jueves, 5 de enero de 2012

CAPÍTULO VII: Fuego y Hielo (Versión Extendida)

(Este capítulo contiene escenas de desnudos que podrían considerarse para adultos)
Me encontraba en aquel pasillo a oscuras, sin tener ni idea de donde estaba y si había alguien más allí, y sin una pizca de miedo que enturbiase aquel sentimiento que había vuelto aflorar en mi interior nada más verlo aparecer entre la gente.

- Sal de donde estés – ordené notando el eco de mi propia voz rebotar contras las estrechas paredes de la sala – ya es hora de que dejes de esconderte de mí.

Ni siquiera percibí sus pasos, cuando quise darme cuenta lo tenía pegado a mí, y podía sentir sus latidos acelerados contra la piel desnuda de mi espalda.
Si latía…quería decir que estaba vivo… ¿podría ser realmente él?


- ¿Esta es tu forma de pasar desapercibida? – susurró con un leve toque molesto en su tono de voz.
- ¿Acaso estás celoso? – pregunté traviesa.

- No has contestado a mi pregunta… – dijo él llevando su mano a mi pelo, o más bien, a mi peluca pelirroja.

- Ni tu tampoco.
- Celoso y cabreado – confesó cerca de mi oído y apartando el pelo de mis hombros para acariciarlos con sus fríos dedos - ¿tienes idea de donde te has metido?

- Si…y no he venido aquí a pasar desapercibida, sino a buscarte.

Me giré despacio, y al volver a verlo noté como mi corazón se detenía unos instantes para volver a latir incontroladamente bajo mi pecho, de tal forma que resultaba doloroso mirarle y tener que centrarme en las palabras para no lanzarme hacia él como una loba.
- ¿Estás segura de que soy yo a quien buscas realmente? – inquirió clavándome la mirada.

La pregunta me pilló desprevenida. Estaba demasiado atenta en el movimiento de sus labios al hablar, por lo que tuvo que repetirla.

- ¿Estás…?

- Déjame comprobarlo – contesté de forma cortante.

Necesitaba hacerlo, no podía soportar más aquella incertidumbre. Si era él o no era él lo sabría observando su pecho…

Llevé mis manos hasta los botones de su camisa y comencé a desabrocharla sin esperar reacción alguna por su parte.
Pero él, aunque pareció algo sorprendido en un principio, debió confundir aquel gesto, ya que aferró mis muñecas para detenerme con la mirada encendida de deseo.

- No hagas nada de lo que puedas arrepentirte luego – me advirtió acercando su rostro al mío para estar a escasos centímetros de mis labios.
Entonces me olvidé de la dichosa marca, de mi búsqueda y de quien narices se tratase ese hombre.

Valo o Thaerion, en esos momentos eran exactamente lo mismo…y a ambos los deseaba de un modo incontrolable.
- De lo que me arrepiento es de no haber hecho esto antes…- contesté acercando mis labios a los suyos con impaciencia.

Era como si una parte oculta en mi interior se hubiese liberado por completo al verle. Y él debió percibirlo porque aunque en un principio intentó ser cauteloso, nada más rozarle con mi lengua perdió el control de sí mismo.
Soltó un leve gruñido aplacado con mis labios y me atrapó contra la pared y su cuerpo, colocándose entre mis piernas mientras me besaba con tanta pasión que resultaba imposible hacerlo y respirar al mismo tiempo, dejándome sin aliento a medida que se perdía en mi boca.

Eran completamente distintos, pero la sensación que se abría paso a través de mis venas ardiendo era la misma. Era cómo si volviese a estar en aquel claro del bosque, desnuda ante él y entregada de una forma que sólo Thaerion había conocido.
Sus besos eran apasionados y fieros, y sus labios aunque helados ardían contra los míos, tan perdidos y abrumados como la primera vez.

-          Ven conmigo – susurró sólo lo necesario para hablar, y yo aproveché ese momento para respirar.
-          ¿Dónde? – por un segundo pensé que me diría a Édora.

-          A mi piso.

¿Y recuperar el control de mí misma sin antes haber disfrutado por completo de aquella sensación de libertad?
-          Este lugar es peligroso para ti…- susurró al percibir mis dudas, sin dejar de presionar mi cuerpo contra la pared y con la respiración entrecortada.

