrarle el pico, agachándome para coger una piedra de considerable tamaño y lanzándosela directa a su fea cara.
El tipo, que era humano  y no muy resistente por lo que pude comprobar, cayó de espaldas con los ojos muy abiertos bajo la atenta mirada de sus compañeros.

-          ¡Chúpate esa, por bocazas! – exclamé, más optimista que antes gracias a mi puntería.

No volvió a levantarse. Pero en cambio los otros dos, después de mirarse el uno al otro alelados, decidieron dejarse de jueguecitos y lanzarse directamente a por mí.

En ese momento el árbol, que parecía estar de repente de mi parte, dejo caer la daga a mis pies y pude cogerla antes de que se me abalanzasen y chocasen contra su tronco al rodearlo y esconderme detrás de él.

-          ¿Qué pasa? – pregunté animada. - ¿Ya no tenéis ganas de seguir riendo?

- ¡Te vas a enterar, zorra!
Odiaba que me llamasen así, y tras situarme a sus espaldas al moverme con más rapidez que ellos lancé la daga hacia mi nuevo objetivo. Pero fallé, volviendo a clavarla en el mismo tronco sin ni siquiera rozarle. ¡Y eso que la diana en forma de culo era bien grande!

-          ¡Esta vez se te acabó la suerte! – gritó el otro, más ligero que el idiota de los insultos, abalanzándose a por mí.

Salí corriendo y pude escapar por muy poco de su agarre, haciendo que perdiese el equilibrio y se cayese de culo al suelo.

Parece que habían enviado a por mí a los más torpes del grupo.
Miré de reojo hacia atrás y vi que su compañero aún estaba demasiado lejos de nosotros, así que aproveché la caída para dirigir mi pie hasta su cara sin ningún tipo de miramiento por sus bonitos dientes.

Después de aquello tendría que ir al dentista. Y yo ya había conseguido librarme de dos “minions” sin apenas esfuerzo.

Me sentía más que orgullosa de mí misma, pero aquella autoconfianza al final me jugaría una mala pasada, pues el grande, como si de un toro se tratase, esprintó enfurecido y me embistió contra otro árbol cercano, dejándome sin respiración al sentir el tremendo golpe y su peso sobre mi cuerpo.
-          ¿Ahora qué, chulita? – gruñó aprisionándome desde atrás, mostrándome los dientes con una sonrisa lasciva. - ¿Se te han quitado ya las ganas de jugar?

Aparté la cara con repugnancia, intentando escabullirme mientras él afianzaba su agarre y proyectaba su apestoso aliento a cerveza hacia mí.

Y grité. Grité con todas mis fuerzas al sentir su excitación y entender lo que quería hacerme.
❧❃❧

~♫~ Música: Wuthering Heights OST - Heatcliff Revenge ~♫~

Corrí sin pensarlo guiado por el origen de aquel grito de mujer, pero aunque me parecía haberlo escuchado con bastante claridad debía estar más lejos de lo que pensaba en un principio, pues tardé varios minutos en encontrar el claro donde supuse que se habría iniciado el incidente que la había hecho gritar.

¿Era ella la que había dejado KO a ese tipo?

Era difícil de asegurar, pero conociéndola no me extrañaría en absoluto. Puede que tuviese un don especial para meterse en líos, pero también lo tenía para salir airosa de ellos. O eso esperaba.
Junto a un árbol lleno de tajos de daga había un hombre joven que al parecer había recibido un fuerte golpe en la cabeza, supuse que con una piedra o una rama, y una daga clavada en el tronco.

La cogí y me fijé en su manufactura. Una simple daga, pero el metal con el que estaba forjada pertenecía a otro mundo. En Shelüne, ese tipo de hierro oscuro era el más común que existía. En este, era una rareza de un valor incalculable.

Quién se hubiese desprendido de ella seguramente no tenía ni idea de lo que podría ganar vendiéndola en Ebay como una valiosa antigüedad.
La guardé y me debatí entre intentar despertar al humano o no para hacerle unas preguntas, hasta que escuché unos gemidos lastimeros no muy lejos de donde me encontraba.

Provenían de un tipo al que habían reventado la boca a patadas.

