lunes, 29 de junio de 2015

RELATO: Vuelta al Hogar VI

❧❃❧ RELATO: Vuelta al Hogar VII ❧❃❧

~♫~ Música: Fallen Through Time ~♫~

Los días, las semanas, los años…pasaban demasiado rápido en aquel sueño que era mi pasado.
Casi todos igual de tediosos.

De vacíos…

¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Qué había hecho para ser quién era? ¿Qué me motivaba? ¿A qué me dedicaba?
¿A quién amaba?
Estaba sentado bajo un árbol, dibujando en una especie de pergamino que reposaba en la superficie de un libro que tenía sobre mis muslos.

- Imposible – dije al trozo de papel, antes de arrugarlo y tirarlo frustrado al suelo. - No te recuerdo.
Intenté ver el dibujo, pero no podía moverme. Era sólo un espectador.

Pero alguien más, movido por la misma curiosidad, se acercó para mirarlo.

- ¿Quién es? – preguntó una voz infantil.
Era un niño que no llegaría a los siete años al que mi otro yo hizo caso omiso, pues estaba concentrado en un nuevo dibujo.

- ¡Ala! ¡Está desnuda! – exclamó abriendo los ojos sorprendido - ¡Y tiene tetas!

Tras escuchar los gritos del pequeño vi cómo alzaba la vista de su pergamino e intentaba, sin éxito, agarrar al niño de la pierna antes de que éste se escabullese.
-          ¡Dame eso!

-          ¿Quién es? ¿Quién es, tito Thari? – inquirió el pequeño, agitando el dibujo como si de una bandera pirata se tratase.

-          ¡Nadie que deba importarte!

- ¿Es tu novia?
-          ¡Dámelo!

Una vez más intentó agarrarle, y éste, al verse casi atrapado, volvió a salir corriendo riendo y creyendo que estaban jugando.

La verdad es que por el gesto que tenía al correr tras él, parecía que yo también estaba pasándome bien, dejando que el crío se saliese con la suya en más de una ocasión para alargar la “caza”

- ¡Tito Thari tiene novia! ¡Tito Thari tiene novia! – canturreaba entre risas.
-          ¡Te vas a enterar cuando te pille, renacuajo!

Las risas y los juegos se alargaron un poco más, y yo disfruté tanto como ellos al ver un momento de mi pasado que me causaba una agradable pero a la vez melancólica sensación de pérdida.
Una parte de mí echaba de menos a esa criatura inaguantable.

-          ¿Y qué pasa ahora si te lanzo al fuego? ¿Cómo crees que sabrán los grumetes asados?

-          ¡Mal! ¡Muy mal, tito! ¡De verdad!
-          ¡¿Lo probamos?!

-          NOOOOOO jajajaja
Pero la diversión acabó al hacer su aparición una nueva figura.

Esta vez la del imponente guerrero de pelo plateado al que recordaba como mi hermano.
-          ¿Qué hacéis?

Vi cómo arrebataba el dibujo de las manitas del pequeño y éste, algo intimidado al ver su furioso gesto al contemplarlo, se escondía rápidamente detrás de mis piernas.
-          Theran, ya es hora de que vuelvas a casa – dijo con voz calmada pero autoritariamente, apartando la vista del pergamino. – Tu madre te está esperando.

-          ¡Pero yo no quiero bañarme! ¡Soy un pirata! ¡Y los piratas no se lavan! – protestó, mordiéndose el labio de forma infantil al imaginar que no le quedaba más remedio que hacerle caso.
-          Eres demasiado guapo para ser un pirata, enano.

-          Mejor, así podré casarme con una sirena.

-          Pero a las sirenas les gustan los hombres limpios, por algo viven en el agua la mayor parte de sus vidas.

Kheran no interrumpió nuestra conversación y esperó pacientemente a que lo convenciese para que se fuera. El crío frunció el ceño y me miró con los ojos brillando con una inocente curiosidad antes de apartarse de mis piernas.

-          Tito Thari… ¿tu novia es una Dalar? ¿o quizás una sirena? – preguntó antes de marcharse.
-          No me hagas repetirme, Theran – le advirtió mi hermano.