-          No me importa – contesté terminando de desabrochar su camisa y dejando su pecho al descubierto.
Por un segundo me pareció verla allí, pero debió ser una ilusión porque al fijar la vista de nuevo había desaparecido. Además estaba a oscuras, era muy posible que sólo hubiese sido la sombra de su pelo, o a saber…

-          No me importa – repetí volviéndome a perder en sus labios.

Él contestó fundiéndome entre sus brazos y antes de darme cuenta me encontraba sobre él completamente desnuda.
Los zapatos hacía minutos que habían quedado olvidados en un rincón y mi ropa interior había desaparecido con la misma rapidez que mi desencanto al ver que no eran la misma persona.

Pude percibir la excitación en su mirada mientras admiraba mi cuerpo a oscuras.

-          ¿Ves algo que te guste? – bromeé pensando que estaba tan ciego como yo en ese lugar.

-          Lo veo todo, y no hay un solo centímetro de tu piel que no me vuelva adicto a ti – contestó desabrochándose el pantalón mientras hundía la cabeza en mi pecho.
Cerré los ojos y un suspiro se escapó de mis labios mientras notaba sus manos y su lengua recorrer mi piel con vehemencia.

Después me tumbó sobre la moqueta del suelo (que por cierto era bastante cómoda) y terminó de desnudarse con cierta impaciencia ante mi absorta mirada, que no veía gran cosa pero sí lo suficiente para perder la poca razón que me quedaba.
¿Podía amar a dos personas de la misma forma? ¿Acaso era eso posible, o sólo se trataba de una ilusión provocada por el poder de esa vampiresa?

Y si no tenía nada que ver... ¿podía culparme por ello?

Era el ser (humano o no) más bello que había visto nunca, y sin apenas conocerlo le veneraba de la misma forma que a una divinidad, un ente tan perfecto  que no podía pertenecer a este mundo.

“Maldita sea, ¿que mierda echaban a esas bebidas? ¡Hablaba como una lunática con exceso de novela rosa en las venas!”
Mientras me burlaba de mí misma se colocó entre mis piernas y se introdujo dentro de mí sin mucho más preámbulo, tampoco es que hiciese falta aunque…

-          Au…

Paró y me miró a los ojos con gesto confundido. Un gesto que decía “no me jodas que eres virgen”
-          Hace unos años que no… - comencé a explicar muy bajito, notando como aminoraba el ritmo para abrirse paso en mi interior.

-          ¿Quieres que pare? – preguntó con voz ronca, parecía estar haciendo un gran esfuerzo para controlarse.
-          Sólo si quieres morir – amenacé ahogando un gemido en su pecho.

Él me dedicó una sonrisa, y con calma pero decidido volvió a repetir su maniobra para hundirse más aún en mi interior.

¿Cómo había podido esperar tanto tiempo sin sexo? Aquello era mejor que pasar un día en la feria comiendo dulces como loca y subiendo en la noria gratis hasta terminar dando tumbos mareada. Vale, sé que eso ha sido bastante infantil… ¡pero es que no sé cómo explicarlo! (una tampoco ha vivido demasiadas experiencias excitantes en su vida…). Era sencillamente…magnífico.
Y si no fuese porque estábamos rodeados de vampiros y seguramente quién tenía entre las piernas compartía algún que otro rasgo con ellos hubiese deseado quedarme así para siempre.

No recuerdo todo con la claridad que me gustaría (recordad que aquella bebida era bastante fuerte…) y no puedo saber cuánto tiempo pasó desde que entré en ese cuarto a oscuras y me estremecía entre sus brazos de placer, pero sé que aquel momento quedará grabado en mi memoria como uno de los mejores de toda mi vida.

Aquel hombre sabía a la perfección como hacer arder a una mujer, y conocía detalles de mi cuerpo en los que yo nunca había reparado. Y aunque en un principio me sentía bastante perdida no tardé en amoldarme a cada movimiento suyo como si nuestros cuerpos estuviesen hechos a medida.
Hacerme estallar y gritar su nombre (bueno...no recuerdo si era el suyo exactamente) fue de lo más sencillo para él. Y cuando lo hice aumentó aun más el ritmo, dejando a un lado cualquier signo de control para unirse por completo a aquella sensación, que lejos de evaporarse como el agua al hervir se volvió aun más intensa al notar su cuerpo vibrar sobre el mío.

