jueves, 24 de abril de 2014

CAPÍTULO XXIV: Un agradable pero frío paréntesis.

(Bridgeport, 1 de Marzo de 2011)

Era día festivo en la ciudad y las chicas, al verme tan demacrada, me dieron unos días libres para que me relajase y me divirtiese un poco fuera de la Compañía.
 Rebecca, la mujer de Gas, me invitó a ir con ellos y con los niños a un parque de atracciones que habían abierto hacía poco, y yo acepté encantada, pues hasta ese momento no había pisado uno en la vida. Lande también se apuntó, y entre todos pasamos un día muy agradable y divertido.
 Una vez allí, nos encontramos de casualidad con Francessco que estaba pasándoselo bomba él sólo en la montaña rusa, y se unió a nosotros convenciéndome para que me subiese con él en esa atracción infernal que casi me hace echar el desayuno ahí mismo.
 -          ¡Vamos Alice! ¡Si es muy divertido! – gritaba entusiasmado Lande, que iba un vagón por detrás nuestro y se lo estaba pasando pipa con su sobrino.

-          ¡No quiero morir!

-          Jajaja ¡No sabía que fueses tan miedica! – exclamó Fran mientras me quitaba las manos de los ojos para que viese la caída a la que irremediablemente nos acercábamos poco a poco.

- ¡No soy miedica! - respondí tratando de hacerme la valiente y no gritar - ¡AAAAHHHHH!
 Sin éxito claro.

-          Jajajaja ¡Esto es una pasada!

-          ¡Sin manos, tito!

- ¡Yuhuuuuu!
 Pero la verdad es que después de la tercera ya me acostumbré y empecé a divertirme tanto como el resto.

Había zonas donde pasábamos por debajo de enormes chorros de agua, y otras donde una especie de peces mecánicos saltaban sobre nosotros como delfines. Eran mis favoritas, aunque acabásemos empapados yo adoraba sentir el agua fresca cayendo sobre mi rostro.
 Era una sensación muy emocionante, y seguramente si no fuese por el delicado estado de salud de mi estómago, seguramente habría disfrutado más...
 Pues al final acabé en el baño como suponía que haría al subirme en la montaña rusa.

-          ¿Estás bien cielo?

Me había encerrado en una de las letrinas del solar para vomitar y Rebecca se acercó algo preocupada al ver que no salía, acompañándome después hasta uno de los bancos del parque.

En ella había una réplica en piedra de uno de los personajes más influyentes de nuestro mundo, un tal Twallan, que al parecer había hecho grandes avances para ayudar a hacer nuestras vidas más agradables y sencillas.

-          Si… – sonreí para que no se preocupase y di un trago a la coca cola que me ofreció para refrescarme. – Creo que me pasé con la montaña rusa.

-          No deberías subirte a esos sitios en tu estado –respondió de forma maternal.
 -          Es que me convencieron… – comencé a explicarme - espera… ¿Qué estado?

Se echó a reír al ver la cara que puse.

-          Tranquila mujer, que no lo digo por nada raro – aclaró – es sólo que se nota que no estás bien.

-          Ya…no sé, será el estrés. O el cambio de tiempo.

La verdad es que hasta yo empezaba a preocuparme, nunca había estado enferma más de un par de días a lo sumo, y ya llevaba así cerca de tres meses.

-          ¿Y por qué no vas al médico y sales de dudas? Si quieres puedo acompañarte.
 A estas alturas todo el mundo sabía ya de mi aprensión hacia los médicos, pero por mucho que me preguntasen siempre me cerraba en banda y no quería saber nada del tema.

-          Ya me siento mucho mejor – contesté evadiendo la pregunta – No hace falta, de verdad.

Rebecca no parecía muy convencida, pero tampoco quiso insistir más y se llevó una mano a su abultado vientre.

-          Cuando yo me quedé embarazada de Duncan estaba más o menos igual, por suerte tras el primero los otros dos embarazos los he tenido bastante normales.
 -          ¿Duncan fue tu primer hijo? Pensaba que Jack y Sally…

Aunque eran algo morenos para ser hijos de Gas.

-          No, a ellos los adoptamos cuando eran muy pequeños – sonrió – Gas y yo teníamos problemas para engendrar y decidimos hacernos cargo de los dos como si fuesen nuestros hijos. Y les queremos tanto como al resto, son unos chicos estupendos.

-          Tenéis mucha suerte, ojalá yo pudiese tener una familia como la vuestra.

Lo dije sin pensar, pero era lo que sentía realmente. Supongo que el hecho de no poder tener un hijo propio me hacía desearlo inconscientemente.

-          ¿Y por qué no vas a tenerla? Eres muy joven todavía, y estoy segura de que tienes un montón de pretendientes.

En ese momento miró sonriente a Francessco, que estaba con Lande jugando a aporrear enanos en una máquina sin enterarse de nada.
-          Aunque quisiera no podría – confesé tratando de no parecer muy afectada por ello.

-          ¿Y eso?