-          Vaaale…

Después de que se fuera, el Vanar volvió a fijar la vista en el dibujo. Y tras fulminar con la mirada a mi yo pasado, lo convirtió en pedazos tan pequeños que de haber querido habrían servido como puzzle de mil piezas para mi sobrino.

-          Más te vale estar bien centrado para tu próximo trabajo.

- Siempre lo estoy – contesté con arrogancia.
-          ¿Perdiendo el tiempo con estas tonterías? – señaló el suelo donde reposaban algunos fragmentos.

-          Cada uno emplea su tiempo libre en lo que le gusta. ¿O prefieres que lo haga en el Lecho fornicando con furcias como tus hombres?

-          Si eso te hace olvidar lo prefiero, sí.

-          Así de paso contribuyo en el negocio familiar… ¿desde cuándo somos regentes de un burdel aparte de esclavistas?

- Desde que padre se casó de nuevo.
-          Te gusta tan poco como a mí.

-          No pienso discutir esto ahora.

-          Tú no discutes nunca nada que tenga que ver con él. Siempre aceptas todo lo que hace y dice aunque no estés de acuerdo. ¡Hasta Tanathya estuvo en contra!

-          Padre siempre ha querido lo mejor para la familia, y mientras sea así puede rehacer su vida con quien quiera. Sabes tan bien como yo lo mucho que sufrió tras la muerte de nuestra madre.
-          ¡Pero es una bruja! ¡No merece ocupar su lugar!

-          Se acabó, aquí tienes – se acercó y colocó un pergamino enrollado sobre mis manos, esperando a que lo leyera.

-          ¿Qué es esto? – pregunté mientras lo desenrollaba.

- Tu próximo trabajo.
Le eché una rápida ojeada, no recordaba qué ponía pero imaginé que el trabajo no me entusiasmada por el gesto de hastío que me vi poner al leerlo.

-          ¿Otra caza?

-          Los dalariel son nuestra presa – zanjó. – No olvides capturarlo si todavía nos puede ser de utilidad.

- ¿Para qué Thalassia lo use como su nueva “joya”? – pregunté con cierta sorna.- Estaría mejor muerto.
-          O para extraer información valiosa para la guerra, tal y como requiere el trabajo que desempeñas de forma tan centrada – respondió haciendo uso de la ironía.

Después de decir aquello se marchó, dejándome a solas con un pergamino a medio acabar, en el que vi posar la vista una última vez a mí otro yo.

- Sé que existes, y no dejaré de buscarte nunca…mi dalariel. Solo espérame…

viernes, 12 de junio de 2015

Un nuevo fragmento de la historia ;)

¡Buenas noches a tod@s!

Por fin he terminado de montar este capítulo y puedo darlo por finiquitado con esta tercera y última parte, aunque aún nos quedan dos capítulos más y el epílogo para acabar con esta temporada. 

Espero que os esté gustando como va la cosa y os queden ganas de más, porque ya os digo que a partir de aquí va a ser un no parar y se avecinan algunas escenas un poco fuertes, por llamarlas de alguna forma jijiji a ver qué os parece el final ;)

Por otro lado, ya estoy sacando las poses que necesito para publicar el primer capítulo de una serie de varios relatos, que como os comenté por Facebook serán un poco subiditos de tono y tendrán como protagonistas a personajes secundarios de la historia. Como adelanto os diré que el protagonista del primero es Serpiente y espero subirlo antes de acabar esta temporada.

Y de momento creo que no tengo nada más que contar, así que me despido. ¡Un abrazo y muchísimas gracias por pasaros y leer!

CAPÍTULO XXXII: Capturada III

Estar atada en esa camilla me traía malos recuerdos…

Recuerdos que ni sé cómo puedo llegar a conservar, pero que me seguían martirizando en situaciones en las que me veía impedida de algún modo.
-          ¡Por favor! ¡Os prometo que no intentaré escaparme de nuevo! Pero os lo advierto… ¡¡¡Cómo no me saquéis de aquí os patearé el culo!!!