¿En serio se puede tener más de un orgasmo a la vez? Os puede parecer una tontería pero lo acababa de descubrir. Es lo que me pasa por no leer las revistas que tanto gustan a las chicas para informarme sobre esos temas…

Suerte que tenía un buen maestro cerca ¿verdad?

Tardamos unos minutos en reaccionar, ninguno de los dos quería romper aquel momento de calma después de ese arrebato de emociones sin sentido. Y yo disfruté de ellos abrazada a él, sintiendo los golpes de su pecho contra mi oído y el sudor frío de su cuerpo en contraste con el fuego de mi piel.

A pesar de haber sido muy distinto a cómo recordaba me sentía de nuevo de la misma forma, feliz y satisfecha en brazos de la única persona con la que quería estar en esos momentos.
“Te quiero, Thaerion”, pensé demasiado atontada para darme cuenta de que había vuelto a equivocarme. Por suerte no pensé en voz alta… ¿os imagináis la cara que hubiese puesto?

-          ¿Ahora me dirás quién eres…? – preguntó con voz profunda, acariciando con su nariz mis orejas terminadas en punta.

No estaba para pensar demasiado, así que dije lo primero que me vino a la cabeza.

-          Alidaen.

-          Alidaen…- repitió pronunciándolo lentamente, como si lo estuviese saboreando – me gusta.

-          Y a mí me gusta cómo suena pronunciado por tus labios – murmuré medio adormilada.
Guardó silencio durante unos segundos, tiempo en el que el único sonido que nos acompañó era el de sus latidos cerca de mi oído y los míos bombeando a su mismo ritmo.

Entonces caí en la cuenta de algo y me incorporé un poco para mirarle a los ojos, a pesar de su silencio pude ver en su mirada una gran satisfacción.

-          Lo que pasó aquella noche…- comencé a decir sin apenas alzar la voz - ¿fue real, verdad? Tú me salvaste.

-          Si – contestó contemplando mi rostro con cariño.

-          ¿Por qué lo hiciste?

-          Porque es mi trabajo.

-          ¿Tu trabajo?

Asintió.
-          Pero…me diste tu sangre…

-          Debía hacerlo. Te quedaba poco tiempo y no podía dejarte morir.

-          Entonces…lo que siento realmente… ¿es sólo por haber probado tu sangre?

-          ¿Tú sientes que es real?
Asentí rápidamente, y él esbozó una leve sonrisa.

-          Entonces lo es – dijo besándome con suavidad.

-          ¿Pasará su efecto algún día?

¿Dejaría de sentirme así?

Pensar en ello me dejaba un mal sabor de boca. Pero no tardó en tranquilizarme con sus palabras.

-          No lo sé – contestó pensando en ello unos segundos - pero pase o no pase nunca permitiré que te olvides de esto.

Volvió a besarme, y durante segundos jugueteó con su lengua haciendo círculos en mi cuello, encendiendo de nuevo aquel instinto rezagado durante tantos años. Y aprovechando mi postura introdujo su mano entre mis piernas apartando antes con suavidad la camisa que cubría mi trasero.

No entendía como con una sola caricia de aquel hombre podía activar mi lujuria como si tuviese un sencillo botón de encendido (pobre Beth…ahora entendía sus alabanzas), pero como la pena no entraba entre mis sentimientos permitidos aquella noche lo único que hice fue disfrutar de aquellas gloriosas manos heladas.

Entonces vi soltaba una leve pero seductora risa.
-          ¿De qué te ríes?

-          Te lo dije – susurró incorporándose un poco para mirarme a los ojos.

Sus iris plateados se veían perfectamente en la oscuridad.

-          ¿El qué? – pregunté confusa.

-          Que la próxima vez que te viese averiguaría tu nombre y mucho más – contestó con una sonrisa presuntuosa.

-          Bueno…teniendo en cuenta que la vez anterior no cuenta por lo que ambos sabemos…creo que has aprendido ummm… ¿mi talla de sujetador? – contesté burlona – un detalle sobre mí muy importante, desde luego.

Él debió percibir el reto implícito en mis palabras, pues no perdió el tiempo.
-          Entonces quizás tenga que seguir explorando para descubrir alguna otra cosa – dijo con picardía.