-          Es…difícil…- traté de buscar el modo de explicarme sin tener que revelarle demasiado. – Hace años tuve unos problemas…y bueno…la verdad es que no funciono como la mayoría de chicas de mi edad. Reproductivamente hablando.

Rebecca me miró extrañada, y no era para menos, me explicaba fatal. Pero era la primera vez que hablaba del tema abiertamente y me costaba encontrar las palabras para hacerlo.


-          No lo entiendo… ¿Pero el período te baja normalmente?
 -          ¿Período?

-          Si, la regla. Ya sabes, cuando ovulas cada mes…- esta vez la que parecía confusa era yo, por lo que abrió los ojos de par en par sorprendida – espera…no me digas… ¿No has tenido nunca un sangrado?

-          Bueno si, a veces me he caído y me he hecho daño. Sobre todo cuando era pequeña…- me quedé pensativa unos segundos, y entonces caí en la cuenta de lo que hablaba. Por raro que pudiese parecer yo no estaba muy familiarizada con ese tipo de temas tan normales para otras mujeres, y lo que otras consideraban extraño yo lo veía de lo más normal – No, no de ese modo. Yo nunca he tenido sangrados mensuales.

-          Oh…vaya – por unos segundos no supo qué decir, pero finalmente terminó sonriéndome para no hacerme sentir mal – Diría que lo siento, ¡pero no sabes la suerte que tienes! – trató de animarme – No sabes lo molesto que puede llegar a ser.
 Yo le devolví la sonrisa y me encogí de hombros, tampoco es que pudiese quejarme de algo que nunca he sentido.

-          Si quieres podemos ir con el resto – terminé diciendo al verla algo incómoda y preocupada por mí. – Creo que Gas te necesita.

Nos echamos a reír al verlo tratando de quitarse de encima a Duncan, que estaba enganchado a su pierna, mientras la pequeña reclamaba su atención para que le subiese en un barco pirata que ya estaba ocupado por otra niña.
 -          ¡Cuando quieras te presto uno de los míos!

-          Jajaja seguro que no tendría tanta paciencia como vosotros.

Rebecca me guiñó el ojo, y con una amable sonrisa se disculpó para ir en su ayuda.

Yo decidí acercarme donde estaban Lande y Francessco y jugué un rato con ellos, y hasta batí un nuevo record al aplastar a un montón de vampiros mecánicos con el martillo de gomaespuma.
 -          ¡Ala! ¡Eres un hacha aporreando bichos! – exclamó el rubio - Acabas de superar mi puntuación.

Francessco Y Lande me miraron como si aquello fuese algo difícil, y éste último lanzó una miradita divertida al otro.

-          Oye, cuidado con ésta que es un peligro.

-          Tengo suerte de no ser un vampiro – respondió él rascándose la nuca nervioso.

-          Bueno pareja, voy a ver cómo va mi hermano.
 Lande nos dedicó un guiño y nos dejó solos. Francessco me miró cómo si él no hubiese tenido nada que ver con eso y se sonrojó un poco.

-          ¿Estás ya mejor? Parecías algo mareada antes.

-          Si, ya estoy bien.

-          Me alegro…ummmm… ¿Te apetece un helado?

-          ¿Con este frío? No me apetece mucho, pero gracias.

-          Ya…sí, es cierto… - pensó de nuevo algo tenso - ¿Un café?

-          Estaría bien – contesté sonriendo para intentar tranquilizarle.

-          Bien…vamos allí.

Nos acercamos a uno de los muchos puestos que había por la feria donde servían café recién hecho de distintas clases, y me invitó a un capuchino cargado de espuma y con canela por encima. Estaba riquísimo, y agradecí el calor que desprendía a través del cartón en mis manos.
 La primavera estaba al caer, pero esa semana estaba siendo especialmente fría y había que ir más abrigado por la calle.

-          ¿Damos un paseo mientras? – preguntó tímidamente.

-          Claro.

Echamos a andar por el parque y noté que Francessco seguía muy callado y nervioso, así que decidí romper el hielo un poco preguntándole por sus cosas.
 -          ¿Qué tal te fueron los exámenes? Violeta me dijo que ya los habías terminado.

-          Si, menos mal. Creo que los he aprobado todos.

-          ¡Vaya! ¡Enhorabuena! – le di un pequeño apretón en el brazo y sonreí al ver los tímidos hoyuelos que se formaron en sus mejillas. – Así que vuelves a ser un hombre libre.
 -          Sólo durante un par de meses, y no del todo…pero sí – carraspeó - o sea…yo siempre estoy libre para ti. Aunque tenga exámenes.

Bajó la mirada hasta su café y dio un último sorbo de éste.

-          Debo sentirme halagada entonces – contesté animada. - Tu primo dice que es casi imposible conseguir que salgas de casa cuando estás enfrascado en tus estudios.
 -          Mi primo suele exagerar el noventa y nueve por ciento de las cosas que dice – bromeó con una sonrisa – y el uno por ciento restante no cuenta porque suele ser mentira, sobre todo si se trata de mí.

-          Lo he notado – reí – pero parece que a pesar de todo os lleváis muy bien.

