(Bridgeport – 4 de Enero)
- Tanya…Theran…Rethan…- repetí aquellos nombres para mí mismo, observando las minúsculas gotas de agua que caían sobre el lavabo – Laremion…
Mi apellido… ¿verdad?
- Lobo - dije de pronto.
Él me había dicho que mi padre era quién había estado buscando a Alidaen, quién había enviado a ese asesino ¿sería cierto?
¿Eso quería decir que estaba también en Bridgeport? ¿Qué sabía que ella era una dalariel?
Lo cierto es que todo encajaba, conocía bien el odio que sentían los Vanar hacia la raza de la luz. ¿Pero porque tanto empeño en buscarla a ella precisamente?
Lobo parecía conocerlo, quizás sabía cosas que pudiesen ayudarme a descubrir su paradero. Tenía que encontrar a mi padre, por mucho rencor que sintiese hacia él. Había que ser un necio para no darse cuenta que oír su nombre me provocaba bastante incomodidad.
Pero él había desaparecido, y sólo había una persona que sabía donde se encontraba (que supiese). Lobo, y para llegar a él antes tenía que…
- Supongo que cada vez tienes más motivos para ir a ver a Serpiente – me dije en el espejo.
- Miuuu – Shiva a veces me contestaba, supongo que para que no me sintiese tan imbécil hablando sólo.
- Si…ya sé…es un capullo – le dije, como si me entendiese.
Se puso a dar vueltas alrededor mío, reclamando atención frotándose contra mis piernas. Solía ser bastante independiente y pasar incluso de mí, pero al igual que yo de vez en cuando necesitaba un poco de atención.
- Pero tú eres encantadora ¿verdad?
Ella contestó con un suave ronroneo y lamió mi nariz con aquella lengua rasposa que olía a pescado.
- ¿Ya has vuelto a bajar al basurero? – suspiré dejándola en el suelo – pues ya sabes lo que te toca ¿verdad?
Lo supo en cuanto me vio abrir el grifo de la bañera, y como la tenía bien acostumbrada se sentó a esperar que preparase su baño de espuma mirándome fijamente.
Le encantaba que la bañase y jugar con la espuma, la mayoría de las veces acababa tan embadurnado de agua y jabón como ella, pero era de los pocos momentos que disfrutaba en compañía de otro ser. Se podía decir que era mi mejor amiga, de hecho…era la única que tenía.
- Eres una buena chica, hoy te estás portando muy bien.
Aunque a ella eso no creo que le importase demasiado. Era bastante posesiva, y no solía reaccionar demasiado bien con las mujeres que llevaba a casa. La mayoría solía llevarse un recuerdo suyo cada vez que venían.
- Lástima que no pueda presentarte a Alidaen, ella si te caería bien – le dije mientras le secaba el pelo y la cepillaba.
Hizo un sonido muy parecido a un resoplido humano a modo de respuesta, dejándome muy claro que no le apetecía nada conocer a otra de mis conquistas.
- No es cómo las demás, estoy seguro de que te gustaría tanto como a mí.
Bueno…esperaba que no. Me gustaba demasiado.
Después de asearla fuimos a la planta baja, y me acerqué hasta la cocina para ver que una vez más se me había olvidado rellenarle el bol de comida. Con razón se había vuelto a escapar para ir al basurero, a saber cuánto tiempo llevaba la pobre sin comer.
- Joder, soy un desastre como dueño. Lo siento pequeña, te prometo que te recompensaré por ello.
Lo que no sabía era cómo se la apañaba siempre para entrar y salir con esa facilidad. Vivía en el ático de uno de los edificios más altos de la ciudad, exactamente en la planta número cincuenta y dos. Y no era de las personas que solían dejar la puerta abierta cuando salían a tirar la basura.
Pero supongo que Shiva al igual que yo tenía sus secretos, y no pensaba compartirlos conmigo.
- En fin…vamos a ver si hay algo de comer. El pienso se acabó la semana pasada pero igual queda alguna lata de paté.