A qué se refería exactamente…lo supe en cuanto le vi recorrer a besos la distancia entre mis labios y el interior de mis muslos, para colocarse de rodillas entre mis piernas.
-          ¿Qué vas a hacer ahí abajo? – pregunté sorprendida.

-          Nada que no te haga pedir más – susurró abriendo mis piernas sin que éstas opusieran resistencia alguna.

-          Oh…vale

Y tenía razón el condenado…pero estaba segura de que cuando lo recordase tardaría días en sacar la cabeza de la almohada para poder mirarle a la cara. Y es que…que te liberen de todo signo de vergüenza ayuda mucho en ese tipo de situaciones, pero si no dura eternamente…
-          Esto es incluso mejor que en mis sueños – dijo una vez acabado su reconocimiento del terreno con sus labios.

Aparté la vista del techo, por suerte estaba casi a oscuras y no veía gran cosa ahí abajo. Tener que recordarlo luego habría sido bastante bochornoso.

-          ¿Sueñas con esto a menudo?

-          Casi todas las noches – confesó con una sonrisilla maliciosa.

Ese hombre estaba enfermo…y creo que estaba empezando a contagiarme.
A la mierda los vampiros, ahora sí que quería quedarme allí para siempre.

Por desgracia para mí, aquel momento no duraría mucho más, pues cuando quisimos darnos cuenta teníamos a un montón de ellos rodeándonos y mirando con lascivia la escenita.
Bueno…todos menos una joven vampiresa que parecía un poquitín confusa...
-          Genial… - murmuró Valo tapándome con su camisa resignado - Ya estaban tardando.

martes, 3 de enero de 2012

DESCARGAS: Susie

Aquí os dejo el link de descarga de la vampiresa Susie! Sólo le cambié la ropa de diario, ya que como de momento no la voy a usar demasiado ni miré el resto de ropas que lleva xD


Dentro del archivo tenéis un documento con los links de descarga de los objetos personalizados que he podido encontrar.

El tono de piel creo que es de los básicos y el maquillaje que lleva y la ropa no he logrado encontrar ni siquiera el nombre del archivo para poder buscarlos, creo que la ropa era TSR pero no recuerdo ya bien y ayer estuve toda la noche intentando encontrar las dichosas ropas entre mis archivos y nada, es lo que pasa cuando te bajas todo lo que encuentras por ahí, que luego es un lío enorme encontrar algo en concreto >_< Sorry!!!

Los ojos que tengo sustituyendo a los del juego son los Escand, que también he metido dentro del package, pero si tenéis otros os aconsejo que no los instaléis, ya que lo que hacen es sustituir a los de EA y si ya tenéis otros default no sirven.

El cabello también lo he metido en el archivo porque buscandolo vi que la página de donde me lo bajé estaba cerrada, así que por si las moscas...espero que sea el correcto y no haberme equivocado.

Si tenéis algún problema o alguien sabe como se llama o donde encontrar la dichosa ropa que lleva y es tan amable de comentarlo por aquí le estaría muy agradecida ^^

Un beso y espero que os guste!

PD: Claudia si tienes algún problema con la descarga me comentas! y si necesitas alguna otra cosa ya sabes ^^ Disculpa por no cambiarle la ropa del resto de atuendos, Susie es uno de estos personajes casi creados al azar y no le dedique demasiado tiempo >_<

lunes, 2 de enero de 2012

¡Final del capítulo VI!

¡Aquí tenéis otro capítulo recien salido del horno! Al final para el siguiente apenas me quedan ya poses que hacer y lo tengo casi listo, así que creo que me dará tiempo a subirlo como muy tarde para el viernes.

Perdonarme por dejarlo así, sé que las ganas de matarme van en aumento...pero no os preocupéis porque la espera está a punto de terminar, para el siguiente sabréis ya lo que pasa!

Como veis la cosa está que arde, menudo lugar en el que se ha metido Ali ¿eh? xD Y vaya forma de deselvolverse tiene la chica...

Bueno no digo más, si queréis saber que pasa sólo tenéis que leerlo ^^

¡Espero que os guste! ¡Un beso enorme para tod@s!

CAPÍTULO VI: Susurros en la Oscuridad II

(SEGUNDA PARTE)


“Libérate…”

Nunca pensé que resultaría tan sencillo hacerlo.

Tan sólo unas cuantas palabras y había dejado todos mis miedos en la puerta. Y junto a ellos…mi cordura.