-          Bueno, tenemos nuestros momentos…pero sí. Aunque somos muy distintos, y eso hace que choquemos muchas veces. Le gusta mucho hacerme rabiar…es así desde que éramos unos críos.

-          Habría que haberos visto juntos. Seguro que erais monísimos.

-          Sobre todo yo – me guiño el ojo – aunque él se eche más flores yo heredé la belleza italiana de los Aimonetto.

-          ¡Habló el modesto! –exclamé divertida.
 -          ¿Me vas a decir que él es más guapo?

Parece que la timidez empezaba a disiparse con la cafeína, y decidí seguirle el juego, animada por su buen humor y esa sonrisita medio tímida medio descarada que tanto me gustaba sacarle.

-          No lo sé, tendría que verlo a él también desde más cerca.

- Ohh...¿y a mi si me has visto bien?
 -          Un poco…- respondí insinuante.

-          Pues yo creo que no tanto como deberías- respondió acercándose lentamente. – Si lo hubieses hecho no creo que dudases ni un instante de quién es el más guapo.
 A pesar de la clara insinuación, sus mejillas estaban rojas como un tomate y su voz temblaba un poco. Al principio pensé que podría ser el frío, pero conocía a Fran lo suficientemente bien como para saber que ese tipo de juegos le ponían muy nervioso.

-          ¿Ah sí? ¿Y qué me sugieres entonces…?

Antes de que terminase la frase él se inclinó hacia mí para besarme, y esta vez no hice ningún amago de apartarme. Me apetecía hacerlo.
 Sus labios eran cálidos y sabían al café que acaba de tomarse, resultaban agradables en medio de aquel frío insoportable.

Disfruté del beso sin pensar en otra cosa, y cuando él se apartó para mirarme a los ojos vi que éstos brillaban al clavarlos en los míos.

-          ¿Y bien…? – preguntó algo inseguro.

-          Me has convencido – contesté algo tímida. – Me gustas más que tu primo.

Él se echó a reír, y más animado, me cogió de la cintura para atraerme hacia su cuerpo con suavidad.

- ¿De verdad? ¿Y no quieres repetir para estar más segura? - preguntó volviendo a rozar mis labios con los suyos para después apartarse de forma juguetona.
 -          Vaya…pareces tímido pero creo eres muy listo y lo que quieres es aprovecharte de mi ingenuidad – me defendí – Creo que para ser justos debería probar también con tu primo.

Le miré divertida y él puso una mueca haciéndose el ofendido.

-          No creo que a Nadia le hiciese mucha gracia.

-          ¿Y a ti?

-          A mi ninguna.

-          ¿Y qué piensas hacer para evitarlo?

-          Esto…

Su boca se amoldaba cada vez mejor a la mía y la sensación de estar unida a él de ese modo era muy agradable.
 Sabía que aquello no podría compararse nunca a estar con Thaerion, pero no podía negar que me gustaba estar con Francessco y me sentía atraída por él.

Noté como sus dedos se volvían cada vez más firmes y seguros en mi cintura, y cómo se aventuraban a ir más allá y bajar lentamente para rozar mi trasero. Y sentí como su respiración se aceleraba un poco mientras sus labios se volvían cada vez más exigentes.
 Cerré los ojos con fuerza y traté de corresponderle del mismo modo, pero en ese momento la voz de Duncan nos interrumpió y Fran se separó un poco mirándome nerviosamente.

-          ¡Tito, mira! – exclamó señalándonos - ¡Fran y Alice ya son novios!
 Francessco volvió a ponerse como un tomate y le tapó la boca. Observando nervioso como la gente que pasaba por ahí se nos quedaba mirando con curiosidad y el resto del grupo nos sonreían divertidos.

-          ¡Calla niño! ¡Que se va a enterar todo el mundo!

Me eché a reír, y aunque fuese algo inmaduro por mi parte...por un momento deseé que Thaerion volviese a hacer una de sus apariciones y que él también se enterase.
 Quería que supiese que yo también podía rehacer mi vida…
Cómo me hubiese gustado poder mirarle a los ojos y decírselo a la cara.

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(Comentario de este capítulo)
(Capítulo anterior)

lunes, 31 de marzo de 2014

Penúltimo capi del relato

¡Hola hola!

Aquí os dejo el penúltimo capítulo de Golpes del Destino, espero que os guste y os entren aun más ganas de darle su merecido a Dean y Tommy...

Perdonad la tardanza, pero este mes he estado muy liada creando un mundo medieval para los Sims, o más bien adaptando uno que ya tenía con personajes de todo tipo, zíngaros, nativos, piratas...¡hasta orcos! El caso es que he estado bastante entretenida con eso y no le he dedicado todo el tiempo que debería al blog ¡lo siento! A ver si me animo y subo alguna screen a facebook de los personajes que he metido allí y los solares que he modificado o me he bajado ^^

Y bueno, ya sólo queda este capítulo y el siguiente para acabar el relato, así que en breve veremos por fin cómo acaba la cosa!

¡Un saludo y muchísimas gracias por leer y comentar! ¡Besazos!

