martes, 14 de abril de 2015

Capítulo XXXI: Reencuentro en el parque

(Bridgeport, 12 de Marzo de 2011)

Habían pasado dos días, pero seguía teniendo muy presente mi encuentro con el vampiro y más tarde con Thaerion en el ascensor.
 El primero había conseguido que durante esas dos noches no dejase de soñar con él, como si mi mente siguiese enajenada por su dominio. Y el segundo…bueno, a él le pertenecía el resto del tiempo, fuese o no consciente de ello.

Me había enterado por Lande de que se había marchado unos días fuera de Bridgeport, así que decidí que durante ese tiempo pasearía libremente por la Compañía sin miedo a encontrármelo por los pasillos.

De Francessco de momento no sabía nada, y pensaba dejarle tranquilo hasta que las cosas entre nosotros se calmasen un poco.
 Últimamente me encontraba algo mejor del estómago, y hasta había conseguido ganar algo de peso, pues todos decían que me estaba quedando en los huesos y Violeta se empeñaba en que comiese delante de ella y hacía que me preparasen mis platos preferidos. Pero aun así me sentía bastante débil y los duros ensayos me dejaban más cansada de lo normal.

Después de mi clase diaria de canto con la profesora Meena Arushi, y tras dos horas de danza antigua con su hermana y otra de Pilates me dirigí hacia el baño para darme una relajante ducha y meterme en la cama fresca para echar una siesta.

Hacía unas semanas que aprovechaba mis pocos ratos libres para dormir, y las siestas estaban convirtiéndose en algo rutinario en mi vida.
 Así que al llegar a mi cuarto me desprendí de la toalla, y desnuda como estaba me dejé caer sobre el cómodo colchón de mi cama. Pensando que no existía sensación más placentera que aquella después de una larga mañana de ensayos. Que por suerte esa semana acaban con un buen puente festivo.

Estaba a punto de conciliar el sueño cuando mi móvil empezó a sonar dando al traste con mis planes de relajación.

Pocas personas tenían mi número, así que supuse que sería Francessco el que estaba al otro lado de la línea cuando cogí el móvil sin fijarme en el número.

-          ¿Si?

-          ¿Alice?

No reconocí la voz masculina del otro lado.

-          Sí, soy yo – contesté desconfiada - ¿Quién eres?

- Soy Jake ¿Te acuerdas de mí?
 -          ¡Jake! – exclamé sorprendida - ¡claro que me acuerdo! ¿Cómo estás?

Estaba tan entusiasmada por volver a escucharlo que ni me pregunté cómo demonios sabía mi número.

-          Bueno, mucho mejor. Han sido unos meses difíciles ¿Y tú cómo estás? No he dejado de preguntarme donde estarías metida todo este tiempo.

-          He estado…ocupada. Siento mucho no haber podido ir a visitarte.

Me quedé callada unos segundos sin saber qué decir ni que excusa ponerle. Me sentía bastante mal por haber desaparecido así sabiendo que había estado a punto de morir por mi culpa.

-          Ya...bueno. Oye, lo entiendo, cuando me enteré de lo que pasó temí que te hubiese pasado a ti algo. Fue un alivio saber que no estabas allí esa noche.

“Sí que estuve, vi lo que le hicieron a Beth, pero hui con el rabo entre las piernas mientras tú te desangrabas”

-          ¿Alice, estás bien? Te has quedado muy callada.
 -          S-sí, perdona. Es que me cuesta pensar en ello.

-          No te preocupes – carraspeó un poco – Oye, puede que no te apetezca, pero me encantaría volver a verte. Si tú quieres claro.

“Pues díselo a tu hermana, que menuda se montó por su culpa”, quise decirle.

-          Y a mí – contesté en su lugar.

-          ¿Te apetece que nos veamos esta noche?

-          ¿Esta noche?

Me imaginé la cara de Janne mirándome con ese ceño fruncido suyo y negando con la cabeza impasiblemente.

-          Yo…no sé si voy a poder - comencé a decir no muy convencida.

-          Vamos Alice, llevo meses sin saber de ti mujer ¡me lo debes! – exclamó con su habitual buen humor.
 Sí que se lo debía, más de lo que pensaba. ¿Cómo podría negarme?

-          Podemos quedar donde quieras para que no tengas que desplazarte muy lejos. Tú me dices.

-          Está bien, pero mejor por la tarde. – contesté intentando sonar más animada, ya que si salía cuando aún quedaban horas de sol nadie me pondría pegas. - ¿Te apetece que quedemos en el parque del centro a las cuatro?

-          Mejor a las cinco, tengo cita con el fisioterapeuta antes y quizás no me dé tiempo a llegar.
-          Está bien, a las cinco entonces.

-          ¡Perfecto! ¡Nos vemos en un rato, preciosa!

-          ¡Hasta luego!

Colgué y miré con una sonrisa el número desde donde me había llamado, que se había quedado guardado en la memoria de mi móvil.

Miré la hora y vi que todavía eran las tres, así que hasta me daría tiempo a echar una pequeña siesta.
 ***

Me vestí en un tiempo record. Se me había olvidado ponerle la alarma al móvil y me había quedado dormida.

Al despertar vi que ya eran las cinco, y yo todavía estaba enredada en las sábanas.

En la puerta me encontré con Violeta, que al verme salir tan deprisa me preguntó dónde iba.
 -          He quedado con un amigo – le dije algo apurada.

-          ¿Francessco? – preguntó poniendo una de sus sonrisitas.

-          No, con…otro.

-          ¡Oh! ¡Esto se pone interesante! ¡Cuenta, cuenta! – y me tomó por los brazos entusiasmada.

-          ¡Violeta! ¡Tengo prisa! – exclamé lanzándole una mirada suplicante.

- Solo dime quién es y te dejo en paz ¡por favor!
 ¿Cómo se podía ser tan cotilla? Sabía que convencerla a ella sería más sencillo que a Janne si saciaba su curiosidad, así que no me anduve por las ramas.

-          Es Jake, mi antiguo jefe.

-          ¡Oh! – parecía aún más animada, pero en cuanto recordó quién era se le cambió un poco la cara y me miró con cierta inquietud.

-          No te preocupes por nada, Janne me dio permiso para verlo – cosa que no era del todo incierta – además, sólo será un rato. Llegaré antes de que anochezca.

-          Pero si Janne se fue a uno de sus retiros espirituales de los suyos ¿Cuándo le has visto?

-          En realidad me dio permiso hace unos días, cuando le pregunté si podía verlo.

- ¿Estás segura? Si quieres te acompaño – por un segundo vi que sus ojos brillaban ante la posibilidad de poder cotillear en primera plana.
 -          Lo siento Violeta, pero tenemos que hablar de muchas cosas y creo que no estaría cómodo haciéndolo delante de más gente.

-          Vaaale…está bien, pero prométeme que llevarás el móvil a mano, y que si pasa cualquier cosa rara nos avisarás.

-          Claro, no te preocupes.

-          ¡Y no vuelvas tarde!

-          Siii, tranquila mamá.

