lunes, 9 de abril de 2012

RELATO: Golpes del Destino VII.I

(PRIMERA PARTE)

(Riverwiev – Casa de Fionah)

Alidaen no había tenido ni que mentir para acudir a la fiesta de los Fairchild. Desde que había visto a Thaerion en el instituto no había dejado de llorar sin saber muy bien porque, y le dijo a Herald que no se encontraba demasiado bien y prefería quedarse en casa de su abuela ese fin de semana.


Él no insistió demasiado, y después de explicarle que necesitaba estar sola decidió dejarle su propio espacio, suponiendo que se encontraba deprimida a causa de su reciente pérdida.

-          Está bien, pero llámame enseguida si necesitas algo.

-          Claro…- dijo con voz apagada – no se preocupe.

-          Y estudia, ya sabes que si tienes alguna duda con las fórmulas del examen puedes llamarme a cualquier hora. ¿Tienes mi móvil?

-          No, yo nunca he cogido su…

-          Que si tienes mi número de móvil – aclaró divertido.

-          Ah…pues si, creo que si.

-          Perfecto. Buenas noches Alidaen y…- hizo una pausa, y Alidaen escuchó como reprimía un suspiro – sea lo que sea que tengas en mente…ten mucho cuidado.


Colgó, y ambos se quedaron unos  segundos mirando el auricular.

La había cazado al vuelo…pero Herald era demasiado discreto para meterse en su vida y prohibirle hacer algo (salvo acercarse a la casa Laremion). Todo lo que hacía era aconsejarle y tratar de enseñarle amablemente a ser una buena chica.


Pero esa buena chica pensaba comportarse por primera vez tal como esperaban que lo hiciese. Pensaba ir a esa fiesta, divertirse, bailar con chicos y hasta beber cerveza (si es que había). Si se emborrachaba quizás se hacía más fácil poder mirarle a los ojos y decirle lo mucho que le odiaba por haberla dejado plantada de esa forma, por hacerle creer que podían ser amigos y ella le importaba. Y por no haber acudido a su cita.


Claro que él le había salvado la vida…y suponía que aquello le daba derecho a comportarse como un idiota. Quizás solía enfrentarse a lobos a menudo, y para él sólo fue un pasatiempo como para otros chicos era jugar al fútbol o pasear en bici.

-          ¿Tú qué haces en tu tiempo libre? – se preguntó mirándose en el espejo con el ceño fruncido, contestándose a sí misma con una voz que intentaba parecerse a la de un chico – yo mato lobos y salvo a chicas en apuros, y después me voy a casa a jugar a la consola. Grrr…


Gruñó por lo bajo unas cuantas palabrotas que había aprendido en clase y se dirigió hacia su cuarto subiendo las escaleras de caracol, buscando en su cómoda algún conjunto que pudiese servirle para la fiesta. No había mucha ropa que pudiese servirle, tendría que dejar que Cadie le asesorase. Y después de revolver todo y ni molestarse en ordenar su cuarto, decidió acostarse e intentar dormir para estar presentable al día siguiente.

(Riverview - Hogar Laremion)

¿Cómo debía vestirse para ir a una estúpida fiesta?


No tenía gran cosa, lo único que ocupaba su armario era un montón de prendas viejas y gastadas que formaban parte de su antigua vida, y un par de vaqueros y camisetas que había comprado junto su chupa de cuero y botas.

Tampoco es que hubiese mucho donde elegir.

Se vistió y echó un vistazo al resultado. No le sentaba mal ese estilo, además, ayudaba a mantener a las personas lejos de él.

-          Estás ridículo.


Tanathya acababa de entrar en su cuarto sin permiso, y le miraba con una ceja arqueada.

-          Es lo que pretendo, a juego con una ridícula fiesta.

-          ¿Y porque se supone que vas a una fiesta de mundanos si no te apetece realmente? ¿Para llevar la contraria a papá?

-          Puede – contestó, colocándose la cazadora por encima.

-          No le va a hacer ninguna gracia…

-          Y supongo que debería sorprenderme por la novedad – replicó con sarcasmo.

-          Deberías respetar sus decisiones y no mezclarte con los mundanos.


-          Llevo sin “mezclarme” diecisiete años. Es hora de que por una vez me comporte como un chico de mi edad. Además, necesito salir de este lugar…

Y la casa abandonada que había servido como su refugio durante tanto tiempo le traía recuerdos demasiados amargos.

-          Haz lo que quieras…pero ni se te ocurra traer a una humana a casa para presentárnosla.

-          ¿Algún consejo más antes de irme?