(Nota mental si llega a ser ella la causante de semejante destrozo dental: no cabrearla nunca.)

Al verme hizo el amago de decirme algo mientras señalaba un punto en concreto y balbuceaba una maldición.
Después supuse que me pedía ayuda, porque se puso a llorar y a tirar de mi pierna, pero de un suave empellón me lo quité de encima y seguí su indicación.

Dos personas más habían dejado un rastro bastante claro de pisadas. Parte de las huellas eran ligeras y apresuradas, seguidas por otras más pesadas y grandes.

Había visto suficiente para hacerme una idea general sobre lo ocurrido, y si no fuese porque tenía prisa me habría dado la vuelta para sacarles la información a hostias a esos dos inútiles.
Pero desistí tras suponer el posible resultado de esa persecución y decidí seguir el rastro de las huellas.

❧❃❧

-          ¡Suéltame!

- Te voy a hacer rogar que te devuelvan a la celda.
Aquella amenaza fue suficiente para imaginar lo que quería hacerme aquel monstruo, y no pensaba permitirlo. Alargué mi brazo buscando algo que poder usar contra él y una vez más sentí como si el bosque estuviese de mi parte (a pesar de mi pequeño arrebato anterior), pues di con una rama lo suficientemente sólida como para defenderme.

No me precipité, a pesar de que el asco que me producían los toqueteos de aquel tipo, y esperé lo suficiente escondiendo mi improvisada arma hasta encontrar el ángulo perfecto para atacar.

Éste llegó cuando me forzó a tumbarme y se colocó sobre mí al tiempo que se desabrochaba los pantalones.
Fue un segundo, un instante en el que confiado y ansioso por obtener su premio guio su mirada hasta la cremallera, que por los nervios parecía haberse enganchado y no conseguía bajar. Suficiente.

¡Clonk!

Así sonó su cabeza hueca, como en los dibujos animados.

O quizás no, pero así lo recuerdo yo. Total, era mi victoria y tenía más que merecido el poder adornada como quisiera.
Tardé unos segundos en quitármelo de encima, y una vez liberada me sentí exultante y capaz de enfrentarme a lo que fuera. Pero no pensaba volver a caer en el error de confiarme demasiado, así que salí corriendo sin mirar atrás.

Volvía a escuchar los acelerados pasos de alguien, suficientemente alejado pero cada vez más cerca. Era muy probable que uno de los tres hubiese despertado y tuviese unas ganas terribles de matarme.

Traté de controlar mis frenéticos jadeos y correr lo más rápido posible al tiempo que buscaba el modo de esconderme sin que pudiese seguir mi rastro.
❧❃❧

Las huellas me llevaron hasta un tipo de considerable tamaño tirado en el suelo y también inconsciente.

Sus pantalones a medio bajar podían sugerir muchas cosas, pero el rastro de forcejeo que había bajo él, y las huellas más pequeñas alejándose de éste dejaban muy claro cuál había sido su propósito antes de acabar así. Me acerqué e inspiré profundamente.
Sus manos olían a ella.

No lo pensé. Aferré la daga con fuerza y la hundí bajo sus costillas para atravesar su corazón.

Dos muertes en una misma noche, pero ninguna de ellas pesaría sobre mi consciencia.

Al fin y al cabo, ya estaba acostumbrado a matar a ese tipo de hombres.

Después de limpiar mi daga en su ropa continué buscando, esta vez más seguro de haber tomado el camino correcto. 
Sus huellas por el momento me resultaron fáciles de seguir, y aunque hubo un tramo en el que creía haberlas perdido (pues en un momento de lucidez por su parte parecía haberse dignado a ocultarlas) al final supe que había llegado a mi destino cuando escuché su voz meciéndose entre los árboles.

Estaba… ¿cantando?

“Lay down your head
and I’ll sing you a lullaby
Back to the years of loo-li lai-lay.
And I’ll sing you to sleep
and I’ll sign you tomorrow
Bless you with love
for the road that you go” (*)

Me acerqué despacio para no alarmarla, pronunciando su nombre con suavidad y pidiendo que se calmara.
Parecía muy asustada. Pero a pesar de ello su voz no dejaba de ser la más hermosa que había oído nunca.