RELATO: Golpes del Destino XI

Desde la fiesta, Thaerion había estado pensando en un modo de vengarse de aquel imbécil. Sabía que si lo dejaba pasar la cosa no quedaría ahí, y que en el momento que él se fuese volverían a intentar hacerle daño.
 La terrible muerte de Erailne seguía muy presente en su memoria, y el miedo a perderla se incrementaba cuando se imaginaba a Alidaen en sus brazos de la misma forma que la sostuvo a ella.

Ese cerdo podría haberle matado…ese cuchillo podría haber sido real como el puñal que le arrebató a su madre. Y si él no hubiese estado ahí se habrían aprovechado de ella.

Debía hacerse cargo de Dean y su amigo, hacer algo que les quitase las ganas de volver a abusar de otra chica.

Y creía haber encontrado una forma perfecta de hacerlo. Así que debía llevarla a cabo antes de su exilio a Édora.
 -          ¿Estás cien por cien seguro de querer hacerlo?

-          No tienes que ayudarme si  les tienes miedo.

-          ¿Miedo a ellos?  Lo que temo son las consecuencias. Thaerion…la alquimia no debe tomarse a broma.

Thaerion apartó la vista del vial que tenía delante suya para mirar a su amiga. Desde que le confesó todo, Zoe había demostrado ser alguien de confianza y una gran aliada en contra de esos estúpidos que se dedicaban a abusar de los más débiles. Siempre había sabido que era distinta a las demás, y que tenía un don que ocultaba a todo el mundo salvo a él.

Era una bruja, y aunque sus poderes estaban despertando, estaba seguro de que en el futuro llegaría a ser muy poderosa.

Zoe había sido quien le había dado la idea, después de todo aun pensaba que le debía algo por haberle mentido.
 -          Esto no es una broma Zoe, no puedo irme de aquí sin haberme encargado de esos dos.

-          ¿Y si sale mal? Es una magia muy inestable…

-          ¿Qué podría pasar? ¿Qué les saliesen verrugas y se pusiesen a croar como los sapos?

La chica golpeó su espalda con la mano abierta.

-          ¡Dijiste que no te lo tomarías a broma!

-          Vamos…relájate. Pase lo que pase yo asumiré los riesgos. No dejaré que te salpique.

-          Pero tú…- Zoe se miró las manos, que no podía dejar quietas a causa de los nervios- t-tú te vas…
 Thaerion sabía que su partida le dolería a ella más que a nadie, conocía bien sus sentimientos hacia él. Y aunque no podía corresponderle de la misma forma entendía bien su tristeza.

Él también tendría que separarse de la persona que amaba, y sabía lo que era no ser correspondido.

-          Más motivos para hacerme cargo de ellos. Esto les quitará las ganas de volver a tocar a cualquier chica.

-          Está bien, pero si sale mal que conste que te he avisado.

-          Que siiiiii. Mira que eres pesada…

Pero era una buena amiga, seguro que la echaría mucho de menos cuando se marchase.

***
 Era su primer día de clases tras una larga temporada alejada de todos esos niñatos, y aparte de una más que forzada indiferencia por parte de todos, Alidaen no tuvo que soportar muchas molestias al llegar.

Sus compañeros la miraban como un bicho raro, pero eso a ella nunca le había importado y no iba a comenzar a hacerlo ahora. Incluso Faith, que se dedicaba siempre a criticarla abiertamente para que todos la escuchasen hacía como si no existiese.

Todo iba perfectamente hasta que durante el recreo, al no aguantar más sin molestarla, la cogió por sorpresa en el patio cuando fue a beber agua de la fuente.

-          Ya empezaba a echarte de menos ¿Te has divertido mucho con tu novio estas semanas?

Alidaen dio un trago de agua sin dirigirle la palabra y siguió a la suyo como si no existiera.
 -          Imagino que ya se ha cansado de ti y se habrá buscado a otra. Dicen que lo han visto montándoselo con su amiga Zoe en el cementerio… ¿no es allí donde os veíais? ¿Os van esos rollos raros?

Creerse las palabras de esa idiota habría sido caer en sus provocaciones, pero lo cierto es que cada vez que los imaginaba juntos se ponía enferma. Aunque sabía que Thaerion, desde lo ocurrido, no había vuelto al cementerio. O al menos durante las horas que ella estuvo esperándolo todos esos días.

-          Estoy segura de que ha sido él quien te ha dejado – continuó picándola con una sonrisilla. - Y no me extraña, eres una estrecha.
 -          Piérdete Faith – contestó sin darse la vuelta, incapaz de soportar su impertinencia por más tiempo.
-          No me sorprende que quiera irse, las chicas como tu ponen enfermos a cualquiera.

Alidaen intentó hacer caso omiso a sus palabras, pero aquello dejó un nudo en su estómago, que no hizo sino incrementarse cuando Dean se cruzó en su camino en el pasillo. Podría haber salido pitando de allí, y desde luego lo deseaba pues su presencia le repugnaba desde la fiesta, pero su orgullo no le permitía darle esa satisfacción a ninguno de ellos.

