lunes, 9 de mayo de 2016

Nuevo capítulo

¡Buenas noches!

Aquí os traigo un nuevo capítulo de la temporada. Siento si el comienzo puede resultar algo pesado o denso, pero a partir de aquí la cosa ya empezará a fluir algo más y se dejará un poco de lado el drama surgido a partir del final de temporada para dar paso a la nueva vida de los protagonistas, sobre todo a la de Alidaen, que como iréis viendo va a sufrir bastantes cambios que espero que os resulten agradables. A mi personalmente la parte de ella es la que más estoy disfrutando de escribir y tengo ya ganas de que se vayan conociendo algo mejor los nuevos personajes.

Y para que veáis que he sido bastante aplicada este mes ya tengo también listo el siguiente capítulo, que vendrá acompañado de dos nuevos relatos (final de uno y comienzo de otro), así que espero que esta vez no resulte demasiado tediosa la espera y la lectura se vuelva algo más dinámica ^^

También comentar que los cambios estéticos de los protagonistas se podrán ver mejor en la siguiente actualización, ya que allí ya he empezado a usar los nuevos modelos de personajes que publiqué hace unos días en Facebook.

Por lo demás tengo poco más que contar, espero que disfrutéis de la lectura ¡Un abrazo muy fuerte a todos y todas! ^^

Capítulo II: Nuestro tesoro

❧❃❧ CAPÍTULO II: Nuestro tesoro ❧❃❧
♫ Loreena Mckennitt - The Mystic's Dream 


Es difícil de explicar lo que se siente cuando tu corazón vuelve a latir después de haberse parado durante horas. Después de aceptar y abrazar tu propia muerte.

No hubo luces ni llamadas en medio de la oscuridad. No hubo nada, sólo silencio y una paz infinita durante lo que parecía una eternidad.

¿O quizás sólo fueron unos instantes?

Percibir algo tan innecesario como el tiempo cuando ya se ha acabado para ti carece de sentido.

Pero al parecer no había llegado mi hora. Y aquella paz momentánea fue sólo un estado de transición que no tardaría en olvidar al volver a despertar.
Cuando volví a la vida sentí como si alguien me cogiese de ambas manos y tirase de mí con una fuerza abrumadora. Aunque no era una fuerza física la que me empujaba. Podía notar mi cuerpo en calma flotando sobre el agua y dejándose llevar por la suave corriente, y a la vez mi alma siendo arrastrada desde la oscura paz de la muerte hasta la confusión de la vida en todo su auge.

Amor, tristeza, paz, miedo, dicha, caos, placer. Todos estos sentimientos y muchos más hicieron que mi mente volase de un lado a otro anidando recuerdos de mi anterior vida en mi aletargado cerebro, empujándolos unos contra otros y tratando de hundirlos con violencia en un rincón oscuro para dejar paso a mi nuevo yo. A mi nuevo ser.
Ya no era mortal. Aquella vida había quedado atrás, y la fuerza que me guiaba en silencio quería enseñarme a aceptar mi nueva condición.

¿Pero cómo puede uno hacer tal cosa? ¿Cómo puede alguien dejar de lado la que ha sido toda tu existencia y entender que a partir de ahora está sujeto a los designios de una diosa de la que apenas sabe nada?

Nimiel…
Se supone que ella me ha elegido para que actúe como su avatar en el mundo de los mortales. Mi mundo. Sólo que ya no soy como ellos. Y esto me asusta tanto que me deja sin aliento pensando en lo que me deparará el destino.

¿Si vivo eternamente no estaré condenada a ver morir a aquellas personas que significaron algo para mí en mi otra vida?
¿Mi otra vida? ¿Acaso puede existir más de una? ¿Ya no es mi vida aquella que me hizo pasar tan gratos y también tan duros momentos? ¿Debo empezar una nueva y olvidarme de mis seres queridos sin más? ¿O debo intentar volver con ellos?

Y aquel niño… ¿quién era? ¿Volvería a verlo algún día? ¿Formaba parte de mis sueños del mismo modo que la pequeña de ojos sangrientos? ¿o se estaba despidiendo de mí realmente?

No entendía bien por qué, pero pensar en él me hacía experimentar un profundo vacío. Ese sueño había sido tan real…
Podría haberme pasado días enteros meditando sobre estas preguntas y haciéndome muchísimas más mientras estuve en aquel estado parecido al coma. Pero de pasar a no sentir nada físicamente comencé a percibir poco a poco nuevas sensaciones más allá de mis confusas reflexiones internas.

Comencé a ser consciente de los sonidos que me rodeaban, desde el agradable piar de los pájaros al amanecer o el ulular de los búhos nocturnos, hasta el crujiente crepitar del fuego; el sonido de las hojas oscilantes al rozar con la hierba, el canto de un pequeño riachuelo o el lamento lejano de un lobo aullando a la luna seguido de varios más cercanos. 
Me sorprendí de lo claro que me resultó aquel sonido concreto, tanto que incluso pude percibir el sentimiento de dolor impregnado en aquel desdichado ser. Y sentirlo en mi propia carne.

Sentimiento que me acompañó durante días mientras mi cuerpo se acostumbraba a su nuevo estado.

Volver a notar la vida fluyendo a través de mis venas permitió que, en parte, dejase a un lado mis dudas y empezase a estar más pendiente de este tipo de cambios.

Llegué a oír las voces de otros seres que, junto a los lobos, permanecían cerca de donde yo estaba.
Así supe de la presencia de dos pequeñas y traviesas ardillas correteando hasta llegar a lo alto de una rama, donde les esperaba un festín de suculentas avellanas. O del lento y tranquilo avance de una babosa sobre la roca, de los peces nadando alertados por la llegada de un joven oso, o de la satisfacción de éste al hincarle el diente a su suculento almuerzo.

Era capaz de reparar en sus instintos y vivirlos en primera persona como si me transportase hasta sus cuerpos, aunque era incapaz de verlos y ver a través de ellos porque en ningún momento dejé de estar tumbada.
También era capaz de escuchar sonidos cercanos con más claridad que antes. Mi fino oído se había agudizado más si cabe, y mientras estuve en ese estado de duermevela me centré en este sentido más que en cualquier otro.