-          Te diría que usases protección…pero no la necesitas.


-          Mejor me voy, antes de que empieces a soltarme el rollo de las abejitas y las flores – contestó divertido.

Conocía bien el porqué de aquello, pero realmente ni siquiera pensaba en esas cosas. Nunca se había acostado con una chica, y no tenía ninguna intención de hacerlo ese día.


-          Ohhh hermanito, si yo te explicase de donde vienen los niños te aseguro que quedarías traumatizado durante al menos los siguientes diez años…

Y la creía muy capaz, si de algo carecía su hermana era de tacto a la hora de decir las cosas. Por eso se llevaban tan bien, con ella no tenía que aparentar ser algo que no era ni buscar las palabras adecuadas para cada momento. Era directa y clara, y no se andaba con tonterías.

-          Tranquila, sé la teoría desde hace unos cuantos años. No me dirías nada nuevo.


Sonrió de medio lado y salió por la puerta, esperando no cruzarse ni a su hermano ni a su padre por el camino, pero tampoco evitando su presencia. Hacía tiempo que había dejado de actuar a escondidas, no servía de nada cuando tarde o temprano siempre le pillaban, y era el momento de dar la cara y comportarse como le parecía. Ya ni siquiera se molestaba en intentar demostrar que podía ser un miembro más de esa familia.

Estaban entrenando en el patio, y volvieron la mirada hacia él cuando paso por su lado.


El gesto de Kheran fue impasible, pero la furia de Rethan era difícil de esconder tras aquella mirada carmesí. Con un gesto brusco se volvió hacia él clavando la espada en el suelo, el sonido de una roca quebrarse al ser partida por el filo de su arma hizo que Thaerion alzase la mirada y la posase sobre ella.

-          ¿Se puede saber donde vas vestido de esa forma? – inquirió su padre.


- ¿Os pregunto yo qué hacéis sin camiseta todo el día aparte de enseñar cachas gratuitamente?

- Déjate de estupideces y contesta.

Hacia unas semanas que Rethan había vuelto a las andadas, dejando su silencio atrás para vigilarle de un modo que le ponía más nervioso que nunca. Durante los meses que había estado encerrado en sí mismo tras la muerte de su madre sólo había salido para bajar al sótano y desquitarse con horas y horas de entrenamiento. Pero ahora prefería hacerlo al aire libre, y de paso controlar lo que hacía.

Sentía su penetrante mirada siguiéndole de cerca, y lo único que deseaba era poder alejarse de casa y liberarse por unos momentos de su escrutinio.

-          A una fiesta, no me esperéis levantados – contestó avanzando hacia la salida.


Kheran y Rethan se lanzaron una mirada silenciosa, y no esperó a que ninguno contestase, simplemente caminó sin volverse para poder perderlos cuanto antes de su vista.

Normalmente un chico de su edad no habría podido salir de casa sin el permiso de sus mayores, pero su familia no es que fuese muy normal, y ya hacía tiempo que les había dejado de importar lo que hiciese, siempre y cuando no tratase con Alidaen.

Pero lo que no sabían es que ella también estaría allí, y es precisamente por lo que había decidido acudir a una fiesta que no le interesaba en lo más mínimo.

-          Llegas tarde.



Zoe le esperaba sobre su moto, le había prohibido rotundamente acudir a caballo a buscarla, y aunque no le hacía gracia que le llevase una chica, tuvo que aceptar subirse por primera en uno de esos extraños vehículos de dos ruedas.

-          Lo siento. No sabía que ponerme – confesó, sintiéndose enseguida como la parte femenina de la “relación”.


Su amiga no era como las demás chicas que veía en el instituto, y tampoco se parecía demasiado a Alidaen, salvo en que ambas eran consideradas bichos raros en su escuela.

Zoe era distinta, del tipo de chica que solía salir con negados como él simplemente por el gusto hacia lo desconocido y peligroso. Y aunque no la veía como algo más que una amiga, debía admitir que se sentía cómodo con ella. Y estaba muy buena.

Ella le había pillado colándose en el instituto, y después de bromear sobre su forma de saltar la valla le invitó un par de veces a tomar algo en una cafetería cercana a la escuela, a la que solía acudir en horas en las que debía estar dando clases.


Tampoco es que la conociese demasiado, pero le agradaba su presencia y sobre todo que no le juzgase como el resto de jóvenes de su edad por el hecho de pertenecer a una familia que todos temían y consideraban maldita. De hecho, a veces pensaba que era una de las cosas que le atraían de él.

-          Da igual lo que te pongas, con la percha que hay debajo nada puede sentarte mal.