-          Vaya…te veo muy tranquila para haberte quedado sin tu caballero andante – susurró al pasar por su lado de vuelta a clases, su aliento le trajo tan malos recuerdos que a punto estuvo de tener que ir al baño a vomitar. - Supongo que aún no te has enterado de nada…pero yo de ti me andaba con cuidado a partir de ahora.
 No entendía de qué estaban hablando, pero sus insinuaciones comenzaban a olerle demasiado mal. Hasta que finalmente, en uno de los cambios de clases, dos de sus compañeras comenzaron a murmurar en un tono lo suficientemente alto para que ella las oyera.

-          ¿Te has enterado de que van a internar al Laremion en una escuela militar?

-          Yo he oído que se va fuera del pueblo, con un familiar o algo así. Pero no me lo creo del todo, me extraña que lo manden fuera con lo raros que son para esas cosas.

Cadie, que aún se sentaba a su lado aunque no le había dirigido la palabra en todo el día, se metió en la conversación para echar más leña al fuego.
 -          Pues créetelo, Thaerion se va de Riverview y no piensa volver.

Alidaen apartó la mirada de sus apuntes y miró a Cadie sorprendida.

-          ¿Cómo que se va del pueblo?

Las tres chicas la miraron con cara de asco y en ese momento apareció la profesora, haciendo que dejasen de prestarle atención.

-          Cadie por favor, no me dejes así –suplicó bajando la voz.

-          Si quieres saber más pregúntale a su novieta la chunga, pero a mi déjame en paz – respondió cortante.

 Deseó largarse de clases para poder hacerlo, pero con la profesora allí habría llamado demasiado la atención y esperó a que acabasen para buscarla por todo el instituto. 
 Estaba tan preocupada por encontrarla que se olvidó de tener cuidado y evitar lugares en los que pudieran pillarla a solas de nuevo, cosa que hicieron Dean y Tommy en los baños de chicas, aprovechándose de su descuido.

-          ¿Buscas a alguien, zorrita?

Alidaen pegó un grito al chocar con el corpulento de Tommy, que la miraba lascivamente como aquel día en el sótano. Éste la cogió del brazo y la sujetó mientras Dean se le acercaba por detrás para meterle mano.

-          Supongo por tu cara que ya te has enterado de la noticia…- susurró a su oído. – Dentro de poco no tendrás a tu novio para protegerte y podremos hacer lo que queramos contigo.
 -          ¡Dejadme en paz! ¡Cómo me pongáis una mano encima hablaré, le contaré a Lehmman lo que habéis hecho y hará que os expulsen del instituto! – amenazó tratando de quitárselos de encima.

-          ¿Y qué vas a decirles? ¿Sabes la influencia que tiene mi madre en este pueblo? Nadie te creerá, y mucho menos después de haber estado revolcándote con ese Laremion.

-          ¡Yo no me he revolcado con nadie!

-          No mientas, todo el mundo lo sabe, zorrita – contestó Tommy acercándose más a ella.

-          ¡Deja de llamarme así o te coso la lengua al culo de una patada!

Dean sonrió y comenzó a introducir la mano bajo su falda para acariciarle las nalgas desde atrás, Tommy en cambio fue más osado y condujo la mano hasta el interior de sus muslos.

- ¡Quita la mano de ahí, cerdo!
 Intentó golpearles, pero esta vez la tenían reducida entre los dos y no estaban borrachos, por lo que poco podía hacer salvo gritar y removerse.

-          Deja de moverte así – dijo el moreno – o vas a hacer que acabemos contigo antes de tiempo.

Los dos se echaron a reír por la broma, pero a Alidaen no le hacía ninguna gracia ¿Es que nadie podía escucharla? Estaba desesperada.

-          Que bien hueles… - Tommy acercó la nariz a su pelo y aspiró con fuerza mientras continuaba intentando meterle la mano bajo su ropa interior. – Joder, me está poniendo malo.

Dean la apartó de un empellón al darse cuenta de las intenciones de Tommy, y la agarró del brazo con fuerza para conducirla hasta uno de los baños y apartarla de él.

-          Vigila que no venga nadie, Tom – le ordenó.
 -          ¿Qué vas a hacer? – preguntó bastante contrariado por la interrupción. - ¿Ya la quieres para ti solo?

-          Exacto, así que no molestes y espérame fuera.

Tras decir esto cerró la puerta y la aprisionó contra la pared, dejando a Tommy con el calentón junto a la puerta.

***

Michel no podía dejar que se saliesen con la suya. 
 Por un lado su conciencia le decía que debía ayudar a la chica y hacer algo, y por otro su sentido común le decía que si no actuaba Thaerion luego tomaría represalias y sería peor que ganarse fama de chivato.

Mejor chivato que muerto, la verdad.

Según Dean sólo querían asustarla un poco, pero Michel conocía muy bien lo corta que era la mecha de sus amigos y lo larga que era la lengua de Alidaen cuando la cabreaban, y no había que ser muy listo para saber que aquello no iba a terminar en un simple susto, y que seguramente acabaría salpicándole a él a pesar de no haber hecho nada.