Me dio un beso en la mejilla y se despidió con un abrazo.
 -          ¡Suerte preciosa!

-          ¡Gracias!

***

Jake estaba esperándome cuando llegué al parque veinte minutos más tarde de la hora acordada.
 Me costó reconocerlo al principio, pues estaba mucho más delgado y desmejorado, pero en cuanto me vio llamó mi atención con el mismo ánimo de siempre.

-          ¡Alice! ¡Aquí!

Me acerqué con gesto apurado y lo primero que hice fue disculparme por la tardanza.

-          Lo siento mucho Jake ¿llevas mucho rato esperándome?

-          Que va, llegué hace cinco minutos y me alegré de no ser yo quien se retrasase por una vez.

No pude reprimir las ganas de darle un abrazo en cuanto le vi sonreír de nuevo. Él me estrechó con fuerza, o al menos con las pocas fuerzas que le habían quedado después de tanto tiempo convaleciente, y nos quedamos en esa postura durante unos segundos sin decir una palabra.
-          No sabes lo mucho que me alegro de verte – dije al fin, rompiendo el silencio.

-          No más que yo, creí que no lo contaba.

Me separé lo justo para mirarle fijamente, y me di cuenta de lo mucho que había cambiado en estos tres meses.

Antes era un chico no demasiado atlético, con algún kilito de más y con aspecto muy saludable. No es que pudiese decirse que se tratase de un hombre muy atractivo, pero su mirada pícara y su sonrisa resultaban bastante atrayentes. Irradiaba vitalidad y cierto descaro, pero tras lo ocurrido parte de ésta había desaparecido, dejando sólo una débil muestra de lo que era antes.
Tenía las mejillas tan hundidas que sus ojos parecían dos esferas a punto de salir de sus cuencas, y las ojeras que los enmarcaban le daban un aspecto aún más enfermizo.

Debía haber perdido unos quince kilos o más, y al palparlo sobre la ropa podía sentir lo quebradizo que se había vuelto su cuerpo.

No supe qué decirle, sentía tanto todo aquello que me quedé sin palabras.

- Lo sé…estoy hecho un asco – dijo como si hubiese adivinado el rumbo de mis pensamientos. - Pero en cuanto pueda comer con normalidad verás cómo me pongo otra vez como un toro.
Se echó a reír, palmeándome en el hombro para quitarle hierro al asunto y tratar de hacerme sentir mejor. Algo cuanto menos curioso después de haber sido él quien se llevase la peor parte.

-          Yo te veo bastante bien – traté de sonar convincente.

-          Veo que mientes tan mal como siempre – bromeó.

-          ¡Eh! ¿Y cuándo te he mentido yo? – pregunté haciéndome la ofendida.


-          Pfff… ¿me vas a hacer enumerar todas las veces? – rio al ver mi gesto indignado. – Para empezar el día que te conocí y viniste pidiendo trabajo diciendo que tenías experiencia como camarera.
-          Oye…que no lo hice tan mal al principio - me sentí algo avergonzada al recordar mis meteduras de pata como novata en la profesión.

-          ¡Eras un desastre! – soltó entre risas.

No pude hacer otra cosa que reír también al recordarlo, aunque me daba corte que hubiese sido tan directo me alegraba ver que al menos en algo no había cambiado.

A pesar de todo seguía siendo el mismo Jake de siempre, y me encantaba que fuese así.

Charlamos durante bastante tiempo de cosas sin importancia, recordando viejas anécdotas y tratando de evitar tocar temas más delicados. Era la primera vez que quedábamos fuera del bar, y la verdad es que me gustó poder conocerlo un poco mejor lejos de aquel ambiente tan viciado. Sobre todo lejos de la arpía de su hermana.
Supe evitar en lo posible los temas sobre mi pasado, y contestar sólo a aquellas preguntas que no pudiesen perjudicarme. Pero finalmente llegó el momento de hablar de temas más actuales, y surgió la pregunta que tanto me temía, pero que a la vez esperaba que llegase en cualquier momento.

-          ¿Y tú qué has hecho todo este tiempo, Alice? Has estado desaparecida desde aquel día.

-          Lo sé, me hubiese gustado haber podido dar señales de vida antes, pero estaba muy asustada con todo lo que pasó, y traté de olvidarme de aquello desvinculándome de todo lo que tuviese que ver con el pub.

- Incluido yo – concluyó con un tono demasiado neutro para resultar real.
Me quedé en silencio sin saber qué contestar a aquello.

Realmente había querido ir a visitarlo al hospital, pero hasta el momento no había tenido la oportunidad de verlo. No me lo habían permitido…no era seguro.

Quería creer que había sido así al cien por cien, pero en parte sentía como si no me hubiese preocupado tampoco demasiado por ello. Simplemente lo dejé pasar, aun sabiendo que Jake había estado al borde de la muerte.

¿Pero podía recriminármelo? Al fin y al cabo, tampoco es que fuésemos amigos. Él era mi jefe, y si, era un jefe enrollado, pero más allá de eso no había entre nosotros un vínculo demasiado fuerte, al menos por mi parte.
Puede que mi instinto de supervivencia, o mi miedo en este caso al ser descubierta por aquellos que me buscasen fuese más fuerte que cualquier enlace sentimental que me uniese a él en ese momento. Y estuviese bien o estuviese mal, era completamente lógico que actuase así desde un punto de vista práctico.

-          Te has quedado muy callada.

-          Es que no tengo ninguna excusa que pueda resultar suficientemente aceptable o creíble. Pensé en ir a visitarte al hospital, sí, pero si lo hacía me exponía demasiado.

Ya…- respondió dubitativo – Alice, perdona si me entrometo demasiado en tus cosas diciéndote esto, pero por lo poco que conozco de ti puedo suponer que si desapareciste tenías realmente un buen motivo para hacerlo. Y no te culpo por ello. No voy a preguntarte por tus asuntos, sé que no tenemos la suficiente confianza para que me cuentes tus problemas…pero creo que escondes algo, y quiero que sepas que respeto tu silencio.
-          Gracias – contesté escuetamente.

-          Aunque no puedo negar que me dolió despertar y saber que no habías venido a verme ni una vez – admitió - pues al margen de lo que tu sintieses por mí, para mi llegaste a ser algo más que una de mis camareras.

Alcé la mirada y me encontré con aquellos ojos castaños clavados con intensidad en los míos.

Me gustabas mucho, y me hubiese gustado que me dieses la oportunidad de poder demostrártelo. Pero bueno…las cosas no salieron al final demasiado bien. Sobre todo para la pobre Beth.

Se miró las manos sudorosas esquivando mi mirada.
-          Lo siento Jake, siento todo lo que pasó. Pero aunque las cosas se hubiesen dado de distinta forma nunca habría podido verte como algo más que lo que eras: mi jefe y un buen compañero de trabajo – me sinceré. - No se me da bien hacer amigos, y no fui a tu bar precisamente a buscarlos. De hecho…me cuesta mucho entregar mi confianza hasta ese punto.

-          ¿Quieres decir que en todo este tiempo no has encontrado a nadie en quién confíes plenamente?