-          Alidaen, estoy aquí. Soy yo…- por un momento estuve tentado a decir “Thaerion” para que no me odiase de antemano– Valo.

La melodía paró de golpe, y yo decidí dar un paso más hacia dónde provenía el sonido de su voz.

Estaba sentada sobre una roca plana en medio de un claro, sana, a salvo.

Temí que el acelerado ritmo de mi corazón la alertase y la hiciese huir al escucharme.
Aun así aligeré el paso para llegar cuanto antes hasta ella, decidido a estrecharla entre mis brazos y no soltarla nunca.

Pero justo cuando se dio la vuelta para mirarme, noté un golpe seco en mi cabeza que hizo que su imagen desapareciese tan fugazmente como mi agresor. Y que tras ella, volviesen la oscuridad…y más recuerdos de mi pasado.
❧❃❧


❧❃❧

(Nota: Continuar después del relato)

Con cada sobreesfuerzo por alejarme me daba cuenta de que cada vez estaba más perdida en aquel bosque, pero nada importaba si lograba despistarles.

Ya tendría tiempo luego para buscar una salida.

A veces, me escondía para tomar aliento unos segundos y trataba de tranquilizarme susurrando con voz atropellada y torpe una de las muchas canciones que mi abuela me enseñó y que solía cantar cuando tenía miedo por las noches.
Según ella, se la había enseñado un hada cuando yo era tan sólo una niña, y aunque no fuese su voz la que la cantaba ya, el volver a recordarla me animaba a seguir adelante.

“Puede que siempre haya ángeles para cuidarte
para guiarte en cada paso del camino
para cuidarte y mantenerte a salvo de todo mal
Loo-li, loo-li, lai-lay…”

Hacía tiempo que ya no escuchaba pasos a mis espaldas, pero yo seguía huyendo impulsada por un instinto tan firme como mis piernas que, aunque cansadas y doloridas, eran capaces de soportar aquella intensa caminata para ponerme a salvo y sin hacerme caer desfallecida.
Pero la voz de alguien demasiado conocido hizo que me detuviese tan rápido que estuve a punto de perder el equilibrio.

-          ¡Alidaen, estoy aquí!

- ¿Thaerion? – pregunté mientras giraba hacia un lado y le buscaba ansiosamente entre los árboles. 
-          Soy yo…Valo.

Me daba igual como se hiciese llamar. Era él.

- ¡¿Dónde estás?! 
-          Espérame…

Esta vez su voz parecía tan lejana como un recuerdo. Pero era él, tenía que serlo.

-          ¡Valo! – exclamé, corriendo en dirección contraria, pues estaba segura de que se encontraba en algún punto que había dejado a mi espalda, o me lo había cruzado sin darme cuenta.

¿Había vuelto para buscarme?
A medida que avanzaba, mi cabeza daba vueltas a las posibilidades que existían de que él supiese que me encontraba allí. Él, que desde la noche en que Francessco y yo habíamos roto no había dado señales de vida y parecía importarle cada vez menos lo que yo hiciese.

¿No se supone que estaba de viaje?

Aquello era demasiado extraño. Pero cuando las dudas se imponían sobre mi esperanza de volver a verle y me instaban a dar la vuelta y seguir huyendo, su voz volvía a llamarme y guiarme por aquel laberinto de maleza y árboles.

- ¡Estoy aquí! – repetía cada poco tiempo.
-          ¡Ya voy! – respondí, casi sin aliento y coordinación en mis piernas.

Estaba agotada, pero cada paso que daba le sentía más cerca y me obligaba a seguir caminando, aunque fuese arrastrando los pies y tropezando de vez en cuando con cualquier obstáculo que encontraba en el camino.

Hasta que apareció.
-          ¡Thaerion!

Su nombre, al verlo de rodillas en aquel especie de altar de piedra, salió de mis labios casi como un aullido, una súplica cargada de alivio al principio, pero angustiada al contemplar que lo que sostenía con firmeza entre sus manos era una daga.
Y darme cuenta de que aún estaba demasiado lejos para impedir lo que parecía a punto de hacer con ella.

- ¡Thaerion no! ¡No lo hagas!