Así que en cuanto vio que la seguían hasta el baño y se encerraban con ella salió por patas para avisar al primer profesor que pasase por ahí.
 Pero lo que él no sabía es que Dean no era tan tonto como parecía, y había planeado todo para asegurarse de que los pocos profesores que quedaban en el edificio estuviesen ocupados en sus tutorías, y alguien más se había encargado de entretener al conserje dejando sueltas por el aula de música las ranas reservadas para los experimentos de física. Así que pensó que no había nadie más que ellos.

Pero por cuestiones del destino la presencia de la única persona que podría ayudarle a no quedar como un patán apareció de la nada. O eso o no había reparado en su presencia antes, como solía ocurrir con todos los que pasaban cerca de ella.
 ***

Mientras tanto, Dean seguía con su acoso a la muchacha.

-          Si fuese por Tom te lo hacía aquí mismo– susurró intentando asustarla aun más. - Pero como ves puedo ser tan caballeroso como ese amigo tuyo y protegerte.

Alidaen le miró con los ojos enrojecidos.
 -          Puedo cuidar de ti cuando él se vaya si me prometes que no abrirás la boca y me darás lo que te pida. Aquí hay unos cuantos chicos que te tienen ganas después de la fama de… – tuvo que hacer una pausa para descartar un insulto y seguir intentando persuadirla por las buenas - …chica suelta que te has ganado tras la fiesta.

-          No necesito que nadie me proteja. Y mucho menos tú – contestó con desprecio.

-          A mí me parece que protección es precisamente lo que te hace falta, teniendo en cuenta tu facilidad para meterte en líos.

Dean comenzó a juguetear con su pelo mientras hablaba, esta vez sin tocarle apenas para no asustarla. Pero Alidaen podía notar que estaba reprimiéndose mucho y temía que en cualquier momento se le lanzase a la yugular.
 -          Y dado que mi familia es la más influyente del pueblo… y que no podrías hacer nada contra mí y mis amigos aunque te escudases en tu tutor, deberías considerar seriamente mi propuesta y ser mi chica.

-          ¿Tu chica? ¿Y dejar que me pongas tus manazas de puerco encima? ¡Já! ¡Antes me liaría con un orangután! ¡Seguro que está menos salido que tú!

A pesar del miedo que sentía se echó a reír en sus narices, haciendo que las mejillas de Dean se encendiesen por el poco sutil rechazo de la chica.

-          ¡Ya me tienes harto! – exclamó pegándose más a ella y bajando el tono de voz a uno más suave para que no le escuchasen. - No me gusta que se rían de mí…y mucho menos las niñatas como tú. Pensaba dejarte en paz pero ya veo que tú no aprendes si no es a la fuerza.

Sin mucha delicadeza comenzó a besarle y morderle en el cuello, tapando su boca con una de las manos para silenciar sus quejidos, mientras llevaba la otra a su pecho.
 -          Joder…si es verdad que hueles bien…- murmuró perdiendo el poco control que le quedaba e intentando forzarla para que le besase.

Alidaen no lo sabía, pero aquella no sería la última vez que debido a su naturaleza atraería a un hombre hasta el punto de hacerlo perder el control de sí mismo y querer tomarla a la fuerza. 
 No entendía porque Dean y los demás chicos se comportaban así mientras forcejeaba intentando evitar que la besase. Pero cada vez que lo hacía él ejercía más fuerza en su mandíbula provocándole más daño.

Finalmente y a pesar de sus protestas logró que la boca de Alidaen siguiese un ritmo forzado contra la suya.
 ***

-          ¡Zoe! ¡Menos mal que has aparecido! ¿Dónde te metes?

La chica arqueó una ceja mirando al chico de pelo rapado a lo cani como si fuese de otro planeta. Estaba sentada en un banco del patio escuchando Metallica en su equipo de música portátil.
 -          Vengo aquí siempre que acaban las clases desde que empezó el instituto, si no fueses tan cortito te habrías dado cuenta antes.

-          ¡Pero Alidaen te estaba buscando antes y no te encontró!

Zoe estaba alucinando, todos la habían ignorado durante el curso y parece que se habían puesto de acuerdo a la vez para darle la brasa ese día.

-          Eso es porque a algún capullo le dio por hacerse el gracioso con unas ranas y el conserje vino a echarme la bronca creyendo que era yo. Podría haberle ayudado pero paso, que lo limpie él, que para eso le pagan.

-          ¡Me da igual, no hay tiempo!
 -          ¿Tiempo para qué? ¿Ya te has estado fumando el césped con tus amiguitos?

-          ¡Déjate de chorradas! – al darse cuenta de que podría llamar la atención con tanto grito decidió bajar el tono de voz para que sólo ella le escuchase - Tienes que avisar a tu amigo el siniestro y decirle que a su novieta se la están zumbando en los baños ¡y que venga rápido a salvarla!

-          ¡¿Se la qué…?! ¡¿Pero tú estás tonto?! ¿Te crees que tiene superpoderes o algo y puede venir aquí en cuestión de segundos?

-          Emmmm…¿sssi?