Llegó un punto en el que mi curiosidad fue tal que tuve la necesidad de despertar y ver donde me encontraba.

Lo primero que vi fue el techo de paja y un montón de hojas secas desprendiendo humo sobre mi cabeza.

Comencé a toser violentamente cuando mi sentido del olfato me hizo despertar de mi aletargamiento, y mi primer impulso fue incorporarme para salir de ahí, pensando que el lugar donde me encontraba estaba en llamas.
Aspiré el humo de cerca y volví a caer rendida sobre la cama, adormecida por el aroma a raíz de valeriana, manzanilla y otras hierbas más fuertes. Dándome cuenta antes de volver a dormirme de que estaba a salvo en una pequeña cabaña en medio del bosque, y que no estaba sola.

❧❃❧

- Al fin despiertas, dormilón.
Una mujer de pelo blanquecino y piel negra como el carbón estaba sentada junto a mi catre, limpiando un cuchillo con un trapo. No tenía aspecto amenazante, pero hice el amago de incorporarme por puro instinto.

Una mala idea. Mis heridas eran aún demasiado recientes.

La mujer chasqueó la lengua al verme.

-          Si hubiese querido matarte lo habría hecho mientras dormías. Llevas ahí tumbado más de una semana.

Relajé la postura y busqué la forma de sentarme de un modo que no me doliese al respirar.  
-          Te he traído algo de comida, supuse que estarías hambriento cuando despertases.

Hizo un gesto señalando una mesita al lado de mi cama con un cuenco lleno de fruta, otro con un líquido humeante y algo de vino.

 - Gracias – murmuré, tratando de ignorar los sonidos guturales de mi estómago en respuesta a la visión de semejante manjar tras días sin ningún tipo de sustento.

La mujer cogió una manzana y cortó un trozo, llevándoselo a la boca mientras me observaba fijamente.
-          Supongo que no me recuerdas.

Negué en respuesta a su afirmación.

-          Me llamo Yaila – respondió con el trozo a medio masticar en la boca - y fuimos compañeros durante muchos años. – Tuvo que percibir mi duda puesto que en seguida se prestó a aclarar ese punto. – Trabajamos juntos.

-          Ahhh.

- Y a veces nos acostábamos – soltó reprimiendo la risa al ver la cara que se me puso. – Pero tranquilo, era sólo algo entre amigos.
-          Oh, vale – guardé silencio y di un buen trago de vino mientras intentaba recordar.

Ella se echó a reír.

-          Siempre que te concentras frunces el ceño así – me imitó. - ¿Debo suponer que intentas recordarme sin ropa?

-          Ahora mismo en lo que menos pienso es en eso – respondí con sinceridad. - Tan sólo intentaba ubicarme un poco.

-          Lo sé, bobo. Tan sólo bromeaba. Entiendo que estés confuso – cogió otra manzana y me la lanzó a la cama.

Mis reflejos fueron lo suficientemente rápidos para cogerla antes de que me golpease en alguna de mis múltiples heridas, y ella sonrió al verlo.
-          Siempre has sido rápido, me alegra ver que no te han inutilizado del todo.

Di un par de mordiscos a la fruta y le miré analíticamente.

-          ¿A qué has venido? Mi familia tiene esclavos, y tú no pareces una sirvienta. Así que no estás aquí sólo para traerme fruta.

-          Como ya te he dicho fuimos amigos – respondió guardándose el cuchillo a la espalda. – Puede que para ti ahora mismo eso no signifique nada, pero para mí sí. Me tenías preocupada - zanjó algo ofendida.

- Lo siento, es sólo que no esperaba una visita amiga precisamente.
-          Puedes estar tranquilo, tu familia no está aquí. Al menos de momento.

-          ¿Te refieres a…Markus?

-          A él, a tus hermanos, a tu padre…ni siquiera el pesado de su sobrino va a venir a verte.

Pude percibir cierto tono apenado al hablar de éste último.

-          ¿Le ha pasado algo a Theran?

-          Bueno, a Theran siempre le pasan cosas. Veo que no te has olvidado del todo de él, así que puedes hacerte una idea.

- Algo me dice que siempre andaba metido en líos.
Una chispa de cariño iluminó los ojos violetas de la chica.

-          Es el rey de los problemas. Pero siempre se las apaña para salir de ellos, así que supongo que no debemos preocuparnos.

-          Espera…creo que ya te recuerdo.

La imagen de una hermosa mujer de cabello plata ondeando al viento me vino de golpe a la cabeza.

- Tú eres la pirata que conocimos en aquel barco…
-          Sí, mi querido Indomable – suspiró al recordar - el mismo en el que se coló como polizón ese dichoso crío antes de que tú llegases para salvarle el culo.

-          Siento lo que pasó, no quería prenderle fuego a esa vela.

-          En realidad, lo de la vela se hubiese solucionado si al estúpido de tu sobrino no se le hubiese ocurrido lanzar aquel barrilete lleno de pólvora a las llamas.

No pude evitar echarme a reír al recordarlo.

-          Bueno, en realidad si fue mi culpa. Yo le enseñé que a veces la confusión es la mejor defensa cuando se está en desventaja numérica.

Los ojos de la chica se entrecerraron creando dos finas líneas en un rostro tan oscuro como peligroso.
-          Aún me debéis la mitad de los desperfectos.

-          Te lo pagaría si no me hubiesen traído a rastras hasta aquí. No me fue tan mal viviendo en el otro lado.

-          Oh, ya lo veo – respondió con sarcasmo. - Eres la viva imagen del éxito.

-          Aquí donde me ves soy una estrella del rock bastante reconocida en Bridgeport.

-          No sé qué es rock, pero si te refieres a las cursiladas que te dedicabas a tocar cuando creías estar a solas…puede que te vuelva a hacer falta esto.

Se agachó bajo la cama y sacó algo envuelto en una manta, posándola con cuidado sobre el viejo colchón.