Sabía que era inútil, pero aun así trataba con todas mis fuerzas de huir de aquel lugar, de alejarme de las terribles pesadillas que volvían a transportarme a un pasado que llevaba queriendo olvidar demasiado tiempo.

¿Por qué me estaba pasando todo aquello? ¿Y por qué demonios se empeñaban en hacerme creer que era todo por mi propio bien?

Hamming decía lo mismo mientras observaba mis entrañas sin inmutarse detrás de un cristal.

-          ¡¿Qué está pasando aquí?!
Sabía que me estaban escuchando, que en alguna parte de aquel condenado lugar me observaban como si fuese un conejillo de indias al que poder utilizar,  al que poder abrir…analizar…

¿Acaso se estaba repitiendo de nuevo? ¿Es eso lo que querían de mí?

-          ¿Por qué me hacéis esto…? – pregunté sin poder evitar que mis sollozos entrecortasen mis palabras.

Era incapaz de pensar con claridad y de analizar lo que sabía por el miedo, ni siquiera era capaz de imaginar quién estaba detrás de todo eso.
Hamming estaba muerto, y no conocía de nada a ese tal Markus… ¿era un vampiro?

Empezaba a dudar de que ellos estuviesen detrás de aquello, salvo él todos los demás parecían estar vivos, pero tampoco era algo que podía asegurar. Dos de los guardias que había conocido estaban demasiado pálidos para ser humanos, y la chica…bueno, ella estaba claro que no lo era.

Además, habían hecho lo posible por sacarme de Shelüne a propósito. Hasta sabían mi número. Seguro que el odioso vampiro estaba detrás de todo y se estaría riendo a mi costa.

- ¡DALE! Si me estás escuchando… ¡Vete a tomar por culo! ¡Tú y todos los de tu especie! ¡Os odio a todos!
Música: Ludovico Einaudi - Divenire

Estaba fuera de mí misma, y no me extrañó que al final apareciese uno de esos tipos con bata blanca que se hacen llamar médicos y en realidad sólo son unos sádicos de mierda. Hasta llevaba una de esas jeringuillas enormes, para tratar de apaciguarme un poco, supuse.

Al abrirse la puerta y entrar, la voz de uno de los guardias que vigilaban desde fuera resonó en toda la sala.

-          ¿Quién es usted y a qué ha venido?

- Soy el doctor…- pude ver por el rabillo del ojo que miraba de forma poco disimulada la chapita de su bata – Sanders. He venido a suministrar este calmante a la paciente por orden del señor Larssen.
-          El señor Larssen ha dado la orden de que nadie se acer… – la voz se cortó de golpe, y desde dentro se pudo escuchar el grito del guardia que me vigilaba seguido de un golpe seco contra la pared.

-          Ops…mierda. ¡Plan B!

- Le miré sorprendida mientras él tiraba la jeringuilla al suelo y comenzaba a desabrochar las correas que me ataban a la camilla.
-          ¡Tú eres el chico de antes...! – exclamé.

-          ¡Hola! Encantado de verte de nuevo…pero ahora mismo me pillas algo liado.

El pobre estaba tan nervioso que no atinaba a liberarme.

-          ¡¿En serio Theran?!

La mujer de pelo plateado entró echando humo en la sala, y traté de incorporarme para defenderme al verme liberada de las piernas.
-          ¡¿Es que eres tan inútil que hasta te cuesta memorizar un puñetero nombre?!

-          Para que luego digas que soy incapaz de sorprenderte – contestó él de forma chulesca.

-          Eres un necio, y vas a conseguir que nos maten a los tres - refunfuñó ella ayudándole a desatarme.

-          Que yo sepa nadie te ha obligado a meterte en esto.

-          Alguien tenía que evitar que cometieses una estupidez.

-          Si, y ahora la estamos cometiendo los dos. Así que deja de quejarte y ayúdame a sacarla de aquí.