- ¿Tienes invitación?
No sabría decir si el gorila de la puerta era vampiro o no, sólo sé que media mucho más que yo e imponía bastante.

En una situación normal no habría necesitado mucho más para salir disparada de allí, pero como dije…no había rastro de razón que detuviese mis pasos en esos momentos.

- No… - contesté esbozando una sonrisa dulce – pero aun así vas a dejarme entrar… ¿verdad?
No sé que vería en mi mirada aquel tipo, pero el caso es que funcionó. Y sin decir nada me ayudó a desprenderme del abrigo y abrió la puerta que había a sus espaldas. Dejando a la vista el interior del “famoso” Darkness.
Di un paso al frente con premeditada tranquilidad y sin apenas reparar en las miradas de los presentes seguí hacia el frente, caminando directa hacia la barra con la mirada fija en uno de los camareros.

Que por cierto…estaba como un queso tal como había descrito la chica del blog.
Los susurros de aquellos que me rodeaban penetraban en mis oídos, algunos sutiles, otros tan cercanos que casi podía sentirlos. Y sonreí para mis adentros, disfrutando por primera vez de ser el centro de atención de aquel antro lleno de seres malditos.
Deseaba pararme a observar el lugar, ver aquellos rostros pálidos como la luna y deleitarme con su belleza, pero en ese momento mis pies se movían solos, mecidos por el hilo invisible que aquella vampiresa había tejido alrededor de mis pies.

- Susie dice que tienes algo especial para mí – dije apoyándome sobre la barra con una seductora gracia muy impropia de mí.
El camarero, un vampiro de cabello rojizo y ojos como el fuego, esbozó una sonrisa y comenzó a preparar el cóctel sin apenas despegar la vista de mi rostro.

- Es la primera vez que vienes, ¿verdad?

- ¿Tanto se nota?

Echó una mirada a su alrededor y asintió.

- Sabemos cuando llega sangre nueva – se acercó un poco más, dejando con cuidado una copa con un contenido color rojo sobre la barra - Y la tuya no se olvidaría así como así. Hueles diferente.
Llevé mis labios al cristal y los mojé probando el contenido de mi copa, mientras escuchaba las palabras de aquel vampiro sin molestarme en apartar cuando acercó su nariz a mi cuello para olfatearme.
- Es dulce y afrutada...- dijo, y entonces sentí otra presencia pegada a mi espalda.

Pero yo estaba demasiado centrada en aquella bebida, su sabor impregnó todos mis sentidos nada más dar el primer trago, era delicioso. Aunque me resultaba imposible reconocer un solo ingrediente.

- Su olor no pertenece a este mundo – susurró alguien a mi oído.
Me di la vuelta con la copa en la mano y vi ante mí a un apuesto vampiro de cabello rubio blanquecino y ondulado hasta los hombros.

A diferencia del resto tenía los ojos claros, y parecía algo más maduro. Aunque seguía siendo tan hermoso y delicado como las estatuas griegas que tanto me gustaba ver en los libros de arte.
- Herald… - dije sin darme cuenta.

- Creo que me confunde, señorita. Mi nombre es Karl.

Tomó mi mano y pude sentir el tacto frío de sus dedos, finos y delicados como carámbanos de hielo.

- Alice – contesté sin dejar de observarle.

Se parecían, pero no tanto como había pensado en un principio.

- Es un placer – dijo amablemente.

- El placer es mío.

Parecía que iba a besar el dorso de mi mano, pero me sorprendió ver como giraba mi muñeca y posaba los labios sobre ésta, aspirando profundamente un aroma que sólo él, y aquellos que compartían su maldición, podían percibir.
Noté cómo separaba los labios dejando a la vista sus colmillos, y con calma pero muy decidida aparté la mano de su boca.

- No he venido aquí para servir de alimento a nadie, señor.

- ¿Está segura? – Preguntó con una sonrisa socarrona – dicen que el “beso” de un vampiro es más intenso que un orgasmo…y mucho más duradero.

- He probado ambas cosas y créame…me quedo con lo segundo – contesté volviendo a tomar mi copa.

Entonces se incorporó y trató de buscar mi mirada, pero ya había aprendido la lección y no pensaba dejar que volviesen a meterse dentro de mi cabeza.

