(Este capítulo contiene escenas de desnudos que podrían considerarse para adultos)
Me encontraba en aquel pasillo a oscuras, sin tener ni idea de donde estaba y si había alguien más allí, y sin una pizca de miedo que enturbiase aquel sentimiento que había vuelto aflorar en mi interior nada más verlo aparecer entre la gente.
- Sal de donde estés – ordené notando el eco de mi propia voz rebotar contras las estrechas paredes de la sala – ya es hora de que dejes de esconderte de mí.
Ni siquiera percibí sus pasos, cuando quise darme cuenta lo tenía pegado a mí, y podía sentir sus latidos acelerados contra la piel desnuda de mi espalda.
Si latía…quería decir que estaba vivo… ¿podría ser realmente él?
- ¿Esta es tu forma de pasar desapercibida? – susurró con un leve toque molesto en su tono de voz.
- ¿Acaso estás celoso? – pregunté traviesa.
- No has contestado a mi pregunta… – dijo él llevando su mano a mi pelo, o más bien, a mi peluca pelirroja.
- Ni tu tampoco.
- Celoso y cabreado – confesó cerca de mi oído y apartando el pelo de mis hombros para acariciarlos con sus fríos dedos - ¿tienes idea de donde te has metido?
- Si…y no he venido aquí a pasar desapercibida, sino a buscarte.
Me giré despacio, y al volver a verlo noté como mi corazón se detenía unos instantes para volver a latir incontroladamente bajo mi pecho, de tal forma que resultaba doloroso mirarle y tener que centrarme en las palabras para no lanzarme hacia él como una loba.
- ¿Estás segura de que soy yo a quien buscas realmente? – inquirió clavándome la mirada.
La pregunta me pilló desprevenida. Estaba demasiado atenta en el movimiento de sus labios al hablar, por lo que tuvo que repetirla.
- ¿Estás…?
- Déjame comprobarlo – contesté de forma cortante.
Necesitaba hacerlo, no podía soportar más aquella incertidumbre. Si era él o no era él lo sabría observando su pecho…
Llevé mis manos hasta los botones de su camisa y comencé a desabrocharla sin esperar reacción alguna por su parte.
Pero él, aunque pareció algo sorprendido en un principio, debió confundir aquel gesto, ya que aferró mis muñecas para detenerme con la mirada encendida de deseo.
- No hagas nada de lo que puedas arrepentirte luego – me advirtió acercando su rostro al mío para estar a escasos centímetros de mis labios.
Entonces me olvidé de la dichosa marca, de mi búsqueda y de quien narices se tratase ese hombre.
Valo o Thaerion, en esos momentos eran exactamente lo mismo…y a ambos los deseaba de un modo incontrolable.
- De lo que me arrepiento es de no haber hecho esto antes…- contesté acercando mis labios a los suyos con impaciencia.
Era como si una parte oculta en mi interior se hubiese liberado por completo al verle. Y él debió percibirlo porque aunque en un principio intentó ser cauteloso, nada más rozarle con mi lengua perdió el control de sí mismo.
Soltó un leve gruñido aplacado con mis labios y me atrapó contra la pared y su cuerpo, colocándose entre mis piernas mientras me besaba con tanta pasión que resultaba imposible hacerlo y respirar al mismo tiempo, dejándome sin aliento a medida que se perdía en mi boca.
Eran completamente distintos, pero la sensación que se abría paso a través de mis venas ardiendo era la misma. Era cómo si volviese a estar en aquel claro del bosque, desnuda ante él y entregada de una forma que sólo Thaerion había conocido.
Sus besos eran apasionados y fieros, y sus labios aunque helados ardían contra los míos, tan perdidos y abrumados como la primera vez.
- Ven conmigo – susurró sólo lo necesario para hablar, y yo aproveché ese momento para respirar.
- ¿Dónde? – por un segundo pensé que me diría a Édora.
- A mi piso.
¿Y recuperar el control de mí misma sin antes haber disfrutado por completo de aquella sensación de libertad?
- Este lugar es peligroso para ti…- susurró al percibir mis dudas, sin dejar de presionar mi cuerpo contra la pared y con la respiración entrecortada.
- No me importa – contesté terminando de desabrochar su camisa y dejando su pecho al descubierto.
Por un segundo me pareció verla allí, pero debió ser una ilusión porque al fijar la vista de nuevo había desaparecido. Además estaba a oscuras, era muy posible que sólo hubiese sido la sombra de su pelo, o a saber…
- No me importa – repetí volviéndome a perder en sus labios.
Él contestó fundiéndome entre sus brazos y antes de darme cuenta me encontraba sobre él completamente desnuda.
Los zapatos hacía minutos que habían quedado olvidados en un rincón y mi ropa interior había desaparecido con la misma rapidez que mi desencanto al ver que no eran la misma persona.
Pude percibir la excitación en su mirada mientras admiraba mi cuerpo a oscuras.