Thaerion agachó la mirada avergonzado.


-          Lo tendré en cuenta el día que me de por usar lycra de color rosa – bromeó subiéndose en la moto.

-          Hazlo si quieres que deje de dirigirte la palabra – contestó ella arrancando su scooter.

***

Zoe se dirigió a toda prisa hasta el chalet de los Fairchild, situado cerca de la desembocadura del río Simomón, y aparcó unos kilómetros antes de llegar para tener unos minutos en los que poder charlar a solas con Thaerion.


Había estado dando vueltas a la cabeza durante todo el día a lo que le diría aquella noche, y ahora que lo tenía cerca no sabía ni por donde empezar. Al final decidió aclarar las dudas que no dejaban de rondarle, y al menos así saber si descartar o no la siguiente parte de la conversación.

-          Tengo entendido que ella irá a la fiesta también – comentó, pasándose la mano por el pelo para revolverlo un poco con la mano, un gesto que solía hacer cuando estaba nerviosa.


-          ¿Hmm? – él la miró de reojo, sin entender a qué se refería o haciéndole creer que así era – ¿quién?

-          Sabes muy bien de quién hablo, no te hagas el tonto…- replicó, dándole una patada a una lata de refresco que se puso en su camino – Alidaen, la chica rubia que va a tercer curso.

Thaerion se quedó en silencio unos segundos, y siguió caminando sin decir nada, pero su gesto indiferente se quebró unos instantes en los que no supo bien qué contestar.

-          ¿Crees que no me daría cuenta? ¿Qué no sé el motivo por el que aceptaste acompañarme esta noche?

-          Yo…- no sabía qué decir, si mentir o quedarse callado.

-          No hace falta que digas nada – dijo ella, encogiéndose de hombros con una sonrisa algo apagada – sabía que te gustaba antes de conocerte, no es algo que me haya cogido por sorpresa.

-          ¿Tanto se nota?

-          Bueno…- ella le lanzó una miradita algo avergonzada – he tenido tiempo para darme cuenta. Es difícil no percatarse de cómo la miras cuando crees que nadie te observa.

-          ¿Me has visto…?

-          Prácticamente todos los días que has acudido al instituto para verla a escondidas, en un principio me pareció algo raro ¿sabes? La gente así no suele esconder buenas intenciones. Pero tú…no sé, pareces distinto. No tienes pinta de violador en serie.


No se atrevía a mirarla, estaba muy cortado después de haber sido descubierto de esa forma, pero en cierto modo aliviado de poder compartir su secreto con alguien más. Desde que Erailne no estaba se encontraba demasiado sólo, y echaba de menos poder hablar de ella con otra persona.

-          ¿Y entonces porqué me lo pediste?

-          No sé…pensaba que dirías que si porque pensarías que ella estaría allí, y me apetecía que me acompañases, aunque no seamos…ya sabes.

-          No quería engañarte tampoco, me gusta estar contigo…eres divertida, guapa y tienes muy buen gusto para la música.


-          Pero no sientes nada por mí – terminó ella, algo dolida al darse cuenta de que sus sospechas eran ciertas.

-          No de esa forma - contestó con sinceridad – pero tú tampoco me ves de así…. ¿no?

-          Bueno, me gustas – hizo una pausa para atarse los cordones de las botas y mantener sus manos ocupadas en algo y la mirada fija en otra cosa que no fuesen sus ojos grises.


-          Y creo que haces mejor pareja conmigo que con ella, para que vamos a engañarnos…ella tiene tres años menos que tú y casi serás mayor de edad, además es rubia y no sé, parece la típica animadora de instituto que acaba casándose con chicos como Dean y teniendo hijos rubios y perfectos.

Thaerion se imaginó por un segundo a Alidaen casada con ese imbécil que andaba siempre detrás de ella, y tuvo que reprimir una mueca de asco.

Pensó en Alidaen, en sus paseos por el bosque y su manía de hablar con todos los animales y bichos que se encontraba. En su sonrisa cada vez que la lluvia caía sobre su rostro y su manera de cantar y bailar cuando pensaba que nadie la observaba.


En aquella hada de cabello reluciente que había estado a punto de darle una paliza por haber matado sin querer a un pajarillo.

No, desde luego ellos no sabían nada sobre ella, distaba demasiado de ser una simple animadora.

-          No la conoces – dijo, saliendo en su defensa.

-          Es cierto – admitió- no sé mucho sobre ella, sólo lo que dice la gente y los periódicos del instituto. Y no me extrañaría que fuesen invenciones de esa arpía de Faith, que por cierto…parece tenerla cruzada.