- Vosotros quitarme estas correas y ya me saco yo sola, gracias.
Agradecía mucho su ayuda, pero ni deseaba ponerles en peligro ni que pensasen que era una inválida. Además, si no les interrumpía imaginaba que se podrían quedar discutiendo todo el día hasta que los descubriesen.

-          ¿Puedes moverte? – preguntó él, ayudándome a ponerme en pie una vez libre de las ataduras.

-          Creo que sí – contesté afianzándome al suelo y comprobando que no sentía nada raro salvo un leve tirón en las piernas a causa del brusco cambio de postura.

-          Tenemos que largarnos cuanto antes de aquí – nos recordó ella. – El señuelo no durará mucho tiempo.

El chico se quitó la bata y la tiró al suelo teatralmente, dedicándonos una sonrisa triunfante mientras se señalaba el pecho con el pulgar.
-          ¡Ah! ¡Qué recuerdos! ¡Añoro la vida de pirata!

-          ¡Deja de hacer el imbécil y camina!

-          ¿Me has traído el sombrero?

-          ¡Lo he quemado! ¡Tira!

Los tres corrimos por el pasillo donde me había llevado a rastras y cruzamos por varios corredores hasta llegar a una habitación donde no había ninguna otra puerta, cerrándola a nuestro paso.

Podíamos escuchar el ruido de pisadas acercándose cada vez más.

-          ¡Debemos atrancar la puerta! – exclamó él.

Ambas nos apresuramos a empujar los pocos muebles que adornaban el cuarto para parapetarnos allí dentro mientras él se dedicaba a toquetear las paredes sin sentido alguno.
-          ¿Se puede saber qué haces? ¡Ayúdanos! – le recriminó ella.

-          ¡Buscar la salida!

-          ¿No decías que conocías este lugar como la palma de tu mano?

-          ¡La palma de mi mano es muy compleja!

- ¿Podéis decirme por qué me estáis ayudando? – pregunté sin aguantar por más tiempo tanta confusión - ¿Quiénes sois y qué es lo que quieren de mí?
Al menos, aunque nos pillasen, intentaría obtener respuestas.

Mi mirada se cruzó por unos instantes con la de la mujer, tenía los ojos de color violeta, y no pude evitar acordarme de la persona por la que había llegado hasta allí.

-          ¡Si huyo podrían hacerle daño a mi amiga! – continué. - ¡Es ella por quien estoy aquí! ¡No puedo irme sin más y dejarla sola!

Intenté volver a apartar los muebles de la puerta, pero ella me detuvo sujetándome con fuerza.
-          Markus se la llevó de vuelta a esa Compañía, él la pondrá a salvo.

-          ¡Pero él la trajo hasta aquí! ¡No puedo confiar en su palabra!

-          No puedo darte más explicaciones, pero debes creerme. ¡Tienes que salir de aquí ahora!

-          ¡La he encontrado!

Las dos giramos la vista hacia el chico de pelo negro y vimos como la pared de piedra que tenía a su espalda se abría delante de nuestras narices.

-          ¡Largaos! – exclamó ella. – Ya me encargaré yo de entretenerlos si entran.

-          ¡Ni en broma! No te pienso dejar aquí sola.

Theran caminó hacia nosotras y se colocó delante de la chica sujetándola por la cintura. Sus ojos grises brillaban cargados de decisión mientras ella alzaba la mirada hacia él con una ceja alzada y cara de póker. Él en cambio puso un gesto seductor que parecía tener más que ensayado para el momento.
Y yo me quedé tan absorta que durante unos segundos creí estar viendo el final de alguna de mis pelis favoritas, esperando, como no, el momento del esperado beso de despedida.

-          Como no me quites tus sucias manos de encima te corto los dedos uno a uno y te los meto por el culo, cuervo.

Aunque aquello desde luego no era el final que esperaba para una escena tan…intensa e inapropiada.

-          ¡Joder Yaila! ¡Qué forma de estropear el momento!

El chico la soltó algo ofuscado y se encogió de hombros.

-          En fin… ¡Nos vemos luego preciosa! - exclamó volviendo al tono desenfadado de antes para dirigirse después a mí. – Sígueme anda.
-          Gracias por todo – fue lo único que pude decir antes de salir por la puerta.