- ¿Plenamente?
Pensé en ello. Hasta el momento a nadie le había confesado mis secretos. Había dejado que los averiguasen, que los supusiesen, y no los había negado, ¿Pero contarlos voluntariamente porque necesitaba algún tipo de apoyo moral o comprensión por parte de los demás?

Ni siquiera con Janne había llegado a abrirme tanto, y podría decirse que hoy por hoy era la persona más cercana que tenía.

¿Eso significaba que no les consideraba realmente mis amigos?
Negué para mis adentros. Tan sólo necesitaba algo más de tiempo, pero estaba segura de que llegado el momento, si tuviese que elegir a alguien con quien poder abrirme completamente sería sin duda con Janne, él era mi estrella guía, mi protector, un verdadero amigo.

-          Si, hay alguien – contesté por fin, sintiéndome mucho más aliviada.

- Entonces me alegro por ti, y por esa persona que ha sabido llegar a lo que esconde esa preciosa cabezota rubia que tienes – me dio un par de golpes en la frente volviendo a dibujar en su rostro aquella sonrisa algo cansada. – Pero que sepas que no me pienso dar por vencido tan pronto, y que si algún día me necesitas me tendrás para lo que quieras. Sobre todo si hay sexo de por medio, no sabes la de tiempo que llevo sin echar un buen polvo.
-          ¡Jake! – le golpeé el hombro y me arrepentí al ver su mueca dolorida - ¡Ay, lo siento!

-          ¡Tranquila, tranquila! – rio aún convaleciente por el golpe - ¡Me lo merecía! ¡Pero que conste que estaba bromeando! En mi estado admito que me costaría bastante dar la talla… ¡pero dame tiempo!

Volví a mirarle amenazándole con el puño, aunque con una sonrisa divertida que le hizo guiñarme el ojo con picardía.

-          Ay, mi rubia. ¡No sabes lo que te perdiste en su día!

- Espero que no le digas eso ahora a la otra rubia que tienes trabajando para ti delante del mastodonte de su novio.
-          ¡Pufff! ¡Que va! Una vez le insinué algo y el bestia casi usa mi cara de trapo. Porque la tía le paró y se dio cuenta de que no podía ni moverme apenas, que sino…

-          Menudo segurata te has buscado – contesté riendo.

-          Y encima gratis, un chollo vamos.

-          Eres un caso.

-          Ya. Pero bueno, me pierden las rubias. No es ningún secreto.

-          Entonces no me sentiré tan mal por haberte dado calabazas. Hay muchas rubias en el mundo.

-          Naturales pocas, y la mayoría de las que he conocido suelen estar pilladas.

-          Pues habrá que ser menos selectivo entonces.

- Ya, no te creas. Que yo no le hago ascos a casi nadie.
Reí de nuevo. Siempre había sido un cara dura, pero había que admitir que tenía su gracia.

Después de esa charla volvimos a hablar durante un rato de nuestras cosas, y hasta la hora de despedirnos no surgió otro tema que me había tenido preocupada desde mi última visita al pub y su posterior llamada.

-          Por cierto Jake… ¿cómo está tu hermana?

No me había comentado gran cosa sobre ella, y realmente no sabía si le habría hablado de mi visita al pub o Dale había cumplido realmente su palabra y le había borrado la memoria.
-          Bueno, pues últimamente no sé qué le pasa…pero parece otra.

-          ¿Y eso?

-          Te va a parecer raro, pero ahora le ha dado por trabajar y todo – comentó como si aquello fuese un milagro de la ciencia (y realmente debía serlo, aunque más bien era un milagro vampírico). -  Se pasa el día metida en el bar, si no es reubicando cajas en el almacén es ordenando las botellas de bebidas del estante por orden alfabético.

- ¿De verdad?
Traté de evitar que viese lo divertido que me resultaba todo aquello. Sobre todo suponiendo de quién habría salido la idea de volverla una mujer trabajadora.

-          Sí, si ¿recuerdas cuando te hacía a ti lo mismo?

-          Cómo olvidarlo.

-          Pues siempre pensé que lo hacía por joderte. Pero no sé, ahora empiezo a pensar que tiene algún tipo de fijación por el orden.

-          Debe ser que al final ha encontrado su verdadera vocación más allá de su obsesión por los tíos enormes.

Él me miró sorprendido por mi sinceridad, y me arrepentí por haber soltado aquel pensamiento en alto (a veces me pasa y me cuesta evitarlo), pero se llevó la mano a la boca y soltó una nueva carcajada.

- Veo que has espabilado bastante en estos meses.
-          Bueno, a veces tengo mis momentos de lucidez – admití sonriente.

-          En serio Alice, no sabes lo que me alegra verte tan bien. Hasta pareces otra.

-          No sé cómo tomarme eso. Siempre me ha gustado ser quién soy, a pesar de todo.

-          Pero nunca está de más madurar y aprender a morder cuando hace falta.

No pude hacer otra cosa que asentir. Estaba harta de ser la mosquita muerta, aquella de la que todos se pueden burlar o aprovechar. Aquella que solo asiente y trata de ser paciente con todo y con todos sin importar cómo la traten, de hacer todo lo que le dicen.

-          Espero que sigas así de bien, y que nos volvamos a ver en otro momento.

- Yo también lo espero – sonreí y le di un nuevo abrazo de despedida.
-          Bueno, pues ya te llamaré ¿vale? Y tú tienes mi número.

-          Claro. Aunque me he quedado con la duda de quién te dio el mío.

-          Ah, es cierto – admitió. – Pues me lo dejó alguien en mi taquilla, supongo que sería una de las camareras. Gurutze me dijo que había venido una chica rubia preguntando por mí e imaginé que tú se lo habías dado. ¿No fue así? – me miró extrañado.

Gurutze debía ser la camarera morena, pero yo no le había dado nada a ella, ni siquiera mi nombre como referencia.

-          ¿Ella te dijo mi nombre?
-          No, que va. Pero lo ponía en la nota - recordó algo y rebuscó en sus bolsillos hasta dar con lo que quería en el bolsillo del lateral derecho de sus vaqueros. – Mira, aquí la tengo – me la enseñó y volvió a adoptar ese gesto dubitativo. – Supuse que tú la habías dejado para mí, y que se le olvidó dármela y por eso la dejó en mi taquilla.

-          No, me fui bastante rápido y se me olvidó.

En realidad no tenía pensado darle mi número, pero estaba claro que la persona que lo puso en su taquilla lo conocía. Y sólo se me ocurría alguien que había estado allí esa noche y que sabía mi número de teléfono aparte de Francessco.
El mismo que me lo devolvió cuando casualmente lo dejé olvidado en el Darkness. Quizás el maldito vampiro engreído estaba allí para algo más que para ponerme los dientes largos esa noche.

¿Pero qué conseguía con darle mi número a mi ex jefe?

No tardé en imaginármelo.

Quizás lo que según Janne debía evitar a toda costa: hacerme salir de la seguridad de Shelüne, donde gracias a un hechizo protector ni Dale ni ningún vampiro podían cogerme.