Nada. Abrí la nevera y comprobé que estaba casi tan vacía como mi cuenta bancaria después de meses sin cobrar un sueldo en condiciones. Si seguía así tendría que acabar dejando mi ático, era demasiado caro para mantenerlo sin trabajar.
O intentar encontrar curro en otro sitio como las personas normales. Claro que yo muy normal no era ¿y a qué podía dedicarme si lo único que sabía era matar y tocar la guitarra y esto último no me daba mucho dinero?
Shiva daba vueltas a mí alrededor, controlando mis movimientos y jugando con los dedos de mis pies.
- Vale, es hora de ir a ver que encuentro, y de paso comprar el desayuno.
Como tenía tiempo libre de sobra hasta que anocheciese, decidí ir a hacer unas compras al supermercado más cercano.
Música: Leave Out All The Rest
Me di una ducha rápida y bajé por las escaleras para hacer tiempo y algo de ejercicio de paso, y caminé hasta el centro parándome a mirar si había alguna oferta de trabajo colgada en algún escaparate.
Llegué hasta una tienda de discos de segunda mano e instrumentos, y me fijé en los carteles que había en el tablón de anuncios, mientras escuchaba de fondo la voz de un cliente charlando amistosamente con el dependiente.
- Acaba de llegar un Fender fabricado en el año 86, el sonido es impecable, ya no se hacen amplis como los de antes.
- ¡No me jodas! – exclamó el chico, entusiasmado - ¿Y cuánto cuesta?
- Una ganga, novecientos.
- ¿Novecientos napos? ¿Y de donde saco yo tanto dinero?
- Puedes pagarlo a plazos, ya lo sabes, hay confianza.
- Confianza si, pero lo que no hay es dinero.
La voz del chico me sonaba bastante, así que después e echar un vistazo a un montón de ofertas para grupos que no me interesaban en absoluto me fijé en los dos del mostrador.
Al principio no lo reconocí porque llevaba el pelo mucho más corto, pero al poco me di cuenta de que era el rubio de las rastas que había visto en el Horny Shark, y que supuestamente conocía al hombre que había protegido a Alidaen en dos ocasiones.
Di una vuelta por la tienda, echando un vistazo a una preciosa Stratocaster negra y blanca, mientras escuchaba a los dos hablar de amplificadores y pensaba qué hacer para acallar la vocecita de mi conciencia que me pedía a gritos que saliese de allí y no me mezclase con nada que tuviese que ver con ella.
“Si evitas la tentación evitarás el peligro, aún no estás preparado”
- ¿Puedo ayudarte en algo?
El dependiente y el chico de las rastas (inexistentes) repararon en mi presencia al cabo de unos minutos.
“Mierda, me vio, espero que no me reconozca”
Después de todo sólo me había visto en un concierto y seguro que estaba bastante borracho para acordarse.
- ¡Ala! ¡Tú eres Valo! – exclamó enseguida.
“Venga…no me jodas...”
- Ey…- saludé sin ganas.
- ¿Valo? – preguntó el dependiente - ¿El cantante ese que triunfa tanto con las tías?
¿Por qué tenían que reconocerme justo ahora? Joder, no lo habían hecho nunca…era la primera vez que mi nombre, o más bien mi apodo, sonaba seguido de la palabra triunfo en una misma frase.
¿Debería alegrarme?
- ¡Que casualidad! – exclamó el rubio con una gran sonrisa – oye acércate, tenía ganas de conocerte en persona.
- La verdad es que tengo algo de prisa y…- comencé a decir señalando con el pulgar hacia fuera.
- Venga hombre – insistió haciendo gestos para que me acercase.
No le costó mucho convencerme…
- Hola – dije.
- ¡Hola! – parecía muy contento, aunque daba la sensación de ser de éstas personas que están en un estado permanente de estúpida felicidad – me alegra poder conocerte al fin en persona, he estado en un par de conciertos tuyos, me gusta tu estilo.