-          No ha sido nada – dijo ella.

Theran tiró de mi mano y la pared de piedra comenzó a cerrarse, haciendo que la visión de la sonrisa de medio lado de la chica desapareciese rápidamente.
-          ¿Quiénes…sois? – volví a preguntar una vez nos quedamos a oscuras.

Por lo poco que pude comprobar antes de que se cerrase la puerta estábamos en otro pasillo, pero a diferencia de los demás éste parecía no haberse visitado desde hacía mucho tiempo.

Olía a polvo, a moho y a humedad. Y tanto el suelo como las paredes estaban cubiertos de telarañas que reptaban por las paredes de piedra.

- Lo siento, pero no puedo darte muchas explicaciones. Tan sólo debes saber que pienso sacarte de aquí y que estoy de tu parte.
Yo no veía gran cosa, pero a pesar de no tener ninguna luz que nos guiase él se movía por allí como si llevase toda la vida caminando por esos pasillos a oscuras. Y no me soltaba la mano en ningún momento.

-          Pero… ¿por qué me ayudáis?

-          Porque se lo debemos.

-          ¿A quién?

-          A alguien.

-          Esa no es una respuesta – le recriminé.

-          A mi tío – contestó finalmente.

-          ¿Quién es tu tío? Antes también lo nombraste.

-          Sabía que me preguntarías eso.
-          Enhorabuena, eres adivino – contesté con sarcasmo.

-          Pues ahora no te lo digo – rechistó molesto.

-          Perdona…es que…estoy algo nerviosa, y este lugar me pone los pelos de punta.

-          Lo sé, a veces se me olvida el miedo que os da a las palomas los lugares oscuros. ¡Mira! – señaló el techo con la mano libre - ¡un nido de arañas!

-          No cuela – respondí sin alterarme.

-          Tsk…así no hay quien se divierta.

-          Nada de esto me parece divertido.
Seguí caminando, y algo pasó rozándome en el hombro haciéndome soltar un gritito estúpido.

Me lancé hacia delante y él aprovechó para detenerme y acunarme entre sus brazos protectoramente. En realidad quería embestirlo y seguir corriendo, pero no rechacé el gesto porque, en parte, me recordaba mucho a Thaerion. De hecho…desprendía un olor parecido, y su piel estaba igual de fría.

Y además estaba muy bueno.

Jejeje…
-          ¿Eres un Laremion? – me aparté para intentar observarlo mejor, pero no tuve mucho éxito por culpa de la oscuridad.

-          ¿Cómo lo has sabido?

-          Te pareces a ellos – aún recordaba los rasgos de su hermano, era imposible olvidar un rostro tan atractivo como aquel, y el de Thaerion era tan familiar para mí como el mío propio. – Sobre todo a alguien en específico.

-          Todos dicen que me parezco mucho a mi tío Thari.

-          ¿Thari?

-          Thaerion.

Volvió a tomar mi mano y tiró de ella para obligarme a seguir caminando.
-          ¿Él sabe que estás aquí? – pregunté.

-          Lo dudo.

-          ¿Sabes qué le pasó?

-          ¿A qué te refieres?

- No recuerda quién es...y tampoco se acuerda de lo nuestro…
Noté como estrechaba mi mano un poco al notar que mi tono de voz se apagaba al decir aquello. No sabía si había metido la pata al hablar de algo que no debía, pero tampoco es que me importase mucho.

- No fue su culpa. No creo que él quisiese olvidarse de ti, de hecho…creo que nunca llegó a hacerlo del todo.
-          Si lo hizo – admití dolida. – No sé qué narices le ocurrió en estos diez años, pero volvió y ahora se comporta como si fuese otra persona.

-          ¿Diez años? – preguntó extrañado. -  Por lo que sé estuvo varias décadas viviendo en Édora antes de que yo naciese.

-          ¿Qué…?

-          En serio, debe rondar los cien años – afirmó, volviendo a darme otro pequeño empujón para que no me detuviese.