Automáticamente miré al cielo, y me alegré de que aun fuese de día y quedasen unas horas hasta el anochecer.
-          Mmmm…o puede que si lo hiciese - contesté dándome cuenta de que llevaba demasiado tiempo callada y Jake esperaba una aclaración al respecto. - La verdad es que tenía mucha prisa y no recordaba si se lo había dejado al final o no. Me alegra que fuese así – sonreí tratando de simular un despiste.

-          Tsk, mientes fatal, ya te lo he dicho – dijo, dándome un par de palmaditas en el hombro para quitarle hierro. – Pero no te preocupes, no haré más preguntas. Quédate la nota si quieres. Y ten cuidado ¿vale?

Esto último lo dijo con un deje preocupado en la voz.
-          Lo tendré – prometí guardándome el papelito en el bolsillo. – Y tu cuídate mucho, Jake. Me ha gustado volver a verte.

-          Lo mismo digo, muñeca. ¡Nos vemos!

-          ¡Adiós!

Me despedí con una sonrisa y esperé que fuese él quien se alejase primero antes de echar a andar a paso ligero de vuelta a la Compañía.
Si lo que quería Dale es que me quedase a solas con él de nuevo iba a tener que currárselo más, pues no pensaba caer en su juego tan fácilmente. Y si lo que quería era tenderme una trampa para algo peor…

En fin, prefería no pensar en ello.

Lo que tenía que hacer era llegar cuanto antes de Shelüne, y a partir de ahora analizar mejor mis movimientos.

***

Nada más poner un pie dentro de la Compañía sonó mi móvil y di un respingo. Pero al ver el nombre de la pantalla de éste me tranquilicé de inmediato.
-          Violeta, acabo de llegar – contesté.

-          ¡Genial! Me alegra que hayas llegado bien.

-          Ahora hablamos si quieres, pero no por móvil. ¿Subo a tu cuarto?

-          ¡Estoy deseando que me cuentes! Pero ahora mismo me pillas fuera. Sólo te llamaba para asegurarme de que estabas en Shelüne. Hace unos minutos me llamó Janne y me dijo que volvía esta misma noche, y ya sabes cómo se pone si estás fuera cuando oscurece – pude escuchar su risita al otro lado de la línea.

-          Si…me pondré el pijama y le esperaré en la cama como una niña buena.

-          Mejor espéralo con uno de mis picardías jijiji. Pagaría sólo por ver la cara que pone.

Podía imaginármela, la misma cara que pondría si me viese con pantuflas de abuela y mi bata de oso de invierno.
Suspiré.

-          Ya…bueno. Pues nos vemos cuando vuelvas.

-          No me esperes levantada – volvió a reír de forma pícara. – Esta noche he quedado con un chico en el bar del otro día… - continuó insinuante – y si todo sale bien espero pasar la noche fuera.

Violeta y su pasión por conocer tíos de una sola noche. Y hacía muy bien, ojalá yo tuviese la misma facilidad para pasar página y me diese alguna alegría de vez en cuando.

-          ¡Oh! Genial, entonces que te diviertas. Ya hablaremos entonces.

-          ¡Si! ¡Ya te contaré! ¡Por cierto! ¿Qué tal con tu ex jefe? ¿Hay tema o no hay tema?

Violeta…no empieces - le advertí.
Ni me había dado tiempo a contarle que lo de Francessco no había terminado de cuajar y ya estaba imaginándome con otros.

-          ¡Vale, vale! ¡Yo sólo preguntaba por si las moscas!  - respondió - ¡Bueno guapa, dale un achuchón a ese gigantón de mi  parte! ¡y háblale de lo bien que te he vigilado en su ausencia!

-          Lo haré. Y tú disfruta.

-          ¡Todo lo que me permitan!

Volví a escuchar su risa seguido del pitido tras colgar el teléfono, y sonreí de camino a mi cuarto.
Las cosas no habían salido nada mal aquella tarde, y al final había logrado quitarme un gran peso de encima al hablar con Jake y aclararlo todo.

-          ¿Ves Janne? – dije hablando conmigo misma por los pasillos, como las locas. – He cumplido con nuestro trato y esta vez no me he metido en ningún lío.

Shelüne estaba bastante desierta a esas horas, la mayoría de los artistas que vivían allí habían aprovechado el largo puente que les había concedido Ángela para tomarse un respiro y relajarse un poco del estrés de las últimas semanas, y yo solía aprovechar esos momentos para poder ir de un lado para otro y recorrer el amplio edificio con total libertad.

Me calenté un enorme cuenco de pasta del medio día y decidí acompañarla con una gran tarrina de helado de tarta de queso y fresas silvestres y un bote entero de patatas con sabor a miel y mostaza.
Era una mezcla asquerosa, lo sé. Pero me la comí como si llevase días sin probar bocado, y me supo a gloria.

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto de la comida, de hecho en mi vida había comido tanto sin reventar antes. Pero me sentó de maravilla.

Después busqué una película que me gustase en la gran filmoteca que teníamos en Shelüne y me tumbé en el sofá de la sala de descanso para verla esperando que llegase pronto Janne para contarle lo bien que había ido todo.
Elegí la película de Tristán e Isolda, que ya la había visto antes pero me encantaba. Y lloré como una boba con el final. Así que aproveché tanta sensiblería para buscar otra peli dramática y desahogarme un poco más al ver aquellas historias de amor condenadas al fracaso que tanto me recordaban a lo mío con Thaerion.

Cumbres Borrascosas. Perfecto.

Qué ganas tenía de joderme la noche pensando en él. Con lo bien que había salido todo.

Pero no llevaba ni la mitad de la película cuando volvió a sonar mi móvil, y me fastidió mi noche perfecta de tragedias románticas. A esas alturas del día ya odiaba ese trasto con toda mi alma.

- Dime Violeta – respondí algo ofuscada por el corte en la parte más interesante de la película.
Justo cuando Heathcliff suelta su gran discurso cargado de dolor y resentimiento ante la señora Dean después de qué…bueno, mejor no os la cuento.

-          Alice… - su voz sonaba débil, lejana, y la acompañó un sollozo.

Silencio.

-          ¿Violeta? – miré confusa la pantalla del móvil para ver si me había colgado.

Al principio imaginé que el tío la habría plantado o algo o se la había liado, como ya había pasado en otras ocasiones con otros. Por lo que no me preocupe más de lo necesario.

Pero lo siguiente que escuché borró cualquier rastro de confusión y lo convirtió en temor.
Era un grito horrible, de auténtico pavor. Y provenía de mi amiga.

-          ¡Violeta! – exclamé - ¡Violeta! ¡¿Dónde estás?!

El sonido de la llamada finalizada fue la única respuesta que obtuve.

-          ¡Violeta! – volví a gritar, aun sabiendo que ya no podría contestarme.

Y no lo pensé. Dejé todo tal y como estaba y salí del refugio de Shelüne en busca de mi amiga.