- ¿Ves algo que te guste? – bromeé pensando que estaba tan ciego como yo en ese lugar.
- Lo veo todo, y no hay un solo centímetro de tu piel que no me vuelva adicto a ti – contestó desabrochándose el pantalón mientras hundía la cabeza en mi pecho.
Cerré los ojos y un suspiro se escapó de mis labios mientras notaba sus manos y su lengua recorrer mi piel con vehemencia.
Después me tumbó sobre la moqueta del suelo (que por cierto era bastante cómoda) y terminó de desnudarse con cierta impaciencia ante mi absorta mirada, que no veía gran cosa pero sí lo suficiente para perder la poca razón que me quedaba.
¿Podía amar a dos personas de la misma forma? ¿Acaso era eso posible, o sólo se trataba de una ilusión provocada por el poder de esa vampiresa?
Y si no tenía nada que ver... ¿podía culparme por ello?
Era el ser (humano o no) más bello que había visto nunca, y sin apenas conocerlo le veneraba de la misma forma que a una divinidad, un ente tan perfecto que no podía pertenecer a este mundo.
“Maldita sea, ¿que mierda echaban a esas bebidas? ¡Hablaba como una lunática con exceso de novela rosa en las venas!”
Mientras me burlaba de mí misma se colocó entre mis piernas y se introdujo dentro de mí sin mucho más preámbulo, tampoco es que hiciese falta aunque…
- Au…
Paró y me miró a los ojos con gesto confundido. Un gesto que decía “no me jodas que eres virgen”
- Hace unos años que no… - comencé a explicar muy bajito, notando como aminoraba el ritmo para abrirse paso en mi interior.
- ¿Quieres que pare? – preguntó con voz ronca, parecía estar haciendo un gran esfuerzo para controlarse.
- Sólo si quieres morir – amenacé ahogando un gemido en su pecho.
Él me dedicó una sonrisa, y con calma pero decidido volvió a repetir su maniobra para hundirse más aún en mi interior.
¿Cómo había podido esperar tanto tiempo sin sexo? Aquello era mejor que pasar un día en la feria comiendo dulces como loca y subiendo en la noria gratis hasta terminar dando tumbos mareada. Vale, sé que eso ha sido bastante infantil… ¡pero es que no sé cómo explicarlo! (una tampoco ha vivido demasiadas experiencias excitantes en su vida…). Era sencillamente…magnífico.
Y si no fuese porque estábamos rodeados de vampiros y seguramente quién tenía entre las piernas compartía algún que otro rasgo con ellos hubiese deseado quedarme así para siempre.
No recuerdo todo con la claridad que me gustaría (recordad que aquella bebida era bastante fuerte…) y no puedo saber cuánto tiempo pasó desde que entré en ese cuarto a oscuras y me estremecía entre sus brazos de placer, pero sé que aquel momento quedará grabado en mi memoria como uno de los mejores de toda mi vida.
Aquel hombre sabía a la perfección como hacer arder a una mujer, y conocía detalles de mi cuerpo en los que yo nunca había reparado. Y aunque en un principio me sentía bastante perdida no tardé en amoldarme a cada movimiento suyo como si nuestros cuerpos estuviesen hechos a medida.
Hacerme estallar y gritar su nombre (bueno...no recuerdo si era el suyo exactamente) fue de lo más sencillo para él. Y cuando lo hice aumentó aun más el ritmo, dejando a un lado cualquier signo de control para unirse por completo a aquella sensación, que lejos de evaporarse como el agua al hervir se volvió aun más intensa al notar su cuerpo vibrar sobre el mío.
¿En serio se puede tener más de un orgasmo a la vez? Os puede parecer una tontería pero lo acababa de descubrir. Es lo que me pasa por no leer las revistas que tanto gustan a las chicas para informarme sobre esos temas…
Suerte que tenía un buen maestro cerca ¿verdad?
Tardamos unos minutos en reaccionar, ninguno de los dos quería romper aquel momento de calma después de ese arrebato de emociones sin sentido. Y yo disfruté de ellos abrazada a él, sintiendo los golpes de su pecho contra mi oído y el sudor frío de su cuerpo en contraste con el fuego de mi piel.
A pesar de haber sido muy distinto a cómo recordaba me sentía de nuevo de la misma forma, feliz y satisfecha en brazos de la única persona con la que quería estar en esos momentos.
“Te quiero, Thaerion”, pensé demasiado atontada para darme cuenta de que había vuelto a equivocarme. Por suerte no pensé en voz alta… ¿os imagináis la cara que hubiese puesto?
- ¿Ahora me dirás quién eres…? – preguntó con voz profunda, acariciando con su nariz mis orejas terminadas en punta.
No estaba para pensar demasiado, así que dije lo primero que me vino a la cabeza.
- Alidaen.
- Alidaen…- repitió pronunciándolo lentamente, como si lo estuviese saboreando – me gusta.