-          Toma, pensé que te gustaría tenerla de vuelta.

Mi antigua guitarra, no era la que llevé conmigo antes de partir, y estaba casi tan vieja como el catre sobre el que estaba. Pero me alegré de tenerla de vuelta.
La presencia de mi antigua compañera y los recuerdos evocados por ésta hicieron que mi dolor mitigase levemente, cosa que agradecí profundamente al menos durante esos minutos en los que mi mente pareció olvidarse el motivo principal de mi estancia en ese lugar.

-          Gracias, Yaila.

Pero mi sonrisa se borró de golpe al evocar de nuevo la imagen de Alidaen moribunda.
Sentí el impulso de lanzar la guitarra contra la pared y romperla en mil pedazos, pero me contuve aferrándola con las dos manos con tanta fuerza que temí quebrar la madera.

- Creo que estarás mejor solo – se incorporó de nuevo y posó con suavidad la mano sobre mi hombro en un gesto de muda comprensión. – Avísame si necesitas algo. Estaré por aquí cerca.
Asentí con un leve cabeceo y esperé que se marchase, dejándome llevar mientras probaba el sonido de las gastadas cuerdas en respuesta al rasgueo de mis dedos doloridos.

Volver a tocar calmó mi rabia al instante, e hizo más llevadera mi vuelta a casa.
❧❃❧

El sonido de una voz femenina volvió a traerme de vuelta. Hablaba con alguien más fuera de la cabaña.

- Aún sigue durmiendo – dijo ella.
-          Pues despiértala – la voz masculina sonaba algo ronca y autoritaria. – El Hakú quiere verla.

-          El Hakú va a tener que esperar – respondió ella tajantemente. – Te recuerdo que la ha dejado a mi cuidado y que soy yo quién decide cuándo podrá hacerlo.

-          Lleva así más de dos semanas.

-          Y si no me dejas cuidarla como es debido tardará dos más en despertar. ¡Ahora largo!

- No pienso moverme de aquí hasta que no despierte.
Escuché el sonido de dos pies pequeños arrastrándose con esfuerzo, seguido de un golpe seco y un gruñido. La mujer acaba de tirar al suelo a su acompañante, un hombre bastante pesado por el estruendo que montó al caer sobre la tierra.

-          Eres peor que un cardo en un ojo, Bedhel – su tono se volvió más amable tras el insulto. - Pero vas a tener que volver y decirle a tu tío que aún no está lista y que sea paciente.

-          Y tu tozuda como una mula – respondió el aludido incorporándose. – La próxima vez vendrá él y no será tan amable.

- Descuida. Sé tratar con el Hakú.
-          Si tú lo dices…

-          Tú sólo contén su impaciencia un poco más. Pronto la llevaré con el resto para presentarla como es debido.

-          Bah…haz lo que quieras. Pero no tardes.

-          Gracias. Nos veremos luego.

El hombre lanzó otro gruñido a modo de despedida y escuché sus pesados pasos alejándose. O no era un genio del sigilo por el bosque o estaba bastante furioso, porque hacía más ruido que un oso bailando sobre hojas secas.
La mujer volvió sobre sus pasos y se introdujo en la cabaña, cogiendo un manojo de hierbas de una de las mesas para encenderlo y acercarlo hasta mi cama. Me di cuenta por el rabillo del ojo de que pretendía volver a dejarlo sobre mi cabeza para ayudarme a dormir, pero ya me sentía demasiado despierta y no me apetecía volver a caer inconsciente y drogada. Así que me incorporé de golpe y le di un manotazo.

Sus ojos verdes me miraron atónitos.

El cuarto no estaba demasiado iluminado, había velas encendidas y se filtraba algo de luz por una de las ventanas y la rendija de la puerta medio abierta. Pero no me costó reconocerla.
Era la mujer desnuda que había aparecido en el bosque cuando Sithan vino a buscarme. Aunque ya no recordaba su nombre, y en esta ocasión había algo de piel ocultando sus femeninas curvas.

-          ¿Qué haces despierta? Deberías descansar un poco más, aún no estás preparada para…

-          Estoy lo suficientemente preparada para levantarme – le corté.

Sus cejas, rojizas como su largo cabello, se unieron ceñudas ante mi resolución. Al parecer aquella era una mujer a la que no le gustaban que le contradijesen.

- No, no lo estás. Debes terminar de recuperarte de tus heridas.
-          Lo siento – respondí al ver su gesto. – Agradezco mucho tu interés, pero esa hierba me deja casi inconsciente, y te puedo asegurar que me siento perfectamente.

Llevé mi mano al vientre de forma instintiva, recordando que allí fue donde me hirieron de muerte. Aparté la piel que me cubría el torso olvidándome del pudor y comprobé que no había nada.

Un hondo suspiró salió de mis labios mientras palpaba la zona en busca de cualquier señal del ataque de aquel asesino.

- No me refiero a esas – dijo ella fijándose en mi vientre.
Entonces entendí.

Entendí el significado de aquel sueño, el niño, el agua teñida con mi sangre. La sangre que salía de entre mis piernas…

Todo cobró sentido con una claridad brutal.

Miré hacia abajo esperando encontrar un surco de sangre bajo mis muslos. Pero la piel estaba limpia y seca.
-          Lo siento, no pudimos hacer nada por la criatura.


Salí disparada de la cama, pero la mujer me retuvo antes de llegar al marco de la puerta.

-          ¿Se puede saber a dónde vas?

-          El lago – respondí sintiendo que perdía el aliento. – Necesito que me lleves hasta él.

El lago de mis sueños, llegar hasta él era mi único deseo en ese momento. Como cuando despiertas enfebrecida de una pesadilla y entre delirios piensas que no puedes vivir sin cumplir ese designio.
Los ojos de la mujer se tornaron comprensivos, y aunque pensé que me detendría o se limitaría a decir que no sabía de lo que hablaba y que no existía ningún lago cerca, se limitó a asentir con la cabeza y a guiarme por el bosque.