Adiós planes y seguridad anti vampiros. Me había durado poco la cautela.

domingo, 22 de marzo de 2015

¡Nuevo capítulo!

¡Buenas noches!

Aquí os dejo un nuevo capítulo de la serie, disculpar por los errores que haya podido cometer, sobre todo aquellos más técnicos relacionados con la operación, no he querido profundizar mucho en ella para no meter demasiado la pata, pero seguro que se me ha escapado algo.

En el siguiente volveremos a ver a Alidaen, que ya tocaba, y nos acercaremos aún más al final de la temporada, a la que le faltan ya cuatro capis más.

Estoy intentando tardar menos en actualizar para dejarla lista pronto y poder introducir un par de relatos que ya tengo escritos, que como ya comenté por Facebook serán algo subiditos de tono e incluirán a personajes secundarios de la historia.

Y bueno, de momento no tengo mucha más que decir. ¡Espero que disfrutéis de la lectura!

¡Un besazo!

Capítulo XXX: El fondo del lago

(Recuerdos de Graham, tres años antes)


-          ¡Pasa!
Hamming la agarraba del pelo mientras la conducía hasta el interior del edificio.

Era muy bonita, pero tenía la cara congestionada por el miedo. Graham no pensaba que fuese tan joven.
Los perros ladraron ante el escándalo que estaban montando y el cirujano cerró las puertas de la valla antes de que pudiese pasar alguien.

El coche de Hamming estaba aparcado de mala manera en medio de jardín y le había destrozado uno de sus gnomos favoritos.

- Entra de una vez – le ordenó dándole un firme empujón que la hizo tropezar contra el escalón situado en la entrada.
Graham se agachó para ayudarle a levantarse, y la mirada suplicante que clavó en él le hizo sentirse culpable de inmediato. Pero no había marcha atrás, el trato ya estaba cerrado y nadie correría ningún peligro con aquello.

- Por favor…no me haga daño.
Era lo mejor para todos, se lo había estado repitiendo desde que el momento que aceptó aquella locura.

-          Vamos, vamos…no te va a pasar nada – intentó tranquilizarla usando el mismo tono de voz que había usado antes con su hijita cuando se caía y se rozaba las rodillas.

Hacía bastantes años de eso, pero aun recordada aquella época con cariño.
-          Lleva resistiéndose todo el camino y no se cansa. Me ha arañado la tapicería de cuero del asiento. ¿Tienes algo para tranquilizarla?

-          No creo que sea necesario – creía que usando un tono suave con ella funcionaría, conocía demasiado bien a Hamming cuando se enfadaba y era difícil no sentirse amenazado en su presencia. – Vas a ser una buena chica ¿verdad? – sonrió afablemente - Estás entre amigos.
La chica le miró fijamente y le dio un cabezazo en los dientes cuando se acercó más de la cuenta para acariciarle el pelo como si fuese un gatito desvalido.

Graham se llevó las manos a la boca soltando un penoso quejido que acalló con sus manos.

A Johan debió de parecerle divertido, pues soltó una risotada.
-          Te advertí que era algo salvaje. Ahora haz el favor y trae la dichosa morfina.

***

“Qué bonita es…”, le hubiese encantado poder acariciarla de otra manera.
-          Deja de mirarle así y haz tu trabajo – ordenó Johan.

-          S-si…ya voy.

Graham salió de su ensoñamiento y terminó de ajustar las correas a sus muñecas y tobillos.

Era difícil que despertase con la cantidad de morfina que le había suministrado, pero no estaba de más ser precavidos.

No le gustaba trabajar con espectadores, por lo general prefería algo más de intimidad con sus pacientes, pero Hamming se negaba a separarse de ella.
-          Como le pongas un dedo encima de manera inapropiada te lo corto – le había amenazado con uno de sus bisturís en la mano.

Graham le miró indignado. Nunca había abusado de sus clientas mientras dormían. Al menos no de esa forma.

Pero no podía negar que la idea en sí resultaba muy tentadora.

Era cierto que las había tocado antes, pero era parte de su trabajo, debía examinarlas bien para no cometer errores. Y a veces era imposible resistirse a una inocente caricia.

-          ¿Cuánto tardarás en hacerlo?
-          Tengo que hacer unas pruebas previas antes de realizar la histerectomía y la extracción de los ovarios. Es una muchacha sana y fértil, y no sabemos cómo puede reaccionar a una cirugía tan radical, normalmente sólo se aplican en mujeres con problemas muy graves que hacen que sea obligatorio extirpar.

-          ¿Cómo de grave te parece que pueda llegar a dar a luz a una criatura capaz de acabar con todos nosotros?

Viéndola allí tumbada era incapaz de creer que una jovencita tan pura como aquella pudiese cometer semejante acto. Aunque el Maligno poseía gran poder de convicción, y la mayoría de las veces los seres más inofensivos eran los primeros en caer tentados por sus mentiras.
Hamming le había abierto los ojos enseñándole cosas que, de no ser por las pruebas tan claras sobre su existencia, se habría negado a aceptar. Pero todo ello había servido para reforzar su fe y determinación.

El mal se cernía sobre ellos y había que impedir que se propagase con actos radicales pero necesarios.

***

Graham estaba muy confuso. Por mucho que examinase la pantalla donde se mostraba la ecografía no daba crédito a lo que veía.
-          No tiene ningún sentido…

-          Te dije que no era humana. ¿Sigues dudando de mis palabras?

Johan en cambio no parecía sorprendido, pero si impaciente y algo preocupado. No dejaba de observarla mientras dormía ajena a sus planes.

- Su útero, si es que se puede llamar así, no tiene ni el tamaño de una nuez, incluso el de una niña sería más grande, es como…si no se hubiese desarrollado del todo. Y no existen ovarios, ni trompas… ¿qué quieres que extirpe? ¿Y eso de ahí…? Parecen…raíces…o tentáculos… ¿se están moviendo? - negó para sí mismo. - Es imposible que esta niña pueda quedarse embarazada, Hamming. Es estéril.
-          Esta niña, como la llamas, es la única que puede portar el mal en sus entrañas. Y el mal puede tomar muchas formas.

-          Eso es cierto – admitió – pero de ser así por mucho que hagamos no habrá modo de impedirlo. El mal habita en todas partes, puede alojarse dentro de ella si se lo permite.

Sus palabras estaban cargadas de temor ante lo que podría pasar de ser ciertas las palabras de Hamming.

-          No habrá nada que alojar sin lugar para hacerlo – zanjó de golpe. – Extrae el útero, séllalo con masilla o haz lo que te dé la gana, pero hazlo rápido. Tú eres el experto.
En realidad nunca había practicado una cirugía así, no era su competencia, pero estaba bien informado. O eso creía hasta ver el interior de esa criatura.

Esperaba no tener que lamentar haber aceptado un trato así, no quería cargar con una muerte a sus espaldas.

***

Graham se secó el sudor de la frente con la manga. La operación no estaba saliendo como tenía pensado y había estado a punto de echarlo todo a perder en dos ocasiones.
Por si fuera poco la mirada de Hamming detrás del cristal le estaba poniendo cada vez más nervioso.

