Seguía ahí, pegada a la puerta mientras yo me centraba en controlar mi cuerpo, mantener los pies clavados en el suelo para no volver a por ella y hacerle más daño del que ya le había causado comportándome como un descerebrado.
Podía sentir sus latidos a través del muro de piedra como dolorosos golpes sobre mi espalda, mientras ellos seguían observando con retorcida curiosidad cada detalle de lo que ocurría.
Había tanta rabia en su voz, estaba tan decepcionada…y no era para menos.
La había alejado de allí como si fuese poco más que un trapo, le había gritado y empujado a un pasillo a oscuras y sola, y no le había dado ninguna explicación. ¿Pero qué podía contarle que no sirviese para incrementar su desilusión?
¿Lo que acababa de descubrir? ¿Qué era el elegido de un dios que se alimenta del poder de otras criaturas? ¿Qué he matado sin remordimientos a cientos de los suyos? ¿Qué al mirarla siento el ansía enfermiza de hacérselo contra la pared mientras absorbo su sangre?
Lógicamente no habría sido una buena idea, y tampoco creo que me hubiese dado tiempo a dar más explicaciones. Estaba sediento, y escuchar sus insultos avivaba aun más mis ganas de tenerla.
Prefería que pensase que era un cerdo y no quisiese saber nada más de mí a tener que contarle una verdad que podría hacerle incluso más daño.
- Tu amiga no parece muy contenta – comentó Dale divertido – voy a tener que hacerle un poco de compañía, igual le animo.
- Antes te aconsejo que te limpies la boca.
- ¿Por qué? – preguntó tocando la sangre de su comisura con el dedo para chuparlo después con una sonrisilla – a las mujeres les ponen los chicos malos. Seguro que a tu amiga le van estas cosas…colmillos impecables, sangre, mirada profunda y una magnífica percha.
- Ella no es de esas chicas… - contesté sin estar tampoco muy seguro de ello.
No la conocía apenas, y lo poco que sabía de ella es que tenía una extraña capacidad de atraer problemas y meterse en la boca del lobo con una facilidad asombrosa.
- Entonces supongo que lo que todos hemos visto esta noche ha sido un espejismo – contestó divertido – una excitante y traviesa quimera… ¿sabes qué? Creo que iré a ver si vuelvo a tener visiones ahí fuera…
- Atrévete, Dale – le reté mostrándole los colmillos.
- Vaya, vaya…mira que rápido muestra su lado oscuro – se burló él.
- Parece ser que nuestro querido Valo acaba de recordar que lleva mucho tiempo sin cenar en condiciones y está un poco irascible.
La voz de Isabella sonaba cargada de satisfacción. Hizo un gesto a uno de los suyos para que se acercase.
La vampiresa de pelo rojo, y pareja del moreno que tenía enfilado, fue la que acudió a su llamada, ambos eran los Vástagos favoritos de Isabella.
- Acompaña a tu hija fuera e ir a buscar algo de alimento – lo dijo entre susurros para que yo no la escuchase, pero aun así lo hice – y tú Susie, encárgate de ella.
Rubi y Ágata se alejaron rápidamente, y yo me quedé mirando hacia la puerta con cara de pocos amigos, esperando que la sed remitiese mínimamente para poder salir de ahí y asegurarme de que volvía a salvo.
- ¿Quiere que la haga olvidar? - preguntó Susie.
- No es necesario, sólo muéstrale donde está la salida amablemente – contestó sonriéndome de forma conciliadora al ver mi gesto.
- Si, señora – dijo de forma servicial.
- ¿Ves? No somos tan malos…tu amiguita estará perfectamente y tu podrás alimentarte sin ningún tipo de distracción.
- Ni en broma.
Me negaba a ello, por muy sediento que me encontrase en ese momento sabía que era tan sólo cuestión de tiempo que se pasase, tan sólo debía centrarme y mantener la calma…
- ¡Te odio! ¡No pienso volver a esperarte!
Claro que ella tampoco ayudaba…
¿Y acaso no me lo merecía?
Rubi no tardó en llegar con la “cena”, y se había esforzado por buscar a alguien lo más parecida posible a Alidaen.
Bueno, se parecía en que era rubia y tenía los ojos verdes, por lo demás eran completamente distintas.
Alidaen desprendía inocencia y sensualidad a partes iguales, y todos sus movimientos, sus gestos y su forma de comportarse era tan natural y espontanea como ella misma. No había nada artificial en su belleza, y cada rasgo suyo era perfecto porque la hacía única, no un clon como solía pasar con las mujeres que intentaban parecerlo.
Yo era de los que prefería una mujer con una boca pequeña o una nariz con personalidad que una muñeca de catálogo. Pero debía admitir que algunas sabían cómo sacarle partido a los cuartos, y desde luego esa mujer era una de ellas.
Aun así no me fijé demasiado en sus rasgos, ya que mis ojos se posaron directos en su cuello cuando la acercaron.
- ¿No te gusta? – Preguntó Isabella - Si lo prefieres podemos ponerle la peluca de tu amiga.
Ella se esforzaba por mostrarse serena y excitada ante la idea de servir de alimento, sonriéndome de forma seductora mientras apartaba el pelo de su cuello para invitarme a probarla. Pero aun así era capaz ver el miedo en su mirada, y eso me ponía enfermo, me hacía sentir aun peor por querer hacerlo.
- ¿No temes que pueda dejarte seca? – pregunté con voz profunda, intentando avivar la duda que podía percibir en su interior.
- No…- contestó ella tragando saliva, sonriendo algo forzada.
- Llevo mucho tiempo sin probar una gota de sangre y te aseguro que…- los gritos de Alidaen me callaron de golpe.