- Sólo he venido a tomar una copa, y entonces me iré – dije dando un nuevo trago a mi bebida – así que si me disculpa…
Que no sintiese miedo no quería decir que no fuese libre de tomar mis propias decisiones, y en aquella ocasión tenía muy claro lo que quería. Y desde luego dejar que un vampiro me chupase la  sangre no entraba en mi lista de preferencias.

Por suerte no insistió, de hecho se quedó mirándome con una divertida curiosidad mientras yo me alejaba de la barra para dirigirme hacia la pista de baile.
La bebida había creado un extraño efecto en mi interior, desinhibiendo aun más mis movimientos, y cuando quise darme cuenta de lo que hacía me encontraba en medio de aquella enorme sala rodeada de vampiros y jóvenes curiosos como yo, bailando de una forma que más tarde me avergonzaría al recordar.
Como una zorra, vaya.

Y lo peor es que sabía que al día siguiente me arrepentiría de haberme comportado así, pero en ese momento me lo estaba pasando de maravilla.
Disfrutaba provocando las miradas de los presentes, observando aquellos fríos ojos posados en mi figura, en mi sonrisa, en mi pelo.
Viendo como hombres y mujeres por igual apartaban disimuladamente a veces, otras no tanto, las miradas de sus parejas para clavarlas en mí. Y como intentaban acercarse mientras yo despachaba uno a uno a los presentes, centrándome en el sabor de mi bebida y…
- Valo… - susurré olvidándome por completo de lo que estaba haciendo.

Él me sonrió, o me pareció que lo hacía porque cuando quise darme cuenta había desaparecido entre el gentío.

“Recuerda lo que leíste, no es real…”
Verlo en todas partes se había convertido en algo muy normal, y en esa ocasión estaba borracha como una cuba así que con más motivo. Aquel maldito líquido rojizo se me había subido a la cabeza demasiado rápido.

Seguí bailando, olvidándome de su presencia durante unos instantes, hasta que volví a verlo…o mejor dicho…le vi a Él…
- ¿Thaerion?

Estaba bailando con una chica rubia, me acerqué a ambos y llevé mi mano a su hombro, pero al darse la vuelta me di cuenta de mi error.

Aquel chico tenía el pecho al descubierto y un montón de collares colgando, pero no había ninguna marca allí.
- Vaya hermanito, creo que has triunfado… - dijo ella.

Él me miró de arriba abajo con cierta indiferencia y yo decidí ignorarle volviendo a buscar entre la gente su presencia.

Entonces le vi de espaldas, caminando tranquilamente hacia una de las salas que había en los laterales, cerrada por unas cortinas de color granate. Y después se dio la vuelta para mirarme antes de atravesarlos.
- Oye preciosa, que si él no quiere yo estoy dispuesta a…

La dejé con la palabra en la boca, y me dirigí con paso ligero hacia las cortinas olvidándome que había dejado el resto de la copa en una de las mesas. La aparté con cuidado y pude ver como esperaba apoyado perezosamente sobre la pared mi llegada.
Aquella sala estaba mucho más oscura que la principal, tan sólo la luz de unas velas sobre las mesas ayudaba a percibir las siluetas que había sobre los divanes. Pero no quise fijarme demasiado en ellos, ya que el sonido de gemidos y susurros placenteros me dejaban claro que no andaban haciendo nada bueno allí dentro.
Además sólo tenía ojos para él.

- Maldita sea…

Había vuelto a desaparecer, esta vez cruzando la esquina que daba a un pasillo aun más oscuro, donde en uno de los laterales pude ver dos pequeñas lucecitas procedentes de los carteles de los baños.

Seguí caminando hasta llegar allí y dudé de si entrar o no al de los chicos para buscarle, pero cuando estuve a punto de hacerlo escuché unos pasos al final del pasillo, que estaba completamente a oscuras y ni siquiera sabía hasta donde llegaba.
Pude alcanzar a oír algo de la conversación mantenida entre lo que supuse que serían dos vampiros y una humana. Bastante jovencitos por cierto.

-          Vamos Eric…acaba de una vez – la voz era femenina y parecía impaciente.

La respuesta de él fue un leve gruñido que parecía dejar claro que estaba disfrutando demasiado como para dejar de hacerlo.

-          Ya has bebido suficiente – volvió a quejarse la misma chica – es mi turno.