¿Por qué habría tenido que poner en sus manos tanta responsabilidad?

Lo que debería haber hecho, si tan peligrosa era realmente, es quitársela de en medio. Pero parecía demasiado unido a la muchacha y no se atrevía ni a insinuarlo en voz alta.

***

“Es tan hermosa”, pensaba sin poder apartar la mirada. Levantó con suavidad la sábana que cubría su pecho, bajo la fina tela blanca podía adivinar la forma de sus senos y  admirar el suave movimiento de éstos mecidos por su respiración.
-          ¿Cómo está?

Graham dio un respingo y se separó de golpe de la camilla al escuchar su voz. Johan le miró ceñudo, pero tuvo la amabilidad de no hacer ningún comentario.

Con suerte no se habría dado cuenta de lo que estaba mirando.

-          Mejor, mejor. Estaba comprobando el estado de la cicatriz. Creo que apenas quedará marca.

-          Me alegro, así se olvidará antes de lo que ha pasado.

- Yo no estoy tan seguro, había momentos en los que hubiese jurado que estaba despierta.
-          Eso es imposible.

-          Lo sé, lo sé…pero…

-          Pero nada, espero que no se te ocurra hablar de esto con nadie.

-          Pues claro que no.

-          Bien. ¿Cuándo crees que despertará? Lleva así más de una semana.

-          No lo sé, pero está estable, no debe tardar en hacerlo. Ya ha pasado todo el peligro.

-          Has estado a punto de matarla.
Que le recriminase algo así le ofendía profundamente. Había hecho todo lo que podía por ella e intentado que no sufriese. La operación había sido un éxito. Debería estar más agradecido.

Pero en cambio le miraba como si él tuviese la culpa de que esa joven no fuese humana.

- Pero no lo he hecho. Y debería haberte cobrado el doble.
-          Y yo debería haber dejado que te pudrieses en una celda cuando violaste a esa mujer en tu clínica.

Graham suspiró para sus adentros.

-          Espero que estemos en paz después de esto.

- Lo estamos. Ahora haz lo imposible por despertarla.
***

-          Se ha…escapado…

Trataba de parecer tranquilo, pero la forma en que Hamming lo miraba le asustaba.

-          ¿Cómo que se ha escapado?

- Esta mañana…cuando llegué a la clínica…había desaparecido.
-          ¿Quieres decirme que lleva toda la mañana desaparecida?

-          N-no…no sé cuándo pudo hacerlo, ni cómo…me aseguré de dejarla bien atada a la camilla.

Hamming le dio un empujón para apartarlo y se dirigió hacia el sótano donde se encontraba su laboratorio y clínica. Graham le siguió de cerca, sin atreverse a abrir la boca.

Al llegar, vieron la camilla donde había estado tumbada volcada, en el suelo había tirado parte de su instrumental junto a un afilado bisturí que Hamming alzó para que lo viese.
-          ¿Dejaste esto ahí encima?

-          Y-yo…no me acuerdo.

-          Ahora entiendo por qué te quedaste sin trabajo. Además de pervertido eres un pésimo médico y un inútil. ¿Por qué no le dejas las llaves de tu coche directamente, por si le apetece irse a dar una vuelta?

Parpadeó varias veces.
-          Mierda… ¡mi coche!

***

La muy zorra no sólo había logrado escapar, sino que había estampado su hermoso Mercedes contra la valla trasera del jardín y por el camino había atropellado a unos cuantos gnomos.
-          Al menos…no habrá ido muy lejos – comentó tratando de ser positivo.

Hamming le lanzó una mirada asesina.

- Reza para que la encuentre.
Tras decir esto corrió hasta su coche, que estaba aparcado en la parte delantera de la casa, y fue a buscarla con el bisturí en la mano.

(Hidden Springs, 12 de Marzo de 2011)

La luz del día me trajo de vuelta al presente, y al despertar me inundó el desagradable olor metálico de la sangre.
Me levanté dando tumbos y abrí la ventana para dar una amplia bocanada de aire fresco y tratar de controlar las arcadas.

Volvía a tener la desagradable sensación de haber estado comiendo algo en mal estado, aunque en esta ocasión pude reprimir las ganas de vomitar y mantener la serenidad.

Supuse que al no ser su sangre la de una criatura poderosa me costaría menos asimilarla.

Los recuerdos del cirujano seguían vivos en mi cerebro, pero en esta ocasión los había visto con más claridad y no eran tan confusos.

Era como si yo mismo hubiese formado parte de ellos.
Sabía lo que le habían hecho a Alidaen, la había visto en su cabeza, y también lo que ese cerdo había hecho en ese sótano bajo su casa con otras mujeres. Y aquello era suficiente para hacer que la muerte de ese viejo no pesase sobre mi conciencia.

Posé la mirada en la cama y observé su cadáver con gesto furioso.

Puede que no tuviese nada que ver con las muertes de esas mujeres que Avispa y yo estábamos investigando, pero no era un hombre inocente y merecía morir.

Al menos en esta ocasión me desharía de su cadáver sin lamentarlo.
Bajé hasta la cocina y bebí abundante agua, y me dispuse a preparar todo lo necesario para quitarlo de en medio sin llamar la atención.

Esperé hasta la noche para meter el cadáver en el coche, y aproveché las horas de luz para limpiarlo todo y quemar la ropa de cama sucia y todo aquello que pudiese haberse ensuciado en una de las chimeneas, que luego vacié meticulosamente para evitar que quedasen restos que pudiesen delatarme. También bajé hasta su sótano, y gracias a sus recuerdos pude acceder a toda la información útil que necesitaba para poder moverme por la casa sin activar ninguna alarma.

Recopilé algunos documentos en una carpeta y lo metí todo en mi mochila, también tomé algunas muestras del instrumental de su laboratorio para que Avispa lo analizase y ella misma pudiese comprobar que Graham contaba la verdad sobre su inocencia en el caso de las mujeres asesinadas.
Aunque después de ver al cabronazo de Hamming en los recuerdos de Graham no podía asegurar que las manos del empresario no estuviesen manchadas.

Si Alidaen había tenido realmente algo que ver con su muerte no podía culparla. Sólo de pensar lo que tenía que haber sufrido me hacía desear que viviese para ser yo mismo quien acabase con su vida.

Pasé toda la mañana y la tarde asegurándome de dejarlo todo como estaba, y de que no aparecía nadie que pudiese dar al traste con mi huida.

El teléfono sonó un par de veces, pero salvo por eso nadie reparó en la ausencia de Graham.
También aproveché para llamar a Avispa y contarle por encima lo que había descubierto. Aunque la parte en la que mato al malo me la salté para que la llamada no me saliese tan cara.
Los perros seguían en el jardín, pero ni ellos parecían echarle de menos. Les llené con abundancia varios platos con comida y esperé que no tardasen en darse cuenta de la falta de su dueño.