-          ¿A qué te refieres?

-          Las he escuchado hablar en los baños, a veces la gente ni repara en mi presencia y eso me ayuda mucho a enterarme de cosas.

-          Cuéntame qué sabes – Thaerion había empezado a preocuparse.

-          Sé que Faith y las estúpidas de sus amigas estaban muy interesadas en que acudiese esta fiesta. Creo que planean hacerle quedar en ridículo, encerrarla…o algo así…no me enteré de mucho ya que dijo que sería una sorpresa. ¡Ah! y que preparasen las cámaras. 

-          ¿Y me lo cuentas ahora? – preguntó alarmado.


-          Pensaba que no iría, pero parece ser que en el último momento cambió de opinión.

-          Vas a tener que decirme en la fiesta quienes son esas chicas – dijo, aligerando el paso para llegar cuanto antes.

-          Claro, pero tranquilo que cantan a la legua, son como un montón de estrellas de cine con el pavo subido. Y tienen su propio séquito de inútiles detrás dejando un rastro inconfundible de babas.


-          Estupendo – contestó con ironía, y recorrió corriendo el camino que le separaba de la mansión con Zoe detrás.

 (Riverview - Mansión de los Fairchild)

-          Vamos…deja de poner esa cara. Si estás guapísima así. Y no te tapes las orejas con el pelo.

-          Es que son muy grandes.

-          ¿Grandes? ¡Que va! Si son geniales…


Si Isabelle le viese vestida de ese modo estaba segura de que acababa encerrándola en un convento. O en un psiquiátrico…

-          ¿Cómo has dicho que se llama esta moda…?

-          Cani, y te sienta de maravilla. Se lleva muchísimo ahora.

-          Pues tú no pareces seguirla…

-          Porque a mi el rosa y el verde me hacen gorda, además soy pelirroja y no me sienta bien. Pero el rubio pega mucho con esos colores y tu estás muy flaca así que…

Alidaen no se sentía demasiado cómoda vistiendo así, pero si decían que era la última moda debería hacerle caso a quien entendía más de esas cosas.


-          Deberías pintarte los labios rojo y los ojos de fucsia.

-          Isabelle dice que el rojo es el color de Satán – contestó, sin estar muy segura de que ese tal Satán se preocupase demasiado por el color del maquillaje que usasen los humanos.

-          Isabelle es una rancia, y Satán no existe, es un invento de los curas.

No es que fuese demasiado religiosa, de hecho los dioses de los que Fionah hablaba poco tenían que ver con el catolicismo o cualquier religión conocida, pero había oído tantas veces hablar de Dios, Jesucristo, la Virgen y los Santos en las reuniones a las que Isabelle le obligaba a ir que había empezado a creer que debían existir realmente. ¿Sino porque tomarse tanta molestia en hacer creer a la gente algo que no es real?

-          Aun así prefiero no maquillarme demasiado.


Ya iba demasiado llamativa para su gusto.

-          Bueno, como quieras…pero ponte esto.

Cadie le ofreció unos calcetines limpios, y Alidaen los observó extrañada.

-          Pero ya tengo calcetines bajo estas botas tan…- pensó un adjetivo que no fuese demasiado negativo – pesadas ¿para qué quiero otros?

-          No son para los pies boba – contestó con un suspiro – son para que los metas debajo del sujetador.

-          ¿Y para qué voy a ponerme calcetines en un sujetador?


Cadie sacó pecho, y Alidaen se fijó por primera vez en que parecía tener al menos tres tallas más de pecho. Arqueó una ceja.

-          ¿Ves? Así no habrá chicos que se resistan…

-          Pero parece cómo…cómo si te hubieses metido un puñado de pañuelos dentro, además yo no quiero aparentar tener más.

Ya tenía bastante con hacerse pasar por un chicle.

-          Pero estás plana – contestó de forma hiriente.

Alidaen bajó la vista hacia sus minúsculos pechos aun sin formar, la mayoría de las chicas de su edad ya podían lucir algo de escote, pero ella ni siquiera necesitaba sujetador, y se lo ponía porque Isabelle le obligaba a llevarlo.


-          Bueno, ya crecerán – contestó despreocupada – toma, por si quieres más tetas.

Le tendió los calcetines y salió del almacén tan tranquila, dispuesta a pasárselo bien y no preocuparse demasiado por su aspecto.

Tenía cosas mejores que hacer, como por ejemplo buscar a Thaerion y su novia y encontrar el modo de restregarle por las narices que podía divertirse sin él.