El chico parecía bastante majo, pero no era del tipo de personas que encajaban en el perfil de posibles fans de un solista amargado como yo.
- Gracias – dije, sin saber muy bien si añadir algo más.
- Me llamo Lande – me tendió la mano.
- Arian – contesté estrechándosela – encantado.
- Si quieres mi opinión, yo creo que el sonido de las Gibson es mucho más potente – supongo que me había visto mirar guitarras y pensaba que estaba interesado en cambiar la mía.
Ni pensarlo, había sido mi primer capricho trabajando para las Sombras, y me había costado casi tanto como mi moto.
No se fabricaban guitarras como aquella, era…especial, por decirlo de algún modo. Y no la había conseguido en una tienda normal.
- Es difícil elegir entre ellas, pero de momento voy bien servido.
- Bueno, la tuya no estaba nada mal, no la conocía. Suena a acústica pero tiene un estilo muy moderno ¿un modelo japonés quizás?
Un modelo vanarian mejor dicho. No era acústica ni eléctrica, aunque podía sonar como ambas.
- Es una reliquia familiar.
- Tienes que enseñármela algún día.
¿Y porque? Quise preguntar ¿Es que acaso íbamos a volver a vernos? Pero supongo que habría sonado bastante borde…
- Claro, cuando quieras – dije.
¿Qué estaba haciendo? NO debía socializar con él, ni con nadie que tuviese algo que ver con ella.
- ¡Genial! Oye estaba pensando que quizás te apetecía acompañarme a…
- Imposible – le corté rápidamente y me sentí bastante mal después de ver su gesto desilusionado, cosa rara la verdad (¿Por qué debería importarme?) – es que tengo algo de prisa – intenté explicarme – tengo que hacer unas compras y ya llego algo tarde.
Una sonrisa despreocupada iluminó su cara, y al fijarme más de cerca en sus rasgos vi como bajo la mata de cabello dorado asomaba la punta de unas orejas afiladas como las de Alidaen. Lo cual me hizo sentir aun más curiosidad hacia ese chico.
- No te preocupes. Toma- dijo, tendiéndome una tarjeta arrugada que guardaba en el bolsillo trasero de su pantalón – aquí tienes mi móvil, y la dirección de la Compañía en la que trabajo, por si te interesa pasarte algún día y hacer una prueba.
Eché un rápido vistazo a la tarjeta.
- Si…ya sé que es bastante femenina, pero es lo que tiene que se encargue del diseño Violeta.
Ni me fijé en ella, sólo tenía ojos para el nombre.
- ¿Shelüne? – pregunté notando el tono sorprendido de mi voz.
- Sep – contestó - ¿La conoces, no? Es la mejor de la ciudad.
No había oído hablar nunca de esa compañía, pero su nombre me resultaba muy familiar…de hecho demasiado.
Era el nombre del continente vanarian.
¿Pero porque una compañía de artistas de Bridgeport tenía el nombre del lado este y oscuro de Édora?¿Simple casualidad?
- Me suena…- fue lo único que dije.
- Estupendo, pues espero verte otro día.
- Claro – contesté, despidiéndome con la mano y guardando la tarjeta en el bolsillo interior de mi cazadora – Hasta otro día, un placer.
- ¡Lo mismo digo! ¡Cuídate tío!
- ¡Hasta otra! – grito el dependiente.
Salí por la puerta y aligeré el paso, pensando confuso en todas las casualidades y pistas sobre mi pasado que a lo largo de los últimos meses había ido encontrando.
La Compañía Shelüne…volví a echar un vistazo a la tarjeta, y vi algo que en un principio no me llamó la atención por estar tan centrado en el significado de ese nombre.
Las iniciales habían sido grabadas a propósito para que pareciesen una C y una S, pero en realidad eran dos caracteres antiguos, dos runas que formaban parte del lenguaje arcano, usado por brujos y en algunas ocasiones también por los vampiros, demonios y demás criaturas sobrenaturales.
- Perfecto – dije con media sonrisa.
Ya tenía mi moneda de cambio.
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