Tras meter el cuerpo envuelto en el maletero de su propio coche, salí de la casa por la puerta trasera de la valla. La misma que hacía un tiempo, no sé cuánto exactamente, Alidaen había destrozado con el coche del cirujano.
Conduje por el sendero de piedra que se internaba por el bosque. No sé por qué, pero no podía quitarme de la cabeza la imagen del lago donde horas antes había estado observando fijamente.
Tras detenerme en una zona reservada para los coches, tuve que sacar el cadáver y cargarlo durante varios kilómetros hasta internarme en la zona más profunda del bosque y llegar al lago.

El lugar estaba vacío, tal como esperaba, y no tardé demasiado en llevarlo hasta la orilla para depositarlo allí y descansar unos segundos y refrescarme.

En la oscuridad, la superficie del agua se había convertido en un espejo gigante que reflejaba el cielo nocturno y las copas de los árboles que se alzaban para abrazarlo.
Me pareció una tumba demasiado digna para una criatura tan patética, y en seguida me arrepentí de haberla elegido para deshacerme de él.

Pero en cuanto traté de agarrarlo para cargarlo de nuevo y enterrarlo en el bosque, noté que algo lo aferraba con firmeza del pie.

Al principio pensé que se trataba de una rama enganchada en la orilla, pero al fijarme mejor vi que ésta se movía y alargaba para agarrarlo de la pierna y tirar de él con más fuerza.

La rama comenzó a tomar la forma de un brazo femenino, y al mirar hacia abajo dos esferas del color del oro se clavaron en mis ojos dejándome completamente abrumado ante su belleza.
Solté el cuerpo y en ese momento comenzaron a emerger del agua media docena de brazos que se aferraron al cadáver y lo arrastraron lentamente hacia el interior del lago. No pude hacer nada salvo observar la escena sin saber muy bien qué estaba pasando, y sin atreverme a asomarme mejor por si yo acababa también sufriendo el mismo destino.

El sonido de varias voces y risas femeninas me dejó sin habla.

¿Ninfas en ese bosque?

Como si quisieran responder a mi pregunta, una de ellas salió a la superficie meciéndose tan ligera como el agua, y al tocar con sus pies desnudos el suelo, vi que de éste florecía dejando un reguero húmedo lleno de vida allí donde pasaba.
Mi cerebro me pedía que me moviese, que huyese de ahí antes de que fuese demasiado tarde, pero la sola visión de aquella hermosa criatura me dejó anclado a la tierra como si mis pies fuesen raíces cada vez más profundas.

“Estoy perdido”, pensé cuando los brazos de aquel ser se alargaron hacia mí para abrazarme.

-          No tengas miedo…- susurró, y su voz se me antojó el sonido más bello que había escuchado en mi vida.

Y aunque fuese una locura me inundó una enorme calma al tocarme. Cerré los ojos y pude sentir su fresco aliento en mis labios. Olía a tierra mojada, a la lluvia sobre la hierba, a flores silvestres, a vida…a luz. A ella. Alidaen.
Abrí los ojos de nuevo y por unos instantes me pareció verla.

-          Debes ir a buscarla – me dijo, aunque no abrió en ningún momento la boca para pronunciar esas palabras.

Sus labios estaban curvados en una dulce sonrisa, pero sus ojos sin pupilas parecían preocupados.

-          Encuéntrala antes de que ellos lo hagan y tráela antes de que sea demasiado tarde.

-          ¿Traerla? Este lugar está a más de seiscientos kilómetros de Bridgeport.

- Ven.
Me ofreció la mano, y yo la tomé sin dudarlo. Había algo en ella que me inspiraba confianza.

Sin soltarle cogí mi mochila y ella me condujo hasta la orilla. Una vez allí colocó sus manos en mis mejillas y se inclinó para besar mis labios.
Cerré los ojos al sentir el agradable frescor que emanaba de su piel y me relajé al instante a pesar de la intimidad del gesto, que salvo una infinita paz no transmitió otros impulsos a mi cuerpo.

En ese momento noté como algo se aferraba a mis piernas y me arrastraba con suavidad hacia abajo.
Y antes de que pudiese reaccionar, me hundió hasta el fondo del lago.

viernes, 20 de marzo de 2015

PERSONAJE: Chloe Dubois (Avispa)

Música: Ben Howard - Oats in the water


“Voy a pillar a ese cerdo hijo de perra, y cuando lo haga deseará no haber nacido”

Rasgos Generales:

Nombre real: Chloe Dubois
Edad: 25 años
Raza: Humana
Origen: Bridgeport
Signo: Tauro
Color: Negro
Música: Punk
Comida favorita: Hamburguesa doble con queso y pepinillo.
Trabajo: Espía y hacker en “Las Sombras”
Aparece por primera vez en…Capítulo XIII (Primera Temporada)
Familia: Ángela (Hermana), Carol Dubois (Hermana), Aline Dubois (Madre)

Rasgos físicos:

Altura: 1, 55 m.
Peso: 45 Kg.
Ojos: Azules.
Cabello: Negro.
Detalles: Chloe es una chica bajita y extremadamente delgada, a simple vista podría confundirse con una adolescente poco desarrollada o incluso con un chico. Suele llevar el pelo muy corto rapado por  debajo y echado a un lado de la cara. Es muy difícil saber cómo se siente o en qué está pensado ya que su mirada y sus gestos suelen ser siempre neutros. Suele vestir con vaqueros gastados, cazadoras de cuero y camisetas de tirantes negras o de colores oscuros. Tiene piercings en las orejas, nariz, cejas, pezones, ombligo y la lengua y varios tatuajes, el más llamativo es un enorme dragón que ocupa su brazo izquierdo, hombro, espalda y parte del pecho.

Rasgos de personalidad:

Experta en ordenadores: Aunque dejó sus estudios en el instituto y nunca llegó a  formarse en ello, Chloe siempre ha tenido un talento especial para entender el manejo de los ordenadores. Su capacidad innata para retener y analizar la información, programar y su tremenda curiosidad han hecho que se convierta en una valiosa pieza de las Sombras y una gran investigadora y hacker.

Perfeccionista: Las cosas incompletas, mal hechas o mediocres no encajan en su forma de actuar y trabajar. Cuando algo no le interesa lo suficiente para esforzarse en hacerlo bien sencillamente no lo hace, pero si acepta un trabajo puedes estar seguro de que con casi total seguridad lo hará impecablemente.

Perspicaz: Chloe tiene memoria fotográfica, y es capaz de retener detalles en su cabeza de forma muy precisa, algo que la convierte en una valiosa investigadora.

Rebelde: Chloe no se rige por normas sociales ni de ningún tipo, tiene su propio código ético y prácticamente hace lo que le da la gana cuando le da la gana. Y tampoco le interesa lo que piensen los demás de ella, a quien no le guste su forma de actuar que se peine.

Sin sentido del humor: A veces puede ser bastante difícil tratar con ella, no sólo por su humor nulo o seriedad, sino porque es bastante inepta a la hora de entender el lenguaje no verbal y suele tomarse cosas como el sarcasmo o la ironía bastante al pie de la letra.

Cualidad especial: Memoria fotográfica.