- ¿Cómo es posible…? Teníamos casi la misma edad cuando nos conocimos. Y yo no llego a los treinta.
-          La única explicación que se me ocurre es que en Édora el tiempo debe pasar de una forma distinta a este mundo.

-          ¿Qué se supone que es Édora?

-          Mi mundo, el de él. Incluso el tuyo si lo poco que se de ti es cierto.

-          Todo esto es muy confuso…

-          Pero sabes que no eres humana ¿no?

-          Sí, algo de eso tengo entendido.

-          Verás…

Intuí cómo se agachaba para sortear un saliente en el techo y tuve que hacer lo mismo para no chocarme, estaba tan centrado en darme explicaciones que no se acordaba de que estaba haciendo de guía, pero no quise interrumpirle pues necesitaba sus respuestas y por fin parecía dispuesto a darlas.
-          En Édora – continuó - tu raza y la nuestra lleva en guerra desde hace siglos.

-          ¿Estáis en guerra contra las ninfas? – pregunté extrañada.

-          ¿Ninfa? ¿Eres una ninfa? ¿Cómo en los cuentos?

-          Como si lo de pertenecer a otro mundo fuese de lo más normal.

-          ¿Y te va eso de bailar desnuda por el bosque y hacerlo con sátiros? – inquirió con una pícara curiosidad.

-          Voy a hacer como si no me hubieses preguntado eso y seguir caminando.

-          Si, mejor – carraspeó. – Bueno…el caso es que tú eres una dalariel, es decir, una habitante de Andhüne, el continente bañado por la luz. Y mi tío Thaerion y los Laremion formamos parte de una de las familias más antiguas e importantes del Vehlum, la capital de Shelüne. De hecho, por lo que se dice… - y esto parecía llenarle de orgullo por el tono que adoptó al continuar - nuestro antepasado Arathor fue el primer Vanar que existió.

- No tengo ni idea de lo que es un Vanar.
-          Un Vanar es un mortal, generalmente humano, que ha sido elegido por algún dios que habita en la Oscuridad y ha ascendido como una criatura superior. En Shelüne son venerados y respetados como si fuesen la representación de los dioses en el plano material, aunque hay de muchos tipos. Aquí donde me ves yo soy uno de ellos.

-          ¿Eres un “elegido de los dioses”?

Mi incredulidad podría haberle sentado mal, pero su risa retumbó por los pasillos de piedra y nos acompañó durante varios segundos.

- En realidad soy un negado, para que nos vamos a engañar – admitió con humor. - Pero soy un Laremion, y todos los miembros de mi familia se convierten en Vanar antes o después. Debe ser por algo que llevamos en la sangre, vete tú a saber.
-          Así qué… ¿tu familia está en guerra conmigo porque supuestamente yo nací en otro continente y eso me convierte en su enemiga?

-          Pues parece que si.

-          Qué estupidez – respondí finalmente. – Ni recuerdo haber nacido allí, toda la vida que conozco está aquí. No es justo que me odien por algo que no saben si es cierto.

-          Bueno…mi abuelo es un Vanar de mente muy cerrada y costumbres fijas. Cuando se le mete algo en la cabeza es imposible sacarlo de allí.

- Pues me parece algo mezquino y absurdo, y no lo entiendo. Lo siento… ¿tanto odio por esto? ¿es por eso por lo que estoy aquí?
-          No lo sé, supongo que debería haber algo más. Pero me temo que yo no tengo esas respuestas.

-          ¿Y por qué haces esto y les desobedeces si son tú familia?

-          Porque quiero a mi tío, y desde que tengo memoria sé que ha sufrido mucho por no poder recordar parte de su pasado, sobre todo aquel que creo que te incumbe. Él fue mi mentor y confió en mí cuando todos me tomaban por estúpido, él me enseñó casi todo lo que sé. Fue como un padre para mí, me protegió, me salvó la vida no sé cuántas veces…

La intensidad y el cariño con el que hablaba de él hizo que me embargase una sensación de orgullo y amor indescriptible por esa parte del hombre en el que se había convertido y que me había negado a conocer.