La chica se llevó las manos a la cabeza y se puso en pie rápidamente, soltándole un capón con toda su mala leche.
 -          No si con lerdos como vosotros no me extraña que hasta en Appaloosa nos tachen de paletos. Anda ve corriendo y avísales de que viene algún profesor, ya verás lo pronto que se les baja el calentón.

-          ¡Pero no hay ninguno! ¡Han desaparecido misteriosamente!

-          Lo que ha desaparecido misteriosamente son tus neuronas…tu ve y diles eso, que yo me encargaré del resto.

-          ¿Qué vas a hacer?

-          Usar la cabeza. ¡Vete ya, coño!

***
 “Para, para esto por favor”, se rogaba mentalmente.

La imagen de Thaerion salvándola en la fiesta acudió a su cabeza hasta convertirse en un recuerdo lejano y difuso, mancillado por el hedor de la boca de Dean y el tacto de su lengua.

 “¡Qué asco, joder!”

Aquella no se parecía en nada a la sensación que había tenido al ser besada por Thaerion, ni siquiera cuando él también hizo eso con ella. De hecho con él habría repetido esa experiencia cuantas veces fueran si no fuese porque pensaba irse a saber dónde.
 Pensar en ello no ayudó demasiado en una situación así, y sólo le hizo sentir aún más desamparada. Pero la suerte estuvo de su lado cuando alguien entró en los baños montando bastante escándalo.

-          ¡Que viene la profe! ¡Rápido tenemos que salir de aquí!

Dean abrió los ojos de golpe y se apartó de ella mirándola como si acabase de despertar de un sueño.
 -          ¿Q-qué ha pasado…? – comenzó a preguntar echándose hacia atrás y apoyándose en la puerta.

-          ¡La profe! – gritó Michel abriendo de golpe.

Al perder su apoyo, Dean cayó al suelo de culo cómicamente, provocando que sus amigos se echasen a reír y saliesen por patas.
 -          ¡Vámonos de aquí! – exclamó Michel, mirándola fijamente unos segundos antes de seguirlos.

Alidaen tardó en reaccionar, observando la puerta del baño cerrarse lentamente tras la salida del chico, y encontrándose con la mirada furiosa de Faith mirándola a través de ésta.

-          Te-vas-a-en-te-rar.

Fue lo último que leyó en sus labios antes de que se cerrase la puerta.
 ***

(Minutos más tarde)

-          Tranquilo, Michel me avisó a tiempo y no llegaron a…- Zoe se detuvo a tiempo adivinando la cara que tendría su amigo al otro lado del teléfono. – Si, está bien, acabo de verla coger un taxi para volver a casa. Pero ellos siguen en el instituto recibiendo un rapapolvo de la profesora por armar jaleo. Al final los gritos de Michel alertaron a los profesores y les pillaron corriendo por los pasillos como idiotas.
 Zoe fijó la vista en la salida del edificio, vigilando que nadie más saliese por ella.

-          Supongo que se quedarán ayudando al conserje a limpiar la que han montado, así que tienes tiempo de sobra. Pero aun así date prisa, a Dean se le da bien escaquearse de los castigos escudándose en sus papaitos.           

Thaerion hablaba al otro lado de la línea, maldiciéndose por no haber actuado antes y haber dejado que volviese a ocurrir mientras su amiga intentaba calmarle.

-          No sabías que volvería al instituto tan pronto, deja de martirizarte y ven, te estaré esperando donde siempre.

***

Alidaen cruzó el camino del taxi al hogar de los Lehmman en un tiempo record y cerró la puerta dando un fuerte portazo. Los gritos de protesta de Isabelle se oían desde la cocina mientras ella corría por las escaleras y se encerraba en su cuarto.
 -          ¡Herald, ve a ver qué le pasa a esa niña porque como vaya yo le cruzo la cara! ¡Mira que le tengo dicho que no se corre por los pasillos!

Herald suspiró y dejó su libro en la mesita, caminando con calma hasta el cuarto de la muchacha y dejándole unos minutos a solas para que se calmase un poco. Desde el otro lado de la puerta podía oírla llorar, e imaginó cual sería el motivo.

Seguramente se habría enterado de que Thaerion abandonaba el pueblo.

Suponía que en cuanto se enterase lo pasaría mal, pero aunque le doliese verla en ese estado sabía que estar lejos era lo mejor para ambos. Ese muchacho podría hacerle mucho más daño a la larga. Pero lo que no sabía era que no era el único motivo por el que Alidaen había vuelto del instituto así.

Tras unos minutos de espera, Herald llamó suavemente a la puerta. Cuando ella le invitó a entrar ya estaba más calmada pero aun así sus ojos no dejaban de lagrimear.
 -          No pienso volver a ese instituto, Herald – le dijo nada más cruzar la puerta – mándame a otro, o mejor aún, a una escuela militar fuera del pueblo…pero no me hagas volver allí.

Herald sintió que lo de la escuela militar no lo decía por decir, pero lo ignoró al darse cuenta de que le habían hecho algo malo, reparando en seguida en las marcas rojizas que tenía en el cuello y en las mejillas.
 -          Dime quien ha sido, Alidaen – por su tono de voz aquello parecía más una orden que una petición, pero no podía reprimir las ganas de matar a alguien al imaginarse cómo podría habérselas hecho.