***
-          ¡Hola preciosa!


Dean parecía tener un radar, ya que siempre aparecía cuando ella estaba cerca. No había llegado a la puerta de la mansión cuando apareció de la nada.

-          Bueno parejita, os veo dentro – se despidió la pelirroja.

-          Hola Dean, ya me tienes aquí – contestó no muy ilusionada al verlo - ¿Ahora me dirás cual es la sorpresa?

-          Sólo si bailas conmigo.

La sonrisa de Dean solía hacer suspirar a las chicas de su edad, tenía un año y medio más que ella y formaba parte del equipo de fútbol masculino. Incluso tenía un club de fans en el instituto, del que Cadie, su supuesta amiga, era una de las fundadoras aunque lo guardase en secreto.


No era demasiado feo para su gusto, pero tenía el mismo cerebro que una mosca y lo consideraba casi tan falso como su hermana.

Aun así serviría perfectamente para llevar a cabo su plan, que consistía en hacerle pagar a Thaerion con la misma moneda. A pesar de saber que realmente poco podía importarle lo que ella hiciese con su vida.

“Te estás comportando como una idiota”, le susurraba la vocecita de su conciencia. Tal cómo todos esperaban que hiciese, pero no le importaba. Quizás no era tan distinta como creía, quizás fuese cierto que era tan superficial como pensaban. O sólo actuaba así por despecho.

¿Y qué más daba?

Por una vez le apetecía comportarse como una adolescente normal y corriente.


- Está bien – contestó con una sonrisa desganada – vamos dentro.


Nada más entrar escuchó los cuchicheos de sus compañeros de clase y sus risas amortiguadas al verla aparecer con esas pintas, pero había demasiado ruido y estaba muy nerviosa para darse cuenta de que su supuesta amiga se la había jugado. Además, estaba acostumbrada desde que era niña a despertar todo tipo de comentarios sobre lo rara que era, aquello no le pillaba por sorpresa.

Aún así el hermano de Faith intentó en todo momento mostrarse amable con ella, y aprovechó la situación para vacilar delante de sus compañeros haciendose pasar por su novio. Bailaron varios temas, y Dean siempre se las apañaba por tenerla ocupada y con algo de bebida en la mano. 


-          Tranquila, sólo es zumo con una pizca de alcohol. Tendrías que beberte la botella tu sola para que se te afectase algo – le tranquilizó Dean.

Pero ella iba por la segunda y ya notaba el atontamiento producido por el alcohol. Pero ¿Y qué si se emborrachaba? Se lo estaba pasando de lujo y casi se había olvidado de Thaerion.


 “Por cierto ¿Dónde están?”, se preguntó mirando a todos lados.

La música retumbaba en sus oídos mientras las figuras de sus compañeros y la luces de neón creaban extrañas formas a su alrededor. Ni rastro. Notó el cuerpo de Dean más cerca de lo normal, el calor de su brazo alrededor de su cintura, y el sabor de su aliento a cerveza cercano a sus labios.

 “Peligro”


Se echo hacia atrás empujándolo un poco para guardar las distancias y le miró entrecerrando los ojos.

-          ¿Vas a decirme qué es lo que tienes que enseñarme?

-          Están en el garaje – contestó con una sonrisa, algo afectado también por la bebida.

-          ¿Están?

-          ¿Quieres verlos?

-          No si no me dices de qué se trata.

-          Mi perrita parió hace unos días y pensé que te gustaría ver a las crías, como te gustan tanto los animales…- explicó fingiendo interés.


Los ojos de Alidaen se iluminaron. Dean sonrió satisfecho por lo fácil que era despertar su curiosidad.

-          Claro, me encantaría.

Él colocó un brazo por encima de sus hombros y algo impaciente la fue sacando de la pista de baile mientras hacía un par de gestos a sus amigos, que observaban a la pareja divertidos.


Faith también se dio cuenta, y le dio un codazo a Esphel, la rubia que siempre la seguía como una sombra.

-          Jajaja pero mira que pintas me lleva – se burló la rubia.


-          Menos mal que Cadie ha hecho algo bien – contestó Faith riendo – habéis hecho fotos ¿no?

Michel miró a su compañero después de darle un trago a su bebida.

-          Tom ¿llevas la cámara? – preguntó entre susurros.

-          Que siiii pesado.

Faith se acercó a ellos.


-          Intentar que salga lo menos favorecida posible (aunque no es difícil con esa ropa jajaja). Eso lo hará más humillante.

-          No sé yo… - replicó Tommy - el rosa le sienta bastante bien. ¿Y has visto que ombligo?