- Se nota lo mucho que le aprecias.
-          Si, bueno…sé que no es perfecto, y que hay algo oscuro en él que incluso a mí me da miedo. Pero no merece sufrir tanto. Él no tiene la culpa de lo de su maldición.

-          ¿Su maldición…?

-          Lo siento, pero he hablado más de la cuenta – se detuvo y comenzó a tocar la piedra hasta dar con algo. – Y ya hemos llegado.

La piedra comenzó a temblar y una nueva abertura en la roca reveló la salida del claustrofóbico subterráneo en el que llevábamos casi una hora encerrados.

La luz de la luna comenzó a bañar nuestros rostros, y comprobé con una nueva fascinación lo grácil y encantador que era el rostro de ese muchacho que tanto se le parecía.
-          Me encantaría poder acompañarte, pero debo volver con Yaila y echarle una mano. Me temo que a partir de aquí debes continuar sola.

-          No te preocupes, ya has hecho demasiado por mí – contesté realmente agradecida.

-          Lo que sea por la dalariel de cabello dorado – sonrió dándome un cálido abrazo.

-          ¿Te volveré a ver algún día? – pregunté devolviéndoselo  amistosamente.

-          ¡Pues espero que no! – exclamó divertido – Ya me ha costado bastante sacarte de este lío una vez como para tener que repetirlo.

-          Es cierto – sonreí. – Espero no meterte en muchos problemas.

-          No sería la primera vez que me meto en alguno. Pero te aseguro que soy un experto en salir de ellos – me guiñó el ojo.
-          Algo me dice que es cierto.

-          Por cierto… ¿puedo pedirte un favor?

-          Claro, lo que quieras.

-          Si le ves, no le hables de mí – me pidió, adoptando un gesto bastante más serio.

-          ¿Por qué? – repliqué. - Estoy segura de que le gustaría saber que estás aquí, quizás si te nombro le ayudaría a recordar parte de su vida.

-          Si él supiese que estoy aquí puede que se preocupe y venga a verme. Y si lo hace, mi familia podría atraparle. Que es realmente lo que supongo que quieren.

-          ¿Y por qué quiere atraparle tu familia? – inquirí extrañada.

-          Porque huyó de Édora y desapareció, y le están buscando para llevarlo de vuelta.

-          ¿En contra de su voluntad?

Theran suspiró y aferró mis hombros inclinándose hacia mí para encontrarse con mi confusa mirada.
-          No sabes de lo que son capaces de hacer. Debes mantenerte alejada de ellos, y también a él. Quizás…que no recuerde nada sea su mejor defensa.

-          Si lo que dices es cierto…quizás tengas razón - afirmé dolida, pues eso suponía que no debían despertar sus recuerdos, incluyendo los que me unían a él.

- Él te ama, estoy seguro – añadió reconfortándome con su certeza. – Apostaría lo que fuese a que si está aquí es por ti.
-          Yo también le amo, con todas mis fuerzas - admití emocionada.

Hacía mucho que no lo decía en voz alta y que no compartía esos sentimientos con nadie. Pero era cierto, por mucho dolor que me causase amaba a ese hombre más que a nada en ese mundo y cualquier otro. Era parte de mí, y si eran ciertas las palabras de su sobrino, yo también lo era de él, aunque no pudiese recordar lo que habíamos vivido juntos.
-          Espero que podáis llegar a ser felices algún día.

-          Gracias…

- ¡Y que me deis algún primito para enseñarle muchas cosas!
Me eché a reír y observé como se daba la vuelta  con esos ademanes suyos algo afeminados para dirigirse de vuelta al subterráneo.

-          Cuídate mucho.

-          Y tú, preciosa. ¡Cuida de mi tío en mi ausencia!

-          Creo que tu tío se sabe cuidar muy bien de sí mismo, pero lo intentaré.

Asintió con un guiño, y lentamente la roca comenzó a sepultarle dentro de la cueva apartándolo de mi vista.
- Adiós…Theran, me ha encantado conocerte.