Le gusta: La comida basura, el café, resolver problemas matemáticos complejos, fumar y el pvp en juegos online.

Odia: No le gusta nada cocinar ni limpiar, y en general las tareas domésticas. Odia a los hombres que odian a las mujeres (¿os suena?). Que le maten en pvp.

Defectos: Chloe tiene muy poca empatía y una nula capacidad para notar el malestar en los demás, por lo que se debe ser bastante claro con ella para que entienda las cosas, sin medias tintas ni indirectas. Puede resultar bastante borde y seca, pero no significa que no se preocupe por las demás personas, sino que le cuesta entenderlas. Su forma de ser tan cerrada y compleja la convierte en una persona bastante inadaptada socialmente, que prefiere estar sola o rodearse sólo de un círculo muy cerrado de confianza.

Virtudes: Chloe tiene un código moral muy estricto, que le hace tomar parte de forma muy activa e implicarse cuando ve por ejemplo un claro abuso de poder o una injusticia. Puede llegar a ser una gran aliada gracias a sus grandes dotes como investigadora, y conseguir información que pocas personas podrían llegar a lograr por métodos normales.

BIOGRAFÍA:

Pasado:
Chloe nació en Francia y junto a ella lo hizo también Carol Dubois, su hermana menor por minutos.
Antes de sus nacimientos, su madre tuvo otra hija, y antes de eso fue una reconocida actriz en su país que prácticamente dejó de trabajar al conocer al que se convertiría en su esposo y padre de sus hijas.

De su infancia, Chloe guarda con recelo gracias a su memoria todos los momentos vividos con su familia, especialmente aquellos que marcaron su carácter y la traumatizaron desde muy pequeña.

Tuvo que crecer viendo a su padre borracho aprovecharse de su madre continuamente y darle palizas, y tuvo que hacerse fuerte por ella y por su hermana pequeña, protegiéndola en todo momento de los breves momentos en los que su padre, harto de los ruegos de su esposa les prestaba atención a “sus pequeñas zorrillas”, como él las llamaba cariñosamente.

Por suerte y por desgracia, toda esa pesadilla acabó el día que su padre se pasó de la raya y acabó con la vida de su madre, siendo detenido inmediatamente y metido en la cárcel.

Tras la muerte de Aline, su hermana Ángela se hizo cargo de ellas llevándoselas a un piso de alquiler y trabajando noche y día a la vez que compaginaba sus estudios para poder mantenerlas.

Chloe y Carol fueron al instituto como cualquier chica de su edad, y mientras la pequeña se hacía popular y trataba de olvidar todo lo ocurrido con mayor o menor éxito, Chloe albergaba en su cabeza las escenas más duras de su pasado, especialmente del día en que su madre murió, pues ella fue la única que vio cómo la mataba.

Chloe llegó a odiar ese “don” que le hacía recordar todo con horrible exactitud, y se llegó a odiar a sí misma por no haber podido defender a su madre del cabrón que les arruinó las vidas. De modo que pasó su adolescencia sumida en una espiral de remordimiento y rabia que marcó su forma de ser hasta el presente.

Actualidad:
Chloe casi nunca habla de sí misma y mucho menos de su pasado, bastante tiene con recordarlo día tras día. Y su presente consiste en ayudar a matar a vampiros y disfrutar a su manera de los pocos momentos que tiene para sí misma.

La mayor parte de su tiempo libre lo emplea enfrascada en una investigación personal muy importante para ella, que no piensa abandonar hasta descubrir lo que quiere.

Desde la niñez siempre ha mostrado un carácter rebelde y agresivo hacia todo aquel que intente aprovecharse del más débil, y debido a sus experiencias decidió luchar activamente en contra de éstas personas, especialmente contra los vampiros, a los que no les tiene mucho aprecio por culpa del ex novio de su hermana Ángela.

Actualmente trabaja para las Sombras, y aunque es la única humana sin poderes sobrenaturales que pertenece a la Organización, se le considera de los miembros más valiosos gracias a sus dotes informáticas y sus capacidades como investigadora.

Mantiene una relación con Mantis, miembro también de las Sombras, con la que tiene cierta afinidad a pesar de ser vampiresa, pero hay algo que no permite, y es que ésta le imponga nada ni use sus poderes con ella, y ni mucho menos que se alimente de su sangre.
Aunque se conocen desde la adolescencia y han pasado muchas cosas juntas, Chloe no tiene intención de atarse ni da muestras de confiar completamente en su pareja. Sabe que Mantis haría cualquier cosa por ella, pero no ha llegado a perdonarle que se transformase en aquello que más odia.

Voz del personaje:

María Moscardó (Lisbeth Salander)


Si fuese real sería como…

Noomi Rapace (Actriz)
No podía ser menos, ya que la basé en este personaje. He elegido la versión de Lisbeth sueca pues es la que personalmente más me gusta (la actriz es mi debilidad), y es la primera que hizo que me enamorase del personaje y leyese las novelas.

Fuentes de inspiración:

Lisbeth Salander:
No es que sea una fuente de inspiración, es que es directamente una adaptación propia de Lisbeth al mundo de Hijos de Édora, por lo que dejo muy claro que este personaje no me pertenece a mí ni mucho menos, sino que pertenece al autor de las novelas donde es protagonista (Saga Millenium de Stieg Larsson). Yo lo que he hecho ha sido adaptarlo a mí historia y tomarlo como ejemplo porque me encanta, tan sólo soy una fan más del personaje y he considerado que podría ser curioso tenerla dentro de las Sombras ^^

Aunque la trama no es la misma, las claves de ésta están basadas en la historia de Lisbeth Salander en las novelas (hermana gemela, pasado tormentoso debido al maltrato de su padre hacia su madre, personalidad, memoria fotográfica, síndrome de Asperger, dotes de hacker, nombre en clave, etc.)

También quiero dejar muy claro que en la novela principal este personaje no sale, y que sólo hace su aparición en el blog, al igual que hacen otros cameos personajes de otros autores como Zevran y Fenris del Dragon Age.

Antigua apariencia del personaje:
Avispa ha sido uno de los personajes que ha sufrido cambios físicos rotundos a lo largo de la serie, a partir del capítulo XXVI cambié el Sim que usaba para ella por uno que se ajusta mejor al personaje.

domingo, 1 de marzo de 2015

¡Y se desveló el secreto! (Nuevo capi)

¡Buenas noches chic@s!

Aquí os traigo un nuevo capi, y puedo decir que en él se descubrirá por fin uno de los misterios de la serie mejor guardados, aunque supongo que más de uno y una ya se imaginaba de qué trataba el asunto.

Pido disculpas por los fallos que tienen algunas imágenes, como que las sábanas de la cama estén hechas y que el arma de Thaerion no esté bien posicionada en algunas poses, pero tuve que crear algunas yo misma y no tenía ni tiempo ni ganas para aprender a hacer la pose ajustando el accesorio.

Por lo demás espero que el capi os guste y no se os haga muy pesado a los que no os gusta demasiado las partes de investigación. 

¡Un beso muy grande y espero poder traer el siguiente relativamente pronto!