Samantha le pegó un collejón a su novio.

-          Ni se te ocurra mirarla de ESA forma.

-          Vale, vale…


-          Tú sólo haces la puñetera foto. Deja que Dean y Michel hagan el resto – le ordenó la chica rubia, que no parecía demasiado feliz con la idea.

-          Y chicos, no os paséis tampoco… - les advirtió Faith – no quiero meterme en problemas. Ya sabéis a qué me refiero.

Faith estaba algo nerviosa, aunque sabía como ocultarlo. Sabía que a Dean le gustaba mucho a esa imbécil, y temía que se metiese en algún lío por ella.

 “Es sólo un juego”, se decía a sí misma, “una pequeña broma de la que mañana nos reiremos”

Nos vamos de fiesta! (Relato UP!)

¡Buenas noches!

Aquí os traigo otro fragmento del relato Golpes del Destino para que os hagáis una idea de lo bien que se lo pasó nuestra Ali en su primera fiesta adolescente, y también para resolver vuestras dudas sobre Thaerion y Zoe ^^

En este capítulo le he dado a Thaerion algo más de color para que se vea lo más parecido posible a cómo era al principio, pero lo cierto es que le pega más su tono de piel ceniciento, así que no os extrañéis mucho si vuelvo a cambiarlo xD (sorry!).

También he aprovechado para meter un tema musical de la OST de la ultima expansión de los sims que me hizo mucha gracia, está en simlish, y otro más que no es que me apasione pero creo que puede pegar para una fiesta adolescente (y la letra encaja perfectamente con Alidaen)

Y nada más, a ver si termino la ficha de Lande y puedo subirla esta semana.

¡Gracias por leer! ¡Y un besazo!

domingo, 1 de abril de 2012

Capitulo XIII UP y Boceto de Ángela UP!

¡Por fiiiiin!

Se me ha hecho interminable sacar las imágenes de este capítulo (unas 70 aprox o.o) pero menos mal que lo acabé de una vez y puedo volver a actualizar!

Este capítulo es algo duro, muy al estilo del relato contado por Mantis, pero veréis porque dije que se parecen tanto ^^ He intentado suavizar todo lo posible las escenas con imágenes que realmente no muestran mucho, así que espero no herir la sensibilidad de nadie ^^'

Os comento que este capítulo aunque sea desagradable es bastante revelador e importante, ya que revela datos que están muy relacionados con la trama principal de la historia, y en él sale un personaje nuevo que tiene un papel clave en la historia. Sabréis quién es porque llama la atención xD

Espero que leer el boceto sirva también para entender un poco más el personaje de Ángela, y veáis a qué me refería cuando hablaba de las pistas que dejé caer en su ficha. Supongo que su historia os sonará de algo jejeje

Por lo demás comentaros que creé un Twitter del blog para el que le apetezca seguirlo, actualmente solo estoy yo y por eso no lo actualizo casi nada, pero ahí lo tenéis por si acaso xD Y que tengo bastante material escrito y preparado tanto de relatos como de historia principal, sigo escribiendo como loca y con miles de ideas, así que no os preocupéis por nada, que ganas no me faltan para seguir actualizando (aunque el juego me desespere a veces xD)

Por ultimo os comento que el pack de poses nuevo está casi casi terminado, pero que llevo unas semanas que no tengo tiempo para ponerme con ellas, así que no sé cuanto tardaré en acabar las dos últimas poses y prepararlo para la descarga.

En fin, no me enrollo más. ¡Espero que no os desagrade demasiado el capi y no os aburráis de leer, porque es largo de narices! xD ¡Un beso enorme!

PD: Dejo los enlaces de los tres sims que he usado en el boceto, por si os gustan y queréis bajarlos. Gracias a IMHO y daftalchemist por compartirlos!! PHANTOM of the Opera  DANILA  y  ZAK

CAPÍTULO XIII: El Ángel Caído

(Compañía Shelüne - 4 de Enero)

Ángela tardó unos días en dar señales de vida, y cuando lo hizo supe enseguida que lo que iba a escuchar no iba a alegrarme demasiado, aunque lo que no sabía es que aquella conversación daría lugar a una verdad que había ocultado a todos, y que me abriría los ojos sobre el verdadero mundo de los vampiros (que misterioso me ha quedado).


Eran las once de la noche y estaba leyendo un poco antes de ir a dormir cuando alguien llamó a mi puerta.

-          ¿Puedo pasar? – la voz de Ángela sonaba firme, pero cuando la vi me sorprendió lo demacrada que parecía.

-          Claro – dije, sacando los pies de la cama y poniéndome en pie.