- Y a mí me gusta cómo suena pronunciado por tus labios – murmuré medio adormilada.
Guardó silencio durante unos segundos, tiempo en el que el único sonido que nos acompañó era el de sus latidos cerca de mi oído y los míos bombeando a su mismo ritmo.
Entonces caí en la cuenta de algo y me incorporé un poco para mirarle a los ojos, a pesar de su silencio pude ver en su mirada una gran satisfacción.
- Lo que pasó aquella noche…- comencé a decir sin apenas alzar la voz - ¿fue real, verdad? Tú me salvaste.
- Si – contestó contemplando mi rostro con cariño.
- ¿Por qué lo hiciste?
- Porque es mi trabajo.
- ¿Tu trabajo?
Asintió.
- Pero…me diste tu sangre…
- Debía hacerlo. Te quedaba poco tiempo y no podía dejarte morir.
- Entonces…lo que siento realmente… ¿es sólo por haber probado tu sangre?
- ¿Tú sientes que es real?
Asentí rápidamente, y él esbozó una leve sonrisa.
- Entonces lo es – dijo besándome con suavidad.
- ¿Pasará su efecto algún día?
¿Dejaría de sentirme así?
Pensar en ello me dejaba un mal sabor de boca. Pero no tardó en tranquilizarme con sus palabras.
- No lo sé – contestó pensando en ello unos segundos - pero pase o no pase nunca permitiré que te olvides de esto.
Volvió a besarme, y durante segundos jugueteó con su lengua haciendo círculos en mi cuello, encendiendo de nuevo aquel instinto rezagado durante tantos años. Y aprovechando mi postura introdujo su mano entre mis piernas apartando antes con suavidad la camisa que cubría mi trasero.
No entendía como con una sola caricia de aquel hombre podía activar mi lujuria como si tuviese un sencillo botón de encendido (pobre Beth…ahora entendía sus alabanzas), pero como la pena no entraba entre mis sentimientos permitidos aquella noche lo único que hice fue disfrutar de aquellas gloriosas manos heladas.
Entonces vi soltaba una leve pero seductora risa.
- ¿De qué te ríes?
- Te lo dije – susurró incorporándose un poco para mirarme a los ojos.
Sus iris plateados se veían perfectamente en la oscuridad.
- ¿El qué? – pregunté confusa.
- Que la próxima vez que te viese averiguaría tu nombre y mucho más – contestó con una sonrisa presuntuosa.
- Bueno…teniendo en cuenta que la vez anterior no cuenta por lo que ambos sabemos…creo que has aprendido ummm… ¿mi talla de sujetador? – contesté burlona – un detalle sobre mí muy importante, desde luego.
Él debió percibir el reto implícito en mis palabras, pues no perdió el tiempo.
- Entonces quizás tenga que seguir explorando para descubrir alguna otra cosa – dijo con picardía.
A qué se refería exactamente…lo supe en cuanto le vi recorrer a besos la distancia entre mis labios y el interior de mis muslos, para colocarse de rodillas entre mis piernas.
- ¿Qué vas a hacer ahí abajo? – pregunté sorprendida.
- Nada que no te haga pedir más – susurró abriendo mis piernas sin que éstas opusieran resistencia alguna.
- Oh…vale
Y tenía razón el condenado…pero estaba segura de que cuando lo recordase tardaría días en sacar la cabeza de la almohada para poder mirarle a la cara. Y es que…que te liberen de todo signo de vergüenza ayuda mucho en ese tipo de situaciones, pero si no dura eternamente…
- Esto es incluso mejor que en mis sueños – dijo una vez acabado su reconocimiento del terreno con sus labios.
Aparté la vista del techo, por suerte estaba casi a oscuras y no veía gran cosa ahí abajo. Tener que recordarlo luego habría sido bastante bochornoso.
- ¿Sueñas con esto a menudo?
- Casi todas las noches – confesó con una sonrisilla maliciosa.
Ese hombre estaba enfermo…y creo que estaba empezando a contagiarme.
A la mierda los vampiros, ahora sí que quería quedarme allí para siempre.
Por desgracia para mí, aquel momento no duraría mucho más, pues cuando quisimos darnos cuenta teníamos a un montón de ellos rodeándonos y mirando con lascivia la escenita.
Bueno…todos menos una joven vampiresa que parecía un poquitín confusa...
- Genial… - murmuró Valo tapándome con su camisa resignado - Ya estaban tardando.
Y yo estaba empezando a odiarlos a todos…
(Siguiente capítulo)
(Comentario sobre este capítulo)
(Capítulo anterior)
(Siguiente capítulo)
(Comentario sobre este capítulo)
(Capítulo anterior)

















































