Sus pies descalzos se movían como el murmullo de las hojas, y yo traté de seguirla sintiéndome por primera vez como un pesado y torpe animal de nueve patas. Pero nada importaba salvo llegar a mi destino.

¿De verdad existía aquel lugar? ¿O me estaría llevando a otro lado? Quizás ante el tal “Hakú” del que había oído hablar antes.
Pero mi preocupación se disipó al ver el lugar exacto a aquel que había visitado en sueños.

Puede que muchos lagos se parezcan, pero aquel era completamente distinto a los que había visto hasta ese momento. Era inconfundible.

Había magia en él, e inspiraba una paz que no era de este mundo.
Aunque en mi caso esta serenidad se veía ensombrecida por la afirmación de un hecho que desconocía hasta ese momento.

Supongo que no todo el mundo reacciona del mismo modo ante una pérdida como esa. Que perder a una criatura que ni siquiera ha llegado a nacer o a formarse del todo no es lo mismo para una mujer que para otra.

Pero en mi caso yo había visto con claridad a aquel niño como si hubiese sido parte de un futuro que nunca llegaría a conocer.
Había podido acariciar sus rizos, admirar la fragilidad de sus rasgos, memorizar en escasos minutos aquellas facciones que tanto me recordaban a él. Sentir su mirada triste clavada en mis retinas…y amarle, amarle tanto que el mismo sentimiento se convertía en fuego quemando mis entrañas al darme cuenta de que ya no existiría, de que nunca llegaría a verlo en vida. De que ese pequeño ser que podría haberme hecho tan feliz ya no era nada.

Y yo no había sido consciente de su existencia en ningún momento. ¿Cómo podía haber pasado si yo no era una mujer sana y fértil? ¿Cómo podía haber obviado señales tan inequívocas durante cerca de cuatro meses? ¿Y por qué motivo no se había manifestado un cambio físico real en mi anatomía durante todo ese proceso?
No entendía nada, y a la vez lo único que me hacía falta comprender era que fuera como fuese había perdido a mi futuro hijo.

Un ser nacido de mi profundo amor hacia Thaerion y que había terminado convertido en nada…tal y como parecía acabar todo lo relacionado con él.

-          No…no puede ser - murmuré sin fuerzas.

Caminé despacio hacia la orilla, buscando con la mirada nublada el lugar donde le abracé por primera y última vez, y no tardé en reconocerlo.
Había un alto árbol con el tronco cubierto de musgo por la humedad muy cerca, y un montoncito de setas creciendo entre sus raíces, tan largas que llegaban hasta la orilla señalando un punto exacto en el que posé la vista como si se tratase de una señal.
Me puse de rodillas y comencé a escavar con mis propias manos, clavando mis largas uñas en la tierra húmeda y desprendiendo montón a montón puñados de esta para lanzarlos hacia atrás con furia.

La mujer de pelo rojo se mantuvo en silencio y observando desde la lejanía todo lo que hacía.

Supongo que pensando que me habría vuelto loca o algo parecido, no me importaba.

Seguí escavando hasta que mis dedos chocaron con algo duro y pude extraer de debajo de la tierra una cajita de madera tallada muy parecida a la que solía guardar en casa de mi abuela.
Intenté destaparla, mis dedos sucios y húmedos resbalaban con la pequeña pestaña de metal que servía para abrirla, pero por más que lo intentaba no conseguía hacerlo. Golpeé la caja contra una roca, pero no había manera de hacer que se revelase su contenido y yo estaba al borde de un nuevo ataque de nervios.
-          Está sellada – dijo la mujer a mis espaldas.

Me di la vuelta de golpe con la mirada desencajada, pero ella se mantuvo en calma en todo momento, acercándose a mí muy despacio. Mantuvo la vista clavada en mis enfermizos ojos mientras alargaba el brazo lentamente para tenderme la mano.

-          Tranquila…

Me hizo sentir como un animal salvaje, pero a pesar de mis ganas de responderle tal y como se esperaba decidí calmarme y aferrar la caja con fuerza contra mi pecho.
-          Tan sólo quiero ayudarte, Alidaen.

-          No puedes – respondí.

-          La caja ¿me dejas verla?

Negué con la cabeza.

-          Fíjate en ella. Está cerrada con llave ¿verdad?

Miré la pestaña metálica con más detenimiento.
El barro de mis manos y el impregnado en la propia madera había ocultado una pequeña abertura en el metal en la que no había reparado a causa de mi ciega tristeza.

Debí de haberme sentido bastante estúpida por no haber visto algo tan evidente, pero no fue el caso.

La mujer metió la mano en una de las pequeñas bolsitas de cuero que colgaba de su cinturón y sacó un colgante, mostrándomelo con la palma abierta hacia arriba para que lo viese bien.

- Sithan me lo dio antes de irme, supuso que lo necesitarías cuando despertases.
-          ¿Sithan…?

Repetí su nombre en un susurro, evocando la imagen de su serio rostro y sus penetrantes ojos negros clavados en los míos.

-          Estuvo a tu lado hasta que tú…- guardó silencio buscando las palabras adecuadas.

-          Hasta que morí – solté terminando su frase. – Fallecí en sus brazos ¿verdad?

-          ¿Lo recuerdas?

- Sólo en parte.
Ella asintió y me tendió el colgante.

-          Me dijo que esto te pertenecía.

No me costó reconocerlo. Lo había llevado alrededor de mi cuello durante años.

-          Podrías probarla con...

Hizo un gesto hacia la caja que apretaba contra mi pecho.

Supuse que tendría sentido después de todo. Una caja idéntica a la de mi abuela y una llave que parecía encajar perfectamente en ella. Pero a la vez no tenía ninguna maldita lógica. 
Mi mente no estaba en ese momento para grandes acertijos, ni tampoco para pequeños. Estaba dolida y hecha un completo lío. Por suerte ella ocupaba el lugar del cerebro pensante entre nosotras.

Introduje la llave en la cerradura como si fuese un arduo trabajo de ingeniería y para mi sorpresa esta se abrió sin problemas.