- ¡Y te puedes quedar con el tanga de recuerdo! ¡Porque te aseguro que va a ser el último que veas y te…!
- …tengo hambre – murmuré buscando de reojo la prenda por el suelo.
Pero había desaparecido, y el hijodeperra de Dale también.
Me separé de la pared y me dirigí hacia el exterior de la habitación, empujando con el hombro a Isabella al pasar por su lado.
- ¡Espera! - gritó la mujer rubia - ¿no vas a probar un poco?
- Se me ha quitado el hambre.
Isabella se volvió hacia mí, sonriente.
- No vas a poder contenerla para siempre, y más te vale que estés bien saciado cuando vuelvas a ver a tu ninfa.
- Gracias por el consejo – contesté cortante – pero a diferencia de vosotros…a mí lo que me quita el hambre es un buen chuletón y un vino.
(Más tarde)
Cuando llegué vi como Dale intentaba seducirla y estuve a punto de saltar a su cuello cuando la besó, pero la llegada del lobo centró toda mi atención.
En un principio pensé que le haría daño, pero al parecer sólo parecía interesado en el vampiro. Y no era de extrañar, los lobos eran criaturas unidas a la naturaleza. Si Alidaen era realmente una Náyade ambos formaban parte del mismo círculo y era raro que la atacasen, a no ser que estuviese entrenado para ello.
- Es curioso…
La voz de Mantis me sacó de mi ensoñación mientras observaba el lugar donde la había visto alejarse con ese hombre, el mismo que apareció cuando la encontré por primera vez.
Tanta casualidad me tenía intrigado, pero no podía seguirles y ver más, él sabía que yo les había estado observando y no quería que me descubriese ante ella, era mejor así…
- ¿El qué? – pregunté sin dejar de mirar hacia los árboles.
- Que la hayan dejado ir así, no parecían muy interesados en detenerla para hacerle olvidar.
- Ya tienen lo que querían, se han divertido de sobra – contesté sin ganas.
- ¿Y tú, Halcón? ¿La dejarás ir sin más?
Guardé silencio. ¿Qué podía hacer? Al fin y al cabo…era un monstruo, ella estaba mejor sin mí.
- Yo también me sentí así ¿sabes?
Condenados vampiros y sus poderes de adivinación. O quizás es que fuese como un libro abierto después de todo.
- Cuando me convirtieron pensé que nunca más podría acercarme a las personas que quería – me confesó sentándose sobre una roca.
¿Mantis abriéndome su corazón? La entrada de nuevo año seguía sorprendiéndome…hasta ahora sólo le había escuchado soltar tacos.
- Y ahora eres una Sombra – dije con suspicacia – no tenemos familia, ni vida que no sea la búsqueda de Renegados.
- Tengo a Chloe… - rectificó al ver que no la reconocía por ese nombre – a Avispa.
La miré de reojo sin decir nada, y ella continuó hablando, al parecer quería hacerme sentir mejor contándome su historia.
Y sorprendentemente lo consiguió...
Música: Ron Pope - A Drop In The Ocean (Sigue la misma canción que en el relato, no darle si la estáis escuchando desde allí)
Ella había sido convertida, y amaba a una humana…y a pesar de las dificultades que había separado sus caminos volvieron a encontrarse. Y aunque en un principio Avispa la rechazase por lo que era, con el tiempo Mantis le demostró que seguía siendo la misma de siempre y sobre todo…que podría reprimir su ansía ante ella.
Luchó y obtuvo su recompensa…
Sus palabras me ayudaron a ver mi condena desde otro punto de vista…quizás si que había un camino que me podía llevar hasta ella, un sombrío sendero en medio de toda esta mierda.
- Habla con Serpiente, pídele que te enseñe a calmar tus instintos.
- Serpiente y yo no somos lo que se dice buenos amigos.
- Ni falta que hace, sólo necesitas tener algo que ofrecerle a cambio de su ayuda.
- No tengo nada que le interese.
- Serpiente quiere a su lado a los mejores, y tú Halcón…eras el favorito de Lobo.
Lobo…aun me sentía demasiado dolido por lo que hizo como para preocuparme sobre su destino. Pero algo me decía que seguía vivo en alguna parte, aunque no llegase a comprender como habían podido quitarle el poder y hacerle desaparecer de esa forma. Aun así, en esos momentos no pensé mucho en ello.
- Y eso me convirtió en su rival, porque estaba claro que lo que quería era estar él ahí arriba.
- Bueno…como sea, el caso es que ya no le estorbas. Y seguramente esté dispuesto a ayudarte si decides trabajar para él.
- No me fio de él…
- Tu eliges Halcón – dijo dándose la vuelta – yo hablo desde mi experiencia y sólo puedo decir…que es un buen maestro.
Echó a caminar hacia el club, y durante segundos pensé en ello.
Fiarme de los vampiros no me había traído nada bueno hasta ese momento, pero lo cierto es que tampoco tenía nada que perder. Y estaba dispuesto a hacer lo que fuese para poder estar con ella.
- ¡Mantis! – grité dándome la vuelta para mirarla, ella paró e hizo lo mismo - Gracias…
- Jeje…a mandar – contestó haciendo un gesto de despedida antes de desaparecer.
Alcé la vista hacia el cielo, tan sólo quedaban unos minutos para el amanecer y pronto estaría a salvo, al menos por ese día…
“Un día más damos la despedida a la noche separados…pero sé que algún día dejará de ser así.
Puede que no sea hoy, ni mañana, pero sé que pronto, muy pronto…volveremos a vernos. Y aunque no pueda tocarte por miedo a hacerte daño, cada vez que te mire recordaré cada segundo que pasé en el refugio de tu cuerpo.
Y desearé que llegue el momento en el que esté preparado para volver a tenerte entre mis brazos.”
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