Estaba mucho más delgada de lo habitual (que ya era mucho) y su pelo negro y liso caía suelto y sin vida sobre su rostro pálido y cansado.


Sus ojos estaban algo hinchados y más hundidos de lo normal, envueltos en unas ojeras muy marcadas y que dejaban claro lo mal que había dormido durante esos días.

Me dolió muchísimo verla así, y enseguida sentí el impulso de ir hasta ella y abrazarla, intentar consolarla y pedirle perdón por haberle preocupado de esa forma, pero sabía que ella no recibiría de buen grado ese gesto, y me quedé esperando lo que durante días temía que pasaría.

-          Acabo de enterarme de la noticia – dijo, apoyando la mano en el picaporte y viendo de pasada el montón de libros apilados que había sobre la cómoda.


Su gesto de desagrado no me pasó por alto, pero no dije nada. Al ver que no contestaba siguió hablando.

-          Sobre la muerte del asesino de tu compañera.

-          Entiendo que por eso estás aquí…has venido para decirme que ya no corro peligro, que no necesito quedarme ¿verdad?

No me atreví a alzar la mirada, por lo que su reacción ante mi respuesta quedó en un incómodo silencio que se prolongó hasta que ella decidió romperlo.

-          Eres libre de hacer lo que quieras, ya no tienes por qué estar aquí encerrada.

Me mordí el labio inferior, centrándome en las arrugas de mi pantalón para no mostrarme demasiado afectada por el final de mi estancia en la Compañía.

-          Siento mucho haberos causado tantos problemas y preocupado, mañana mismo recogeré mis cosas y me iré de aquí.


-          ¿A qué viene esa cara? – preguntó cruzándose de brazos – es lo que querías ¿no?

-          Supongo…que sí.

-          Entonces dime ¿porque me siento como si acabase de soltarte una bofetada?

Sonreí un poco. Había llegado a ese lugar lleno de extraños a la fuerza y me había visto en la obligación de quedarme encerrada para evitar que un criminal diese conmigo y me hiciese lo mismo que a Beth, había deseado que llegase el día en que pudiera salir de allí y volver a hacer mi vida con normalidad, y ahora esa idea, que hace meses habría acogido con alegría, me llenaba de tristeza.


-          Porque quizás te equivoques, Ángela – decidí ser sincera y decirle lo que sentía – quizás yo también lo haya hecho.

-          Explícate.

-          Yo…no quiero irme de aquí, no sólo porque no tenga donde ir (que es lo de menos), sino porque no imagino una vida alejada de vosotros. No quiero volver a estar sola.

-          ¿Crees que yo quiero que te marches? – preguntó dolida.

-          Sé que te he decepcionado…os prometí que no saldría de aquí y…

Ángela se sentó a mi lado, y tomó mi mano con delicadeza antes de continuar hablando.

-          No estoy enfadada contigo porque te hayas escapado, Alice.


Aun así su gesto seguía siendo duro.

-          Estoy enfadada por que acudiste a ese lugar sola, sin consultarnos. Y porque podrías haber muerto. ¿Crees que no sé lo que hay ahí dentro? ¿Cómo se te ocurrió poner un pie ahí después de lo que te contó Violeta?

-          No hubo ningún ritual satánico…- contesté, intentando explicar algo de lo que ni siquiera podía hablar – sólo era un club con gente que juega a ser lo que no es.

-          ¿A ser lo que no es? ¿Y qué me dices de ti, Alice? – echó un vistazo a los libros que tenía sobre mi mesa, al título de la novela que había dejado a medias en la mesita de noche – sé que has estado investigando sobre ellos, y también sé que lo que has visto allí es más de lo que cualquier humano conoce. Conozco bien ese miedo, y sé que temes hablar de ello con alguien más. Por eso inventas historias sobre hombres que no has podido conocer nunca en ese pub.

No me sorprendía que lo supiese, pero aun así le pregunté.


-          ¿Violeta te lo ha contado?

-          No te enfades con ella, vino a hablar conmigo a explicarme lo ocurrido a su manera para que no siguiese enfadada, y ya sabes que a veces habla más de la cuenta.

-          ¿Y cómo sabes que es falsa la historia? ¿Cómo sabes que tengo miedo de hablar de ello? ¿Y cómo sabes donde he estado si no se lo conté a nadie?

-          Porque yo hice lo mismo hace años…yo también he estado allí y conozco bien lo que has visto.

-          ¿Sa-sabes lo que son?

Asintió, con la mirada fija en el suelo.