Y al abrir la caja la misma melodía que me acompañó durante mi infancia sonó en mitad del bosque.

Chrono Cross - Fragments of Dreams

Mis ojos se bañaron de lágrimas al escucharla y rememorar aquellos años.
¿Cómo era posible que hubiese llegado hasta ahí…?

La fotografía de mi abuela seguía en el mismo sitio donde la había dejado, al igual que los dibujos que hice siendo una niña y un montón de piedrecitas y figurillas que guardé como tesoros encontrados durante mis paseos en el bosque. Y junto a aquellos fragmentos de mi antigua vida, una hermosa piedra del tamaño de una pieza de a ocho tallada en forma de lágrima reposaba junto al resto, parecía formada por pequeños cristalitos que brillaban en distintos colores como los de un arco iris.

Un arco iris como el que iluminaba el dulce rostro de mi hijo a través del cuerno de la talla de madera que sostenía entre sus manos.
“Es nuestro tesoro”

-          Nuestro tesoro…- murmuré al recordarlo.

Posé mis labios sobre la fría piedra y cerré los ojos esbozando una débil sonrisa.

No sabía cómo había podido llegar hasta ahí, pero su contacto hizo que en seguida me sintiese reconfortada.

Puede que fuese un consuelo bastante pobre, pero por estúpido que pareciese, tenerla junto a mí me dio la esperanza que necesitaba para volver a sentir que aquel niño seguiría formando parte de mí siempre.
Aunque no volviese a verlo.

(Comentario de este capítulo)

jueves, 7 de abril de 2016

De nuevo por aquí

¡Buenas a todos!

Después de un largo tiempo vuelvo por aquí con el capítulo que tenía pendiente y listo desde hace meses, pero que por falta de ánimos y de tiempo decidí postergar.

Como ya avisé por Facebook, últimamente ando con otras historias y proyectos en mente, y debo admitir que he dejado más tiempo del que me hubiese gustado el blog de lado. Siento mucho la desaparición, no se debe a nada grave y es sólo que últimamente mi motivación e inspiración anda por otros lados, pero eso no significa que tenga pensado aparcarla del todo y que ya no vaya a retomarla. Seguiré publicando, pero lo haré de forma más pausada y conforme vaya sacando ganas para ello. 

Tengo varios capítulos escritos, el problema siempre viene a la hora de sacar las imágenes, que es lo que realmente hace que postergue tanto cada publicación, tanto por el tiempo que pierdo entre las pantallas de carga interminables, los bugs del propio juego, como por la falta de tiempo y energías para crear poses, escenarios y demás.

Realmente escribir es lo que más me motiva, y tener que ir haciendo parones para entrar al juego me echa un poco para atrás. Los que ya conocéis el juego sabréis bien la de horas que se pierden en montar cada capítulo, así que supongo que me entendéis de sobra xD

Sobre este capítulo decir que como está empezando la temporada tampoco es que pasen muchas cosas, pero aún así espero que os agrade. En este aparece un nuevo personaje, dedicado a mi amigo Baal que fue quien lo creó para la historia, y al que por fin he podido introducir después de tanto tiempo ^^

Se llama Garret, y de él decir que en esta temporada tengo pensado sacarlo más y que dará que hablar, ya lo iréis conociendo mejor ;)

Espero que os guste el capítulo y no os aburra mucho.

Un abrazo muy fuerte y como siempre...¡muchísimas gracias por leer!

Capítulo I: Consecuencias de un acto imprudente

❧❃❧ CAPÍTULO I: Consecuencias de un acto imprudente ❧❃❧

El tiempo pasaba mientras Sithan permanecía en una pose contemplativa invocando la merced de los espíritus con su voz y su cuerpo, marcado por el paso del tiempo y desnudo ante ellos.
Hacía aproximadamente una hora de la partida de Iris con el cadáver de Alidaen, y esperaba que este hubiese llegado a salvo a su destino. El tiempo y los peligros que acechaban en el bosque jugaban en su contra, pero estaba seguro de que la druida cumpliría su cometido y lograría poner a salvo el cuerpo de la náyade.

Sus visiones a lo largo de ese último año le habían hecho llegar a conclusiones bastante claras sobre su destino. Alidaen había sido elegida por la diosa de la naturaleza, pero su llegada a este mundo impedía su conversión tras su caída, pues allí su señora Nimiel no tenía el mismo dominio al pertenecer a otro mundo.

Por eso los espíritus de la naturaleza y el propio Gran Misterio le habían enviado a él para ayudarla y protegerla hasta que el momento de su renacimiento llegase, y poder guiarla hasta su mundo, donde la Diosa pudiese abrazarla y trascender como Alada.
Al cabo de unos minutos, el melancólico canto del nativo se detuvo y posó la vista en el rústico catre donde había perecido la náyade. La sangre que empapaba las pieles empezaba a secarse y desprendía el característico aroma levemente afrutado común en las criaturas feéricas.

¿Qué sería de ella a partir de ahora? ¿Volvería a verla en algún momento?

Como elegida de su diosa su deber estaría ligado a su mundo, a Édora. Su paso por la Tierra había sido un alto en el largo camino de una Dalar, y llegaría un día en el que seguramente sus recuerdos sobre él se volverían muy difusos. Sus recuerdos como mortal, sus sensaciones como tal…
¿Habría llegado a ser consciente de los sentimientos que despertó en él y que no supo expresar con palabras o gestos? ¿Se olvidaría del cariño que una vez sintió por él? ¿Seguiría considerándolo su amigo y protector después de haber perdido a su hijo y no haber podido hacer nada para evitarlo?

Un profundo suspiro emanó de sus labios al pensar en ello, y en silencio decidió acabar con su rito de despedida y dar por finalizada su vigilia.

Una vez liberado de su antiguo cometido, el nativo se vistió para llevar a cabo su último deseo, recordando la promesa que le hizo a la náyade antes de que muriese.
Al menos tener algo más que hacer después del trabajo que le había dado aquella muchacha tozuda le serviría para no echarla tanto de menos y centrar su cabeza en otras cosas.