Alidaen se mordió el labio inferior y le miró con esa carita que hacía que todo lo demás dejase de existir para él.

-          Por favor…

-          N-no…no ha sido nada – contestó ella intentado que no le preguntase más.

-          Alidaen… ¿Alguien te ha forzado a hacer algo que no querías?

-          No me han…- tragó saliva reprimiendo una arcada al pensar lo que habría pasado si Michel no les hubiese interrumpido y siguió hablando -…sólo fue un beso.

-          ¿Han…? – abrió los ojos sorprendido - ¿Han sido varios?

Esperó que contestase pero ella bajó la mirada.
 -          Explícamelo todo y me aseguraré de que no vuelvan a  pisar este pueblo en su vida.

Alidaen recordó las palabras de Dean mientras la forzaban. No podían hacer nada contra los Fairchild, nadie la creería si les delataba. Y no quería meter a Lehmman en más problemas por su culpa, lo único que quería era que la dejasen tranquila y no volver a verlos nunca.

-          ¡Si lo que quiere es ayudarme deje de preguntarme cosas! ¡Y sáqueme de ese instituto!

Herald se acercó al verla volver a estallar en lágrimas, y colocó la mano en su barbilla alzándola para que le mirase.
 -          Te prometo que no volveré a forzarte a ir si es lo que quieres, pero necesito que me digas qué ha pasado para poder ayudarte. Si no hablas no podré hacer nada contra esos chicos y seguirán molestándote, o molestando a otras chicas.

Ella lo pensó unos segundos, imaginando a Dean y Tommy abusando de otra muchacha, hasta que finalmente decidió contarle todo para evitar que eso pasara.

Su tutor le escuchó con aparente calma, y después de una breve charla y unas cuantas advertencias sobre los chicos y los hombres en general decidió dejarle a solas descansando y ocuparse de sus cosas.

-          Descansa Alidaen, y descuida. No dejaré que esos dos vuelvan a acercarse a ti nunca.
 ***

Dean, Tommy y Michel salieron del instituto a eso de las cinco, después de recibir una buena bronca por parte de los profesores y ayudar al conserje a dejar el aula de música tal y como estaba.

Faith y las demás chicas se habían librado del castigo, y ningún adulto se había enterado de lo que había pasado en los baños porque Alidaen se había ocupado de ello, largándose de allí antes de que les pillaran.

Después de todo el plan no les había salido tan mal.
 -          Tío, menos mal que nos avisaste a tiempo. Si nos llegan a pillar en los baños con esa niñata a saber lo que habrían pensado.

Tommy golpeó amistosamente a Michel en el hombro, éste se volvió hacia él y le dedico una sonrisa algo forzada. Al final había quedado hasta bien con ellos, pero después de ver de lo que eran capaz de hacer cada vez le quedaban menos ganas de ser su amigo.

-          Ya ves, qué palo… - respondió sin mucho ánimo.

Dean les miraba con cara de pocos amigos y en silencio, parecía malhumorado. Seguramente le habría molestado que su excusa de ser el hijo de la alcaldesa no funcionase esa vez y le hiciesen limpiar como al resto. O quizás se había quedado con ganas de más en los baños.
 Después de un rato caminando, Michel decidió volver solo por su cuenta cuando Dean les invitó a ir a su casa para enseñarles una cosa.

-          Yo paso tíos, estoy muy cansado y mi madre debe estar preocupada.

-          Vale Mich, nos vemos mañana – se despidió Tom.

-          Hasta mañana.

Dean esperó que se alejase unos metros para hablar con su amigo.

-          ¿Soy el único que se ha dado cuenta?

-          ¿Eh? ¿De qué?

-          ¿Tú no notas raro a Mich?

-          No ¿por?

-          No sé, le noto distinto desde la fiesta. Empiezo a creer que no está de nuestro lado.

-          Yo creo que se ha cagado por lo del Laremion. Pero en cuanto se pire seguro que vuelve a ser el mismo.
 -          Eso espero…

Tommy le soltó un codazo y le miró de forma insinuante.

-          ¿Y tú vas a contarme ya lo que le hiciste en los baños o vas a seguir dejando que me monte mis propias películas?

Dean se echó a reír, viendo la cara de su amigo no le costaba adivinar que clases de películas tendría él en su cabeza.

-          ¿Tú qué crees…?

-          No lo sé, pero a mí me dejaste fuera con el calentón ¡pedazo de perro!

Volvieron a reír, pero al cabo de unos segundos Dean se puso serio y habló de nuevo.
 -          No llegó a pasar nada, sólo nos enrollamos…pero te aseguro que ésta cae tarde o temprano.
-          ¡Yo no estaría tan seguro!

Los dos se giraron al mismo tiempo al escuchar esa voz, y ambos cayeron al suelo cuando algo contundente chocó contra ellos.
 -          Se os van a quitar las ganas de volver a tocarla…

-          Vamos Spiderman, es hora de llevar a cabo una venganza.