-          Y sé lo que ocurrirá si sigues acudiendo a ese lugar- su voz sonó entrecortada y tuvo que tragar saliva antes de continuar - si no te alejas para siempre de todo lo que tenga que ver con esos seres.

Alcé la mirada para fijarme en sus ojos humedecidos. Parecía realmente afligida, estaba claro que hablar de ese lugar había llenado su cabeza de recuerdos amargos, pero no me atrevía a preguntar por ellos. Sabía bien lo que era querer ocultar un pasado demasiado doloroso para ser contado. Pero deseaba poder consolarle de alguna forma, ser el hombro en el que pudiese apoyarse si lo necesitaba.

-          No tengo ninguna intención de volver allí Ángela, lo que pasó fue…un error. Yo no soy así, no me siento atraída por esas criaturas ni quiero tener nada que ver con ellas. No es por esto –señalé mi libro – por lo que acudí al Darkness.


-          Entonces dime porque, dime un buen motivo para que pueda entenderte.

-          Por él Ángela, era a él a quién buscaba. Y lo encontré…

-          ¿Él? – preguntó, pero enseguida lo entendió - ¿Thaerion?

Asentí.

-          Alguien…o algo…me ha estado guiando hasta él, y te parecerá una tontería pero tengo la sensación de que todo lo que ha pasado hasta ahora, todos los pasos que he dado…me han llevado hasta allí. Y ahora sé que  está vivo, y que no es como ellos.

-          ¿Quieres decir que no es un vampiro?


-          Está vivo – y mis ojos se llenaron de emoción al escuchar esa confirmación de mis propios labios – está vivo Ángela…

-          Alice…eso es… - no sabía qué decir, ni si alegrarse o no por mis palabras.

-          Sé en lo que estás pensado…

-          Es peligroso – dijo.

-          Lo sé, pero estoy segura de que él no estaba allí por voluntad propia, no parece que le gustase la presencia de esos seres.

-          ¿Y crees eso cambia las cosas? – su gesto se volvió más severo - ¿crees que a ellos les importa eso? Tienes que alejarte de todo lo que tenga que ver con esos seres si no quieres acabar muerta, o algo mucho peor.

-          No hay nada peor que la muerte…y te aseguro que prefiero estarlo a olvidarme de él.

-          La muerte en vida Alice, eso es peor que la muerte y el olvido…terminar convertida en una de ellos. Ser como esos seres, alimentarte de la sangre de aquellos que antes amabas, destrozar sus vidas…


Sentí un nudo en la garganta.

-          Ángela…- comencé a decir, colocando mi mano sobre su hombro y esperando que no rechazase aquel gesto.

-          No quiero compasión – se levantó poniéndose seria y me miró fijamente – quiero que entiendas lo que te espera realmente si decides seguir por ese camino.


Contesté con un cabeceo, demasiado sorprendida por su reacción para decir nada más, y entonces comenzó su relato…



-          Entonces…el nombre de Shelüne…

-          Es el nombre de uno de los continentes de Édora, es lo único que sé.

-          Édora…otra vez ese nombre -  contesté con resignación.

Últimamente no paraba de oír de ese lugar, y aun seguía sin poder hacerme a la idea de que existían otros mundos habitables más allá de la Tierra.

-          Dicen que provengo de ese mundo - confesé.

-          Eso explicaría muchas cosas – contestó, poniéndose en pie.

Se limpió con un gesto delicado las lágrimas que habían quedado bajo sus ojos, y me miró agradecida, inspirando la misma calma de siempre a pesar de lo hablado.


¿Cómo podía hacerlo? ¿Cómo era capaz de ser tan fuerte después de todo lo que le había ocurrido? Otras personas por mucho menos habrían caído en la desesperación, pero ella en cambio había levantado una Compañía entera de artistas, y no sólo eso, había creado un hogar para aquellas personas que como ella, o como yo, habíamos sufrido de algún modo la ira de un vampiro.

Era una mujer asombrosa, y yo tenía mil preguntas que hacerle si quería algún día poder parecerme a ella, ser fuerte y sobreponerme al pasado.

Si, eso es lo que más deseaba en ese momento.

-          Puedes quedarte cuanto quieras Alice, este es tu hogar…no sólo un lugar donde esconderte. Aquí estás a salvo y nunca estarás sola.


-          Ángela...- me quedé sin palabras.

Ella me sonrió con cariño.

-          Gracias por escucharme Alice.

-          Gracias a ti por confiar en mí.

Se dirigió hacia la puerta y antes de salir por ella se volvió para despedirse.

-          Confío en que algún día tú también lo hagas.

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