No era difícil suponer que Thaerion y Valo eran la misma persona. Al fin y al cabo, a él también había llegado a verlo en visiones relacionadas con ella.

Lo primero que tenía que hacer era volver al lugar donde habían caído y buscar una señal que le llevase hasta donde se encontraba el músico.
❧❃❧

El sonido de voces en el pasillo me sacó de mi aletargamiento. 
Me sentía dolorido (en todos los sentidos) y quería seguir durmiendo para no tener que pensar en lo ocurrido en el bosque. Pero escuchar la voz de su asesino al otro lado de la puerta hizo que rememorase con cruel detalle el motivo de mi estancia en aquel lugar.

Mi primer impulso fue levantarme con la intención de arrancarle las entrañas con las manos, y la respuesta a mi iniciativa vino en forma de una sensación muy similar a la que se debe sentir cuando machacan tus huesos y músculos con un martillo e intentas huir de la tortura.
El hastío y la indiferencia ante todo fue un remedio bastante efectivo contra el dolor. Así que terminé por quedarme completamente inmóvil mirando el techo mientras extraía, sin quererlo realmente, pequeños retazos de la discusión que acontecía demasiado cerca.
-          El remedio habría surtido efecto tarde o temprano ¡no era necesario llegar a ese punto!

No me costó reconocer la voz de Lobo a pesar del tiempo que había pasado desde la última vez que le vi (en una situación muy parecida, por cierto). Cuando se enfadaba y alzaba la voz empleaba un tono autoritario en el que se marcaba un acento grave que no era propio de este mundo. Antes de recordar sobre mi pasado ya me traía muchos recuerdos, pero ahora era capaz de identificarla con más claridad. Era casi idéntica a la de mi padre. Y su acento era el propio de los habitantes de la capital de Shelüne.
-          Si no llego a actuar los vampiros la habrían salvado – esta vez quien hablaba era Dardo. - El líder de su aquelarre descubrió lo que pasaba, y estuvo a punto de estropearlo todo.

-          Y por ese motivo pensaste que lo mejor que podías hacer era organizar una matanza en medio del bosque ¿no?

-          Bueno, eso y el aburrimiento que me producen este tipo de interminables trabajos.

- Has echado todo a perder llamando demasiado la atención ¿cuánto tiempo crees que pasará hasta que den con nuestra guarida?
-          Qué se yo…lo humanos de este mundo pueden llegar a ser bastante inútiles. Y los vampiros no se quedan muy atrás tampoco, dudo que con la muerte de sus líderes sean capaces de reaccionar pronto, los pocos que sobrevivieron al ataque huyeron como ratas, y del resto supongo que se encargaron los lobos.

-          Hay más peligros de los que crees detrás de todo, y debemos guardarnos las espaldas. Lo que has hecho ha acelerado nuestros planes. Debemos partir esta misma noche.
-          ¿Esta noche? – Dardo soltó un fuerte resoplido. – Pues largaos sin mí, tengo pensado pillarme una buena antes de volver a casa.

-          Una vez más actúas sin pensar.

-          ¿Y qué? Así es más entretenido.

-          Dardo, no vayas a…

-          Vamos viejo, déjame disfrutar un poco. Voy a beber y celebrar un trabajo bien hecho. Ya volveré por mi cuenta mañana.

-          Está bien…haz lo que quieras. No seré yo quien te impida que te mates.

- Exacto. Ni tú ni nadie me impide divertirme. Ahí te quedas.
¿Divertirse? ¿Celebrarlo?

Nunca he sido de rezar a los dioses. Pero en ese momento deseé que Kaele me escuchase y lo mantuviese con vida un día más sólo para ser yo mismo quien acabase con ella.

❧❃❧

Sithan llegó a la cabaña del bosque poco después de ponerse en marcha. La huida con el delicado cuerpo de Alidaen había sido lenta y muy dura, pero sabía guiarse perfectamente por ese bosque y desandar sus pasos fue bastante más sencillo.
El olor a sangre reciente seguía muy presente en el húmedo y frío ambiente que lo rodeaba. Intuía que la lluvia no tardaría en llegar y dificultaría su labor de rastreo, por lo que se puso a analizar las huellas y señales del combate nada más llegar a la zona, muy atento a la presencia de posibles intrusos.

Pero alguien más parecía compartir su idea, y no pasaron ni diez minutos cuando varios humanos bien fortificados con chalecos antibalas y armas de asalto irrumpieron en el claro. Dando tiempo de sobra al nativo para esconderse y observarles desde el abrigo de la frondosa espesura del bosque.
A pesar de ir en grupo y bien equipados, se movían de forma ordenada y controlada, intentando hacer el mínimo ruido posible al infiltrarse en la cabaña. Todos parecían seguir las órdenes de uno de ellos y hablaban a través de comunicadores que llevaban introducidos en su oído.

Ver a un grupo de diez humanos moverse en esas condiciones sólo podía significar una cosa. Que el ejército, o al menos una organización formada militarmente, estaba al tanto de lo acontecido aquella noche. Y que al ir tan bien equipados seguramente no se encontraban en una misión diplomática.
Los hombres se replegaron en grupo de tres ante la orden de su líder, repartiéndose por las distintas estancias de la cabaña para cubrir la zona más rápido, mientras él se quedaba fuera y sólo observando las huellas esparcidas por la tierra.

Un hombre seguro de sí mismo.

Sithan esperó pacientemente y observó sus movimientos con atención. Calmado a pesar del peligro que suponía estar tan cerca de un grupo como aquel y la posibilidad de ser descubierto.
Aquel hombre llamaba su atención.

Mientras sus compañeros actuaban con la cautela y tensión propia de ese tipo de misiones, en las que cualquier sonido procedente del bosque los ponía alerta y medían cada paso que daban; él parecía completamente tranquilo y confiado, analizando con ojo crítico las huellas que marcaban con claridad la presencia de dos cuerpos que ya no estaban.
La voz de uno de sus hombres a través del auricular hizo que la vista del humano se posase en un lugar en concreto de la cabaña. Un pequeño cobertizo usado como almacén de alimentos.
Sithan había estado allí antes y sabía que contenía el cuerpo en descomposición de algunas presas pequeñas como conejos, seguramente porque su dueño no había tenido tiempo para usarlas. Sacos de harina y cebada, madera apilada, sal, algunas reservas más y un amplio armario lleno de conservas y revistas para adultos.