Sentí nuevamente miradas fijas en mí, pero no me paré a ver que hacían en ese siniestro corredor iluminado con luz negra.
Aligeré el paso para abandonar cuanto antes aquella escena, pero a pesar de que lo razonable habría sido salir de aquel club cuanto antes, lo que hice fue adentrarme aun más en ese pasillo.

Mi deseo era encontrarle, y la oscuridad no iba a ser ningún impedimento para lograrlo.

Caminé decidida hacia el final del corredor, y supe que había llegado a un punto muerto cuando al alargar los brazos hacia delante para tantear la zona, choque contra un muro.
- ¿Valo…?

Susurré su nombre, pero allí no había nadie más que yo, ahí plantada como una imbécil toqueteando una pared que…
…también se movía.

Y que al entrar volvió a cerrarse, dejándome atrapada en aquel extraño hueco entre paredes envuelto en sombras.

domingo, 1 de enero de 2012

RELATO: Vuelta al Hogar I

(PRIMERA PARTE)

(Édora – La Bruma)


-          Oye tito Thari…aquí no veo nada…hay demasiada luz para mi gusto.
Giré la vista hacia mi derecha, junto a mí había un chico muy delgado y de aspecto desgarbado, en un principio no lo reconocí pero me resultaba muy familiar. Se parecía mucho a mí, moreno de piel muy pálida y con un rostro algo ambiguo, sin vello facial. Parecía bastante joven (unos dieciocho como mucho) y tenía los ojos de color gris como yo.

Con él había otro hombre, a este sí que lo reconocí al instante. Era yo…exactamente como ahora pero con ropas de viaje y el pelo liso y largo hasta la cintura.
No estaba allí realmente…sino que estaba viendo mi propio pasado como si se tratase de una película y yo fuese un simple espectador.

-          Te he dicho mil veces que no me llames así, ya no tienes cinco años.

-          Pero a mí me gusta.

-          A mi no, y guarda silencio de una vez. Estamos entrando en territorio enemigo.

-          ¿Y qué hacemos aquí?
-          Tu madre me ha pedido que te enseñe a ser un hombre – su voz (bueno…mi voz), sonaba más susurrante que de costumbre, y parecía bastante tenso.

Observé el lugar donde nos encontrábamos, el cielo tenía un color extraño en esa zona, y a nuestras espaldas podía verse el final de un bosque cuyos árboles habían adoptado una tonalidad casi negra, y cuyas hojas lucían con un color apagado.
Alcé la vista y vi que sobre nuestras cabezas una bruma de color rojizo envolvía el cielo, oscureciéndose a medida que se introducía en el que bosque. Observando la inmensidad del manto que se alzaba sobre nosotros pude percibir la diferencia entre lo que parecían dos territorios muy distintos.

Hacia el oeste las nubles eran cada vez más claras, adoptando la niebla un tono más rosáceo, y aunque la luz no parecía llegar a esa zona era mucho más luminosa que la parte este, donde sólo podía verse oscuridad.

Aquel chico y mi yo del pasado caminábamos directos hacia la parte oeste, por lo que supuse que pertenecíamos a la contraria. Eso explicaría nuestra palidez…

-          Creía que con hacerme un hombre te referías a llevarme por fin al burdel de la abuela.
-          Esto es mucho mejor que yacer con una esclava – contesté con una siniestra sonrisa que me heló la sangre – te lo aseguro.

-          ¡Ya sé! ¡Vas a dejar que me estrene con una dalariel! Gracias tito Thari, dicen que son mucho más dulces que las vanarian y que sus cabellos relucen como la luz del día.

-          Eso es…y no grites… - susurré agazapándome en unos matorrales y haciendo un gesto al chico para que hiciese lo mismo – mira allí…

Él siguió el recorrido de mi dedo, y yo hice lo mismo fijándome en la presencia de una mujer de cabello pelirrojo a un par de kilómetros de donde nos encontrábamos.
Era realmente hermosa, y muy joven, debía rondar la veintena. Su piel era rosácea, y brillante como su cabello, largo y ondulado hasta casi la cintura. Una especie de halo blanquecino la rodeaba, como un aura de luz casi imperceptible, pero que yo era capaz de ver con la misma claridad que veía la que envolvía a ese chico, en un tono azul apagado.
Parecía estar vigilando la zona mientras aferraba temblorosa una espada de una mano, ligera y con detalles rúnicos grabados en su hoja.