Viendo el gesto de aquel hombre habría sido absurdo pensar que el objeto de su interés había sido esto último, pero conocía demasiado lo simples que algunos podían llegar a ser ante la imagen del desnudo femenino, por lo que no se sorprendió demasiado cuando el resto de sus hombres abandonaron sus puestos para unirse a los demás en el estrecho cobertizo.
El líder no tardó en acompañarlos, y el silencio que acompañó su marcha dejó claro que allí dentro había algo más en lo que no había reparado.

Cuando Sithan se acercó vio que había un pasadizo oculto en el armario, y aunque estuvo tentado a bajar para ver donde llevaba, decidió esperar un tiempo razonable por si volvían los hombres.

No lo hicieron, y al bajar se topó con un estrecho pasillo a oscuras que olía aún al sudor de éstos. Seguir su rastro en la oscuridad no fue difícil, podía escuchar sus voces y sus pasos más adelante.
Continuó manteniéndose siempre alejado de ellos pero atento a sus sonidos mientras caminaba despacio por el subterráneo, y no tardó en escuchar el ruido de gritos seguidos de varios disparos.

Habían encontrado su objetivo y el sigilo ya no entraba dentro de sus planes.


❧❃❧



-          Saludos Halcón. Supongo volvemos a estar en la misma tesitura que hace unos meses.
-          Lárgate, Lobo. Ahora mismo no puedo ni verte sin sentir el impulso de matarte.

Después de su discusión con Dardo había venido a ver cómo estaba. No me molesté ni en mirarlo, temía que si lo hacía acabaría por lanzarme hacia él como un loco.

-          Ahora mismo no puedes ni moverte, así que no te va a quedar más remedio que escucharme. Te guste o no.

- ¿Y de qué va a servir? ¿Crees que el típico “ya te lo dije” va a hacer que te perdone?
-          No busco tu perdón, pero si espero que comprendas…

-          ¡¿Comprender qué?! – grité incapaz de reprimir mi rabia. - ¿Qué tenías razón? ¿Qué no debí desobedecerte y acercarme a ella? ¿Crees que me sentiré mejor sabiendo que fui un inútil y no pude protegerla? ¿O es que acaso eres tú el que necesita no sentirse como una mierda? ¿En qué demonios estabas pensado Lobo? ¿Cómo pudiste permitir que esto pasara sabiendo…sabiendo…?

No fui capaz de continuar hablando, el dolor que sentía era demasiado intenso y mi ira trajo consigo un ataque de nauseas que pude reprimir por muy poco, dejándome completamente inmóvil sobre la cama. Clave la vista en el techo y me di cuenta de que estaba nublada por las lágrimas.
La última vez que lloré de esa manera mi madre yacía entre mis brazos muerta, pero en esa ocasión no me habían dado la oportunidad de despedirme del cuerpo de la mujer por la que había mandado todo a tomar por culo.

-          ¿Me creerías si te digo que entiendo perfectamente cómo te sientes?

Guardé silencio recordando el respeto que sentí por él en el pasado, y aunque escucharle era lo que menos me apetecía en ese momento dejé que continuase hablando mientras trataba de reprimir las lágrimas por simple orgullo.
-          Antaño yo también perdí a alguien muy querido. A la única mujer que he amado y que amaré mientras viva…y tampoco pude hacer nada para evitarlo, pues su muerte quedó marcada cuando sellamos nuestro vínculo.

-          ¿Vínculo?

-          Así es, el vínculo Laremion.

- ¿Cómo…?
-          Markus no es mi verdadero nombre, aunque lo he usado durante tantos siglos que ya casi forma parte de mí mismo. Decidí llamarme así para tratar de desvincularme de mi pasado y de mi verdadera familia. Pero en realidad soy un Laremion como tú…Thaerion.

-          Thaerion…así que definitivamente ese era mi verdadero nombre - me eché a reír ante lo irónico y estúpido que había sido al sentir celos de mí mismo. - ¿Y quién eres si puede saberse? Que yo sepa no somos muchos en la familia, por eso de ser casi estériles, supongo.

-          Thaerion Laremion, aquel que nació con la marca del Maldito – lanzó un profundo suspiro y me miró fijamente. – Mi marca, mi maldición por culpa de una traición que nunca quise cometer pero que no pude evitar a causa de nuestro vínculo.

- ¿Tú eres Arathor?
-          El mismo.

Me quedé mudo por la sorpresa. Tenía delante de mí al primer Vanar, al fundador de mi familia y al responsable de la maldición que me había atormentado durante toda mi vida. Había crecido con las historias que hablaban del primer elegido de los dioses, aquel que portaba la propia sangre de Vaehnar y que trasmitiría el don de la inmortalidad a todos sus descendientes, pero que sólo podía engendrarlos a través de su vínculo.

Se supone que había muerto a manos de aquella que la maldijo hacía siglos… ¿Y ahora él trabajaba para mi padre?
-          No lo  entiendo…

-          Supongo que tendrás muchas preguntas ahora que sabes la verdad.

Sopesé mi respuesta con calma. Era cierto que tenía un millón de preguntas que hacerle, y supongo que en otra situación hubiese estado dispuesto a escuchar sus respuestas con atención. Pero decidí que no sería en ese momento.

-          En realidad no – giré mi cuerpo hacia la pared que había junto a mi catre y cerré los ojos pasivamente. – Puedes irte cuando quieras, por mi parte ya sé todo lo que necesitaba.

- Thaerion…escúchame.
-          Cierra la puerta cuando te vayas. O saldré y os mataré a todos.


❧❃❧


Sithan había vigilado los movimientos del grupo armado desde cerca.
Estaban demasiado ocupados matando a todo aquel que se cruzaba en su camino, limpia y eficazmente, para darse cuenta de que les seguía de cerca. Para él resultaba sencillo pasar desapercibido si lo deseaba debido a su condición.

Varios de los guardias que custodiaban la zona yacían tendidos a lo largo del pasillo con sus propias armas tiradas junto a ellos.

Todos eran humanos, y no parecía haber ningún cadáver del grupo contrario. Aquellos hombres estaban entrenados y preparados para enfrentarse a lo que había allí dentro.
Sólo un joven logró librarse del tratamiento que recibieron el resto de sus compañeros. Había permanecido oculto y asustado en un rincón, cerca de una celda vacía con el catre manchado de sangre.

Lo habían atado a una silla e intentado interrogar, pero el muchacho se había limitado a hablar en un idioma desconocido que ninguno parecía entender.
-          ¡Me está poniendo de los nervios! – exclamó el encargado de interrogarle, un hombre  rapado de grandes proporciones. - ¿En qué idioma se supone que habla?

-          No lo sé… ¿ruso? – contestó otro.

-          Yo sé hablar ruso y no tiene nada que ver. Parece árabe. Quizás sea un dialecto extraño.
El líder del grupo, un hombre de rasgos maduros y perilla castaño rojiza se había acercado al resto para mirar fijamente al prisionero y permanecía en silencio. Él, junto a un grupo de sus hombres, había permanecido al margen investigando la zona mientras daba la orden de que se atase e interrogase al chico.

Después de un rato de búsqueda volvió para ver si habían avanzado algo.

-          ¿Por qué no lo matamos? – preguntó uno de los humanos más impacientes. – Parece un vampiro.
-          No tiene la fuerza ni la rapidez de un chupasangres – respondió uno de sus compañeros. – Y tampoco se regenera.

-          Deja que lo compruebe…

Sin venir a cuento, el más grande del grupo le soltó un puñetazo en la mandíbula al muchacho, que se limitó a sonreír con la boca manchada de sangre una vez se recuperó del golpe.
-          Pse…mi madre pega más fuerte – soltó de pronto.

El tipo le miró con los ojos abiertos de par en par, sorprendido por su respuesta, y los otros dos se echaron a reír. El líder del grupo permaneció impasible a un lado, sin dejar de mirar al chico.

-          ¡Já! ¡Así que hablas nuestro idioma!

-          Qué remedio.

-          ¡Pues ya nos estás contando todo lo que sabes!
Aquella orden hizo que el muchacho comenzase a soltar una diatriba sobre su vida desde su nacimiento al día que su madre le obligó a meterse en la guardia.

En el proceso se llevó más de un golpe como respuesta a su burlón comportamiento, pero a él no le importó y siguió hablando de sí mismo. Cosa que, por cierto, parecía hacer con gusto.

- Esto me recuerda al día que mi madre me pilló echándome una siesta en una de mis primeras guardias. Me ató a una silla y me obligó a mantener los ojos abiertos durante más de veinticuatro horas pegándome los párpados a las cejas con cera de babosa, la muy bestia me daba un puñetazo cada vez que bostezaba para obligarme a mantener la boca cerrada…y cuando acabó conmigo todo el mundo pensó que había sufrido un ataque y que había salido victorioso por poco. Creo que fue la única vez que me felicitaron por mi trabajo.
El interrogatorio se alargó más de una hora antes de que el hombre pelirrojo, que había vuelto a dejarles solos para investigar, volviese e interrumpiese a sus compañeros.

-          Acabo de recibir órdenes de arriba. Vosotros tres quedaos con el prisionero, los demás deben acompañarme al bosque y continuar con la búsqueda. Aún quedan enemigos rezagados.

-          ¿Y qué hacemos con él? Este inútil no sabe decirnos nada útil.

-          Tenéis permiso para obtener la información que necesitáis a la fuerza – los hombres se miraron los unos a los otros y sonrieron al unísono. - Pero debéis dejarlo con vida para poder llevarlo de vuelta a la base. No salgáis de aquí hasta que recibáis órdenes.
-          Sí, señor.

Sithan no dudó en aprovechar la oportunidad que acababan de darle. Puede que por las malas no consiguiesen sacar nada en claro del chico, pero él tenía métodos mejores para hacerle hablar.
Algo le decía que aquel muchacho de tez pálida y ojos grises tendría algo que contar sobre el paradero de Valo.


❧❃❧


La vuelta a casa fue más rápida de lo esperado.

Los gritos y disparos procedentes del pasillo alertaron a Lobo y a dos de sus hombres, dando tiempo de sobra para que éste diese un par de órdenes antes de cogermes en volandas sin ningún tipo de consideración por mis heridas.
Me da vergüenza admitirlo, pero el dolor por la brusca carrera fue tal que volví a caer inconsciente antes de atravesar el portal que me llevó de vuelta a Édora. Y supuse que sería un portal, pero podría haber sido un tren como el de las novelas de Harry Potter, porque como ya he dicho no estaba en condiciones de averiguarlo.

¿Cómo habían conseguido abrirlo? Tampoco tenía ni idea, pero al menos me daba alguna esperanza pensar que era posible pasar de un mundo a otro sin tener que recurrir a pactos extraños con vampiresas misteriosas.
Aunque ¿qué me ataba ya a ese lugar?

Si mi mala memoria no me fallaba había llegado allí para buscarla a ella. Así que, tras perderla, mis ganas de volver eran prácticamente nulas a pesar de las muchas cosas que sabía que habían quedado colgadas con mi marcha. Mi grupo, la compañía, mi investigación con Avispa…nada de eso tenía sentido ahora mismo. Aunque fuese muy egoísta por mi parte.

Lo único que me apetecía era buscar el modo de mantener la mente ocupada haciendo lo que mejor se me daba: buscar asesinos y acabar con ellos.
Buscarlo a él…al condenado que me robó parte de mí mismo al acabar con la vida de la única mujer que he amado.

Quería venganza.

Pero para ello debía recuperarme antes de mis heridas.

(Comentario de este capítulo)