-          Es…es una Dalar – susurró el muchacho boquiabierto.

-          Una Recién Nacida, como tú.
Los ojos del chico brillaron ante la visión de aquella criatura divina. Recordé que los Dalar eran los elegidos de los dioses que habitaban en la parte oeste de Édora protegiendo a los dalariel (la raza mortal predominante de su continente). Mientras los Vanar, como nosotros, vivíamos en la parte este protegiendo a los vanarian. Ambos eternos e inmortales y en lucha durante siglos por culpa del orgullo de la raza de la luz.

Debía ser la primera vez que el muchacho veía una, al menos de cerca.

-          ¿Qué debo hacer ahora? ¿La invito a salir?

Me llevé la mano a la cabeza, negando para mí mismo, pero mi otro yo ni se inmutó, parecía esperar una respuesta así viniendo de él.
-          Debes matarla – dije tajantemente.

-          ¿Eh? ¡Pero si no me ha hecho nada! Además es tan guapa… ¿no sería mejor…?

La Dalar se puso alerta al escucharle, y en ese momento vi como mi otro yo desaparecía convertido en sombra dejando al joven chico hablando a los matorrales.
-          Eh oye, ¡no hagas eso! ¿Dónde estás? – preguntó nervioso sin darse cuenta de que la Dalar caminaba hacia el lugar donde se encontraba con gesto ceñudo mientras empuñaba con fuerza su arma.

-          ¡¿Quién anda ahí?! – gritó ella con un peculiar acento – ¡sal de tu escondite escoria vanarian!

-          Que manía con llamarnos así…- contestó él sacando sin ganas su espada de la vaina y dejándose ver mientras alzaba la otra mano a modo de saludo - ¿Qué tal estás preciosa?
Los ojos de la joven ardieron de odio al verlo mientras yo observaba la escena oculto.
-          Sabía yo que algo olía a podrido – dijo lanzándose hacia él para atacarle.

-          ¡¿Pero se puede saber que os pasa a todas?! – preguntó mientras paraba la primera embestida de la chica con destreza - ¿es que no podéis mantener una conversación civilizada sin liaros a soltar palos sin sentido? ¡Y yo creía que las Dalar eráis más afectuosas!
-          ¡Cállate y lucha! – le ordenó ella volviendo a atacar.
La joven tenía demasiadas ganas de esparcir sus restos por el suelo y era muy inexperta, y el chico aunque no quería hacerle daño se defendía con unos movimientos rápidos y diestros.

-          ¿Tú no crees que esto del odio racial está un poco sobrevalorado a estás alturas?

- ¡No!
-          No sé…- siguió insistiendo mientras esquivaba otra estocada que pasó rozando sobre su cabeza, parecía estar bailando en vez de luchando y desde luego la suerte era su compañera, pues más de una vez estuvo a punto de no contarlo – podríamos sentarnos y charlar un poco, tu me dices tu nombre…yo te digo el mío y quedamos para vernos a escondidas de vez en cuando para…

La Dalar supo aprovechar el momento, actuando con rapidez cuando él cometió el descuido de apartar la mirada de su arma para fijarse en su trasero.
Le propinó una patada tirándolo al suelo, y colocando un pie sobre él le apuntó con su arma.

-          Ríndete…esclavo.
-          Eh oye… ¿no crees que vas muy deprisa? – preguntó él haciendo aspavientos con las manos y dejando caer su espada – antes deberíamos conocernos y ver si hay química entre nosotros.

Ella resopló agotada mentalmente de escucharle. Y no me extrañaba…era insistente el chico.

-          Ufff…ni para esclavo sirves...hablas demasiado.
Estuvo a punto de degollarlo, pero volví a aparecer justo en ese momento. Colocando una daga en su cuello y tirando de ella para alejarla del muchacho, que tenía los ojos cerrados por la impresión.

Y antes de que lograse reponerse vi como la empujaba contra el suelo para colocarme sobre ella. Mientras mostraba aquellos colmillos afilados y los ojos cargados de un ansia asesina que ni recordaba poseer, clavados en su atemorizado rostro.
-          P-por favor…n-no lo hagas…- murmuró pidiendo clemencia.

-          Tranquila preciosa…- contesté esbozando una siniestra sonrisa – no te va a doler.